• No se han encontrado resultados

La geografía de los territorios: el escenario terrestre

Desde postulados filosóficos vinculados con las corrientes estoicas y desde el interés de los historiadores por ubicar los acontecimientos políti- cos y el devenir de los pueblos se perfila en el pensamiento clásico un tipo de enfoque complementario del cartográfico. Se preocupa por los territo- rios, contempla el conocimiento geográfico desde la aplicación política, e intuye su potencial propedéutico, formativo e instrumental. Más que la Tie- rra, le interesa el Ecúmene.

Se siente atraído por el vínculo entre el despliegue de los actores y el teatro del mismo, más que por las dimensiones y partes de la superficie te- rrestre. El espacio terrestre se percibe como retablo, a modo de damero. La imagen de la superficie terrestre como escenario se construye a partir de esos enfoques, que tienen relación con la paralela construcción por los grie- gos del concepto de espacio matemático o espacio geométrico, esto es, el espacio de Euclides. Es una representación de la Tierra como escenario.

3.1. LA IMAGEN DE LA TIERRA: OTRAS PERSPECTIVAS

Los griegos aportaron también una concepción de la geografía intere- sada en el espacio habitado y, por tanto, en las relaciones entre los diversos

orientación sistematiza y aporta una determinada Corma de ver el mundo, una representación conceptual del espacio terrestre. Constituye una repre- sentación del espacio habitado desde una perspectiva no cosmográfica sino territorial. Como un discurso sobre territorio y sociedad.

Un rasgo sorprendente por su modernidad, oscurecido por su habitual identificación con la descripción territorial o regional, con lo que, en la tra- dición ptolemaica, se denominó corografía. Sin embargo, nada tiene que ver con la corografía de Ptolomeo. Se trata de una reflexión no sobre los luga- res sino sobre la Ecúmene, es decir, sobre el espacio de los hombres. Se plantea como una reflexión o representación de los pueblos y de sus accio- nes en el marco o escena terrestre.

Insinuado en los historiadores, desde Herodoto a Polibio, se perfila con plenitud en las obras de Artemidoro y Poseidonio de Apamea, y, sobre todo, en Estrabón. Muestra una percepción del espacio como un conjunto orde- nado de territorios y lugares encajados en un bastidor terrestre hecho de re- gularidades y de procesos. Configura el cuerpo de un discurso propiamen- te dicho, más allá de la simple recopilación de sucesos o del mero catálogo de pueblos y lugares.

Herodoto intenta, en una aproximación breve, la ordenación de las in- formaciones sobre el espacio conocido en su momento. Trataba de esbozar una representación del mundo contemporáneo, en su extensión y ubicación, trataba de aportar una imagen de los grandes territorios y de los menores. El autor griego recoge elementos territoriales básicos que tienen que ver con las diferencias étnicas, con las particularidades sociales, con las singu- laridades y regularidades del espacio. Se hace eco de las novedosas teorías que sus contemporáneos aportaban entonces, como la esfericidad de la Tie- rra o la sucesión simétrica de los climas, en grandes zonas.

Un atisbo de globalidad que, por lo general, queda supeditada a la per- cepción de elementos significativos: como la estructura urbana de Babilonia, las crecidas del Nilo y su relación con el espacio nilótico, la dinámica del delta, entre otros. Demuestran la aparición de una nueva sensibilidad hacia el entorno. Esa sensibilidad es la que aparece en la obra de otros historia- dores, como Polibio. Se extiende entre los historiadores la idea de introdu- cir el discurso histórico, es decir, el discurso político o ético, a partir de una previa presentación -representación- del escenario terrestre habitado por los hombres, del Ecúmene. Un planteamiento que se hará general entre los historiadores o relatores geográficos del mundo antiguo. Es una actitud no- vedosa que distingue la obra de autores como Poseidonio y Estrabón.

Estrabón (60 a. E.-21 d. E.) es un historiador que, al final de su vida, se aproxima a la geografía. El discurso de Estrabón aparece como una in- terpretación renovada de la geografía. Se trata de una reflexión sobre la na- turaleza y el significado de la representación geográfica, que integra, tanto la tradición geométrica o cartográfica como la física y territorial.

