3-2 Semiótica particular
4. Funciones y funcionamiento del signo: una primera aproximación
4.3. El signo como instrumento de estructuración del universo
Los signos no sirven sólo como cóm odos sustitutos de las realidades que no se pueden manipular. Sirven también para establecer la existencia misma de esas rea lidades. Expliquémonos. Una y otra vez, vemos a Sigma realizar categorizaciones del universo: cuando se queja de ' mal de estómago ', ello postula la existencia de un «mal» y, por compensación, la existencia de un «no-mal». La expresión postula asimismo la posibilidad de estar mal “del estómago” , pero también de cualquier otra cosa que
no
sea el estómago: la cabeza, la nariz, el cóccix o lo que sea. De igual manera lo «alto» postula lo «bajo», lo «grande» postula lo «pequeño», lo «caliente» postula lo «frío», y así sucesivamente.Al utilizar signos, por tanto, se estructura al mismo tiempo el universo. Se establece que este universo está hecho de alto y de bajo, de caliente y de frío, de bien y de mal, de cabeza y de estómago, etc. Estas distinciones son evidentemente artificiales (en el sentido de “culturales”). En efecto, en sí mismo el universo no está estructurado. El calor no existe en sí, sino en relación con una escala que el hombre ha graduado para su com odidad; en cuanto al mal, sabemos cuán relativa es esta noción.
Disponemos así de escalas que nos sirven para situar los llamados que nos vienen del mundo, o incluso de casillas donde podemos situar esos llamados: de terminada sensación será asignada a la casilla «dolor», tal otra a la casilla «deleite».
Conocem os numerosas escalas y estructuras de este tipo. Así, en el
continuum
de las ondas electromagnéticas existen diferentes longitudes de onda que alcanzan algunos de nuestros receptores capaces de recibirlas. Esas ondas y nuestros órganos son todo lo que existe objetivamente en la naturaleza. Algunos de nuestros órga nos reciben algunas de estas ondas y las transforman en sensaciones, por ejemplo sensaciones auditivas, que corresponden a ciertas longitudes de onda mecánicas, oI. Objetos y objetivos
sensaciones luminosas» que corresponden a ciertas longitudes de onda electromag néticas. Pero lo importante es que hemos aprendido a clasificar esas sensaciones, calificando tal sonido
como
agudo o grave, tal colorcomo
azulo
amarillo. Los colores — el “azul”, el “rojo”— o los sonidos — la nota “ la”, el “do”— no son pues más que los nombres que se dan a subdivisiones de longitudes de onda. Pero esas subdivisiones no existen como tales en la naturaleza. Ésta no nos ofrece más que un espectro continuo, y somos nosotros quienes lo desglosamos en unidades neta mente separadas unas de otras o, mejor dicho, enunidades discretas.
Esto tiene una repercusión fundamental. El desglose del universo no está definido de una vez. Siempre es relativo, ligado como está al sistema de conoci miento, a los valores de una cultura, a las funciones utilitarias definidas por ella. A lo que llamaremos una enciclopedia.
Un ejemplo clásico de esta relatividad lo proporcionan los nombres de los colo
res.
Ellos varían mucho de una lengua a otra. En cierta lengua de Libcria hay sola mente dos nombres de colores: el que designa los colores que nosotros llamamos cálidos y el que designa los fríos. ¿Acaso este ejemplo parecerá demasiado exótico? En las lenguas célticas (emparentadas desde luego con la de nuestros ancestros los galos), no existe como tal nuestra oposición «verde»vs
«azul». Los colores que esa oposición abarca están repartidos en categorías donde el francófono pondría también el «gris» y el «pardo» (/gwyrrd/, en galo, corresponde a «verde», /glas/ a «gris claro», «azul oscuro», «azul claro» y «verde», /Iwyd/ a «gris oscuro» y «marrón»). Esto no significa que los ciudadanos de Liberia o los bretones tengan una conformación diferente a la nuestra, sino simplemente que las experiencias de sus culturas han sido codificadas de manera diferente. Los términos de parentesco son también muy variables: el malayo no tiene más que un vocablo para 'hermano'' y “hermana” , mientras que el húngaro tiene cuatro. Pero tenemos a nuestra disposición ejemplos menos espectaculares. Para un citadino francófono, la noción «nieve» no exige divisiones muy importantes. Si es cosa necesaria, precisará «nieve derretida», «endurecida», etc. Por el contrario, el inuktikut — lengua de los esquimales— lia desglosado todos los sentidos que cubre el concepto «nieve» en otros tantos conceptos, designados por vocablos diferentes: nieve que cae”, wal sol”, "endurecida”, “blanda” , ^polvorosa", que aparecen como cosas diferentes. En náhuatl — lengua de los aztecas— , es la raíz de la palabra que significa «frío» la que, presentada como sustantivo, designa el «hielo» y que, en la expresión /bruma de frío/, designa la «nieve».Jean-Marie Klinkenberg
En nuestra historia podemos constatar que Sigma y el médico que encuentra no estructuran el universo de la misma manera.
