3. Las representaciones del mundo: de los reinos a las maravillas Se trata de una literatura de considerable predicamento en el mundo
3.1. DE LOS REINOS Y PAÍSES: LAS REPRESENTACIONES DE LA TIERRA
Numerosos autores practicaron este género en esas diversas modali- dades, con fortuna y valor distintos. Se encuadra en una visión del mundo que hace de la representación de la Tierra (surat al-ard) el eje de la expo- sición. La figuración de la Tierra se produce de forma diversa, en el grado de detalle y en la forma de abordarla. Puede referirse al conjunto del mun- do conocido o al islam. Se puede abordar con una estructura descriptiva por países (al-buldam) o territorios o según un itinerario que ordena los
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reinos (al-masalik al-mamalik). Siguen una pauta más o menos aceptada, en la medida en que itinerario o descripción se adaptan a grandes divisio- nes y se ordenan según un orden decreciente de magnitud: desde los iglim o climas hasta la cora (comarca) y la ciudad o castillo.
Aparece pronto, desde el siglo x de la Era cristiana. Forman parte, sin embargo, de una saga o nómina más extensa, que aparece en el siglo x de
la era cristiana y que se continúa hasta el siglo XIV . En la primera de estas centurias coinciden varios de ellos.
Los grandes autores islámicos, como al-Balkhi, Ibn Hawqal, al-Istakh- ri y al-Muqaddasi, del siglo x de la Era cristiana, representan la saga más destacada de esta corografía referida al Islam (mamlakat al-Islam). Los más reputados por la historiografía geográfica moderna, considerados como los grandes «geógrafos» islámicos, suelen ser, por lo general, grandes viajeros. Es lo que proporciona a sus obras un carácter de fuente directa y lo que otorga a sus informaciones un valor notable como fuente geográfica.
Al Istakhri (Abu Ishaq Ibrahim ben Muhammad al-Farisi al-Karji), au- tor deKitab al-masalik wa'l-mamalik, comparte esta reputación entre los his- toriadores como miembro relevante de la comunidad «geográfica» árabe del medievo. Es contemporáneo de Ibn Hawqal (Abu I-Qasim Muhammad ben Ali al-Nasibi), autor de una de estas representaciones de la tierra o surat al- arb. A pesar del notable predicamento del autor, su obra responde más a una «guía turística» o de viaje que a una descripción geográfica. Por otra lado, la mayor parte de su obra es reproducción de la de Istakhri (Romany, 1978).
El carácter original del contenido, distingue en cambio a Al-Muqaddasi (Abu Abd Allah Shams al-Din) -945-988 de la Era cristiana-, autor de una obra tituladaAlisan al-taqasim fi ma'rifat al-aqalim.
Al-Muqaddasi está considerado como el más eminente de los llama- dos geógrafos islámicos de la Edad Media. Sin duda porque, como él mis- mo destaca de su obra, se basó en la observación directa y fue fruto de una amplia experiencia viajera por el mundo musulmán. Proporciona una rica, variada y precisa información, recogida con una manifiesta sensibilidad hacia las cuestiones «geográficas». Circunstancia que otor- ga a su trabajo un valor y un aire de autenticidad del que carecen otras obras contemporáneas y posteriores. Convierte su obra en una inestima- ble fuente histórica, sensible hacia problemas y aspectos que tienen que ver con el espacio (Hill, 1996). Su prestigio es equivalente al de un gran
viajero
Otros autores continúan el mismo género, mezcla de literatura viaje- ra y corográfica. Mohammad ben YusufAl Warrak, escritor del siglo x, de-
dicado tanto al género itinerario como a la historia, es incluido entre los autores «geográficos» por su Tratado sobre los caminos y reinos de África. Al-RazíAhmed ben Mohammad, el «moro Rasís» de los cristianos, au- tor del siglo x, forma parte de este grupo. Se le atribuye una Descripción de Córdoba, yuna Descripción geográfica de España según la denominación otorgada por la historiografía moderna. La última es la única de que se tie- ne referencia, a través de una traducción cristiana del siglo XIII. El antece-
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varán las crónicas generales cristianas, en las que se incluye, precisamen- te, la traducción de esta obra.
El conocido como El Becrí es un autor andalusí del siglo XI , al que el gran arabista Dozy calificó como el mayor geógrafo que ha producido la España árabe. Nunca salió de España y, por tanto, su obra pertenece al conjunto de las recopilaciones eruditas. El método no difiere de los demás: un itinerario a lo largo del cual se desgranan las noticias y descripciones de los lugares inmediatos. Su obra se titula, precisamente, Los caminos y las provincias o los reinos, en plena coincidencia con el género.
Al-Idrisi (Abu Abd Allah Muhammad ben Allah ben Idris), un autor del siglo XII (1099-1180) de origen hispano, nacido en Ceuta, ha sido, para los autores occidentales, el «geógrafo» árabe por excelencia, debido a sus es- trechos vínculos con el mundo cristiano. Es el único de los grandes auto- res del islam cuya obra principal se publicó, en forma abreviada, a finales del siglo XVI en Roma, en árabe. Obra traducida al latín en 1619, en París, con el título de Geografía del Nubiense. En el siglo XIX se publica la tra- ducción al francés (Jaubert, 1836).