Es también una síntesis de los conocimientos adquiridos sobre el mun- do conocido tras las conquistas romanas, en la vía de otras obras anteriores, hasta el punto de que permite reconstruir buena parte del saber precedente

LAS CULTURAS DEL ESPACIO, LAS CULTURAS GEOGRÁFICAS

53 del que no se tiene información directa. Una indagación de notable valor y modernidad (Aujac, 1966). En consecuencia, tiene el doble valor de formular un nuevo enfoque para la tradicional representación geográfica y de desple- gar una imagen actualizada de esa representación acorde con su tiempo.

Estrabón recoge de forma sistemática cuantas informaciones e hipóte- sis se han acumulado durante los siglos precedentes acerca de la Tierra, sus lugares, territorios y configuración espacial. Desde las noticias homéricas y los periplos o itinerarios de los navegantes hasta las obras de los que él re- conoce como sus antecesores, de Herodoto a Poseidonio y Polibio.

Lo hacía en el marco, en no pocas ocasiones, de lo que sin duda su- ponía un debate no cerrado en torno a cuestiones susceptibles de interpre- taciones divergentes. Circunstancia que condiciona lo que podemos consi- derar el anacronismo de muchas de sus descripciones, en la medida en que las fuentes que utiliza tienen un origen cronológico dispar. La descripción de Estrabón no es contemporánea para el conjunto de las regiones.

3.2. ESTRABÓN: DE LA TIERRA A LOS TERRITORIOS

Su obra es un intento de ordenación que tiene un doble objetivo: ubi- car los territorios y lugares y representarlos de una forma progresiva y se- cuencial de acuerdo con un modelo conceptual y expositivo. Se trataba de establecer los caracteres generales y específicos de los mismos. Se los utili- zaba como marcos de presentación de los diversos pueblos y como escena- rios de las acciones y acontecimientos pasados y presentes. Estrabón ex- tiende ante el lector -lo formula de modo explícito- un discurso que ten- drá un arraigo innegable y que, sin duda, poseía aceptación: el espacio terrestre como retablo, como tablero, como escenario de los hechos huma- nos. El gran retablo de la aventura humana.

Un discurso y una concepción que el propio autor explicita en la me- dida en que relaciona conocimiento del espacio, lugares, territorios, con ac- tividad política y ejercicio del poder. Evidenciaba la estrecha implicación del saber geográfico con el dominio del espacio. Estrabón prescinde, en gran medida, de la consideración de la Tierra como cuerpo celeste, es decir, de la orientación cosmográfica y geométrica de la geografía, que prevalecía en las representaciones geográficas hasta entonces.

El fundamento matemático o geométrico tiene para Estrabón la finali- dad de situar adecuadamente y delimitar con la mayor precisión posible los territorios. Son éstos su verdadero objeto, el objeto de la geografía que pro- pone. Estrabón reduce esas materias al papel de conocimientos necesarios y convenientes para el geógrafo.

Lo hace porque distingue la geografía del simple saber descriptivo de los itinerarios, faltos de fundamento riguroso: «Así ha ocurrido que los que se han ocupado en describir los puertos y los denominados periplos han rea- lizado una investigación incompleta por haber dejado de lado todo aquello que se refiere a las matemáticas y a los fenómenos celestes que convenía haber añadido» (I, 1, 21).

54

LOS HORIZONTES DE LA GEOGRAFÍA

La conveniencia e incluso necesidad, de tales conocimientos por parte del geógrafo, no suponen, para Estrabón, su preeminencia y mucho menos su exclusividad. Constituyen conocimientos subordinados, exigidos porque la consideración global de la Tierra como tal, de las condiciones de su ocu- pación y de las características que lo explican pueden justificar el recurso a los mismos. Una concepción de la geografía que, de forma matizada pero nítida, establece los límites con lo que era, hasta entonces, dominante. Se tendía a asociar esta disciplina con su expresión más astronómica o, como entonces se decía, matemática, limitada al cálculo y valoración de las di- mensiones de la Tierra, de sus círculos y climas.

