Rusia y la definición de sus intereses nacionales: la búsqueda de una guía en
II. El nacionalismo y los nacionalismos rusos
Si tomamos el concepto genérico, se entiende por nacionalismo a “un movimiento ideológico cuyo objetivo manifiesto es lograr y mantener el autogobierno y la independencia, en favor de un grupo en su conjunto, como constituyendo real o potencialmente, una nación como las demás” (Smith, 1976: 13). En este concepto cabe destacar dos elementos centrales, el primero es la indispensable ligazón que lo vincula – como todo movimiento político– al Estado en tanto éste es visto como el medio óptimo
e imprescindible para viabilizar esos ideales. “La única forma práctica de salvaguardar la individualidad de la nación es mediante el uso del poder y de la política planificada, cuyo único instrumento, bajo las condiciones modernas, es el Estado” (Smith, 1976: 251). Ya sea a fines de concretar, fortalecer o conservar la autorrealización de la nación política el Estado se convierte en condición sine qua non.
El segundo elemento se refiere al rol de los intelectuales en tanto constructores de la comunidad imaginada. Ellos pueden ejercer tanto la función de ideólogos, en el
sentido de vincular, definir o precisar aspiraciones inorgánicas o no explicitadas abiertamente, como también aportar el fortalecimiento o definición de la comunidad imaginada a través de estudios históricos, literarios, lingüísticos, etc.
Por otra parte es conveniente precisar que si bien se parte de la diferenciación entre dirigentes y dirigidos, este último grupo tiene a mi criterio un rol bastante más activo que el que parece asignarle Smith. El primero sustenta su ideología y política nacionalista de forma plena, lo que se manifiesta en el diseño de una estrategia tanto para el logro de sus objetivos políticos como para la obtención de apoyo del segundo grupo. En esta conceptualización de nacionalismo se haya implícita la dominación
política, económica, cultural o global, abierta o sutil de un otro diferente, que puede ser
tanto otra nación, como un sistema político17.
La difícil cuestión que se plantea al nacionalismo ruso es que, a diferencia de nacionalismos de las otras repúblicas pos-soviéticas, no puede claramente mostrar a Rusia como la víctima. El caso ruso requiere un análisis particular debido a la posición
central que esta nación ocupó en la estructura del estado soviético. Por su relevancia – poder potencial, que se mide en términos de extensión territorial, recursos naturales, importancia demográfica y también por el protagonismo de parte de su población en la revolución de 1917– fue la nación sobre la cual el gobierno bolchevique, especialmente
17 El sistema soviético intentó crear una nacionalidad soviética la que aparece como un logro en la Constitución de 1997 a través de la mención al pueblo soviético. Es un tema de interesante reflexión en que medida la población de la URSS se identificaba como soviética y si esta identificación no era más natural entre los rusos que en las demás nacionalidades.
a partir de Stalin, construyó la estructura estatal de la URSS. Uno de los elementos que corrobora esta situación, es la sobre representación de la nación rusa en relación a las no rusas en los aparatos estatales durante la era soviética. Según Carrère D‟Encausse (1992) partido único, burocracia, fuerzas armadas, estaban –especialmente en sus puestos jerárquicos– mayoritariamente ocupados por rusos en un porcentaje superior al peso poblacional de esta nación dentro de la población soviética total. Por otra parte, si bien una proporción significativa de rusos controló el aparato estatal, otro grupo sufrió la coerción que éste ejerció. Disidentes y campesinos rusos murieron durante la colectivización de la tierra o las sucesivas purgas stalinistas. En palabras de Sajarov “entre las víctimas del sistema imperial –el estado soviético– no sólo debe incluirse a las naciones no-rusas sino también a la rusa que tuvo que soportar la mayor parte de la carga de las ambiciones imperiales y también las consecuencias del afán aventurero y el dogmatismo en materia de política exterior y nacional” (Szporluk, 1989: 17). Por lo tanto, es necesario ser cauto ante las visiones que consideran a la nacionalidad rusa en términos de víctima o de victimario.
