Filosof´ıa y ciencia moderna
4.1 El nacimiento de la filosof´ıa de la ciencia
Con los avances del m´etodo experimental y la aplicaci´on de las ma-tem´aticas al estudio de los fen´omenos f´ısicos, en el siglo XVII nace lo que llamamos ciencia moderna o galileana1. Durante el per´ıodo pre-cr´ıtico, la f´ısica de Newton es considerada una filosof´ıa natural, que analiza la realidad y estudia sus causas ´ultimas con m´as precisi´on que la cosmolog´ıa escol´astica. As´ı, en el comienzo de la modernidad la filosof´ıa de la naturaleza es reducida a objetividad cient´ıfica. En el siglo XVIII la ciencia moderna pasa al estadio cr´ıtico y se descubre a s´ı misma como no-filosof´ıa2. “Con la cr´ıtica empirista o trascendental-kantiana, la ciencia deja de considerarse como un estudio real de los principios de las cosas mismas, y pasa a ser una elaboraci´on del hombre o un resultado de la praxis humana en su encuentro con la naturaleza”3. A partir de Kant, el ´unico saber posible acerca de la naturaleza no parece ser un saber ontol´ogico, sino un conocimiento puramente fenomenol´ogico4. De
ma-1Cfr. Agazzi, E.: La fondazione della Scienza moderna, en Storia delle Scienze, vol I, Citt`a Nuova Editrice, Roma, 1984, pp. 299-246; Butterfield, H.: Los or´ıgenes de la ciencia
moderna, Taurus, Madrid, 1958; Vitoria, M. A.: Las relaciones entre filosof´ıa y ciencias en la obra de J. Maritain, Dissertationes, Series Philosophica XI, Pontificia Universitas
Sancta Crucis, 2003, pp. 24-77.
2Cfr. Arana, J.: Ciencia y Metaf´ısica en el Kant Precr´ıtico. Una contribuci´on a
la historia de las relaciones entre ciencia y filosof´ıa en el S. XVIII, Publicaciones de
la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1982; Sanguineti, J. J.: Ciencia aristot´elica y ciencia
moderna, Educa, Buenos Aires, 1991.
3Sanguineti, J. J.: Ciencia y modernidad, Lohl´e, Buenos Aires, 1988, p. 23.
nera que la filosof´ıa de la naturaleza como tal fue quedando definitivamente marginada5.
Durante el siglo XIX, en el marco del positivismo, el inter´es por el desarro-llo del conocimiento cient´ıfico se consolida. En esa centuria las matem´aticas son sometidas a un proceso de aumento de rigor6. Como respuestas al pro-blema de la fundamentaci´on de la aritm´etica surgen dos l´ıneas divergentes: Frege (1848-1925) y Russell (1872-1970) inician la tendencia logicista7; mien-tras Cantor (1845-1918) lleva a cabo la reducci´on de la aritm´etica a la teor´ıa de conjuntos, abriendo las puertas a una matem´atica dotada de gran gene-ralidad y potencia unificadora8. Tiene lugar, adem´as, el nacimiento de las geometr´ıas no euclidianas9. Con estas ´ultimas entra en crisis la convicci´on -generalizada en la tradici´on occidental- de que los axiomas de la geometr´ıa son verdades autoevidentes e incontrovertidas. Se conmociona tambi´en la gnoseolog´ıa, porque para las nuevas geometr´ıas, los axiomas se reducen a puntos de partida convencionalmente elegidos y admitidos, con el objeto de llevar a cabo una construcci´on deductiva de la teor´ıa10. ¿C´omo garantizar la coherencia de los sistemas cuyas premisas son s´olo suposiciones y no princi-pios te´oricos v´alidos?, ¿c´omo es posible asegurarse de que los axiomas elegidos
5Maritain hace un acertado juicio hist´orico sobre este punto, “Los antiguos absorb´ıan las ciencias en la filosof´ıa de la naturaleza; los modernos terminaron por absorber la filosof´ıa de la naturaleza en las ciencias (...). En esta historia se cela el drama del conocimiento f´ısico-matem´atico de la naturaleza sensible, cuyas consecuencias han sido capitales para la metaf´ısica y para la cultura humana. Este drama ha tenido dos momentos principales: en el primer momento el conocimiento f´ısico-matem´atico fue tomado como una filosof´ıa de la naturaleza (per´ıodo que va desde Galileo y Descartes hasta Newton y Kant); en el segundo momento, aquel conocimiento excluy´o toda filosof´ıa de la naturaleza” (Maritain, J.: La philosophie de la nature, en , Oeuvres Compl`etes, vol. V, ´Editions Universitaires, Fribourg, 1982, p. 855. Sobre el pensamiento de Maritain, cfr. Vitoria, M. A.: Las
relaciones entre filosof´ıa y ciencias en la obra de J. Maritain, cit.
