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Hispania en la época de las guerras civiles (I): el

romanización

En el capítulo anterior nos referimos a los inicios de la romanización y cómo provocó resistencias en Hispania en torno a los focos lusitano (Viriato) y celtíbero (Numancia). Elresultado de aquellos enfrentamientos fue una integracióntotal de Hispania en la Historia romana y, a través deellay en la universal. Se trataba de una circunstancia que quedaría especialmente de manifiesto durante las guerrasciviles que se tradujeron en el final de la república romanay la proclamación del imperio. ¿Por qué sufrió Roma una sucesión de guerras civiles?

Obedeció a una profunda crisis política que duró más de un siglo. De hecho, desde la muerte de Tiberio Sempronio Graco —el 134 a. de J.C., el mismo año de la caída de Numancia— se produjo un deterioro de la re-pública, desgarrada por la lucha entre el partido de los populares —partidario de valerse del apoyo de la plebe y el de los patricios, defensor de los privilegios de las familias romanas más antiguas.

La primera guerra civil que se proyectó sobre Hispania enfrentó a Mario con Sila (88-82 a. de J.C.) y la segunda, a Julio César con Pompeyo (49-45 a. de J.C.) concluyendo con ella la república.

¿Por qué tenía importancia Hispania en el curso delas guerras civiles de Roma?

Las razones eran varias. En primer lugar, desde hacía siglos Hispania era una excelente cantera de extraordinarios soldados. Además, tenía una importancia estratégica de primer orden y, sobre todo, permitía la posibilidad de prolongar la resistencia frente a un adversario que fuera, temporalmente, vencedor. Cumplía así un papel semejante al que Churchill hubiera otorgado a Canadá si Hit-ler hubiera llegado a invadir Gran Bretaña.

¿Qué papel tuvo Hispania en la primera gran guerra civil romana?

Hispania se convirtió en una base de operaciones de los populares desde el momento en que Sertorio decidió valerse de su territorio para enfrentarse con el patricio Sila. La figura de Sertorio fue

Sertorio era pretor de la Hispania Citerior, lo que aprovechó para alzarse contra Sila.

Durante los años siguientes, Sertorio pasó por Ibiza, descubrió las Canarias, tomó Tánger y en el 79 a. de J.C. se enfrentó con éxito con Cecilio Metelo Pío. Pero no se trataba sólo de gestas militares. En realidad, Sertorio aspiraba a crear una nueva Roma en territorio hispano, una Roma asentada sobre bases más justas que permitiera además que los bárbaros absorbieran pa-cíficamente los beneficios de su cultura. Durante los años 77 y 76 a. de J.C., Sertorio procedió, por lo tanto, a crear un estado romano con hispanos. Estableció así un senado y, lo que es más importante, la primera universidad española, la establecida en Osea (Huesca). La leyenda afirmaría que la clave de su éxito se encontraba en la superstición de los hispanos que creían en que Sertorio recibía mensajes de los dioses por medio de una cervatilla que le hablaba al oído. Personalmente, me inclino más por la idea de que el romano supo convencer-los de los beneficios de la cultura y civilización romanas.

Posiblemente porque no fue demasiado escrupuloso a la hora de escoger a sus aliados. En el año 74 a. de J.C.

se alió con Mitrídates, rey del Ponto y enemigo encarni-zado de Roma, para alcanzar sus objetivos. Ese paso fue interpretado por muchos como una traición y provocó numerosas deserciones. En el 73 a. de J.C. Sertorio se retiró a Osea. Temía que la derrota le sobreviniera y cayó en un comportamiento paranoico. Fue finalmente asesinado por Perpenna que, como traidor, no fue pagado por Roma. El destino del bando de los populares había quedado sellado.

¿Cuál fue la reacción de los hispanos ante la primera guerra civil?

Como hemos visto, primero, apoyaron a Sertorio, pero, tras su muerte, acabaron inclinándose por el bando patricio encarnado en Pompeyo. Fue en el año 71 a. de J.C., fundó Pamplona, una ciudad que inmortali-za su nombre.

¿Cómo fue la segunda guerra civil en suelo hispano?

Vamos a hablar de Julio César en el próximo capítu- lo, pero podemos adelantar que en Hispania se decidió la segunda guerra civil.

Durante los años inmediatamente anteriores, Roma había estado gobernada por un triunvirato formado por Craso, Pompeyo y César (60 a. de J.C.). Cuando tuvo lugar la muerte de Craso (53 a. de J.C.)

combatiendo contra los partos, sólo quedaron dos hombres disputándose el poder personal sobre Roma. Pompeyo contaba con el respaldo de las viejas oligarquías republicanas, pero César se apoyaba en el partido de los populares y encarnaba la esperanza en un cambio social. Para neutrali-zarlo, el senado ordenó que desbandara a sus legiones y en-trara desarmado en Roma. Consciente de que dar ese paso significaría su final, a inicios del año 49 a. de J.C., César cruzó el Rubicón, un riachuelo que separaba el territorio de la Galia de Roma. Así comenzó la segunda guerra civil.

Pompeyo decidió entonces dirigirse hacia Europa oriental intentando aumentar sus fuerzas. La respuesta de César recuerda el plan que siglo y

medio antes había llevado a cabo Escipión contra Aníbal. Primero, había que controlar Hispania y luego, desprovisto su enemigo de esa base, se enfrentaría con él para asestarle el golpe definitivo. Así, en julio del citado año 49 a. de J.C., tuvo lugar la primera batalla del Ebro cuando César derrotó a los pompeyanos en Ilerda (Lérida), y concedió la ciudadanía romana a Cádiz, la primera ciudad hispana en alcanzar ese privilegio.

En el año 45 a. de J.C., César derrotó en Munda (Montilla), a los últimos pompeyanos. La suerte de la re-pública quedaba así zanjada en España.

CAPÍTULO VIII

Hispania en la época de