Previo al análisis del nacionalismo ruso en sus distintas variantes, resulta conveniente cotejar las diversas visiones acerca del nacionalismo y de otras ideologías con las que se lo suele confundir. Esta disgresión constituye un paso necesario para posteriormente abordar a través de la categorización conceptual el caso empírico analizado y poder entonces determinar de qué se trata.
El punto clave del nacionalismo –lograr y mantener el autogobierno y la independencia a favor de un grupo– no supone necesariamente:
- una relación de conflicto abierto con minorías nacionales con la que esta nación conviva.
- que esa nación sostenga una vocación explícitamente imperialista.
Estos elementos no están incluidos en la conceptualización mencionada. El nacionalismo podría operar con una lógica que incluya la posibilidad del diálogo, el acuerdo y la conciliación. También puede operar con una lógica contraria, aplicada a la relación entre nosotros –los miembros de la nación– y los otros. Pero la utilización de
esta última lógica no es patrimonio exclusivo –ni inmanente– al nacionalismo, sino que es utilizada por las ideologías no democráticas o no pluralistas. Una serie de factores pueden influir en el surgimiento –o en la mutación– de un tipo de nacionalismo que adopte una lógica schimittiana, tales como, la propia cultura política de una nación o
una eventual amenaza de desintegración territorial, o un contexto externo sumamente adverso debido por ejemplo a la derrota en un conflicto o la amenaza de un vecino expansionista.
Una percepción del nacionalismo en términos de irremediable exclusión, es la que sustenta Michnik cuando sostiene que “el nacionalismo no es la lucha por los propios derechos nacionales, sino el desprecio del derecho de otro a una dignidad nacional y humana. El nacionalismo es, después de todo, una forma degenerada de una necesidad natural de vivir con dignidad nacional y en un estado nacional independiente, dado que el nacionalismo desemboca en la intolerancia: permite el rechazo de otra persona por causa de su alteridad. El nacionalismo se da sólo con la convicción de que
Merece reiterarse que la idea del rechazo, el desprecio, la exclusión, e incluso la eliminación del otro puede justificarse también en base a la ideología, religión, costumbres o color. La nación es un elemento más sobre el cual puede apoyarse la intolerancia del distinto. Ahora bien si en lugar de impulsar a una cultura, se sostiene la superioridad física e intelectual de una raza por sobre las demás estamos hablando de
racismo.
Pero si se habla de una nación o una etnia que cree que tiene la misión –o el
derecho– de hacer gozar a otras etnias o naciones de los dones de su civilización, se está caracterizando al imperialismo expansionista (Smith, 1976: 359). Como se tratará en la
tercera sección de este artículo esta categoría es relevante en términos del rol de Rusia, en particular en las repúblicas pos soviéticas, dado que el desafío consiste en el abandono de un rol imperial y en la adopción de un nacionalismo moderado. En torno a esas reflexiones, puede anticiparse que algunos análisis definen a la política rusa pos- soviética como imperial.
Como ya se han señalado, este trabajo parte de la diferenciación conceptual especificada entre nacionalismo, racismo e imperialismo para caracterizar en la forma más precisa posible a las distintas variantes del nacionalismo ruso. Por último, resta
dejar en claro que esta diferenciación conceptual –y posteriormente empírica– se refiere a un momento histórico y ella no debe tomarse como una clasificación cristalizada. Como anteriormente se sugirió, movimientos nacionalistas pueden devenir hacia posturas imperialistas y fascistas ante determinados acontecimientos, así como partidos democráticos pueden dejar de serlo.
Por ello conviene seguir la evolución de la situación política rusa, y en particular la política exterior hacia las repúblicas pos-soviéticas, con la ayuda instrumental de este criterio de diferenciación, que permite justamente, al percibir diferencias, también advertir eventuales identificaciones o transformaciones.
