Segunda serie de parámetros: la estructura de los códigos. Éstos difieren los unos de los otros por la tasa de redundancia que prevén y, en consecuencia, por el equilibrio que instituyen entre orden y desorden. Se estima así que la tasa de re dundancia del francés escrito bordea el 55% . Por el contrario, la tasa de redundan- cia de un numero telefónico es bastante baja: basta que falte una sola cifra, ¡y se pierde todo el número! Los códigos pueden ser también m is o menos ricos en procedimientos que permitan producir sinonimias. Finalmente, los diversos com ponentes de un código (serán descritos más adelante, en el capítulo iv) pueden contribuir diversamente a la producción de la redundancia. Ésta puede, por ejem plo, alcanzarse por distintas vías: semánticas, morfológicas, sintácticas y hasta prag máticas. Ejemplo de este último tipo de redundancia: si, con malévolo mirar, me dirijo a alguien pronunciando la frase /N o eres más que u n .../, poco importa la palabra que va a seguir (/cretino/, /imbécil/, etc.); mi interlocutor sabrá ya que lo insulto. Hay redundancia por tanto, pues el valor ««insulto» está presente dos veces en el enunciado*, está incluido a la vez en el empleo de la forma /no ser más que un/ y en la palabra que le sigue.
Podemos también ser más sistemáticos aun en la descripción de la produc ción de la redundancia, recordando que esta redundancia es una propiedad del mensaje, y que hemos definido el mensaje como el producto de los otros cinco factores de la comunicación. La primera serie de parámetros corresponde al canal (es lo que hemos llamado el contexto físico), al referente (el contexto social), al emisor y al receptor (contexto psicológico), mientras que la segunda serie de parámetros corresponde evidentemente al código.
Las variaciones de la tasa de redundancia constituyen un fenómeno que tendrá una gran importancia en el estudio de los enunciados retóricos abordados en el capítulo vm. Por ejem plo, si la palabra que sigue a /N o eres más que u n .../
Jean-Marie Ktinkenbctg
CS / r e v e r b e r o / , « r e v e r b e r o » s e v u e l v e
ipso facto
u n i n s u l t o , d e b i d o a l j u e g o d e laredundancia. Es, pues, este fenómeno el que permite a] capitán Haddock, en las aventuras de Tintín, transformar en insulto la terminología de la biología, de la historia política o de la retórica clásica*.
* Cuando se utilizan como insultos en las liras cómicas expresiones como “ectoplasma” , “apa che" o “doriforo".
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CAPÍTULO III
La significación
1. Comunicación y significación
De lo anterior se puede deducir que no es posible aislar los signos de los códigos que les dan su estatus, ni estos códigos de los canales por los que sus signos transi tan, y que ya no es posible aislar estos códigos de los contextos en los cuales se actualizan. Encontraremos este principio de solidaridad general más de una vez en acción. Pero hay que examinar una aplicación precisa que nos servirá para discer nir la relación compleja que se anuda entre dos fenómenos susceptibles de ser, cada uno, el objeto principal de la semiótica: la comunicación y la significación.
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1.1.1. La comunicación y la significación, dos conceptos independientes
En la presentación clásica de la comunicación, la noción de código parece cen tral. Ahora bien, lo que rige una significación es el código. Por consiguiente, nos vemos naturalmente tentados a decir que no hay comunicación sin significación.
Sin embargo, éste no es precisamente el caso. Hay en efecto circunstancias donde hay comunicación sin significación. En este caso, el proceso se reduce sim plemente a una secuencia acción/reacción, a un ciclo estímulo/respuesta. Es el caso del reflejo de la rótula, o el de una luz intensa que obliga a cerrar los ojos. En el campo de la semiótica no tenemos que preocuparnos por ese tipo de comunica ción. Así, pues, no nos ocuparemos más que de comunicaciones donde hay actua lización de una significación. Las llamaremos con otro término que habría podido parecer redundante hasta el presente, y que no lo es: las
comunicaciones semióticas.
Si puede haber comunicaciones sin significación, puede haber también, a la inversa, significación sin comunicación. En efecto, la historia del señor Sigma nos enseñó que el signo permite categorizar conceptos tales com o «bien»
vs
«mal»; pero la categorización en sí misma, la estructuración del universo, sería diferente para cada uno de los dos personajes. Ahora bien, ningnno de los dos tiene, en un m o mento dado, explicitado claramente su código y no lo ha comunicado com o tal. Ese código está simplemente disponible para una comunicación eventual que qui zá nunca tenga lugar. Pero la categorización que contiene es esencial, puesto que Sigma y el médico fundan sobre ella su existencia cotidiana. Por lo mismo, se puede tener en la libreta de direcciones un número de teléfono que jamás se ha utilizado: la significación está presente allí (ese número corresponde efectivamente a alguien), pero la comunicación (la llamada) no ha tenido lugar. En otros térmi nos, no es por no actualizarse que la significación potencial no exisre.Comunicación sin significación, significación sin comunicación. Se trata en tonces de dos conceptos justamente independientes. Pero hasta el momento he mos podido constatar que éstos se interferían constantemente. ¿Cóm o describir su interacción?
La cuestión es la siguiente: ¿cómo atribuye el receptor en una comunicación una significación precisa a una señal percibida? Partiremos de un ejemplo simple: el de la /luz roja/ que significa «obligación de detenerse».
1.1. La significación en la comunicación
III. La significación
Hay que resolver este problema en tres tiempos, simultáneos en realidad,