• No se han encontrado resultados

El reinado de Isabel II Moderantismo y progresismo.

La década moderada (1844-1854).

Narváez casi desde siempre mezcló las carreras política y militar, y participó activamente en la guerra carlista. En 1836 empezó su rivalidad con Espartero y dos años después se le abrió un proceso por una posible implicación en una sublevación en Sevilla. Después del exilio de la reina madre a Paris, fue el hombre clave de la oposición a Espartero y organizó la Orden Militar Española. Después de la victoria de Torrejón de Ardoz se convirtió en el líder del partido moderado. Su personalidad llama la atención por su enorme inteligencia y predisposición a la política, pero también por un carácter cambiante y tendente a veces a la depresión, lo cual le hacía abandonarlo todo. Eso puede explicar hechos como interrumpir el consejo de ministros espada en mano o interpretar las leyes de manera arbitraria.

El primer gobierno de Narváez terminó en 1846, y el segundo duró menos de un mes. En la primera etapa, él mismo se sitúa al frente del ministerio de Guerra, y coloca a Pidal en Gobernación y a Alejandro Mon en Hacienda. Se suscita al poco tiempo la reforma de la constitución y surgen diferentes tendencias en el partido.

• El grupo del marqués de Viluma, ministro de estado, intentaba que la monarquía fuese de nuevo depositaria de la soberanía.

• Los puritanos, dirigidos por Pacheco, deseaban continuar con la constitución de 1837

• La tendencia centrista era la de Narváez, Mon y Pidal, planteaban una nueva constitución más moderada, que perfilase la manera que tenían los moderados de entender el Liberalismo.

Cuando sus ideas no triunfan, el marqués de Viluma dimite como ministro de estado y vuelve al gobierno Martínez de la Rosa.

Lo que más diferenció el gobierno de Narváez fue su actitud ante la Ley Espartero de desamortización de los bienes eclesiásticos, pues Alejandro Mon elaboró un decreto promulgado en agosto de 1844 por el cual se suspendió la venta de estos bienes, aunque se confirmó la propiedad legítima de quien ya los hubiere comprado. Los no vendidos fueron devueltos a sus propietarios. Se inician los debates relativos a la constitución, y el marqués de Viluma con otros quince diputados abandonan el congreso, alegando que no pueden defender su punto de vista. Triunfó el parecer de reformar la constitución de 1837, y surge la más moderada de 1845, que recoge las ideas del liberalismo doctrinario:

o La soberanía residía en las cortes y en el monarca o Se regulan los derechos de los ciudadanos

o Se proclama la unidad católica de España

o Solo pueden ser senadores, por nombramiento regio, los aristócratas

o Se restringe el sufragio para la elección de los diputados y se aumenta el nivel de renta, tanto para los electores como para los elegibles.

o Desaparece la preeminencia del congreso sobre el senado en legislación financiera.

o Desaparece la Milicia Nacional.

Se tiende a unificar la organización jurídica, política, docente y fiscal para toda España. Se pone en marcha el nuevo plan de estudios de Antonio Gil y Zárate en septiembre de 1845. Se simplifica el sistema tributario, anulando las particularidades regionales, y se intenta arreglar la Deuda rebajando los intereses de lo que tiene que pagar el Estado en vez de declararse en bancarrota y no pagar nada. Mayans, ministro de Justicia, modifica el proyecto de juicio por medio de jurado por un tribunal compuesto por magistrados profesionales. Se generó una burocracia mayor que en gobiernos anteriores y se amplió el problema del funcionariado, que todavía estaba poco profesionalizado. Los enemigos más poderosos de Narváez no fueron los progresistas o los levantamientos militares, sino las intrigas palaciegas de otros políticos e incluso de sus allegados. En 1846 dimite, aunque no está demasiado claro por qué lo hace, se supone que debido a una de sus famosas depresiones, pero probablemente la causa fuese la disensión con algunos de sus ministros por el posible matrimonio de la reina.

Se forma un gobierno de transición bajo el mando del marqués de Miraflores, cuya premisa era concertar los matrimonios de la reina y de su hermana. Pero es la propia corona quien fuerza su dimisión y vuelve Narváez, con el propósito de casar a Isabel con su tío, el hermano de María Cristina. Pero ni Inglaterra ni la mayoría de las naciones extranjeras están de acuerdo en este matrimonio, y Narváez vuelve a dimitir; también por presiones interiores. Se exila a Francia.

