• No se han encontrado resultados

El «Tratado del Juicio Final» y la teología

6. Fuentes de la comedia

6.2. El «Tratado del Juicio Final» y la teología

La manera en que los teólogos interpretaron y explicaron la figura del adversario de Cristo, lo que no supone un distanciamiento de la Escritura sino más bien una ampliación de la misma, se ve claramente reflejada en los elementos que caracterizan al personaje que da nombre a la comedia . En efecto, es en éste que puede apreciarse la mayor cantidad de referencias 223

Françoise Gilbert (1996), en un excelente artículo que explora la configuración teológica del personaje principal 223

de la comedia, propone una aproximación a las características más sobresalientes del mismo con base en su trayectoria dramática (pp. 95-97). En cambio, aquí pretendo llevar a cabo un análisis sustentado en los puntos esenciales de la tradición teológica que anega la obra, sin depender de la cronología diegética de la misma.

teológicas, dadas las limitaciones que ofrece el esbozo de su personalidad en las Sagradas Escrituras. Aunque la tradición respectiva es muy amplia y sus postulados se han ramificado de maneras tan diversas como los tratados que se escribieron sobre el asunto, entre las fuentes anejas a la Biblia que nutren al texto alarconiano la principal es el Tratado del Juicio Final del dominico Nicolás Díaz. No obstante, resulta evidente que no se trata del único recurso teológico de que se valió el dramaturgo; la tradición que Alarcón recoge en su obra denota un profundo conocimiento del pensamiento de otros grandes teólogos como Tomás Maluenda y Honofre Manescal, de los Santos Padres y de tradiciones que se recogerían posteriormente en obras como la del fraile Lucas Fernández de Ayala.

A partir del tratado de San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, el Anticristo adquirió una serie de características tópicas que se transmitieron de manera más o menos uniforme con el paso de los siglos, pero también la interpretación de los textos apocalípticos siguió un sendero que corroboraba la coherencia plena de las profecías en la Sagrada Escritura, es decir, que las revelaciones de San Juan y las enseñanzas de San Pablo no supusieron una novedad ajena a lo predicado por Daniel, Isaías y Jeremías, sino que todos recibieron una misma revelación concerniente al final de los tiempos . En este sentido, como he dicho antes, la comedia de 224

Alarcón no se propone ante el público como una historia netamente neotestamentaria, sino que busca representar los últimos acontecimientos de la historia humana como se relatan en

Apocalipsis («No puedes negar que están / a la letra ejecutadas / las cosas profetizadas / por aquel cristiano Juan», vv. 2259-2262), pero al mismo tiempo, ha buscado enfatizar en el desarrollo de la obra que están contenidos en toda la Biblia los testimonios proféticos que, por relatar el Juicio desde antiguo, dibujan con claridad los caminos que conducen a la salvación.

Garitaonandia Churruca, 1999, p. 22. 224

Sobre la base de este panorama general de los elementos teológicos que nutren El

Anticristo, resalta, como he mencionado al inicio de este subapartado, el Tratado del Juicio Final, que aparece citado en el acto segundo, entre los vv. 1506-1531, con comentarios intercalados de los personajes. Sin embargo, antes de tratar las citas que tienen lugar en la representación, creo conveniente evidenciar el espíritu del mismo texto en la comedia en general. Es llamativo, por ejemplo, que la escena inicial no muestre al Anticristo, ni de manera alguna presente al demonio preparado para incitar al mundo a la apostasía ; la comedia comienza 225 in medias res, en el desierto, el lugar propio de las revelaciones religiosas pero también de la tentación diabólica, y los primeros en aparecer son unos bandoleros liderados por Elías falso. Por consiguiente, la primera intervención de personajes humanos la llevan a cabo hombres inicuos, cuyo «oficio» es el latrocinio; esta elección de lugar y personajes es eminentemente teológica. Sobre la iniquidad de los seguidores del Anticristo, el dominico Díaz, sustentado en la Escritura y en los Santos Padres, planteó en primera instancia lo siguiente:

este mal hombre de que hablamos se llama Ante Cristo por antonomasia y excelencia, porque ha de ser el más malo y perverso de todos los hombres, y será cabeza de todos los malos, porque en la maldad, torpeza y grandeza de los pecados, excederá a cuantos fueron y serán, y trabajará por atraer a sí y lo[s] hacer que se conformen con su maldad y sean compañeros de sus pecados todos cuantos pudiere . 226

Aunque resulta redundante e incluso pueda tenerse por obviedad el señalar que, si se trata de un personaje cuya naturaleza es tan hiperbólicamente perversa, sus seguidores necesariamente

La venida del Antecristo de Mira, por ejemplo, abre con Titán, turbado por desconocer su identidad, mientras que 225