6Para una visi´on sint´etica del desarrollo de las matem´aticas en el siglo XIX, remito a Reale, G.; Antiseri, D.: Historia del pensamiento filos´ofico y cient´ıfico, III, Herder, Barcelona, 3ra ed., 2002, pp. 324-334.
7En la secci´on 6.2.3 tratar´e el proyecto logicista con cierto detalle.
8Cfr. Kline, M.: El pensamiento matem´atico de la antig¨uedad a nuestros d´ıas, v. III, Alianza, Madrid, 1992, pp. 1318-1321.
9Cfr. Selvaggi, F.: Filosofia delle scienze, PUG, Roma, 1953, pp. 109-135; Basti, G.:
Filosofia della natura e della scienza, vol. I, Lateran University Press, Roma, 2002, pp.
68-78.
10“Una geometr´ıa no puede ser m´as verdadera que otra; s´olo puede ser m´as c´omoda” (Poincar´e, H.: La ciencia y las hip´otesis, Espasa-Calpe, colecci´on Austral, Madrid, 1963, p. 57).
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son capaces de demostrar todas las proposiciones de dicho c´alculo?, ¿c´omo podemos saber que un axioma no se puede deducir del conjunto formado por los dem´as axiomas del sistema?
Por su parte, la f´ısica del siglo XIX -apoy´andose en desarrollos ma-tem´aticos cada vez m´as abstractos- lleva a su plenitud la imagen meca-nicista y determinista del universo, y emprende el intento de explicar to-dos los fen´omenos naturales a partir de las leyes de la mec´anica cl´asica11. Sin embargo, tambi´en en este siglo nace en el seno de la f´ısica una nueva s´ıntesis te´orica: el electromagnetismo de Maxwell, que unifica la electrici-dad, el magnetismo y la ´optica, y se constituye -junto con la mec´anica de Lagrange y Hamilton- en una segunda teor´ıa f´ısico-matem´atica general. Si-mult´aneamente la termodin´amica estad´ıstica tambi´en se consolida sobre ba-ses propias, de manera independiente. ¿De qu´e manera pueden conciliarse el electromagnetismo, la mec´anica y la termodin´amica?
El siglo XIX deja estos problemas en herencia al siglo XX. Estas cues-tiones, lejos de resolverse, se agudizan en la nueva centuria. Con las in-vestigaciones de G¨odel12, y con el surgimiento de la teor´ıa de la relatividad y la mec´anica cu´antica, la pregunta por el valor cognoscitivo de los teor´ıas cient´ıficas, iniciada en el siglo XIX, adquiere a´un mayor fuerza13.
El problema epistemol´ogico se encuentra presente en todo el siglo XX. En sus mismos albores, surgen algunos pensadores -como Le Roy (1870-1954)14 -que propugnan para las ciencias un convencionalismo extremo, y afirman la inutilidad de cualquier verificaci´on que busque comprobar la presunta objeti-vidad de las teor´ıas cient´ıficas15. Reaccionan el f´ısico P. Duhem (1861-1916)
11Cfr. Dijkserhuis, E. J.: Il mecanicismo e l’immagine del mondo, Feltrini, Milano, 1980.