La tendencia puritana es la más beneficiada en estos años por la corona y se llama a Istúriz para que forme gobierno. Pidal y Mon siguen en el gabinete. El problema seguía siendo la boda de la reina y de la princesa de Asturias. A la reina se la casa con su primo Francisco de Asís de Borbón, cuya

homosexualidad era de todos conocida; por lo tanto el matrimonio está desde el inicio condenado al fracaso. El gobierno de Istúriz tiene que hacer frente a varios pronunciamientos; el primero de ellos en Galicia en la primavera de 1846, en el que participa Enrique de Borbón, hermano de Francisco de Asís y marino de pofesión; de tendencias progresistas, que se postulaba como pretendiente a la mano de Isabel. Se le envió al exilio. Las partidas carlistas inician lo que se conoce como la segunda guerra carlista. En diciembre de 1846 hay elecciones, que ganan los moderados; aunque puritanos se separan bastante de la línea del partido y los progresistas obtienen buenos resultados en las urnas. Los puritanos votan la candidatura de Castro Orozco para presidente del Congreso, desechando a Bravo Murillo, propuesto por Istúriz. El presidente entendió que había sido derrotado y en enero de 1847 presentó su dimisión. El nuevo presidente es Carlos Martínez de Irujo, duque de Sotomayor, que ocupa también la cartera de estado e intenta un gobierno de coalición entre moderados y puritanos; pero no es posible. Se movilizan jóvenes para hacer frente a los carlistas. Se llama a Pacheco para que forme gobierno y el hombre fuerte del gabinete será José Salamanca y Mayol, marqués de Salamanca, y también Nicomedes Pastor Díaz. Empiezan los problemas entre la reina y su esposo, que acaba por irse a vivir al palacio de El Pardo. Pacheco, el líder del moderantismo, era de Jaén, y fue fiscal del Tribunal Supremo y catedrático de Derecho. Por su parte, el otro ideólogo puritano, Pastor Díaz, era de Vivero, Lugo, y también jurista. El marqués de Salamanca era bastante más pragmático y destacaba en el mundo de las finanzas, dado que también era comerciante de éxito y fundador del Banco de Cádiz. La labor del nuevo gobierno se centró en intentar una política abierta que otros moderados desdeñaban. Se amnistió a todos los que estaban en la cárcel o en el exilio por pensamientos políticos, e incluso volvió el anciano Godoy. José de Salamanca, como ministro de Hacienda, intentó hacer cuadrar las cuentas y unificó los Bancos de San Fernando e Isabel II en el Banco Español de San Fernando, que es el antecedente del Banco de

España. Procuró un sistema de recaudación más abierto y favoreció el librecambismo. Puso en venta algunos bienes de las Órdenes Militares.

La guerra carlista se desarrolló en zonas dispersas, como Valencia y Toledo. El gobierno también tuvo que hacer frente a otras violencias y motines, sobre todo el de mayo en Sevilla, donde se protestaba por el aumento de precio de los alimentos de primera necesidad. Los progresistas dejan de apoyar a Pacheco y tuvo que dimitir a finales de agosto. El siguiente gobierno es organizado por amigos de la reina; Serrano y Salamanca. La presidencia la ocupa un moderado próximo a los puritanos; Florencio García Goyena; con Fernández de Córdoba al frente del ministerio de Guerra y Juan de Dios Sotelo en Marina. Se intenta aglutinar a los moderados centrales y puritanos con los progresistas; pero el gobierno acaba dando un giro a la izquierda, y llamaron a Narváez para que regresase desde Francia. Y él no duda en dar una especie de golpe de estado, entrando en una reunión del consejo de Ministros y echándoles. Forma gobierno en octubre de 1847, y además de presidente es también ministro de estado y guerra. Luís Sartorius, un joven político, es el ministro de la gobernación, a pesar de su escasa formación, puesto que se había criado en la calle e incluso había pedido limosna de niño. Pero prospera hasta llegar a comprar el título de conde de San Luís. Se encargó de organizar todo el entramado de las jefaturas políticas provinciales y de ganar las elecciones, aunque fuese mediante corruptelas. El cargo de Gracia y Justicia lo ocupa Alejandro Arrazola, procedente del mundo jurídico y de la Universidad. Dio impulso a la Comisión General de Codificación y publicó un Código de Derecho Penal en 1848. Siguen estando en el gabinete Pidal y Mon.

La revolución europea de 1848 tuvo su correlato en España con los acontecimientos de Madrid y otras poblaciones, aunque en España no pasaron de ser algaradas callejeras. Un coronel próximo al partido progresista organizó un pronunciamiento en marzo, con más de quinientos militares conjurados

y algunos civiles. Narváez redujo la insurrección en pocas horas. Una consecuencia directa de todos estos actos fue la orientación de la política hacia la derecha, debido a la mayor unión del Partido Moderado. Incluso Donoso Cortés llega a decir cuando la legalidad baste, la legalidad; cuando basta, la dictadura. Durante nueve meses, y con el voto de confianza del congreso, hubo una dictadura legal de Narváez, en donde se suprimieron la libertad de expresión y las garantías constitucionales, mediante un estado de excepción. En cuanto a las relaciones exteriores, se rompen relaciones diplomáticas con Inglaterra por su apoyo a los revolucionarios. En Roma colaboran tropas españolas con el papa para restaurarle en la Sede Pontificia de la cual le habían desalojado los revolucionarios. Los gobiernos conservadores de Europa Central apoyaron al gobierno español.

