E. Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social/laboral o de otras
VI. ELEMENTOS DIFERENCIALES.
6.1. Temperamento afectivo.
6.1.2. El temperamento y el ánimo.
El estudio clínico del temperamento es de suma importancia por su capacidad para predecir la evolución de los trastornos del ánimo y de la personalidad. En los últimos 30 años se han llevado a cabo muchos estudios sobre la relación entre los tipos de temperamento afectivo con diferentes trastornos mentales. La literatura científica nos deja en el presente con una variedad de relaciones específicas encontradas entre el temperamento y los trastornos del ánimo y de la personalidad. En el siguiente apartado se presenta una revisión bibliográfica sobre los hallazgos encontrados en las últimas décadas. Se han agrupado en tres apartados: la relación entre el temperamento y el ánimo, la personalidad y diversos factores de riesgo y severidad.
A lo largo de los últimos 25 años particularmente, el temperamento ha sido objeto de estudio en quienes investigan factores de riesgo en los trastornos del ánimo. La afectividad positiva y negativa son los componentes centrales que determinan el tipo de temperamento y los patrones del ánimo en los que se manifiesta. Dentro de los temperamentos sobresalientes en los trastornos bipolares predomina el temperamento hipertímico (TH) y el temperamento ciclotímico (TC), mientras que en el trastorno depresivo protagoniza el temperamento ansioso (TA) (Gandotra, Ram, Kour y Praharaj, 2011; Mazzarini et al., 2009; Vázquez et al., 2008).
El temperamento hipertímico ha mostrado estar asociado al espectro del ánimo en general (Kesebir et al., 2005; Nilsson et al., 2010) y al TB I y TB II en particular, mientras que el ciclotímico además de ser característico de la bipolaridad también tiene
fuerte relación con el trastorno depresivo y el TLP (Benazzi, 2006; Cassano, Akislal, Savino y Musetti, 1992; Maina et al., 2010; Perugi, Toni, Travierso y Akiskal, 1999). Al parecer el temperamento hipertímico se relaciona al TB I mientras que el ciclotímico al TB II (Kesebir et al., 2005). No obstante, varios estudios han mostrado una relación entre el TC y el TB I también. Incluso, se ha llegado a encontrar que las probabilidades de que tanto el TC como el TH sean predictores de bipolaridad en trastornos diagnosticados como depresión mayor (Goto, Terao, Hoaki y Wang, 2011).
En general, el TC parece vincularse a un aumento de probabilidad de aparición de manía y/o hipomanía, mostrando un fuerte vínculo con la bipolaridad. Sin embargo, hilando más fino, Hantouche y Akiskal (2006), estudiaron los componentes del TC que se relacionan a cada tipo de trastorno afectivo, encontrando que la reactividad del ánimo, cambios rápidos en la energía y la actividad psicomotora, son los factores que se vinculan al TB II. Por todo lo anterior, al día de hoy sabemos que el TC mostró fuerte presencia en el TB II, en el TLP y en la depresión. De estos hallazgos se ha concluido que el TC puede ser el componente subyacente en algunos cuadros diagnosticados con la comorbilidad de estos trastornos (Perugi & Akiskal, 2002).
El estudio del TC puede ser crucial para resolver el conflicto sobre la separación o unificación del TLP con depresión comórbida y el TB tipo II. Finalmente, el temperamento dístímico ha mostrado utilidad para distinguir entre la bipolaridad de tipo I y de tipo II, siendo más característico del segundo.
Bajo el supuesto de que la personalidad y el temperamento tienen impacto sobre la expresión clínica del ánimo, Röting, Röting, Brieger y Marneros (2007) encontraron que personas con trastornos del ánimo y temperamento ciclotímico e irritable tienen más episodios mixtos que maniacos o hipomaniacos. En cambio, el temperamento hipertímico tiene mayor tendencia a presentar episodios maniacos específicamente
(Henry, 1999). Por otro lado, se ha visto que los episodios depresivos que surgen de temperamentos ciclotímicos suelen ser maldiagnosticados como trastornos de la personalidad (Akiskal, Hantouche y Allilaire, 2003). Por esta razón se sugiere que estos casos sean vistos como “depresiones ciclotímicas” en vez de ser diagnosticados con un trastorno de la personalidad. Lo anterior toma aún mayor relevancia sabiendo que el temperamento distímico, ciclotímico e hipertímico han demostrado ser predictores del desarrollo de bipolaridad en niños y jóvenes con depresión mayor (ver Conti et al., 2007).
Partiendo de la teoría de que el temperamento y la personalidad son factores subyacentes a los trastornos afectivos, Akiskal et al. (2006) encontraron que las personas con TB II y depresión mayor (DM) puntúan más alto en rasgos de neuroticismo que personas con TB I. Sin embargo, en el TB II el neuroticismo se debe a la labilidad afectiva mientras que en la DM tiene que ver con rasgos subdepresivos. Concluyen que el temperamento y rasgos ciclotímicos son característicos del TB II, mientras que los temperamentos ansiosos y subdepresivos lo son de la depresión unipolar en fases eutímicas. Bajo esta evidencia, lo anterior apoya la teoría que postula que los episodios del ánimo serían la expresión extrema y patológica del temperamento afectivo.
En investigaciones que han buscado diferencias más minuciosas se han encontrado relaciones específicas entre temperamentos, personalidad, rasgos, ciclo del ánimo y severidad de los episodios afectivos (Herpertz, 2005; Mackinnon y Pies, 2006; Maremmani et al., 2005; Savitz, vander Merwe y Ramesar, 2008). Stanghellini y Raballo (2007), observan que el temperamento distímico e hipertímico no sólo caen dentro del espectro bipolar sino podrían ser marcadores de sus fronteras. Es decir, el
temperamento distímico delimitaría la frontera más cercana a lo depresivo y lo hipertímico hacia lo maniaco en el espectro bipolar.
En términos generales, el temperamento hipertímico, ciclotímico y distímico han mostrado ser diferenciadores de episodios y tipos de trastorno bipolar y depresivo. En cambio, el temperamento ansioso parece ser característico de los trastornos afectivos en general sin que su presencia sea significativamente distinta entre los diferentes trastornos del ánimo (Savitz et al., 2008).