Esta posición respecto al nacionalismo en general explícita en un trabajo previo (Zubelzú 1994) es coincidente con lo sostenido por Tuminez (2000) quien entiende que contrariamente a las afirmaciones comunes, el nacionalismo no es de modo uniforme una ideología maligna. Su poder para crear y consolidar una identidad nacional y posibilitar objetivos comunes es tal que puede ser canalizado hacia fines ventajosos. El nacionalismo puede ayudar a crear fundamentos emocionales para una comunidad política y puede inspirar impulsos hacia el desarrollo económico, el bienestar colectivo y la estabilidad política.
Las posibles contradictorias que como ideología política puede ofrecer también fueron remarcadas por Gaddis (1991), quien en su análisis de las fuerzas integradoras y desintegradoras del sistema internacional de pos guerra fría, entiende que el nacionalismo es la única que puede estimular ambas tendencias.
● Percepciones y propuestas: los nacionalismos rusos:
El nacionalismo ruso en tiempos de la Perestroika, entre 1986 y 1990, se
desarrolló y abroqueló en torno a una serie de demandas al gobierno central de la URSS, que eran consensuadas por sus diferentes variantes. Estas demandas comunes consistían en:
- vuelta a los nombres rusos tradicionales de ciudades y calles. - reivindicación del vínculo campo o campesinado-nación.
- reconocimiento de la importancia de lo religioso o reivindicación de la libertad de cultos.
En ellas pueden encontrarse los elementos centrales de su concepción de nación: valorización de su cultura –literatura, música, poesía, arquitectura, historia– y su modo de vida, predominantemente rural, estrechamente vinculados con los valores cristiano- ortodoxos. Estos marcan precisamente un fuerte contraste con los puntos clave del régimen del cual querían diferenciarse: ateísmo, cultura dominada por la ideología del régimen comunista, industrialización y urbanización acelerada y creación de la nación soviética.
A partir de las mencionadas demandas comunes, las concepciones políticas de los distintos grupos comenzaron a ramificarse en una serie de movimientos políticos. Cada uno pujó por definir lo más ajustadamente a la comunidad imaginada, según la
expresión de Suny, para convertirse en los representantes de las aspiraciones políticas esa comunidad. A medida que la lucha por alcanzar mayores espacios de poder se acentúa se hace más difícil realizar una delimitación de los movimientos nacionalistas. Ello se debe a que los dirigentes de cierta relevancia, o grupos, varían rápidamente su pertenencia a un movimiento o impulsan escisiones de un partido y conforman con rapidez una nueva alianza –generalmente fugaz– con otro sector o movimiento.
Las cuestiones centrales sobre las que pueden detectarse diversas percepciones dentro del nacionalismo ruso, giran en torno a:
- El modelo de desarrollo socio-político.
- El lugar de la religión, especialmente el rol de la Iglesia Ortodoxa en el sistema político.
- La caracterización del entorno internacional y por lo tanto su relación con los demás países.
Cabe señalar que estos ejes han sido seleccionados siguiendo a Carrère D´Encausse (1991: 225) por considerárselos los más relevantes. Esto no implica que no puedan desarrollarse en el futuro otros elementos que puedan hacer necesaria la inclusión de otra línea o variable de diferenciación.
En base a estas tres cuestiones mencionadas, las que también cumplen funciones metodológicas, al contribuir a ordenar el confuso espectro político, pueden distinguirse cuatro variantes de nacionalismo18. Ellas son: el patriótico, el conservador, el liberal y el
de izquierda.