Primero que todo, para Sigma hay un estómago’ y un “mal de estómago”. Pero a los ojos del médico, semejantes unidades no tienen pertinencia: para él, no existen “estómago” y Mmal de e s t ó m a g o y una de sus preocupaciones será precisa
mente traducir a su propio lenguaje — a su propio código o a sus propias estructu ras— las informaciones que Sigma le entrega basándose en sus propias estructuras: allí donde Sigma dice /estómago/, el médico pensará «hígado», «páncreas», etc., y /mal de estómago/ le sugerirá hipótesis como «cólicos», «espasmos», etc. Pero no es sólo el universo de los objetos y de las sensaciones lo que constituye objeto de estructuraciones diferentes: también el de los valores. En la obra de Eco, el médico dice en efecto a Sigma: /Si usted sigue bebiendo, yo declino toda responsabilidad/. Pero el paciente declara que él prefiere llevar una buena vida antes que dedicarse a la temperancia. Ello por cuanto él divide la existencia en «vida agradable»
vs
«vida aburrida», y la muerte viene como un corolario del primer término del desglose. El médico, por su parte, propone un universo que se divide primero en «vida» (y ésta implica para él la acción de dejar de beber)vs
«muerte» (ligada ésta a la acción de seguir bebiendo). Así, aunque el vocablo /muerte/ parece referirse a la misma cosa para los dos personajes — a! hablar la misma lengua, se entienden de todas mane ras acerca de lo esencial— , no lo ponen al mismo nivel dentro de la estructuración de su respectivo pensamiento. Los valores que cada uno maneja no están ni asocia dos ni opuestos a los mismos valores en el uno y en el otro. Sus códigos, es decir la manera como ellos organizan (asocian, oponen, subordinan..,) los valores de sus universos, no son sino parcialmente idénticos.Resumamos. El desglose del universo propuesto por los signos es siempre relativo. Depende de los grupos sociales (el francés arel italiano, el francófono w c 1 inuit esquim al...). Al interior de esos grupos, el desglose depende de las personas y de su estatus (el médico
vs
el paciente...), y en las personas de sus circunstancias (el médico no conoce un «estómago» como tal cuando practica su arte, pero en otras circunstancias esta noción puede parecerle aceptable).Ahora podemos, pues, completar de otra manera la primera definición del signo como ‘algo puesto en lugar de otra cosa” . El signo da testimonio de una cierta estructuración del universo (cosas, sensaciones, valores...), válida para de terminadas personas, bajo ciertas circunstancias dadas.
I. Objetos y objetivo*
Al asociar una porción del universo material (el universo de los sonidos, de los colores, de las formas, de los olores) con una porción del universo conceptual (el universo de las ideas, de las representaciones mentales, de los afectos, de los valores, de la organización de los objetos), el signo organiza — y estructura— a la vez el universo material y el universo conceptual. Desglosa en el primero unidades que se llamarán
significantes,
y en el segundo unidades que se llamaránsignificados.
Incluso de forma aislada, un signo se refiere pues a un desglose previo, a una orga nización del mundo en unidades y en categorías. Esta constatación es el funda mento de la perspectiva estructuralista, que será definida más adelante.Por tanto, ya tenemos dos rasgos para una definición más rigurosa del signo. El signo instituye una cierta correlación entre una porción material del universo y una porción conceptual del universo conceptual y, al hacerlo, estructura el univer so. Estos dos rasgos deben considerarse simultáneamente (ciertas definiciones — laxas— no insisten más que en uno de esos dos aspectos: pero no sólo los signos estructuran el universo, y hay correlaciones que no son semióticas).
Notem os finalmente que, puesto que la semiótica se ocupa de la estructura del universo — por lo menos en tanto que semiótica general— , su tarca es enton ces responder a la pregunta: "¿cóm o conocemos el mundo?”