Reivindicó la autonomía de la geografía, en la medida en que ésta debe contar con su propio objeto, objetivos y método, diferentes de los que aqué- llas poseen. Reivindicó otros conocimientos, referidos a «lo que se encuentra sobre la Tierra, por ejemplo, de los animales, de las plantas y de todo lo útil o nocivo que contiene el mar y la tierra»; en la senda de la obra de Posidonio. Esta ruptura del cordón umbilical de la geografía que le mantenía su- jeta a sus orígenes supone la propuesta de una geografía desvinculada de los métodos y enfoques de la astronomía. La geografía, para Estrabón, no trata de la Tierra-planeta sino de la ocupación de la Tierra por los huma- nos. Es lo que desarrolla en su Geografía, cuyos 17 libros proporcionan una imagen del mundo contemporáneo, el mundo conocido, Ecúmene, que era el que debía abordar la geografía, en palabras del propio Estrabón, y una justificación del discurso geográfico, que ocupa los dos primeros libros.

La Geografía, para el autor de Amasya, trata de la Tierra habitada (Ge Ecúmene) y no de la Tierra como cuerpo celeste: «Porque lo que pretende el geógrafo es exponer las partes conocidas de la Tierra» (II, 5, 5). Intenta explicar las acciones humanas en relación con el marco o escenario en que se desenvuelven. Tiene en cuenta los caracteres naturales y los factores po- líticos que subyacen en el desarrollo histórico: «en unos lugares se dan bue- nas condiciones y malas en otros, y distintas conveniencias e incomodida- des, en parte debidas a la naturaleza del lugar y en parte a causa del tra- bajo humano, será necesario declarar la naturaleza de los lugares, puesto que estas características son permanentes, mientras que pueden variar las que son añadidas. Sin embargo, también entre éstas habrá que mostrar aquellas que pueden permanecer por mucho tiempo» (II, 5,17).

Perfila Estrabón, aunque no lo destaca, el vínculo del conocimiento geo- gráfico con la duración, con la persistencia, separándolo de lo contingente o pasajero. La idea de lo geográfico como el ámbito de las constantes, que tan profundamente ha marcado el pensamiento y la cultura geográficos aparece en su obra.

Para el autor griego la geografía es una disciplina de valor político o, en mayor medida, una «disciplina que pertenece en gran parte al dominio de lo político» (I, 14). «Toda la geografía es una preparación para las em- presas de gobierno pues describe los continentes y los mares internos y ex- ternos de toda la Tierra habitada» (I, 16). Una dimensión práctica explícita en que la geografía se concibe como «una preparación para las empresas de gobierno».

LAS CULTURAS DEL ESPACIO, LAS CULTURAS GEOGRÁFICAS

Éstas no pueden ser indiferentes al conocimiento del espacio, «porque se podrá gobernar mejor cada lugar si se conoce la amplitud y ubicación de la región y las diferencias que posee, así en su clima como en sí misma» (I, 16). Como conocimiento práctico, de interés, por «aquella razón de que la mayor parte de la geografía se refiere a las necesidades del Estado».

La utilidad del conocimiento desde una perspectiva política representa para Estrabón la justificación de la geografía. Esta imbricación de lo geo- gráfico con el poder se fundamenta en lo que representa el núcleo de lo que constituye el discurso geográfico de Estrabón: la concepción de la superfi- cie terrestre de la Tierra, como el sustrato o escenario de las acciones hu- manas, «porque el lugar donde se realizan las acciones es la Tierra y el mar que habitamos». Su representación se perfila como escenario, es decir, como vinculación de escena y actor. La Tierra como retablo, el retablo de las maravillas humanas.

3.3. LA ESCENA TERRESTRE: EL RETABLO HUMANO

De ahí la estructura de su obra. Sus dos primeros libros están dedica- dos a lo que podemos considerar la teoría y el método de la geografía. En ellos, a través de la crítica de la obra de sus principales antecesores, trata de depurar el objeto de la representación geográfica y el método apropiado para su desarrollo. En ellos discute y postula una cierta orientación y na- turaleza para la geografía. Interesado por los actores y las acciones huma- nas, en relación con su formación estoica, se interesa por el marco o esce- nario en que aquéllos ejercen y en que éstas se desarrollan.