En la tradición de Al Muqaddasi y de la generalidad de los autores is- lámicos, es un viajero y utiliza sus viajes como fuente de conocimiento di- recto. Es, sobre todo, un recopilador, como lo indica en su obra. Su pres- tigio contemporáneo determinó que fuera invitado por el rey Rogerio II de Sicilia, con el encargo de elaborar para éste una esfera celeste y un disco terrestre, de acuerdo con la información disponible entonces. Recurre, con ese fin, a las obras de los autores islámicos de mayor resonancia, así como al texto de Ptolomeo, cuya Geografía conoce. Con estos materiales y con los procedentes de las informaciones obtenidas a lo largo de quince años de viajeros, redactó, para el monarca siciliano, la que constituye su obra bá- sica: Recreo de quien desea recorrer el mundo, más conocida como El Libro de Rogerio. Es una gran obra por su volumen y por el ámbito espacial que abarca, terminada en 1154.
Se trata de una obra «clásica» de este tipo de literatura islámica. En- raíza en lo que es la tradición grecolatina, patente en el marco general y en la referencia a las medidas de la Tierra. Se inserta en esa tradición de la representación del mundo (surat al-arb). Inicia su obra diciendo que «co- menzaremos por tratar la figura de la Tierra, cuya descripción designa Pto- lomeo con el nombre de Geografía». Recoge que «según resulta de la opi- nión de los filósofos y sabios ilustres, "la Tierra es redonda como una es- fera y que las aguas se adhieren y mantienen sobre ella en un equilibrio natural sin variación"». De tal manera dice, «que la tierra está lo mismo que las aguas sumergida en el espacio como la yema lo está en medio del huevo, en una posición central; el aire le rodea por todas partes». Termina con la expresiva consideración: «Dios sabe lo que tendrá de verdad.»
Ese contacto con la tradición griega se manifiesta también en el re- curso a losclimas o zonas. Como los autores grecolatinos, divide el mundo en siete fajas paralelas al Ecuador, denominadas climas. Añade, en la tradi- ción islámica, la división de éstos en diez secciones, contadas de Occidente a Oriente. De igual modo comparte la imagen del mundo transmitida por
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73 Ptolomeo. Así lo muestra la persistencia de la geometría triangular atribui- da a la península Ibérica. Pero difiere en su concepción y método.
La concepción responde a una obra de entretenimiento o curiosidad, como su nombre indica. Se trata de reunir informaciones sobre las tierras conocidas. Como él explicita: «Vamos a describir los siete climas, los paí- ses, los pueblos y las curiosidades que contienen, clima por clima y país por país, sin omitir nada en lo que concierne a caminos y rutas, distancias en parasangas o millas, cursos de los ríos, profundidad de los mares, me- dios de comunicación en los desiertos, todo explicado con el mayor deta- lle.» Las ideas o lugares comunes de la tradición clásica se encuentran re- cogidas en su obra, como la inhabitabilidad de la zona ecuatorial, «a cau- sa del calor de los rayos del Sol», a pesar de que los árabes conocían estas regiones.
El método de Al Idrisí responde a lo que se ha venido en denominar corografía, ordenado sobre una base itineraria. Sobre ésta se enhebra la identificación y descripción de los diversos lugares, reducidas, en muchas ocasiones, a simples enumeraciones de lugares, con la distancia de unos a otros. Describe Idrisí cada país siguiendo ciertos itinerarios o líneas de co- municación. Anota las distancias entre las localidades enumeradas, bien en millas, bien en jornadas.
En los lugares, capitales o ciudades de mayor importancia aporta di- versas informaciones, de distinto orden, sobre los mismos. Informaciones que, al mismo tiempo que puntualizan su situación, documentan sobre as- pectos físicos, históricos y territoriales de indudable interés. Aunque, como es habitual en la generalidad de los autores de este género, mezcle infor- maciones contemporáneas con otras recogidas de viajeros de siglos ante- riores, a veces de varios siglos antes.
Lo que da valor geográfico a esta obra, desde una perspectiva históri- ca, como a la de los otros grandes autores contemporáneos en este campo, es la calidad, precisión y riqueza de muchas de sus descripciones. La agu- deza de sus observaciones, que denota su particular capacidad de percep- ción de los fenómenos y aspectos relevantes, desde un punto de vista geo- gráfico actual, es un rasgo distintivo. Es el que le vincula con Al Muqqad- dasi y otros autores islámicos.
