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El elemento normativo de la pobreza.

1.1. Los paradigmas de la pobreza: introducción.

1.1.1. Los elementos básicos de las propuestas.

Cualquiera de las propuestas que se han formulado sobre la pobreza inevi- tablemente contiene tres elementos, que se hallan fuertemente interrelacio- nados, aunque cada uno conserva su autonomía. Estos tres elementos son:

I) un concepto de pobreza que pretenda tener validez universal, a partir del cual se pueda proceder a conocer su magnitud e investigar sus pro- cesos de generación, expansión, reducción o enquistamiento;

II) una metodología de medición que permita conocer la magnitud del concepto de pobreza, su evolución a lo largo del tiempo y la compa- rabilidad entre los países;

III) la presentación de los elementos claves para el diseño de estrategias políticas que tengan como finalidad la eliminación de la pobreza.8

7De 1948 a 1968, los procesos de descolonización dominan el escenario, y la consideración de

la pobreza se subsume en las propuestas de modernización de las estructuras económicas, de crecimiento del empleo y de la productividad. El objetivo es reforzar las instituciones sociales y el principal instrumento de cooperación descansa en los programas de cooperación técnica (Gau- dier,1995:182).

8 Con algunas variantes esta consideración de tres elementos para el estudio de la pobreza se

plantea desde diversos autores. Haralambos y Holborn (1995:124) distinguen tres pasos: defini- ción, mecanismos de medición y análisis de las causas; del conocimiento de esos tres elementos podrán deducirse las soluciones.

Una forma de caracterizar los diferentes enfoques en su acercamiento al concepto de pobreza es, precisamente, por el énfasis que ponen en alguno de los anteriores elementos: conceptualización, medición o políticas; aunque toda propuesta de comprensión de la pobreza exige, en algún grado, dar respuesta a los tres. No cabe pensar en una política social que no tenga una mínima definición de quiénes son pobres o que no especifique en qué rea- lidad social va a intervenir; ni puede plantearse una medición sin establecer con claridad qué se quiere medir; como tampoco tiene sentido proceder a la conceptualización de un fenómeno social si no hay ningún interés en conocer su dimensión y actuar sobre él.

La realidad es que el enfoque de la medición ha predominado en los esfuer- zos por conceptualizar la pobreza, hasta el punto que en la sabiduría con- vencional se ha considerado que se conoce mejor cuanto más precisamen- te se haya conseguido medirla y cuantificarla. La revisión de los estudios realizados pone de manifiesto que la mayor parte de la investigación sobre la pobreza se ha concentrado en medir su alcance o extensión (Oyen,1996:8). No es ajeno a ello el hecho, ya señalado, de que la preocu- pación por los estudios de pobreza haya tenido siempre un carácter reacti- vo, es decir, que se impulsa el conocimiento de la pobreza cuando sor- prende la extensión o la intensidad con que se presenta. En esos momen- tos de sorpresa, la preocupación más urgente es saber quiénes y cuántos son para poder actuar eficazmente.

Tampoco es indiferente en la génesis de esa identificación, la hegemonía de los economistas en el tratamiento de la pobreza que, por sus características profesionales y limitaciones metodológicas, sobre todo por el predominio de un concepto utilitarista del bienestar, han medido casi siempre la pobreza preguntando a la gente cuál es su nivel de ingresos (Lipton,1995:101).9 Esa

preocupación por la medición no suponía dejar de reconocer que la pobre- za implicaba otras muchas cuestiones más allá del nivel de renta, pero la falta de datos disponibles ‘forzaba’ a limitar la pobreza a contenidos men- surables y con datos disponibles para el análisis. En resumen, el concepto de pobreza quedaba constreñido a aquellos factores que pudieran analizar- se cuantitativamente (Chambers,1992:304).10

9 En esta cuestión hay que tener en cuenta que la elección realizada por los economistas tiene

que ver con la preocupación por conseguir medidas objetivas. Sobre el debate, a este respecto, entre medidas objetivas y subjetivas: Bevan y Joireman, 1997:321.