La primera de ellas es generalmente mencionada como los patriotas. Esta
corriente surge a partir de su temprana toma de posición opuesta a las reformas de Gorbachov, no porque vislumbre en la misma un ataque al sistema socialista, sino porque ve en ellas un peligro para el Estado Ruso-Soviético. Ello se debe a la relación –
18 También puede verse la interesante distinción que hace Szporluk en Op. Cit., p.22 a 28. A su vez Tuminez distingue entre Nacionalismo occidentalista, nativismo, estatismo moderado –el predominante en la Rusia de fines de los años noventa– estatismo agresivo y patriotismo nacional. Este último se acerca al imperialismo según lo definido en este artículo. Puede consultarse un esquema sobre estas variantes en
particularmente contradictoria– que ha mantenido Rusia con el Estado Soviético. Como ya se ha señalado en la primera sección, el gobierno de los soviets le asignó a Rusia un
rol destacado en el Estado multinacional y utilizó para la implementación de sus políticas cuadros rusos o rusificados. En este sentido Rusia, fue el primus inter pares en
la Unión Federal. Por otra parte la identificación entre ambos a que condujo esta relación, hizo que muchas características identitarias rusas se fuesen diluyendo e internacionalizando, mientras que otras naciones podían obtener circunstancialmente del régimen algunas concesiones referidas a sus peculiaridades nacionales. Esa especie de simbiosis entre el Estado soviético y Rusia, explica las aparentes contradictorias demandas de los nacionalistas patriotas, quienes inicialmente se opusieron al desmantelamiento del Estado federal soviético impulsado –según su percepción– por la
Perestroika, mientras también reclamaban un status independiente para Rusia y el
retorno a sus tradiciones culturales. Es sobre esta base que se construyó y mantuvo su alianza electoral con los comunistas durante el período Gorbachov. Su idea central gira en torno al concepto Estado, al que consideran como institución insustituible en la protección de la Patria. En función de esta necesidad defendían al Estado soviético –
aunque se percibían como sus antiguas víctimas– dado que era mejor éste que no tener Estado. En ese contexto advertían sobre el peligro y las consecuencias de la fragmentación de la URSS.
La visión de Rusia como víctima, se acentuó enfáticamente desde la iniciación del proceso de reformas de Yeltsin, esta vez a manos de las fuerzas malignas de Occidente, enemigo ancestral de la cultura ortodoxa. El cambio de victimario –el sistema soviético por los países desarrollados de Occidente– mientras casi paralelamente el Estado soviético desaparece, refuerza su alianza con los comunistas, evidenciada de modo claro en el Congreso de los Diputados del Pueblo Ruso y en el
Soviet Supremo. Más crudamente fue visible en el conflicto de poderes entre estos
órganos y el Presidente Yeltsin, que culminó con la disolución de los primeros por parte del segundo apoyado por el ejército.
La relevancia que va cobrando lo ortodoxo, tanto en su sentido religioso y
también como estilo de vida, no ocasiona fricciones con los aliados comunistas, dado que aunque los criterios para definirlos sean distintos –su ideología política o sus valores culturales-religiosos– el enemigo es el mismo: los países occidentales desarrollados. Después de todo tanto lo ortodoxo (de la Religión Ortodoxa) y lo ortodoxo (del Comunismo Ortodoxo) se basan en rasgos similares: autoritarismo,
conservadurismo, dogmatismo. Los rasgos centrales de las sociedades occidentales anti- modelo –individualismo, amor al dinero, el catolicismo y protestantismo como
religiones que no pueden o no quieren modificar esos rasgos– son los que lo ortodoxo
destaca como contrapuesto a si mismo como fuente identitaria. Un representante de la corriente patriota, el escritor V. Rasputin, afirma “el socialismo se cayó, pero también con él, el bastión principal contra la dominación total de la democracia occidental” (Berelowich, 1992). También justifica la alianza con el Partido Comunista Ruso, sosteniendo que el partido antinacionalista –por su adhesión al principio del internacionalismo– ha desaparecido, deviniendo en defensor –no ya del Estado soviético– sino del Estado ruso.