Lo que Estrabón reclama es la posibilidad de un saber riguroso, lógi- co, de rango por tanto filosófico. La filosofía identifica el conocimiento ba- sado en la razón, el conocimiento crítico, y, por consiguiente, podemos entender representa lo que hoy denominamos el conocimiento científico. Propugna acudir, tanto a los datos empíricos, aportados por la observación directa, propia o transmitida, como a la deducción lógica (matemática, geométrica, etc.). Así lo formula: «Ya hemos dicho que esto se demuestra por medio de los sentidos y del razonamiento» (II, 5, 5).

Una representación de la Tierra, pero no como cuerpo celeste sino como «espacio» de los hombres. De ahí que haga hincapié en que la geo- grafia trata, de modo preferente, del Ecúmene, el que corresponde a la ac- ción o intervención de los humanos. Resalta, por consiguiente, en Estrabón, una pretensión de circunscribir lo que es geográfico, lo que debe ser obje- to de esa representación que es la geografía. Reivindica una geografía del espacio habitado, hasta el punto de rechazar o desconsiderar el interés por aquellas áreas marginales por sus condiciones de habitabilidad. Lo que le lleva a estrechar el Ecúmene o espacio geográfico en mayor medida que lo que proponían los autores anteriores a él, con evidente exageración pero con innegable coherencia.

Los libros sucesivos serán, ante todo, una descripción o, más bien, una interpretación, de los distintos territorios que componían el espacio cono-

56

LOS HORIZONTES DE LA GEOGRAFÍA

cido y, sobre todo, el del imperio romano coetáneo. Dos criterios subyacen, implícitos, en su trabajo: la identificación de los grandes marcos territoria- les, por lo que prescinde de los menores, atendiendo a su ubicación y si- tuación respecto del resto del Ecúmene. Y la caracterización de los mismos de acuerdo con un cierto tipo de representación geográfica. Cuentan, tanto elementos étnicos como económicos, políticos y físicos, de acuerdo con una tradición asentada.

El proceso descriptivo o de análisis empleado muestra esta prioridad concedida a la identificación y caracterización de los espacios territoriales. Recurre para ello a criterios que tienen en cuenta, tanto la Naturaleza como el grado de desarrollo de los pueblos o sociedades. Es un elemento esencial para él, en la medida en que este componente ordenador humano compen- sa ampliamente las posibles insuficiencias o rigores del espacio natural.

Una concepción que él mismo se encarga de resaltar en sus plantea- mientos teóricos sobre la geografía: «Las partes que son frías y montañosas son habitadas con dificultad debido a su naturaleza, pero cuando existen bue- nos administradores, también se civilizan los lugares donde antes se vivía mal y que eran presa de los ladrones.» Pondrá como ejemplo el de su país: «De esta manera los griegos, aunque se establecieron sobre montes y rocas, sin em- bargo vivían perfectamente debido a su previsión con respecto al gobierno, las artes, y al conocimiento de todo lo que es necesario para vivir» (II, 5, 26).

Estrabón constituye el mejor exponente del esfuerzo intelectual por de- finir este tipo de representación geográfica. Es el que mejor ilustra el trán- sito del simple saber práctico sobre el espacio a la elaboración de una re- presentación específica del espacio, a través del discurso. No sólo por el contenido de su obra sino por el esfuerzo que realiza por delimitar dicha representación. Quiere liberarla de las ataduras o dependencia de otras ra- mas del saber, desde la astronomía a la geometría, que condicionaban el sig- nificado de la geografía en los autores precedentes.

Por ambas vías, por la de la consideración de la Tierra como cuerpo celeste y por la de una concepción del espacio terrestre como escenario de la acción humana, los griegos construyen una elaborada representación de la Tierra. Ésta aparece como una entidad o unidad, a la que otorgan ras- gos y caracteres definitorios y descriptivos.

Outline

Documento similar