La santa Margarita del mismo autor, comienza con un diálogo entre el heresiarca Hugo y el demonio. Tratado del Juicio Final, fol. 53r.

lo serán también, no deja de llamar la atención que los ánimos de los teólogos se centrasen con tanta vehemencia en ponderar el grado de depravación que debía alcanzar la humanidad para que se manifestase el hijo de perdición, de manera que cuando Díaz escribe sobre aquellos que han de aceptar al Anticristo, señala que éste no ha aparecido porque sus futuros fieles no han alcanzado el grado de maldad adecuado:

Por ventura lo que detiene la venida del Ante Cristo, es porque aún no están los hombres tan depravados, ni han llegado a tal estado y grado de maldad, que si ahora viniese le creyesen y recibiesen y adorasen […] mas ahora ya obra sus secretos y maldades en los corazones de los pecadores. Porque todos los males, cuantos son hechos y se hacen al presente en el mundo y cuantos hay en la tierra y los que se han de hacer hasta que él venga, todos son unas disposiciones y un aparejo para su venida . 227

La presencia de los bandoleros en la comedia, como primeros personajes en recibir la noticia de la llegada del Anticristo, corresponde a este supuesto doctrinal. Pero además existe otro elemento que, en consonancia con la iniquidad, los convierte en los perfectos receptores de esta suerte de anunciación: todos los personajes que aparecen al inicio de la obra son judíos. Cabe destacar, no obstante, que en el Tratado no se hace mención explícita del pueblo judío como el primero en abrazar la doctrina del adversario; en lugar de esto, se ofrece una especie de revista de los errores e idolatrías en que ha incurrido la humanidad a lo largo de su historia. Para el religioso Díaz parece haber sido más importante fijar la maldad y la depravación como características que harían propensos a los hombres a creer en las mentiras del Anticristo, quizá porque cristianos y

Tratado del Juicio Final, fol. 62r. 227

no cristianos por igual corren el riesgo de entregarse al mal . Pero si no es una idea propia del 228

Tratado, entonces, ¿de dónde proviene la necesidad de emplear personajes judíos? Esta noción surge de la interpretación de varios escritos patrísticos. En una de las numerosas reediciones del exhaustivo trabajo del también dominico Tomás Maluenda, De Antichristo,un capítulo completo se dedica a exponer este punto y sustentarlo minuciosamente sobre la base de la doctrina de los Santos Padres . 229

Pero la tradición teológica veía en el pueblo judío algo más que los primeros seducidos a la religión del Anticristo. Basados en los comentarios de San Agustín y San Jerónimo, los teólogos afirmaban que, así como Jesucristo había sido descendiente de Judá, su contrario debía descender de alguna de las tribus israelitas, es decir, que su origen necesariamente había de ser el pueblo judío : 230

Para que se manifieste más claro la maldad deste monstruo, que ha de aparecer en la tierra, dicen los bienaventurados San Agustín, en un tratado que hace del Ante Cristo, y San Jerónimo sobre Daniel, que será de la generación de los judíos. Otros acrecientan que

Varios son los pasajes del Tratado del Juicio Final en que se exponen asuntos relacionados al mal en el mundo, el 228

destino de los malvados o el infierno, entre otros cuya copia evidencia la preocupación del autor por dichos temas. Es especialmente relevante el acápite quinto del capítulo tercero, «Cómo algunos en lo exterior parecen virtuosos, que no lo son en verdad» (fols. 48v-52r.).

Se trata del XXXIX capítulo del sexto libro, «Iudeos Antichristum pro vero Messia suscepturos docent Patres», 229

que inicia así: «Iudaei gens perfida, et per universum orbem palabunda cum verum Messiam Iesum Christum Dominum Dei Filium repudiaverint, nec ipsum agnoscere voluerint: recipient tamen Antichristum, ipsumque ut suum Messiam adorabunt, communi omnium eius nationis consensu et applausu. Patrum Ecclesiasticorum ea de re

perennem traditionem hic dabimus» [Los judíos, pueblo desleal y errante por toda la tierra, cuando hayan rechazado al verdadero Mesías, el Señor Jesucristo, Hijo de Dios, y ni siquiera hayan querido reconocerlo, aceptarán sin embargo al Anticristo y lo adorarán como a su mismo Mesías, con aprobación y consentimiento de toda su nación. Aquí daremos, al respecto, la durable tradición de los Padres de la Iglesia] (De Antichristo, I, p. 599).