Con estos componentes se va delineando una percepción del mundo condicionada por la identidad cultural-religiosa –ortodoxa o no ortodoxa– del partner
occidentalismo como principal rasgo de la política exterior tanto de Gorbachov y de Yeltsin, el que recibe una valoración negativa de estos sectores. Esta crítica es doble, por un lado apunta a lo que se considera un acercamiento excesivo a Occidente y por otro se remarca que este último se realizó a expensas de excesivas concesiones rusas19.
La actitud de laise faire frente a las potencias occidentales, que sostuvo Rusia en
relación a un aliado tradicional y ortodoxo como Serbia en el conflicto Yugoslavo, se constituyó en el hecho clave sobre el que se centró la critica más dura y la mayor capacidad de presión de este sector20.
Varios grupos que inicialmente apoyaron las reformas de Gorbachov, por lo que fueron caracterizados como reformistas, posteriormente comenzaron a diferenciarse en
centristas y radicales. En primer lugar se focalizará el análisis en la evolución del sector centrista, el que suele conocerse como nacionalista conservador, notoriamente
influenciado por las ideas de Solzhenitzyn. Esta variante centra su atención en la revalorización de las tradiciones culturales –campesinas y cristianas– rusas. Si bien esto es un elemento común a las distintas vertientes, ésta le otorga un rol privilegiado como fuente identitaria y como modelo de vida, alternativo al occidental. El nacionalismo- conservador, tanto como la corrientepatriota, coinciden en su valoración negativa de la
cultura occidental. Sin embargo, el primero pareciera no percibirla en términos de
enemigo al asecho, sino que más bien intenta mostrar otro modelo más perfecto. Carrère
D‟Encausse destaca que ellos autoperciben que “los valores morales del cristianismo, tan enraizados en Rusia, son el refugio contra una pseudocultura –la occidental– que no tiene otro objetivo que el de mantener ocupado el espíritu humano y desviarlo de sus auténticos fines, la salvación personal y la conservación de una comunidad cultural estable” (1991: 258). El nacionalismo-conservador enmarca su oposición radical tanto al marxismo –una ideología originada en Occidente– como al sistema stalinista por su ateismo. Por estas razones en el terreno político han rechazado una alianza con los comunistas.
El segundo grupo, inicialmente incluido en la denominación reformistas, puede
ser identificado como nacionalistas liberales.
Sus principales dirigentes son intelectuales democristianos que tienen como guía a la obra de Dimitri Lijatchov, y tratan de impulsar un movimiento nacional alejado de las posiciones patriotas. Este grupo vinculado a la prestigiosa revista Novii Mir (Nuevo
mundo), reafirma su adhesión a la democracia y al estado de derecho como elementos centrales de su pensamiento. En conexión con ello, Rusia debe volver su mirada sobre sí misma y rescatar los valores cristianos, los que conducirían a la tolerancia y el respeto a los demás. Señalan que su concepción de patria, se basa en la identificación de una
herencia cultural común, –donde patria y nación parecen ser utilizadas indistintamente– y no sobre el descrédito de otra cultura. Con ello quieren diferenciarse de los patriotas–
19 Las críticas se centraron en la desarticulación del Pacto de Varsovia y en los acuerdos de desarme alcanzados con los EEUU, particularmente el Start II, suscriptos por los presidentes Bush y Yeltsin en enero de 1993, por ser considerados desventajosos para Rusia.
20 En tal sentido por ejemplo el Soviet Supremo de Rusia no aprobó en junio de 1992 las sanciones contra Serbia argumentando que no sólo los serbios, sino también los croatas violaban acuerdos y normas. No puede afirmarse si por influencia de este sector, pero los cierto que Moscú a modificado su postura en relación al conflicto ex Yugoslavia a partir de comienzos de 1993. Ello puede apreciarse en la amenaza a vetar cualquier resolución del Consejo de Seguridad a favor de bombardear territorio serbio y en el pedido de sanciones contra Croacia por su ofensiva contra Krajina.
a los que ellos denominan patrioteros–, al que consideran capaz de desembocar en el