6. Fuentes de la comedia
6.4. Otras posibles fuentes
6.4.1. El problema de la libertad humana y el erasmismo
Esta aproximación laica no resulta del todo convincente por varios motivos. De acuerdo con Josa, la comedia presenta en el personaje de Sofía una contraparte conceptual que equilibra, por medio del reconocimiento de la predestinación y el ejercicio del albedrío, la consideración elemental alarconiana del héroe como problema:
Si ya se ha apuntado el papel heroico que desempeña Sofía, caben ahora las matizaciones. Sofía resulta ser la heroína del bien, por lo que no daba margen alguno, al tratase de una
obra evangelizadora , para convertirla en una protagonista “problemática”. Lo que bien 282
empieza, bien termina, y no era cuestión –según el proceder alarconiano– de que
semejante “héroe” se cuestionara su propio destino. Además, el dramaturgo se reserva a Sofía exclusivamente para manifestar su acatamiento del cristianismo interiorizado
defendido por Erasmo . 283
El problema del albedrío y la predestinación no se desarrolla de manera coherente en la propuesta de Josa, principalmente porque rechaza aproximarse a ellos desde la doctrina que configura a la comedia. En su lugar, recurre a proponer una armonía entre ambos elementos, porque considera que la predestinación es absoluta y, a semejanza de lo que ocurre en la tragedia griega, es debido al ejercicio más o menos ignorante del albedrío que se alcanza su cumplimiento. De esta manera, la consonancia entre la voluntad de Sofía y el destino que Dios le ha deparado la excluye de experimentar el conflicto que conduce a la fatalidad; el martirio final no es un
resultado trágico por lo mismo, con él no se restaura un orden universal sino, por el contrario, se El término «evangelizador» en este párrafo es bastante ambiguo; a mi parecer está mal empleado. Por las 282
circunstancias en que la comedia se estrena, y por las que se sigue representando fuera de Madrid, está claro que no se trata de una obra que estuviera destinada a la conversión del auditorio, aunque no se encuentre exenta de proposiciones doctrinales. Ver Viveros, 2005, pp. 15-28.
Josa, 2002, p. 235. 283
evidencia que éste se ha mantenido intacto. Bajo esta perspectiva, puede afirmarse que Dios obliga a Sofía a recibir la muerte, sin que ella pueda evitarlo; consciente de su incapacidad de exentarse del decreto divino, la heroína abraza esta determinación. El postulado de Josa, no obstante, implica que Sofía moriría aunque hubiese intentado rebelarse contra la voluntad divina, ¿cómo es posible afirmar esto? Por la aplicación que hace la autora del mismo criterio sobre el Anticristo, y su interpretación de que el actuar de dicho personaje obedece a un libre intento por romper la imposición divina de su destino como adversario de Cristo, es decir, como condenado: «Lo verdaderamente dramático del Anticristo es que, ejerciendo esa libertad, estará, al tiempo,
cumpliendo el dictado de su predestinación» . 284
Tanto Sofía como el Anticristo, sin embargo, actúan más acorde a los postulados sobre el libre arbitrio que tras el concilio de Trento fueron motivo de controversia entre los dominicos y jesuitas en España. En la polémica obra del jesuita Luis de Molina, publicada en 1588 bajo el
título de Concordia liberi arbitrii cum gratiae donis, divina praescientia, providentia,
praedestinatione et reprobatione285, se propone una postura teológica que buscaba resolver de manera satisfactoria la aparente antinomia entre predestinación y libertad humana, puesto que hasta ese momento no se explicaba satisfactoriamente por qué el cumplimiento pleno de la una no impedía, aunque lo pareciese, la existencia de la otra y viceversa. De acuerdo con Molina:
Dios, después de ver con ciencia media cómo obraría el hombre, puesto en un estado de 286
cosas o en otro, decide colocarlo en un orden de circunstancias determinado, sabiendo que el hombre, por su libre voluntad, hará un buen uso de la gracia divina o bien permanecerá
Josa, 2002, p. 240. 284
Hevia Echevarría, 2007, p. 11. 285
Para el concepto de «ciencia media», ver Hevia Echevarría, 2007, pp. 15-18. 286
en la infidelidad. Pero Dios no fuerza al hombre a obrar de manera determinada, sino que, por el contrario, es el hombre quien determina el influjo divino, que siempre es necesario
para que una potencia se actualice . 287
De esta manera, la operación divina no abandona las características de la omnipotencia ni de la omnisciencia, pero tampoco interfiere con la libertad humana, ya que el influjo general de Dios sobre el hombre se da de manera parcial; es la libertad del hombre la que determina cómo responder a dicho influjo: «el hombre no se basta para obrar, porque necesita del concurso universal de Dios. Pero del mismo modo, tampoco Dios se basta para producir la acción del hombre. Por tanto, ni el hombre, ni Dios, son causas totales de esta acción, sino causas parciales,
pero en términos de parcialidad causal» . Sobre esta línea, se hace claro que Dios no 288
predetermina al pecado , sino que propone al hombre una suerte de programa ante el cual la 289
libertad dota al ser humano de la capacidad para elegir entre concretar una posibilidad u otra, dirigirse a la salvación o a la condenación.