No faltan motivos para este pensamiento, uno de los más populares lo recoge el fraile Lucas Fernández de Ayala 230

en Historia de la perversa vida y horrenda muerte del Antecristo: «No era justo que el Antecristo naciese de cristianos viejos, limpios de pecados e infidelidad, ni menos de gente noble, a cuya buena sangre ordinariamente acompañan generosos pensamientos, sino de confesos y judíos […] de ruines y bajos pensamientos, en cuyo linaje se hallen muchos judaizantes y quemados, a quienes el Santo, y justo, Tribunal de la Inquisición haya penitenciado en diferentes ocasiones» (p. 50).

será del tribu de Dan. Para prueba de lo cual hacen mucho al caso las palabras que el patriarca Jacob dijo a la hora de la muerte, hablando con este su hijo . 231

Se llega, nuevamente, al punto de la dicotomía Cristo-Anticristo/Judá-Dan, sobre la que ya he hablado con profusión anteriormente. Aquí es posible identificar con mayor claridad la operación simultánea de las fuentes que dan forma a la comedia; la referencia bíblica, patente en el texto dramático, recuerda al mismo tiempo al abanico de explicaciones doctrinales suscitado por el erudito estudio de los teólogos, de esta manera la presencia de las alusiones bíblicas constituiría una forma de hacer explícitas las características del Anticristo, conocidas gracias a la exégesis. Ahora bien, es importante señalar, a propósito de este tópico recurrente en la comedia, que su presencia no indica únicamente el empleo del Tratado, sino que además revela la

influencia del pensamiento de Hipólito de Roma.

En su exposición sobre el Anticristo,el obispo del siglo III introdujo esta novedad: no sólo

se opondría a Cristo, sino que lo haría por medio de la emulación, es decir que su vida sería una suerte de parodia perversa de la de Jesús. Si el santo de Lyon ya había advertido que de la tribu de Dan, de tradición heterodoxa y cismática , que aparece en el Antiguo Testamento asociada a la 232

ceraste y al estruendo de caballos enfurecidos, es omitida en Apocalipsis 7 por el ángel que enumera a los siervos que reciben el sello de Dios vivo, porque de su seno se engendraría el Anticristo, el de Roma plantea que esto es necesario para corresponder perversamente con los orígenes del Mesías: «Y es que, tal como de la tribu de Judá ha nacido el Salvador, así también de la tribu de Dan nacerá el Anticristo» . En consecuencia, la religión que el Anticristo propagaría 233

Tratado del Juicio Final, fol. 54r. 231

Tábet, 2004, p.175. 232

Hipólito, p. 62. A esta declaración sigue una serie de argumentos de sustento bíblico con los que se trata de probar 233

sería una suerte de reformación del judaísmo: «dirá que la ley de Moisés se ha de guardar y que la circuncisión se ha de hacer […] Compelerá que judaícen y volverá en su estado primero la ley y ceremonias de Moisés, para que desta manera rinda a sí mejor los judíos» . 234

En la comedia Elías falso, cual profeta precursor, relata a sus secuaces el extraño sueño que los ha conducido hasta el desierto. Los versos se corresponden, primero, con las visiones del profeta Daniel y, posteriormente, con las revelaciones de San Juan. Aunque se trata de referencias bíblicas, es llamativo el tratamiento que recibe el undécimo cuerno de la bestia: tiene ojos y voz humanos, se convierte en hombre, su rostro hace desaparecer tres cuernos y doblegarse a los otros siete, finalmente se define como el Mesías prometido. Se trata, una vez más, de un caso de

superposición de fuentes. Las imágenes corresponden de manera cabal a las que se ofrecen en la Biblia, sin embargo, es la interpretación de las mismas la que completa el cuadro que trata de transmitirse con toda intensidad. De esta forma, el comentario que tiene preeminencia aquí es el de San Jerónimo , quien vio en este cuerno una clara representación de un hombre en el que 235

Satanás habría de habitar corporalmente, perseguiría a los santos y trataría de someter toda religión a su poder . 236

Poco después, en los vv. 423-430, el propio Anticristo ha de reconocer ante sus seguidores que en efecto es él ese cuerno undécimo; sin embargo, en su exégesis torcida adrede esto lo convertiría en el redentor esperado por el pueblo hebreo, no en el hombre de la perdición:

Manescal, «De Anticristo», pp. 59-60. 234

«Ne eum putemus juxta quorumdam opinionem, vel diabolum esse, vel daemonem; sed unum de hominibus, in 235

quo totus satanas habitaturus sit corporaliter […] Est enim homo peccati, filius perditionis, ita ut in templo Dei sedere audeat, faciens se quasi Deum» [No lo creamos, según la opinión de algunos, ser o diablo o demonio, sino uno de los hombres, en quien Satanás se ha de alojar corporalmente… es en verdad el hombre del pecado, hijo de la perdición, como tal osará sentarse en el templo de Dios, haciéndose casi Dios] (San Jerónimo, p. 531).

Larriba, 1975, p. 38. 236

y el [cuerno] que, empezando a nacer, tres dellos aniquiló,

soy yo, que a tres reyes yo he de quitar el poder, siendo mi fama veloz tan espantosa a los siete que a mi imperio los sujete solo el eco de mi voz.