12En 1931, el descubrimiento de G¨odel del car´acter necesariamente incompleto y no autorreferencial de todos los sistemas formales, mostr´o que no era posible una ciencia inmutable y completa, capaz de demostrar la propia consistencia y verdad de una manera totalmente aut´onoma respecto a otras formas de lenguaje y saber. Cfr. Diaz, E.: El
teorema de G¨odel (Exposici´on y cr´ıtica), Eunsa, Pamplona, 1975.
13Popper llegar´a a afirmar que “el antiguo ideal cient´ıfico de la episteme -de un conoci-miento completamente seguro y demostrable-, ha mostrado ser un ´ıdolo” (Popper, K.: La
l´ogica de la investigaci´on cient´ıfica, Tecnos, Madrid, 1977, p. 261).
14Una breve s´ıntesis de su vida y pensamiento puede encontrarse en: Urdanoz, T.:
Historia de la filosof´ıa, vol. VI, BAC, Madrid, 1988, pp. 314-315.
15Para los convencionalistas la elecci´on entre unos principios u otros es simplemente una cuesti´on de comodidad o de simplicidad l´ogica. Cfr. Sanguineti, J. J.: Ciencia y
y el matem´atico H. Poincar´e (1854-1912), quienes proponen, a su vez, un con-vencionalismo moderado. Poincar´e16 -en La ciencia y las hip´otesis (1902),
El valor de la ciencia (1905) y Ciencia y m´etodo (1909)- sostiene que el
ele-mento convencional de la ciencia no implica sacrificar el car´acter cognoscitivo y objetivo de las teor´ıas cient´ıficas. ´Este es real, aunque menos evidente. Es labor del fil´osofo hacer una cr´ıtica de las teor´ıas cient´ıficas, para discernir las que puedan tener un valor definitivo y estable de lo que es provisional.
Por su parte, para Duhem17 una teor´ıa f´ısica no es una explicaci´on fi-los´ofica, sino tan s´olo l´ogica. Consiste en un sistema de proposiciones ma-tem´aticas deducidas de un n´umero restringido de principios. Su objetivo es representar un conjunto de leyes experimentales del modo m´as sencillo, completo y exacto posible. Sin embargo, sostiene que las teor´ıas cient´ıficas no son meras convenciones, porque la ciencia progresa, y el sentido del pro-greso es el de un acercamiento cada vez mayor de los enunciados cient´ıficos al orden realmente existente en la naturaleza18. Frente al positivismo que imperaba en el siglo XIX, por un lado, y al convencionalismo radical de Le Roy, por otro, las propuestas de Poincar´e y de Duhem constituyen el ini-cio de un planteamiento epistemol´ogico profundo y coherente que continuar´a desarroll´andose en toda la centuria.
La reflexi´on sobre el m´etodo cient´ıfico recibe un impulso decisivo con el neopositivismo del C´ırculo de Viena, constitu´ıdo en 1929 con la publicaci´on de su manifiesto program´atico titulado La visi´on cient´ıfica del mundo19. Los miembros de C´ırculo, cient´ıficos fil´osofos, realizan una serie de an´alisis sobre el lenguaje, la estructura y los m´etodos de las ciencias naturales y los fun-damentos de las matem´aticas. Con los estudios neopositivistas la filosof´ıa de
modernidad, cit., p. 184).
16Cfr. Santana, J. M.: La filosof´ıa de la Matem´atica de Poincar´e. Convencionalismo e
Intuicionismo, Pontificia Universit´a della Santa Croce, Roma, 1998. Para una exposici´on
sint´etica de su pensamiento remito a Reale, G.; Antiseri, D.: Historia del pensamiento
filos´ofico y cient´ıfico, III, Herder, Barcelona, 3ra ed., 2002, pp. 371-374.
17Cfr. L´opez, F. J.: Fin de la teor´ıa seg´un Pierre Duhem. Naturaleza y alcance de
la f´ısica, Pontificia Universit´a della Santa Croce, Roma, 1998. Un breve resumen de sus
obras y pensamiento se encuentra en Reale, G.; Antiseri, D.: Historia del pensamiento
filos´ofico y cient´ıfico, III, Herder, Barcelona, 3ra ed., 2002, pp. 371-376.