Ante lo expuesto anteriormente, habría que añadir que en la comedia, la predestinación es
notoriamente «la invitación suprema a ensalzar la gracia divina» . Sofia actúa bajo este sencillo 290
precepto, su albedrío así encuentra consonancia con la voluntad divina, que poco a poco se le va revelando, pero el ejercicio de su propia voluntad humana no está supeditado en todo momento al plan salvífico de Dios. Tras quedar muda por obra demoníaca, Sofía huye del Anticristo; lo ha reconocido gracias a la doctrina, a las profecías de la Escritura y a la fe en Jesucristo, sabe por esta causa que el profeta que anuncia la ansiada llegada del Mesías es un impostor y que a quien
Hevia Echevarría, 2002, p. 14. 287 Hevia Echevarría, 2007, p. 16. 288 Auer, 1979, p. 422. 289 Auer, 1979, p. 418. 290
proclama es, en realidad, el adversario de Cristo. Ante este panorama, Sofía ha confrontado al enemigo como debe hacer todo buen cristiano, por esto es víctima de las obras satánicas y queda muda; se ve obligada a huir, pero no para convocar a las huestes a luchar contra el enviado de Satanás, sino que escapa para preservarse en la religión verdadera. Es hasta que el profeta Elías la rescata de la lascivia del Anticristo que ella conoce el llamamiento divino: ha sido elegida para luchar contra los ejércitos paganos («parte a Sión, que ha de ser / campo donde has de vencer / mayor guerra», vv. 1700-1702) y alcanzar el cielo por la vía del martirio («Que yo huya / la palma que me ha de dar / el martirio de tu mano, / no es bien», vv. 2150-2153). Si la
predestinación fuese ineluctable, a la manera griega, como Josa quiere, la heroína habría
conocido el plan divino desde mucho antes de verse envuelta en los sucesos que tienen lugar en la comedia; si el albedrío y la fatalidad estuvieran en la armonía que anula el conflicto en la heroína, cabría pensar en una Sofía que no resiste el lascivo embate del Anticristo con palabras llenas de confianza en Dios («en el supremo / Dios confiada y constante, / que es más fuerte y más amante, / ni uno estimo ni otro temo», vv. 1681-1684; «en Dios confío», v. 1694), ni se altera con la
inopinada intervención del verdadero Elías, que la lleva por el viento («Sofía:¡Valedme, Jesús!
Elías: Sofía, / no temas, Dios es contigo», vv. 1687-1688), pero sobre todo, en una Sofía que sabe de antemano que su muerte a causa del enemigo de la fe es inevitable y, por consiguiente, no tiene motivaciones reales para incitar al Anticristo a martirizarla («Si obligarme es tu intención, / dame ya el martirio, advierte / que se apresura tu muerte / y perderás la ocasión», vv. 2419-2422).
Por su parte, el Anticristo tampoco es víctima de la determinación divina. Aunque Josa
arguye que en primer lugar, dicho personaje obra por ignorancia y que, una vez ha tomado 291
«Y, precisamente, la mata [a su madre] porque el Anticristo no sabía nada de su pasado» (Josa, 2002, p. 238); «Su 291
propio destino, que le había dado la oportunidad de redimir sus culpas, a través del conocimiento de que éstas eran debidas a las que cometieron sus ancestros, le induce a cometer no ya sólo los mismos errores, sino a condenarse eternamente» (p. 240).