Juan Bravo Murillo se estaba mostrando muy eficaz en el Ministerio de Comercio, Industria e Instrucción Pública, lo que antes era Fomento. Hizo campaña en favor de reducir los gastos públicos y acabar con la corrupción, aunque la construcción del Teatro Real bajo la supervisión de Sartorius, hizo pensar que alguien se estaba aprovechando; y el propio Narváez recibió de la corona un enorme regalo en metálico sin justificar. También se criticaban los excesivos gastos del rey consorte y de la reina madre. Al final, Bravo Murillo acabó por dimitir, y encabezó un grupo de moderados que deseaban limpieza en la vida política. Hasta Donoso Cortés, que había apoyado a Narváez, acaba reprochándole las corruptelas. Narváez presenta la dimisión a la reina.

La reina intenta que el marqués de Pidal forme gobierno, pero las disensiones en el seno del partido moderado se lo impiden. Acaba haciéndolo Bravo Murillo, que es presidente del gabinete y ministro de Hacienda desde enero de 1851 a diciembre de 1852.

Pensaba que el orden era la mejor garantía de la libertad, y el exceso de libertad llevaba al Despotismo. Su mayor preocupación fue la de solucionar los problemas de la Deuda; y había dos alternativas: declararse en quiebra y no pagar a los acreedores, o pagar menos. Redujo todos los intereses de la Deuda a un 3% y a cambio el estado se comprometía a pagar en 19 años. También es autor de la Ley de Contabilidad del Estado, de la publicación de las cuentas generales y de los ajustes del presupuesto anualmente. Pero quizá su mejor aportación fue la ley de funcionarios, porque concibe la administración como una serie de cuerpos técnicos a los que se accede por medio de oposición o por concurso de méritos. El cese solo podría hacerse por los tribunales o mediante un expediente en donde se comprobase que se había incumplido la ley. Se presenta en 1851 un proyecto del Código Civil; y se culminan las negociaciones con la Santa Sede mediante un concordato firmado en el mismo año. De nuevo el ministerio de Obras Públicas vuelve a llamarse Fomento, y todo lo que sea enseñanza dependerá de Gracia y Justicia, aunque hay gente en el gabinete que no está de acuerdo. Se hace un Plan de Ferrocarriles y otro de Carreteras que marca las seis nacionales, que partiendo de Madrid une todos los puntos de la periferia. También se lleva a cabo el Plan de Puertos y el de Faros, y se impulsa la construcción de canales; sobre todo el de Castilla y el de Isabel II. El gobierno de Bravo Murillo fue el primer gobierno civil fuerte desde 1840, y era realmente un gobierno de tecnócratas. En 1850 dimite como ministro de Hacienda, porque quería controlar el presupuesto militar, y reaccionan en contra todos los espadones, desde Narváez a Espartero, además de O´Donnell. Cuando en lugar de Arístegui en el ministerio de guerra coloca a Lersundi sin consultar a los espadones, éstos montan en cólera e incluso O´Donnell se atreve a protestar en una carta. Bravo Murillo le cesa y coloca como jefe supremo del Ejército a Lersundi, lo cual le enfrenta con la mayoría de los generales. Lersundi acaba dimitiendo en 1852. Otra crisis surge a causa del ministro de Fomento, Fernández Negrete, que votó en el Parlamento en contra de la propuesta del gobierno sobre la Deuda. Bravo Murillo se da cuenta de que ha perdido la

