• No se han encontrado resultados

EL «TRATADO DE LA ESFERA»: EL SABER TEÓRICO

2. Del arte de navegar a la cosmografía

2.3. EL «TRATADO DE LA ESFERA»: EL SABER TEÓRICO

Las necesidades prácticas de la navegación oceánica impulsaron las técnicas del «arte de navegar» también en su vertiente más teórica. Practi- car una navegación fuera de la vista de la costa exigía medios para deter- minar la posición de la embarcación, para evaluar la distancia, para cali- brar los rumbos. La disponibilidad de la brújula había dado a la navega- ción seguridad para el mejor cálculo y seguimiento de los rumbos. Para es- tablecer la posición de los navíos en alta mar, condición para una navega- ción de altura liberada de la servidumbre de la costa, se necesitaban re- cursos de otro orden.

Eran necesarios medios técnicos instrumentales, imprescindibles para determinar las posiciones del Sol y de las estrellas. Evaluar la altura del Sol, de la Luna y las estrellas, tener conocimiento de sus posiciones en dis- tintos lugares y estaciones del año, en orden a poder así determinar la la- titud, exigía instrumentos apropiados. Eran exigencias que afectaban, tan- to al instrumental apropiado para realizar las observaciones y cálculos as- tronómicos, como a los presupuestos teóricos y a las bases de información disponibles para su uso en alta mar.

El perfeccionamiento de los instrumentos empleados para la determi- nación de la altura del Sol, para el cálculo de los arcos y círculos celestes,

LAS CULTURAS DEL ESPACIO, LAS CULTURAS GEOGRÁFICAS

93 para la observación de las estrellas, se acelera en esos mismos siglos, ha- ciendo posible aproximaciones más precisas, del orden del medio grado. La fabricación de los mismos se convierte en una actividad destacada de talle- res que se especializan en esta labor, como ocurre con los Cresques. Se me- joran unos instrumentos, como elastrolabio, y elcuadrante; se inventan otros

nuevos, como lalámina ylaballestilla o báculo de Jacob, antecedente delsex- tante, atribuido al judío provenzal Levi ben Gerson, en el siglo XIV , aunque algunos autores consideran este instrumento ya inventado en Oriente.

Las nuevas necesidades exigían también conocimientos teóricos de ca- rácter astronómico y de orden matemático, para la adecuada determina- ción de las posiciones de los cuerpos celestes. El uso de los instrumentos se basaba en el conocimiento de la posición de los astros en cada momen- to del año. Era preciso calcular estas posiciones para cada lugar conocido, con indicación de sus coordenadas. Había que ordenar esta información para su uso, puesto que tenía como objetivo permitir a los navegantes es- tablecer sus propios cálculos y determinar su posición. Las informaciones requeridas se disponían en tablas, es decir, cuadros ordenados, para uso práctico.

La elaboración de estas «tablas» astronómicas, con la información de los diversos acontecimientos y fenómenos celestes, adquiere, en los siglos bajomedievales, un desarrollo notorio. Su máxima expresión fueron las lla- madas Tablas Alfonsíes, elaboradas en el siglo XIII, producto de la corte de

Alfonso X el Sabio, de Castilla.

Su antecedente estaba en los trabajos de los cosmógrafos y astróno- mos árabes, en particular los del grupo o escuela de Toledo, en el siglo XI.

La tradición árabe y hebrea contaba con obras de este tipo, como las de Azarquiel y las del judío del siglo XII, Rabí Abrahan ben Ezra. El puente o

punto de contacto, entre los siglos x y XIII, fueron Ripoll y Toledo. En es-

tos lugares se produjo el tránsito del saber árabe, que incorporaba la he- rencia griega, hacia Occidente.

Los primeros tratados europeos sobre el astrolabio se elaboran en la abadía de Ripoll, en Cataluña, a caballo de los siglos x y XI , a partir de

obras árabes. En Toledo, en el siglo XII se produce un intenso movimiento

cultural bajo el impulso del arzobispo don Raimundo. Se plasma en una auténtica escuela de traducción del árabe al latín. Permitió entrar en con- tacto con una parte de las obras grecolatinas y con las producciones islá- micas y hebreas en el ámbito teórico y técnico.

En ella trabajaron Alí ben Jalaf y el judío converso Juan el Hispalen- se, junto a Domingo Gundisalvo, arcediano de Segovia, Roberto de Retines, Hermann el Dálmata, Daniel de Morlay y G. de Crémona. Éste traduce al latín las Tablas astronómicas que se van a conocer como Tablas Toledanas. Traduce también la Syntahsis mathematica de Ptolomeo -el Almagesto de los autores medievales-, así como otras muchas obras vinculadas con la matemática y cosmografía clásica (Millás, 1949).