conciencia del destino que pesa sobre él, decide ejercer su libertad en clara contraposición a la
voluntad de la divinidad, con intención de emanciparse de lo que le ha sido predestinado . Pero 292
como se ha visto en los apartados anteriores, el personaje del Anticristo se configura principalmente a partir de los postulados teológicos que dieron forma al concepto en el cristianismo; su libertad es excepcional, ya que un Anticristo obligado a pecar no es sino injusticia, capricho divino y, para la juiciosa mirada inquisitorial de la época, propaganda luterana. Proponer que el Anticristo obra por ignorancia, semejante a Edipo o al fiero Titán de Mira de Amescua, es negarle su cualidad de enemigo de Cristo y convertirlo en un simple rebelde, cegado por sus ansias de triunfar sobre la tiranía de una divinidad inflexible e inmisericorde o de un destino aciago sin origen reconocible. Pero la libertad no está aquí dispuesta para cumplir con el destino impuesto, sino para construir paso por paso una
condenación final, condenación en la que no cree la soberbia, instigación infernal y no designio divino; el propio Anticristo declara que el pecado no es para él un mal necesario ni una vía para emanciparse de la injusticia divina, sino una placentera injuria contra Dios y aquello que le es propio (vv. 233-240):
Di más, repite, multiplica, aumenta
odios, injurias, iras, maldiciones
que deleitosamente se apacienta
mi obstinación en tus execraciones;
lo justo sólo aflige y atormenta
«De esta forma, el Anticristo se ve volcado a luchar contra la determinación en la que le encierra la tradición 292
bíblica […] Convencido de su poder, decide iniciar una nueva vida o drama según su propia voluntad» (Josa, 2002, p. 240).
mis pensamientos, mis inclinaciones,
porque no sólo de pecar me agrado
mas me agrado también de haber pecado.
Y más adelante, declara que tiene plena consciencia de quién es él, quién es la «oculta divina inteligencia» que lo ha apadrinado y de dónde proceden sus poderes que parecen enmarcarse fuera del orden natural (vv. 273-296):
Lucifer o Plutón el cetro horrible
ha renunciado en mí del hondo infierno,
tanto que no hay espíritu invisible
que al suyo no anteponga mi gobierno,
no hay cosa a mis intentos imposible,
émulo soy de aquel poder eterno
que a conocer me obliga la justicia
si a no reconocelle la malicia
[…]
para serlo es forzoso haber sabido
esta verdad, pues si el confuso velo
de la ignorancia me opusiese a ella,
fuera yo menos malo en ofendella.
El matricidio no es una forma de terminar con la herencia maldita de la tribu de Dan, tampoco es una perversa manera de expiar las culpas pasadas que pesan en su linaje, como afirma la autora: «El parricidio lo considera, tras el incesto, la culminación de esa maldad que su madre
le recrimina que ha heredado de su estirpe» . Muy por el contrario, se trata de la inauguración 293 de su labor como fautor de la máxima apostasía, la que ha de preceder al Juicio Universal y a la instauración definitiva del reino celestial. Sobre esta línea, la amenaza de abjurar de la falsa religión que ha promovido («hoy me la habéis de entregar, / o tengo de confesar / a Jesús por Dios eterno», vv. 1786-1788; «vuestro engañoso poder / renunciaré: yo confieso…», vv.
1934-1935) es clara prueba de que, para Alarcón, era importante demostrar el valor del albedrío, tan encarecido por la doctrina católica, de suerte que el propio Anticristo habría tenido
oportunidad de redimirse, si su propia inclinación al mal y las acciones demoníacas no se lo hubieran impedido. En conclusión sobre el asunto de la predestinación y la libertad, como Josa lo propone, cabría resaltar el absurdo que supone, si cada acción del Anticristo está motivada por un ansia de ilusoria emancipación, que el diablo tenga que ofrecerle una Sofía fingida para que no se convierta a la fe de Jesucristo; pero, sobre todo, habría que insistir en que la aproximación laica obliga a eliminar el fundamento de justicia universal, dentro del cual se desarrolla la comedia al basarse en un asunto religioso, ya que se estaría proponiendo que la voluntad divina exige de manera caprichosa e injusta la muerte de víctimas incapaces de cualquier elección, incluida la del bien o el mal, algo bastante peligroso para la época.