mayoría, y de acuerdo con la reina, decide convocar elecciones, que dan la mayoría al partido moderado. Aunque no se oponía al sistema parlamentario, disolvió las cortes en 1851 tres veces. En 1852 intenta una reforma constitucional a la constitución de 1845, que en realidad era una cortapisa al liberalismo. Pretendía imitar al régimen un tanto autoritario de Napoleón III en Francia. En realidad la constitución de 1852 reforzaba al máximo el poder de la corona y se lo quitaba a las cortes, prohibiendo las sesiones abiertas en el congreso y limitando los derechos y garantías individuales. Toda la clase política y la prensa se manifiestan en contra del proyecto; al igual que la reina madre, Narváez, los puritanos, y la mayoría de los generales más influyentes. Los progresistas pedían que se mantuviese la constitución de 1845. La reina no había tomado partido, pero su madre le aconseja que fuerce a Bravo Murillo a presentar la dimisión. Aquí acaba su carrera política. El partido moderado queda fraccionado al menos en cinco grupos, y la reina opta por llamar al gobierno a personajes secundarios para no despertar envidias. Se suceden tres gobiernos, todos de segunda fila. El partido moderado empieza a desintegrase, y aumenta el poder de los progresistas. El gobierno de Federico Roncali se planteó como una especie de transición de un general conservador, pero sin experiencia política. La coalición que derrotó a Bravo Murillo tampoco está de acuerdo con el nuevo gobierno y se pidió la disolución anticipada de las cortes, aunque la reina no accedió. El nuevo gobierno lo preside Lersundi, y dura algo más de seis meses, porque también la oposición se ceba con él, y su programa no logra calmar a los partidarios de Narváez. Hay un escándalo debido al transporte de carbón para la flota española en Filipinas, y primero dimite el ministro de Marina, aunque luego le sigue el gobierno en pleno. Se nombra presidente a Luís Sartorius, que rehabilita a Narváez y hace importantes cambios en los mandos militares. Hace una rectificación del proyecto de ferrocarriles de 1851, y a causa precisamente de las corrupciones que denuncia en esta ley, se enfrenta con el Senado. En el escándalo de corrupción estaba inmerso incluso el duque de Riansares, segundo marido de María Cristina de Borbón, y el marqués de Salamanca. Sartorius no quería remover

el pasado, sino rectificar la ley para que esto no volviese a ocurrir, estableciendo mayores cautelas y garantías. Pero también él había sido corrupto en algunas ocasiones. La palabra “polacada” se incorporó a la Lengua española como un acto despótico y arbitrario. La reina le retira su confianza y se disuelven las cortes. Al mismo tiempo se difunden desde Londres noticias de que hay la pretensión de unir la Península Ibérica bajo la monarquía de la casa de Braganza, destronando a Isabel II. Por eso el conde de San Luís permanece en el gabinete, porque en este momento de incertidumbre la reina no puede prescindir del gobierno. Ya a principios de 1854 hay manifiestos de varios periódicos y de políticos, tanto moderados como progresistas, en contra del gobierno, por secuestrar publicaciones y abusar de la censura. El ministro de Gracia y Justicia, contrario a Sartorius, dimite en enero de 1854 y el resto del gabinete permanece, pero en situación tensa, pues se presagia una revolución.

Política exterior.

Las bodas de Isabel II y su hermana fueron esenciales para calibrar el peso de España en Europa. Debido a la Cuádruple Alianza, España se cerró a casi todas las potencias, quedando controlada por Francia y Gran Bretaña; la primera con gobiernos moderados y la segunda, cuando gobernaban los progresistas. Quizá por eso las guerras civiles, tanto en España como en Portugal, se internacionalizan. La legitimad de Isabel II la reconocen Francia e Inglaterra, pero hay estados como Austria, Rusia y Prusia que no se definen. Nápoles y Piamonte reconocen a Don Carlos. España promueve una alianza para expulsar a don Carlos de Portugal, e Inglaterra está de acuerdo, pues al unir la cuestión española y la portuguesa, puede afianzarse en la Península. En 1834 se firma la Cuádruple Alianza de los gobiernos liberales de ambos países con Inglaterra y Francia, aunque Portugal saca mayor partido. Los cristinos solo consiguen ayudas

menores y que avalen algunos de sus préstamos. Don Carlos obtiene la ayuda de Austria, Prusia y Rusia, pero también ayudas económicas y de tropas, aunque son insuficientes. Importante es la actitud de la Iglesia ante el liberalismo isabelino, y al revés. Los problemas se resolvieron en el concordato de 1851, aunque solo de manera parcial. Los obispos, en la crisis sucesoria, permanecieron casi todos fieles a Isabel II, pero el clero rural y muchos religiosos mostraron sus simpatías con el carlismo. El papa se mantuvo neutral, aunque se interpretó como apoyo a don Carlos. El primer problema grave entre Iglesia y estado español es la negativa al placet al nuevo nuncio, por supuestas simpatías carlistas, en septiembre de 1833. Luego seguirían inconvenientes para el nombramiento de obispos y la militancia de muchos clérigos en las filas carlistas. En 1834 se suma el problema de la matanza de frailes en Madrid, al creerlos los ciudadanos causantes de propagar el cólera. Con las primeras leyes exclaustradoras, hay más matanzas de religiosos y la Santa Sede acaba rompiendo relaciones con Madrid en 1837. El representante de la Santa Sede seria formalmente expulsado en 1840. Con la década moderada, la situación mejoró algo, pero no se modificó del todo hasta la expulsión del papa de Roma en 1849 y la ayuda española. El concordato de 1851 puso fin al conflicto de la desamortización. Se reconoce la religión católica como la única del estado español y se acepta el derecho de inspección de la jerarquía para adecuar la enseñanza del dogma y moral católicos, además de regular el pleito de la desamortización, y la