CAPÍTULO 5. LA OPINIÓN DE LOS HOTELEROS DE PLAYA DE CHACHALACAS SOBRE LA
5.2 Problemática socioambiental de Playa de Chachalacas desde la visión de los hoteleros
5.2.6 El problema de la ausencia de cultura socioambiental local
El segundo problema elegido por los hoteleros fue la ausencia de cultura socioambiental local. Para el grupo, esto significa que hay insuficiente información, preparación y sensibilidad con respecto al medio ambiente, circunstancia que propicia comportamientos dañinos para con la naturaleza, con repercusiones negativas para la población. Para Suavé (2006) el desafío de la EA es precisamente ese, contribuir a un cambio cultural más profundo, el cual debe incidir en el plano personal, social y ambiental.
La escasa cultura socioambiental local es percibida por los hoteleros como un tema básicamente educativo, tanto a nivel formal, cuando plantean la ausencia de educación ambiental en las escuelas; como no formal, cuando se refieren al resto de la población, que especifican como: turistas, prestadores de servicios turísticos y empresarios.
Los hoteleros destacaron la importancia de abordarlo:
“No hay que dejar el problema de ausencia de cultura socioambiental porque es donde más se puede hacer” (Haz, 26 de junio 2013)
Otros apoyaron la idea anterior, pero relacionándolo con el tema de residuos y haciendo énfasis en la dimensión económica:
“Si se logra eso (atender la ausencia de cultura socioambiental) se pueden resolver los otros problemas…se limpia, habrá más ganancias porque se verá más bonito y vendrán
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más visitantes; no hay que esperar a que vengan autoridades de afuera si nosotros trabajamos en la conciencia de la población.” (Hlp1, 26 de junio 2013).
A pesar de la relación directa que se observa en el comentario anterior entre cultura ambiental y manejo de residuos, la elección del problema ausencia de cultura ambiental
nos da la medida de que la observación que tiene el grupo parece ir más allá de problemas muy concretos. Y relacionado con el tema anterior, también es coincidente con ideas de expertos en el tema de la EA, que expresan la necesidad de trabajar educativamente el tema de los desechos, si esto va acompañado de una revisión de las causas que originan el problema (González-Gaudiano, 2007a). A continuación, se muestra una opinión al respecto por parte de un miembro del grupo:
“…se necesita un trabajo donde la gente conozca y analice las razones para cambiar de hábitos, porque las jornadas de limpieza son insuficientes y por sí mismas no estimulan ningún cambio, no ayudan en la generación de conciencia ni de sensibilidad de la situación ambiental.” (Hlp1, 26 de junio 2013)
Los hoteleros se inclinan entonces a atender un asunto básico de la problemática ambiental a todos los niveles, el de la educación. Si bien, como grupo reconocieron su lógica incapacidad para hacer frente a un problema de tal complejidad, manifestaron su interés y disposición para generar alianzas con instituciones educativas y/o relacionadas con el medio ambiente como el INECOL, la SEDEMA y la Universidad Veracruzana, entre otros, que desemboquen en acciones educativas con respecto al medio ambiente en general y al entorno particular de la localidad.
Conocemos la importancia de una cultura ambiental a través de la cual los seres humanos puedan tener un reconocimiento de los valores ambientales y armonizar la interacción ser humano, cultura y entorno (Bayón, 2006). Pero también sabemos que es un reto que requiere de grandes esfuerzos, a nivel de las instituciones educativas, los gobiernos y la sociedad en general. Sin embargo, es un esfuerzo que debe darse para generar espacios efectivos de gobernanza ambiental.
Hay evidencias de que la educación ambiental con su enfoque naturalista no ha conseguido los resultados esperados (Andrade, 2012), en particular en países con realidades complejas
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y con mega diversidad cultural y biológica como los latinoamericanos. La educación ambiental tradicional está enraizada en el método educativo tradicional, la educación bancaria a la que hacía referencia Freire (2005), donde se intenta dotar de conceptos teóricos sobre la biología o la ecología a individuos y grupos que son considerados como recipientes vacíos a los que hay que llenar para que actúen en consecuencia con ella. En Latinoamérica, la educación ambiental formal y algunos sectores de la no formal están insertos en este exagerado academicismo, el cual ha sido el responsable de los escasos resultados en la transformación de la sociedad al separar teoría y práctica y descontextualizar los contenidos. Esto último representaría una de las principales dificultades metodológicas de la educación ambiental (González-Gaudiano, 2007b).
A pesar de los esfuerzos que se han realizado en el campo de la educación ambiental en las últimas décadas, la degradación del ambiente ha continuado, lo cual puede verse a través de la persistencia de múltiples fenómenos globales, como la pérdida de biodiversidad, la contaminación del aire y de las fuentes de agua, la disminución de la cobertura vegetal y la degradación de los ecosistemas costeros (Andrade, 2012).
Sin embargo, reconociendo la capacidad que tiene la educación en la transformación de hábitos y actitudes, entendemos su importante papel para mejorar la interacción de nuestra especie con su entorno. Ante la situación actual, la educación ambiental debe centrarse en la búsqueda de respuestas alternativas, y métodos que resulten más eficientes. Uno de ellos es contextualizar contenidos y lograr involucrar a la población en la elección de éstos en materia ambiental, de manera que resulten significativos (Vergara et al., 2012).
Algunas fuentes, como la educación ciudadana (Gould, 1993) y la ecopedagogía (Gadotti, 2002) proponen una pedagogía donde además de la didáctica se ponga más atención a la ética y la filosofía, es decir, buscan privilegiar el aprendizaje que da sentido, integrando la intuición, las emociones y las vivencias, además de la razón. Esta manera de aprender tiene como objetivo la concientización con respecto al entorno y a los demás; es aplicable tanto a nivel formal como informal; se basa en Freire (1997), al entender a cualquier proyecto educativo, en las aulas o fuera de ellas, como un proyecto ético político, lo cual lo convierte en una potente herramienta de transformación. Este marco es una apuesta interesante pues
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podría representar una de las mencionadas formas alternativas de aproximarse a un cambio de actitud integral.