Con respecto del erasmismo que supuestamente se refleja en el carácter de Sofía, conviene citar el siguiente extracto: «Sofía encarna esa actitud que proponía Erasmo en su
Enchiridion, que debía caracterizar al cristiano: culto interiorizado y acción, conseguido mediante
el conocimiento de uno mismo como si de ciencia de Dios se tratara» . Erasmo expresa en la 294
regla V su postura ante lo externo, lo visible, que es capaz de conducir a los cristianos a la
Josa, 2002, p. 238. 293
Josa, 2002, p. 242. 294
detestable superstición y vanidad, en lugar de acercarlos a la realidad angélica que beneficia al espíritu y le llena de santidad:
Que toda la perfección de que mayor necesidad tiene el buen cristiano, consiste en esforzarse y trabajar por apartar el corazón destas cosas visibles, que por la mayor parte son imperfectas o medias […] Y esto por mejor aprovechar y creer en las que son invisibles, pues son éstas las perfectas […] Esta regla hace tanto al caso, que por no sabella o por tenerla en poco, muchos cristianos en lugar de ser devotos y santos son supersticiosos y vanos, y si no es en el nombre de cristianos, en lo demás poca diferencia
hay dellos a gentiles . 295
Pero el rechazo del humanista no es hacia lo que existe materialmente, sino a la desmedida estima que ciertos hombres tienen por esto mismo, en lugar de estimar los bienes intangibles que enriquecen el espíritu. La misma regla más adelante recomienda emplear el mundo material como imagen que excite los pensamientos orientados hacia la realidad inmaterial y perfecta de Dios, «Así que esta regla habemos siempre de tener a la mano, que jamás paremos ni nos detengamos en las cosas temporales, sino que dellas hagamos un escalón para subir luego, no sólo al conocimiento sino mucho más al amor de las otras espirituales, cotejando unas con
otras y haciendo comparación de las unas a las otras» . En relación con los signos visibles del 296
culto cristiano, por otra parte, Erasmo censura el hecho de confundir la esencia inmaterial de la religión con la manifestación formal, ésta es una parte del culto que nada tiene de reprobable si sirve como antesala a la adoración profunda: «Que tengan devoción en aquello exterior, yo alabo;
mas que paren allí sin pasar delante, no alabo» . 297
Enquiridión,fol. 79v. Salvo que se indique lo contrario, en este subapartado cito siempre por la edición del 295
Enquiridión aquí referida. fol. 82v. Ver también fol. 80v. 296
fol. 88r. 297
Sin embargo, en el personaje de Sofía no hay muestra clara y definitiva de que los
preceptos del célebre humanista se cumplen o encarnan de manera cabal; la pureza, la piedad o la espiritualidad que pueden aducirse como reconocibles en la heroína, no son elementos privativos de la visión erasmista, en realidad se trata de líneas generales que pueden aplicarse a las
modelaciones del ideal cristiano, otrosí Erasmo no desprecia las manifestaciones exteriores del culto, como puede verse, hecho que vuelve más temeraria la tarea de reconocer un influjo exclusivamente suyo en la construcción del personaje. A lo anterior, debe añadirse la imposibilidad de representar dramáticamente la espiritualidad; los monólogos, recurso que permite conocer la intimidad psicológica de los personajes, no aportan elementos para la lectura erasmista de la heroína. Sofía es apasionadamente cristiana, es verdad, pero no se la ve orar en el
tablado , no lee la Biblia , no refleja la lucha por dominarse a sí misma , en cambio sí se 298 299 300
persigna (v. 884 acot.) y viste de penitente (v. 1490 acot.), ofrece la cruz para adorar (v. 1556 301
acot.) y recomienda la lectura de teólogos modernos (v. 1502 acot.). Puede concluirse, 302
entonces, que la aproximación al personaje de Sofía desde una perspectiva netamente erasmista resulta forzada; los rasgos argumentables son de carácter muy general y la doctrina de Erasmo,
para variar, es indemostrable en la comedia, por lo que aquí no se ha de considerar el Enquiridión
como fuente, ni siquiera posible, de la composición de El Anticristo.
«La oración pura lleva nuestros deseos y aficiones al cielo, que es una torre tan alta, donde nuestros enemigos no 298
podrán alcanzar […] la oración es la más principal, porque habla con Dios y se entiende con Él» (fol. 24v). «Créeme tú a mí, hermano mío amado, que ninguna tentación por muy recia y grave que sea, te pueden los 299
enemigos traer, a la cual no deseche y haga huir el ardiente estudio de las Letras Sagradas, y ninguna adversidad tan triste puede acaecer, que con ellas no se haga ligera de sufrir» (fol. 26r).
«Así que pues la guerra no se escusa, estando ya trabada contigo mismo, y el principal punto de la victoria está en 300
que tengas muy buen conocimiento de ti mismo» (fol. 41r).
«Si crees que es gran cosa tener en tu casa un pedacito de la cruz, cree que es mucho mayor tener dentro de tu 301
corazón escondido todo el misterio de la cruz» (fol. 90v).
«Mas esta teología alegórica o mística los teólogos deste nuestro tiempo, o no la tienen en mucho, o la tratan muy 302
tibiamente, los cuales en la agudeza del disputar verdad es que se igualan, y aun echan el pie delante a los doctores antiguos, mas en la manera del declarar los misterios no llegan a cuenta con ninguno de aquellos, ni hay entre ellos comparación» (fol. 85v).