10Este sesgo por el enfoque cuantitativo a la hora de conceptualizar la pobreza queda claramente

expresado en la siguiente cita de Thakur (1985) que recoge Chambers (1992:304). Tras una revi- sión de los estudios realizados en India sobre el tema, el autor extrae la siguiente conclusión: “Esta revisión... ha puesto de manifiesto que su atención central ha estado en el aspecto de la medición. Ninguno de ellos, de hecho, ha examinado los problemas conceptuales que subyacen en las definiciones de pobreza o ha explorado en profundidad las relaciones causales entre los diversos factores que subyacen en el fenómeno.”

La preeminencia de la medición no es casual, y así como las mediciones nunca son neutras y detrás de cualquiera de ellas hay un presupuesto ide- ológico y político, también en la proliferación de los esfuerzos por cuantifi- car se esconden los intereses en juego a la hora de abordar las consecuen- cias de la pobreza. Preguntarse ¿para quiénes?, y, ¿para qué? es importante conocer cuántos pobres hay, permitiría encontrar explicaciones al porqué de esa hegemonía de la medición.11 Hay que explorar los intereses, directa-

mente pretendidos o no, que subyacen en la adopción de uno u otro enfo- que de la pobreza, y analizar sus consecuencias (Ruggeri,1997:345).

La crítica al enfoque de la medición no desconoce la utilidad que tienen los trabajos de cuantificación de la extensión de la pobreza y el avance real que han supuesto en el conocimiento del fenómeno. Su necesidad está fuera de discusión, lo que se pone de relieve es que esta preocupación por centrar- se en determinar quiénes resultan afectados por la pobreza y medir el gra- do de su extensión ha oscurecido las múltiples dimensiones y complejida- des de la pobreza, que resultan no sólo difíciles de recoger en la medición, sino incluso molestas, por lo que se tiende a apartarlas (PNUD,1997:18).

Lógicamente ello ha redundado en perjuicio de un mejor conocimiento de la pobreza y del diseño de una adecuada política para reducirla. En primer lugar, se trabaja sobre la base informativa existente pero puede que los datos disponibles no sean los adecuados para reflejar el número real de per- sonas que sufren una privación grave, ya que la información existente hará referencia a características que corresponden a situaciones propias de un tiempo anterior, pero que no tienen porqué responder a las nuevas mani- festaciones de la pobreza(UNCHS-Habitat,1996:107).

En segundo lugar, la insistencia en la cuantificación ha llevado al aisla- miento de la cuestión de la pobreza, separándola del resto de la problemá- tica económica, como si no tuviera nada que ver con la sociedad que la pro- duce (Tortosa,1993:19). Al revisar los contenidos de las investigaciones rea- lizadas sobre la pobreza, el Programa de Investigaciones Comparativas sobre la Pobreza (CROP, Comparative Research Programme on Poverty), constata cómo la mayoría, al tiempo que se centran en la medición, tratan el pro- blema de la pobreza como un fenómeno que puede ser comprendido ais- lándolo del resto de la sociedad, sin que las estructuras económicas y socia- les centrales intervengan para explicar sus causas y manifestaciones. Conse-

11Un ejemplo de los sesgos en la investigación sobre la pobreza se encuentra en los condicio-

namientos que las agencias financiadoras internacionales (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, etc.) plantean en el enfoque de los estudios. En general evitan el análisis sobre las causas en sentido amplio y se centran en las causas económico-financieras para explicar el aumento de la pobreza en los ochenta, y aunque no niegan las influencia de las variables socio- políticas, dejan su estudio en manos de los investigadores locales. Recogido de Wilson (1996:22- 3): Golbert,L., y Kessler, G. (1994); Regional State-of-the-Art Reviews on Poverty Research/Latin America. CROP Conference, Paris, diciembre 1994.

cuentemente, los pobres son también estudiados en un contexto cerrado, como si no vivieran en simbiosis con el resto de la sociedad (Oyen,1996:11).

