Órgano Auge Depresión
Hígado Pulmones Intestino grueso Estómago Bazo y páncreas Corazón Intestino delgado Vejiga Riñones Circulación sanguínea Acumulación energía Vesícula biliar 1 – 3 h 3 - 5 h 5 - 7 h 7 - 9 h 9 - 11 h 11 - 13 h 13 - 15 h 15 – 17 h 17 - 19 h 19 - 21 h 21 - 23 h 23 - 1 h 3 – 5 h 5 - 7 h 7 - 9 h 9 - 11 h 11 - 13 h 13 - 15 h 15 - 17 h 17 – 19 h 19 - 21 h 21 - 23 h 23 - 1 h 1 - 3 h
A esta sabiduría le puede usted sacar partido de la siguiente manera: cuando se conocen los períodos culminantes de los órganos, se pueden realizar, independientemente de la condición de la luna, actividades como el suministro de remedios medicinales, la eliminación de sustancias tóxicas o cualquier otra medida que sirva para mejorar el bienestar y la salud a lo largo del día.
Por ejemplo, las infusiones para la purificación sanguínea se tomarán entre las 15 y las 19 horas, las siestas breves se podrán hacer entre las 13 y las 15 horas , el desayuno no hay que tomarlo nunca después de las nueve de la mañana, hay que fumar y beber menos entre la una y las cinco de la madrugada, etc.
Observe usted mismo, fíjese, procure darse cuenta, tome nota de las cosas y recuerde: la experiencia es mejor que la información.
44 No en vano la información es sólo un instrumento, e incluso la mano que utiliza el instrumento precisa ejercicio. Y, por supuesto, también el corazón que guía la mano.
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Tema III: Preparaciones
3.1.- PREPARACIÓN
Para obtener de las plantas medicinales sus efectos curativos, pueden emplearse diversos procedimientos. Entre ellos citaremos: las plantas frescas tomadas como ensalada, los zumos que se obtienen de exprimir estas mismas plantas frescas, las plantas secas y pulverizadas, las tinturas o maceraciones alcohólicas de plantas, los extractos fluidos y blandos de las mismas y finalmente sus cocimientos, infusiones y maceraciones acuosas.
Aunque todos estos procedimientos conducen al mismo objeto, hay casos en que por la naturaleza de la planta es preciso valerse de uno determinado con exclusión de los demás, si quieren conseguirse todos los efectos terapéuticos que la planta puede proporcionar. Los pocos casos en que se da esta circunstancia, lo indicamos al describir la planta para que el enfermo lo tenga en cuenta y pueda ponerlo en práctica en su tratamiento.
Infusión
Consiste simplemente en calentar agua y añadir la planta en el primer hervor. Seguidamente se aparta del fuego, se tapa y se deja reposar unos minutos. Jamás se debe hervir la infusión. El tiempo de reposo no será superior a 10-15 minutos, porque el agua se enfría y el resultado no puede considerarse técnicamente como una infusión. En ciertas plantas ricas en taninos (como es el caso del té), el tiempo de reposo será más breve si se desea conservar su aroma, puesto que si no, los taninos se disuelven con mayor facilidad y proporcionan un gusto amargo a la infusión.
Esta preparación se reserva para las plantas con componentes delicados, especialmente las aromáticas, porque la ebullición comportaría la volatilización de sus principios activos.
46 Se utiliza generalmente para preparar tisanas a base de las partes duras de las plantas (raíces, cortezas, tallos, hojas duras, semillas, etc.) y para ello se procede de la siguiente manera:
En un recipiente adecuado (una olla, un pote, etc. ) se pone la cantidad de agua correspondiente a la cantidad de tisana que se desea obtener, y a la misma se echa la planta (raíces, cortezas, tallos, etc.) convenientemente desmenuzada.
Todo junto se pone en frío al fuego y se deja hasta que haya hervido unos quince minutos a fuego lento, ya que es mejor que no llegue a hervir muy fuerte; transcurrido este tiempo se aparta del fuego y se deja tapado para que repose durante otros diez o quince minutos. Luego se pasa por un colador, y ya tenemos la tisana preparada y dispuesta para ser administrada
Reducción
Cuando la decocción se prolonga más de veinte minutos de produce la reducción, procedimiento por el que el líquido se reduce respecto a la cantidad inicial.
Se utiliza en vegetales cuyos principios activos son inalterables por el calor, y que, por su escasa proporción, generalmente necesitan de una mayor concentración para obtener el efecto terapéutico deseado.