Al-Magrebi -más conocido como Aben Said-, un autor del siglo XIII
(1214-1274), granadino también, ilustra otro tipo de obra dentro de este género. La peregrinación a La Meca le introduce en el mundo de los via- jes por el norte de África y el Oriente Próximo, lo que le permitió conocer las tierras entre el golfo Pérsico y el Atlántico. Es un polígrafo que mane- ja los saberes geográficos, siguiendo a Al Idrisí. Su conocimiento de la obra de Ptolomeo -de hecho escribe una compilación de la misma (Ex-
tensión de la Tierra en su longitud y latitud)- le va a permitir un intento de completar, con las determinaciones astronómicas del geógrafo griego, la obra de Alm Idrisí.
En el siglo XIV vive otro de los grandes autores que habitualmente se
incluyen entre los «geógrafos» islámicos: Aben Jaldún (Ibn Khaldun), naci- do en Túnez (1332-1406). Tiene también ascendencia hispana, ya que pro-
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LOS HORIZONTES DE LA GEOGRAFÍA
cedía de una familia árabe sevillana emigrada al norte de África en tiem- pos de la conquista de Sevilla por Fernando III. Aben Jaldún es un histo-
riador y su obra esencial es histórica, dedicada a reconstruir la trayectoria de árabes y bereberes, como las dos grandes naciones del Islam.
El título de la misma, El intérprete de las lecciones de la experiencia y colección de los orígenes y noticias acerca de los días de los árabes y berbe- riscos y de aquellos de sus contemporáneos que tuvieron grandes imperios, lo
evidencia. Él mismo lo atestigua al describir el objeto y características de su obra: «He escrito, pues, un libro sobre historia, en el cual he levantado el velo que cubría los orígenes de las naciones.»
Acude a informaciones geográficas y utiliza argumentos de carácter fi- sico, al tratar de las condiciones en que se originan y desenvuelven las ci- vilizaciones. Éste es el objeto del primero de los tres libros en que divide su obra, que «trata de la civilización y de sus resultados característicos, ta- les como el imperio, la soberanía, las artes, las ciencias, los medios de en- riquecerse y ganarse la vida». En relación con ellos, considera las causas a las que deben su origen estas instituciones. Se puede calificar su obra en el marco de la filosofía de la historia.
La aportación de todos estos autores es relevante en cuanto enrique- cieron, en cantidad y calidad, el acervo de conocimientos heredado del mundo antiguo. Contribuyeron a mejorar la imagen del mundo heredada de los antiguos ampliada y enriquecida en virtud de la experiencia directa. Otros operan en mayor medida como compiladores del conocimiento contemporáneo. Alcanza su máxima expresión en la producción del tipo en- ciclopédico y de los denominados diccionarios. Enciclopedias y diccionarios reúnen el saber disponible. El más destacado es Al-Yaqud, del siglo XII, autor de un diccionario ordenado por países titulado Mugam-al- bul-dam. Y en el género enciclopédico un autor como Al-Qazwini, en el siglo XIII .
Las referencias a las dimensiones de la Tierra y del mundo conocido, la división en climas zonales y en regiones, que los árabes denominan tam- bién climas, entre otros elementos, descubren su vínculo intelectual con los autores clásicos, en particular con Ptolomeo. Conocen y manejan sus obras, de forma directa o por intermedio de los propios cosmógrafos ára- bes. En otros casos a través de obras clásicas de carácter divulgativo o pro- pedéutico que llegan al mundo islámico por intermedio de Bizancio. Obras que fueron incorporadas a la cultura islámica, en muchos casos como obras introductoras a los libros de Ptolomeo. Es el caso de la Introducción a los fenómenos de Gémino, el autor griego del siglo i antes de la Era.
El carácter poco crítico de la mayoría de tales recopilaciones reduce su importancia y validez, en la medida en que se mezclan textos e infor- maciones de épocas muy diversas. Las Etimologías de Isidoro de Sevilla e incluso los textos de Orosio, conocidos por los árabes y traducidos por ellos, constituyen fuentes de estas obras. Lo más habitual de estos autores y este género es una escasa o ausente crítica de las informaciones que ma- nejan y una aceptación indiscriminada de las noticias fehacientes y de las fantasías más aventuradas. Ocurre, incluso, en aquellos autores con una experiencia directa, vinculada a los viajes realizados.
LAS CULTURAS DEL ESPACIO, LAS CULTURAS GEOGRÁFICAS
75 De este género destacan unos pocos autores, los que han sido consi- derados por la historiografía moderna como «grandes» geógrafos islámicos. Lo que les distingue respecto de la pléyade de narradores es la riqueza de sus informaciones y, en general, el carácter directo de las mismas.
Comparten la pretensión o intención de dar una imagen del conjunto del espacio conocido o, al menos, del espacio islámico. En los más desta- cados es evidente un conocimiento de la herencia cultural geográfica gre- colatina y un prurito de fidelidad, vinculado a la experiencia directa. Com- parten su cualidad de viajeros y el método itinerario propio de este tipo de literatura. Sus obras no dejan de ser itinerarios ni de constituir miscelá- neas en que se mezclan cuestiones dispares.
3.2. LOS GÉNEROS DE ENTRETENIMIENTO: LITERATURA DE VIAJE Y GÉNERO AYAIB