Obra clave, el Almagesto, en la medida en que aportaba los conoci- mientos astronómicos y los principios básicos de la cosmografía grecolati- na, como reconocía Alfonso X el Sabio. Éste se refería al geógrafo griego,

94

LOS HORIZONTES DE LA GEOGRAFÍA

como «el que departió del cerco de la tierra mejor que otro sabio fasta la su sazón». Otras muchas obras del mundo clásico, de astronomía, de cos- mografía, matemáticas, entre otros campos, pasan en ese momento del ára- be al latín.

La tarea culmina en el siglo XIII, en el entorno de este monarca caste- llano, en el que expertos árabes, hebreos y cristianos proceden a una labor de recopilación, traducción y elaboración de un amplio conjunto de obras, que plasma en traducciones, compilaciones y nuevas producciones, como los Libros del Saber de Astronomía. Los Libros del Saber compendiaban la historia del cielo y la geografía astronómica. Recogían el conocimiento cos- mográfico oriental, e incorporaban el saber teórico-práctico sobre la cons- trucción de los instrumentos de precisión para la observación y el cálculo, desde el astrolabio al reloj.

Conocimientos astronómicos y cosmográficos heredados de la Anti- güedad, fueron recogidos y corregidos, en su caso, por árabes y judíos, principales protagonistas de esta labor. Jehuda ben Mosseh Ibn Cohen y Juan Daspe tradujeron del árabe el Libro de la Ochava Sphera e de sus XLVIII figuras, de Al Sufí. Fernando de Toledo tradujo el Libro de la Alça- hefa, de Ar Zarquiel, con las rectificaciones introducidas por Bernardo el Arábigo, referido a la construcción del astrolabjo. D. Abrahem Jehudah ben Mosseh Ha Cohen pasó del árabe al romance el Libro complido de los in- dicios de las estrellas. Rabí Samuel Ha Leví escribió el Libro del Relogio de la Candela, en la que incluía el Libro de las Armiellas, que trata del mejo- rado astrolabio universal de Azarqujel, descrito en el Libro de la Azafea. En las denominadas Tablas Alfonsíes se recogían, con referencia al me- ridiano de Toledo, cuyo cálculo se había hecho por procedimientos astro- nómicos, las coordenadas geográficas de un gran conjunto de lugares. Se incluyen también los datos astronómicos correspondientes, con las decli- naciones y otras observaciones, esenciales para la construcción de las car- tas y para la propia navegación.

Las Tablas Alfonsíes prolongarán su utilidad hasta el siglo XV, cuando Johannes Regjomontanus (1436-1476) el cosmógrafo alemán, compile unas nuevas, basadas tanto en las obras anteriores como en sus propias obser- vaciones. Labor continuada por su discípulo, también alemán, Martín de Behajm, incorporado a la corte portuguesa. Y hasta que el judío castellano Abraham Zacuto compile las suyas, mucho más completas y basadas en cálculos astronómicos, la proporción de determinaciones astronómicas es muy superior, así como la precisión de las mismas (Cantera, 1980; La- guarda, 1990). De ellas derivan los regimientos utilizados por los navegan- tes castellanos y portugueses del siglo XVI.

Las observaciones astronómicas se refieren a las posiciones de los astros, de las estrellas polar y circumpolares, del Sol y la Luna. Se indican la altura que alcanzan respecto del horizonte, las declinaciones del Sol, e incluso las longitudes calculadas para cada lugar, de acuerdo con las diferencias horarias entre dos puntos, que expresan la diferencia de longitud entre ambos.

Las Tablas Alfonsíes proporcionaban esta información sobre las posi- ciones y altura de las estrellas, polar y circumpolares, y sus modificaciones

