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El reino visigodo (III): los primeros reyes

católicos

visigodos fueron arríanos. Con Leovigildo, resultó obvio queno iba a ser fácil imponer el arrianismo sobre la religiónde la mayoría de la población. Muy posiblemente, el mismo Leovigildo recomendó a su hijo Recaredo la conversión al catolicismo. En este capítulo vamos a detenernosen la conversión al catolicismo de los reyes visigodos y enlas consecuencias que semejante hecho tuvo.

¿Por qué se produjo la conversión de Recaredo al catolicismo?

Sin duda, hubo varias causas. Una fue la más que posible recomendación de Leovigildo en ese sentido. Sin embargo, a eso hay que añadir la considerable superioridad de la cultura católica y la identificación con la población hispanorromana. Ese paso se selló formalmente en el curso del III concilio de Toledo del año 589.

¿Qué consecuencias tuvo esa conversión?

Bastantes y además relevantes. De entrada, se llegaba a una situación de unidad espir ual cuya única nota discordante eran los judíos. Aún más importante era la forja de una unidad y una legalidad

nacionales de ca-rácter español. Si, por un lado, se produjo la desaparición de las barreras raciales; por otro, Sisebuto y Suintila expulsaron a los bizantinos; y Chindasvinto y Recesvinto promulgaron el Fuero juzgo o Liber iudicum en el que se sentaron las bases de una legislación española unida. Partiendo de esas bases políticas, sociales y espirituales, no sorprende que en la España visigoda se produjera el primer renacimiento cultural posterior a la caída del Imperio romano. Fruto de esa pujanza fueron figuras tan notables como las del historiador Paulo Orosio, Leandro, Braulio o Julián.

De todos estos personajes el más importante, sin ningún género de dudas, fue Isidoro de Sevilla. Nacido en Cartagena en 560 y muerto en 636, Isidoro era hijo de Severiano y Teodora, y tuvo como hermanos a los santos Leandro, Fulgencio y

Florentina. Isidoro fue el primer introductor de Aristóteles en Occidente siglos antes de Averroes o de santo Tomás, y también el primer europeo que redactó una summa del saber. A él le debemos una

Historia de los reyes godos, vándalos y suevos,

pero, sobre todo, las Etimologías, que fue la primera en-ciclopedia de la Historia, muy anterior a la

francesa del siglo x v i i i . En las Etimologías, Isidoro incluyó esta clara y conmovedora referencia a España como nación:

¡Oh, España! La más hermosa de todas las naciones que se extienden desde Occidente hasta la India. Tierra bendita y feliz, madre de muchos pueblos... De ti reci-ben la luz el Oriente y el Occidente. Tú, honra y prez de todo el orbe; tú, el país más ilustre del globo... No hay en el mundo región mejor situada. Ni te abrasa el estío ni te hiela el rigor del invierno sino que, circun-dada por un clima templado, te nutren céfiros blandos.

Cuanto hay de fecundo en los ejidos, de precioso en las minas y de provechoso en los animales, tú lo produces... Rica, por lo tanto, en hijos, joyas y púrpuras, fecunda también en gobernantes y en hombres que po-seen el don de mandar, te muestras tan fecunda en adornar príncipes como feliz en producirlos. Con ra-zón, ya hace mucho tiempo, te deseó la dorada Roma, cabeza de gentes, y, aunque, vencedor, aquel empuje romano te desposara primero, luego, el muy floreciente pueblo de los godos, tras haber conseguido numerosas victorias, a su vez te tomó y te amó...

Difícilmente hubiera podido expresar nadie mejor el sentimiento de orgullo nacional que vivían los hispanos.

Mezcla de la herencia romana, la cristiana y la germáni-ca, ellos consideraban ahora a España una nación especialmente dichosa.

Este renacimiento cultural no se limitó a la teología, la poesía o la Historia, sino que tuvo su repercusión también en las artes plásticas, como la arquitectura —igle-sias de San Juan de Baños en Palencia, Santa Comba de Bande en Orense y San Pedro de la nave en Zamora— o la orfebrería (tesoro de Guarrazar).

Hace unos meses, el BNG (Bloque Nacionalista Galego) publicaba su proyecto de Estatuto para Galiciadonde apelaba al reino de los suevos como la primeranación gallega independiente. ¿Existe alguna base paraesa afirmación?

Pues ciertamente ninguna. A decir verdad, ni siquiera resulta seguro que se pueda hablar de un reino suevo. Cuando se produjo su entrada en el interior del Imperio romano en el 409, habían dejado propiamente de ser suevos aunque,

convencionalmente, los denomi-nemos así. Su importancia era tan escasa que, de hecho, cuando en el 406 entraron por el Rin ni siquiera fueron detectados.

En el 419 estaban tan debilitados que sólo la intervención del ejército romano evitó su exterminio. En el 464 se sometieron a los visigodos. De 550 a 585

lograron una cierta autonomía e incluso llegaron a Oporto de manera efímera, pero esa etapa duró poco.

En 585 los aniquiló Leovigildo.

¿Entonces nunca existió esa nación gallega?

Hablar de una nación gallega es un verdadero des- propósito por varias razones. La primera es que cultural-mente lo que ahora conocemos como Galicia estuvo muy vinculado a Roma desde fechas muy antiguas. En el año 13~ a. de J.C., Décimo Junio Bruto el Galaico alcanzó el Miño, y en el 61 a. de J.C., Julio César desembarcaba en la Coruña (Brigantium). Ahí no había suevos ni nada parecido.

Jurídicamente, el derecho gallego —muy primitivo— procede del derecho romano y no del germánico. Lingüísticamente, el gallego es una lengua romance derivada del latín y no de alguna otra lengua germánica.

Por último, religiosamente, la Historia de Galicia está vinculada al catolicismo y no al arrianismo.

Pretender, por lo tanto, identificar a Galicia con los suevos no pasa de ser un verdadero dislate.

CAPÍTULO XVI

El reino visigodo (IV): el