18Duhem, P.: La th´eorie physique, Chevalier el Revi`ere, Paris, 1906, pp. 25-43.
19Hahn, H.; Neurath, O.; Carnap, R.: Wissenschaftliche Weltauffassung; Der Wiener
Kreis, Wolf, Viena, 1921. La bibliograf´ıa sobre el C´ırculo de Viena es muy abundante.
Una relaci´on extensa se encuentra en Soulez, A. (ed.): Manifeste du Cercle de Vienne et
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la ciencia se consolida como disciplina aut´onoma. Para distinguir las afirma-ciones cient´ıficas de las que no los son, proponen el principio de verificaci´on. Seg´un ´este, s´olo tienen sentido aquellas proposiciones que se pueden verificar emp´ıricamente a trav´es de los hechos de la experiencia. La actitud anti-metaf´ısica que propugnan excluye cualquier intento de formulaci´on de una filosof´ıa de la naturaleza. Para ellos la filosof´ıa es simplemente una actividad esclarecedora del lenguaje20.
K. Popper (1902-1994)21 replantea sobre una base diferente las cuestio-nes propuestas por los neopositivistas, brindando soluciocuestio-nes distintas y m´as consistentes, que no niegan el sentido de los lenguajes no cient´ıficos, como es el de las proposiciones metaf´ısicas. Propone dejar de preocuparse de las palabras y sus significados, para comenzar a hacerlo de las teor´ıas criticables, los razonamientos y su validez22.
El criterio de falsaci´on popperiano23, a diferencia de la verificaci´on neopo-sitivista, no es un criterio de significaci´on, sino de demarcaci´on entre asertos emp´ıricos y otros que no lo son, porque “nunca podemos dar razones
po-sitivas que justifiquen la creencia de que es verdadera una teor´ıa”24. Para Popper, el hecho de que una afirmaci´on no sea cient´ıfica no significa que ca-rezca de sentido. M´as a´un, reconoce el valor de las teor´ıas metaf´ısicas para el desarrollo de la ciencia. Popper lleva a cabo, adem´as, una fuerte cr´ıtica al historicismo y al holismo, en nombre de la fundamental unidad del m´etodo cient´ıfico, que debe existir tanto en las ciencias naturales como en las ciencias sociales25. As´ı, despu´es de ´el, surge un grupo de fil´osofos postpopperianos
20Artigas, M.: El desaf´ıo de la racionalidad, Eunsa, Pamplona, 1994, pp. 23-44.
21Artigas, M.: L´ogica y ´etica en Karl Popper, Eunsa, Pamplona, 1998.
22“Si tenemos bien presente que nuestras teor´ıas son nuestra propia obra, que somos libres y las teor´ıas reflejan nuestra falibilidad, entonces dudaremos que las caracter´ısticas generales de nuestras teor´ıas, tales como su simplicidad o su determinismo prima facie, correspondan a las caracter´ısticas del mundo real” (Popper, K.: El universo abierto, Tec-nos, Madrid, 1986, p. 66).
23El criterio de falsaci´on o falibilidad afirma que toda teor´ıa cient´ıfica debe tener con-secuencias que puedan ser falsadas por los hechos. Es decir, un sistema cient´ıfico debe contener la posibilidad de ser refutado por la experiencia.
24Popper, K.: Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del conocimiento cient´ıfico, Paid´os, Buenos Aires, 1967, pp. 279-280.
25“No puede haber un cient´ıfico capaz de predecir todos los resultados de todas sus predicciones (...) No podemos, por tanto, predecir el curso futuro de la historia humana; no, en todo caso, de aquellos de sus aspectos que est´en influidos fuertemente por el aumento de nuestro conocimiento” (Popper, K.: El universo abierto, cit., pp. 86-87). Cfr. tambi´en,
-Kuhn26, Lakatos, Feyerabend, Laudan- que desarrollar´an la epistemolog´ıa en un contacto cada vez m´as estrecho con la historia de la ciencia27. La epis-temolog´ıa de Popper y las de los postpopperianos han puesto el ´enfasis sobre el progreso y el desarrollo de la ciencia, m´as que sobre sus fundamentos.