Ahora bien, he mencionado ya que el desierto es el lugar de las revelaciones así como de la tentación, pero en el caso particular de la comedia, la locación cumple una función adicional: corresponder con la tradición alrededor del nacimiento y la crianza del adversario de los últimos tiempos. Durante el sueño, Elías falso recibe esta admonición del Anticristo: « Betsaida y Corozaín, / ciudades bellas un tiempo, […] en sus desiertos me albergan. / Elías: búscame en ellos» (vv. 69-74), por lo que decide marchar hacia esa recóndita e incierta ubicación. En la escena siguiente, la madre del Anticristo declarará los atroces sucesos que la llevaron a concebir a semejante hijo y, nuevamente, por medio del sueño las potencias diabólicas le indicarán este destino: «y así, obediente ya a lo que dispuso / la deidad, de mi patria vine huyendo / aquí, donde Betsaida un tiempo ha sido, / donde Corozaín tuvo su nido» (vv. 197-200). Ambas ciudades aparecen en el Nuevo Testamento como indóciles y renuentes a la conversión, pese a los milagros patentes realizados en ellas por Jesús. Los teólogos vieron, en la condenación resultante de este rechazo pecaminoso, el ambiente propicio para que se llevase a cabo la crianza del Anticristo: «ha de ser criado en las ciudades de Bethzayda y Corozaím, las quales nos demuestra el

Evangelio de San Matheo a los onze capítulos: Ve tibi Bethsayda, ve tibi Corosaïm, etc. Dize: “Maldición a ti Bethzaida, etc.”» . 237

Por si fuera poco, la patria de la madre no es otra que Babilonia, ciudad que en la tradición bíblica es símbolo de la oposición a Dios. Posee un papel preponderante en el

Apocalipsis de San Juan como lugar de destierro, paganismo y tribulación. Este conjunto de características sirvió a los Santos Padres de referencia para colocar la cuna del Anticristo, lo que muchos teólogos consideraron acertado y continuaron defendiendo a lo largo de los siglos. En este punto se ve reflejada nuevamente la postura de fray Nicolás, quien al respecto escribe:

El lugar donde ha de nacer y de donde ha de venir dicen todos que ha de ser Babilonia […] Para prueba desto hay muchas conjeturas. La primera, porque así como Cristo nuestro señor cuando vino al mundo [a] salvar a los hombres, escogió a Bethleem que era un lugar pobre y humilde para nacer en él, así el demonio escogerá a Babilonia, que antiguamente fue cabeza del reino de los caldeos, para que nazca en ella el Ante Cristo, cabeza de todos los malos. La segunda, porque Babilonia fue primero lugar adonde los hombres se revelaron contra Dios, quiriendo de su manera hacerle guerra, y así edificaron aquella torre tan nombrada, para salvarse en ella si viniese otro diluvio sobre la tierra. En esta misma ciudad hizo Nenrot, que fue el primero tirano que hubo en el mundo, cabeza de su reino, y aquí empezó a ejercitar sus tiranías. Aquí, pues, nacerá también el Ante Cristo y aquí empezará la guerra contra Dios, contra su Iglesia y contra los sanctos. . 238

Además de esta común opinión, varios son los teólogos que afirmaron que durante su estancia en Betsaida y Corazín el Anticristo sería educado por hechiceros, lo que lo conduciría a

Libro del Anticristo, p. 77. Para los teólogos que defendían esta postura, ver De Antichristo, I, pp. 190-192. 237

Tratado del Juicio Final, fol. 54v. 238

aprender perfectamente las artes mágicas, o por herejes, de quienes aprendería los errores contra la fe . El personaje de la comedia nunca habla directamente con magos ni hechiceros, sin 239

embargo, por la confesión de su madre se sabe que su padre fue un «dogmatista injusto», es decir, que enseñaba malas doctrinas (v. 121), pecado gravísimo que se sumaría a los muchos que

cometería para engendrar al adversario de Cristo. Sobre la cuestión de los padres de este personaje, los teólogos también escribieron con gran profusión, lo que dificulta encontrar una opinión más o menos generalizada, a diferencia de los casos anteriores. Las posturas que se recogen en la comedia, sin embargo, corresponden a fray Nicolás Díaz, que escribe: «Será concebido y nacerá en pecado como dicen todos, y de algún incesto o sacrilegio grande […] Sus padres serán viles y bajos y sin nombre en la tierra» , y Martín Martínez de Ampiés: «Por la 240

diabólica persuasión, para que los males hayan principio según está prophetizado, el padre del Antichristo comiença en esta parte de requerir su hija misma para mal acabar su desordenada voluntad y mal desseo» . 241

Como puede verse, Alarcón se ha preocupado por caracterizar al Anticristo desde el comienzo de la comedia, aunque la información que proporciona al público se dosifica, repartida