LAS CULTURAS DEL ESPACIO, LAS CULTURAS GEOGRÁFICAS

95 en relación con la precesión de los equinoccios. De tal modo que se podía deducir la latitud por la altura del Sol a mediodía, mediante los ábacos o cuadros elaborados, con tal fin, para los distintos días del año. Asimismo comprendían los datos de longitud corregidos, respecto de Ptolomeo, se- gún los cálculos de Azarquiel y de los propios colaboradores de Alfonso X. El trabajo teórico-práctico se convierte en una actividad destacada de los grandes centros intelectuales europeos, en Castilla, en la Corona de Ara- gón, en Portugal, en Alemania y en las repúblicas italianas. Contribuyó a ello la influencia árabe, la obra de los expertos hebreos y, sobre todo, el co- nocimiento y recuperación de las obras grecolatinas. Primero por esta vía de las traducciones islámicas de los geógrafos clásicos. Más tarde por vía directa, desde los propios originales griegos, en el momento en que éstos aparecen, es decir, son buscados, en las bibliotecas del Imperio bi- zantino. Su hallazgo consolidó una revolución ya iniciada y aceleró su de- sarrollo. Supuso el reencuentro con la geografía clásica y la posibilidad de desarrollar el arte de navegar sobre cimientos más consistentes, más ri- gurosos, de carácter teórico.

Los europeos de la Baja Edad Media dispusieron, gracias a las obras grecolatinas, de una interpretación y teoría del cosmos. Les proponían un es- quema de su estructura, de sus movimientos, de los fenómenos más signifi- cativos derivados de una y otros. Les indicaban su valor para determinar la altura de los astros, así como sus posibilidades para la práctica marina.

De ahí que conocimiento cosmográfico y navegación se vinculen de for- ma estrecha: los «tratados de la Esfera» y el «arte de navegar», como se de- nominaron en lengua romance, expresaban esta dualidad. Durante siglos se- rán el signo patente de la estrecha implicación de uno y otro. Sobre todo en el momento en que el arte de navegar se enfrentaba a la realidad de un mun- do esférico. Es lo que explica el éxito de las obras medievales dedicadas a es- tas cuestiones, como la de Sacrobosco. Y es lo que explica el interés por la obra cosmográfica de Ptolomeo y el prestigio que adquiere en el siglo XV.

CAPÍTULO 5

LA BÚSQUEDA DE LOS ORÍGENES: EL HALLAZGO DE LA GEOGRAFÍA CLÁSICA

El siglo XV representa un cambio radical en las condiciones de desa- rrollo de los conocimientos geográficos en Europa y, para algunos, el ini- cio de la etapa moderna de la geografía (Livingstone, 1996). Dos factores fueron determinantes en ese cambio: la recuperación de la tradición geo- gráfica de los antiguos en sus fuentes directas, que culminaba un prolon- gado esfuerzo de búsqueda del saber clásico, y la actividad exploradora y viajera que protagonizaron los europeos, tanto por el propio territorio como fuera de él, por tierra y mar.

El hallazgo de las fuentes originales impulsó un excepcional movi- miento de copia de las mismas: la mayor parte de los manuscritos conser- vados con los textos griegos geográficos, astronómicos, matemáticos, y de otros campos, se corresponden con copias realizadas a partir del siglo XIII . Una auténtica fiebre copista se apodera de la Europa cristiana, que descu- bre los ricos fondos conservados en las bibliotecas monasteriales bizanti- nas, procedentes de la labor realizada en el siglo Ix.

Las traducciones latinas y los comentarios sobre los textos clásicos se multiplicaron también en obras que se harán clásicas. Serán objeto de con- tinuadas copias a lo largo de estos siglos bajomedievales y hasta el si- glo XVI . La imprenta ayudó a su difusión. Durante doscientos años estu- vieron marcadas por la autoridad de Ptolomeo en relación con el hallazgo y conocimiento de su Guía geográfica, que los traductores medievales con- vertirán en Cosmografía o Geografía, según los casos. Los primeros pasos en el largo tránsito intelectual desde la cosmografía y representación del mundo a la geografía en un sentido moderno se esbozan en esta época. El Tratado de Cosmografía, obra del cardenal Pierre d'Ailly o Petrus Alliacus, recogía diversos trabajos de los inicios del siglo XV , como el famo-

so Tractatus de Imago Mundi, y el Epilogus mappae mundi, ambos de 1400, así como el Cosmographie tractatus duo, de 1398 a 1411. E incorporaba ya amplias referencias del texto de la Geografía de Ptolomeo. Obras glosadas por C. Colón, de cuya biblioteca formaba parte el tratado de P. d'Ailly. Tex-

tos más antiguos, como la obra de Bartolomé Ánglico y de Juan de Sacro- bosco, se multiplican en traducciones y ediciones de imprenta.

98

LOS HORIZONTES DE LA GEOGRAFÍA

Tras de esa curiosidad se encuentra también la autoridad del saber de los antiguos, considerado como la máxima expresión del saber sobre el mundo. El prestigio del mundo antiguo explica la excepcional acogida dada a la obra geográfica de Ptolomeo.

Outline

Documento similar