La preponderancia de la preocupación por la medición se encuentra estre- chamente relacionada con la imagen que de la pobreza se ha venido tenien- do durante mucho tiempo. La palabra pobreza se identifica con una imagen concreta en la que destacan la falta de dinero, un estado objetivo de caren- cia o necesidad de recursos fundamentales, una situación personal de fal- ta de recursos que reclaman la ayuda por parte de terceros. Esta imagen ha centrado la atención en un tipo de cuestiones, como pensar que la solución se limita a subvenir esas carencias y que gran parte de las políticas necesa- rias tienen que ver con la medición. Aunque no se haya llegado al consen- so sobre la forma de definir la pobreza desde la preocupación de la medi- ción, el acercamiento de posiciones es real y no resulta demasiado comple- jo convenir en una serie de características universales. Los presupuestos teó- ricos de que se parte y la simplicidad relativa de los factores que se tienen en cuenta ayuda a esa tarea. Una comprensión más compleja del concepto de pobreza tendrá en cuenta cuestiones que no son estrictamente mensura- bles, por lo que, sin dejar de prestar atención a las cuestiones de medición, centrará sus esfuerzos también en otra direcciones (Wuyts,1992:18).

Aunque haya sido la medición el enfoque predominante, no quiere decir que no se hayan planteado otros acercamientos conceptuales. Las propues- tas desde la medición tienen la característica de una relativa simplicidad por la selección que hacen de los contenidos, limitándose a los estrictamente mensurables. Cuantos más elementos se introduzcan, surgen más diferencias entre las definiciones. La asunción de que la pobreza no es un concepto dado, sino que se construye socialmente, implica tener en cuenta las consi- deraciones culturales, políticas y sociales. La tarea de conceptualizar la pobreza se hace mucho más compleja y los problemas de análisis y medi- ción enfrentan dificultades muy distintas de los enfoques más simples. La introducción de elementos culturales, ideológicos, políticos, etc., dispersa el abanico y hace prácticamente imposible la pretensión de llegar a un con- cepto de pobreza preciso, único, universal, comprensivo de todas las cultu- ras y pueblos; lo que no quiere decir que deje de tener sentido la búsque- da de los elementos comunes y universales de la pobreza.

Estas consideraciones permiten deducir que no existe una traducción fácil de la experiencia de la pobreza hacia su conceptualización, ni tampoco del con- cepto en su medición (Bevan y Joireman,1997:316). Pero, en cualquier caso, resulta imprescindible realizar el esfuerzo por encontrar una categoría concep- tual de la pobreza capaz de captar esa manifestación concreta de la realidad social, que la haga susceptible de un conocimiento más profundo y que per- mita su medición. Hay mucho que aprender sobre la realidad, causas, proce-

sos, manifestaciones de la pobreza, etc., por muy complicado que resulte la construcción de su concepto. En definitiva, se trata de buscar una categoría conceptual y analítica que permita conocer y medir la realidad social de la pobreza para poder realizar políticas efectivas con el objetivo de reducirla.

Nuestro trabajo no consistirá en buscar una fórmula sintética de las diferen- tes concepciones, sino en mostrar las realidades sociales que cada definición contempla y destacar las líneas de acercamiento que capten más adecuada- mente la pobreza propia de nuestro tiempo.

Una manera de contemplar las diferentes propuestas consiste en analizar por dónde inician el estudio y cómo rompen el círculo vicioso entre definición, medición y acción, donde cada uno parece reclamar una definición previa del otro. En la forma de resolver esta aparente contradicción se encuentra gran parte de la problemática de la conceptualización, medición y diseño de políti- cas de pobreza. Si se parte de intentar precisar el concepto de pobreza, las complejidades filosóficas, culturales, sociales, así como las diversidades de las percepciones que cada sociedad tiene del fenómeno harán que nunca se lle- gue a un consenso y el debate será estéril para la formulación de políticas. Si se comienza por el extremo contrario, el diseño de políticas, el pragmatismo puede apoderarse del concepto y el debate se limitará a establecer el ataque de algunas de las manifestaciones de la pobreza, pero probablemente queden sin resolverse las causas de ésta. El camino menos aconsejable es realizar la ruptura por la medición, ya que si no se sabe qué se va a medir ni para qué, el esfuerzo resultará sin lugar a dudas baldío. Se puede decir que las pro- puestas metodológicas centradas en la medición responden a estrategias que optan por atajar el problema delimitando previamente el alcance. La delimita- ción nunca será indiferente a los intereses de unos u otros sectores sociales y, por lo tanto, depende de quién la haga responderá más a unos y perjudicará a los otros. Es decir, los objetivos prioritarios preestablecidos marcan el diseño de las políticas y hacen operativos aquellos conceptos de pobreza que se han considerado como las referencias más idóneas para definirla.