Maceración
Existen algunas plantas cuyos principios medicinales se destruyen total o parcialmente si se les somete a la acción del calor y que por tanto no sirven ni para obtener cocimientos ni infusiones. Para obtener tisanas de estas plantas conviene operar en frío, o sea someterlas a maceración (ponerlas en remojo, como diríamos vulgarmente) para lo cual los únicos detalles que hay que tener en cuenta son los siguientes:
El agua que se va a emplear debe de ser hervida y tiene que estar a la temperatura ambiente (ni más fría ni más caliente).
El vegetal que en ella debe sumergirse, y por tanto macerarse, debe estar cuanto más triturado mejor.
La maceración agua y planta debe removerse de vez en cuando, si es posible. Si la maceración es de partes duras (raíces, cortezas, semillas, etc.) debe durar 24
47 horas sin interrupción. Si es de partes blandas (hojas, flores, etc.) sólo son precisas 12 horas.
Transcurrido el período de maceración, ésta se pasa por un colador; adviértase que las maceraciones deben tomarse en frío o sólo ligeramente tibias; calentarlas demasiado podría perjudicar la calidad medicinal de la tisana.
Vinos medicinales
Algunas especies vegetales, debido a su desagradable sabor o simplemente a que sus principios activos no se disuelven bien en agua, pueden utilizarse en forma de soluciones alcohólicas, más o menos concentradas. Los vinos medicinales se confeccionan prácticamente siempre con plantas secas, ya que las frescas pueden provocar un enmohecimiento. El alcohol es un excelente disolvente orgánico que además permite la conservación del remedio terapéutico durante mucho tiempo.
Los vinos medicinales han formado parte de la cultura occidental desde los albores de la humanidad, y ya se contemplaban en las primeras formulaciones farmacológicas.
La elaboración de un vino medicinal consiste simplemente en la maceración de una planta en un líquido con un grado mayor o menor de alcohol. Se usará siempre una botella de vidrio que cierre herméticamente, es preferible que sea de color verde o ámbar, puesto que así se protege de los rayos lumínicos, que pueden degradar el preparado.
Una vez preparada la mezcla del vino y la planta, se expone al aire libre, casi siempre fuera del alcance del sol. De esta manera, con el cambio de temperatura entre la noche y el día se produce una oscilación térmica que generalmente favorece la extracción de los principios activos de las plantas. La duración del proceso es muy variable, los clásicos recomendaban 21 días, pero en ciertos casos bastan unas horas y en otros se puede mantener indefinidamente la droga vegetal dentro del líquido alcohólico.
Son muy conocidos los vinos quinados (con corteza de quina), el pacharán o aguardiente de endrinos y los alcoholes de romero y tomillo.
Aceites medicinales
Al igual que el alcohol, el aceite es otro de los disolventes orgánicos por excelencia. Ciertas plantas transfieren mejor sus principios activos a los aceites que al
48 agua o al alcohol. Los que son medicinales rara vez se utilizan por vía oral, ya que su paladar es difícil y frecuentemente desagradable. Sin embargo, son muy prácticos para uso externo (escoceduras, eccemas, etc)
El sistema de preparación de un aceite medicinal es exactamente el mismo que el de un vino o una alcoholatura, descrito anteriormente. Citemos que la medicina tradicional europea tiene también la costumbre de freír la flora en aceite para utilizar luego éste con fines medicinales. Es una práctica que no se efectúa en farmacia, porque en principio no ofrece ninguna ventaja sobre la maceración, pero que está presente en los remedios caseros de nuestras abuelas.
Cataplasmas
No todas las plantas se pueden utilizar directamente en forma de cataplasmas. Existen dos tipos de cataplasmas: en el primero, la especie vegetal se hierve o se somete a la acción del agua; en el segundo se manipula en su estado natural, bien toda ella o bien su pulpa o su jugo.
En muchos casos, en la confección de cataplasmas vegetales se necesita de un medio de transporte o de absorción, que generalmente es un paño blanco de algodón o lino (siempre de una fibra natural porosa), doblado lo suficiente como para hacer una compresa gruesa.
Si la aplicación es directa (por ejemplo hojas de col machacadas, patata hervida...), el paño de lino o algodón se pone como cobertura externa; si se trata de una planta que no liga, de un jugo o de una infusión o decocción, el paño se embebe en el líquido y se aplica directamente sobre la zona que se ha de tratar.
La acción de las cataplasmas es muy diversa y depende no sólo del vegetal utilizado, sino también de la temperatura y el tiempo de aplicación.