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análisis crítico de los indicadores.

1.5. La identificación de la pobreza con los pobres.

Los dos métodos de definición de la pobreza absoluta a través del paradig- ma estático coinciden, se puede decir que inevitablemente, en asimilar la pobreza con el número de pobres, y utilizar la categoría de pobres como la pieza clave del análisis de la pobreza. Cuestionar la idoneidad de la cate- goría conceptual de pobres para estudiar la pobreza no responde a un deseo de originalidad, sino a la convicción de las profundas restricciones que esa utilización ha supuesto en el debate sobre la pobreza.

La hegemonía del enfoque estático ha sido la causa de que en la sabidu- ría convencional parezca evidente que la noción de pobreza se equipare con los pobres. No es una casualidad que haya ocurrido así, ya que el

83 Este método diferencia aquellas necesidades que se verifican por el método de la línea de

pobreza y aquellas que lo hacen por el método de las NBI. Así, la alimentación, el vestido, la higiene personal y del hogar, el transporte y las comunicaciones básicas, los gastos de ocio y las necesidades básicas que necesitan gastos monetarios se verifican por la línea de pobres. Mien- tras que el consumo de agua, el drenaje, el nivel educativo, las asistencia escolar de los meno- res, la electricidad, el tiempo disponible, la vivienda, el mobiliario y el equipamiento del hogar se comprueban por el método de las NBI. Otros aspectos como la salud y seguridad requieren de criterios combinados cuando no hay acceso gratuito a las mismas (Boltvinik,1992:356).

enfoque estático parte de separar o aislar la situación de pobreza del res- to de la sociedad, convirtiéndola en objeto de estudio por sí misma. Así, sus indicadores sólo miden características de los pobres y las variaciones que se producen en el seno de los pobres. Toda referencia a la pobreza se ha hecho, pues, siempre referida a ella misma, con lo que la repetición machacona de percibir la pobreza así reducida, ha llegado a hacer ver como evidente lo que no es más que una toma de posición primera, que resulta totalmente criticable.

Este reduccionismo tiene su origen en las premisas del enfoque estático que concibe la pobreza como reflejo de una situación, más que como resultado de una dinámica. Le resulta más idónea la idea de clasificación, -agrupar entida- des que tienen ciertas características en común-, que la de relación, -conside- ra los lazos que unen a los actores concretos en un determinado campo social (Tortosa,1993:19). La pobreza queda seccionada del resto de la actividad social y económica, porque sólo interesa conocer de ella las características en que se manifiesta. Para ello, la categoría de pobres es la adecuada, ya que la pobre- za en cuanto privación sólo se encarna en personas que la sufren. Los pobres son, pues, no sólo la representación sino la única categoría que puede utili- zarse para conocer la pobreza. Los pobres serán aquellas personas privadas de determinados mínimos que se establezcan, y estos mínimos, a su vez, se fija- rán en base a criterios de clasificación y no de relación.

Las repercusiones de esta concepción de pobreza van más allá de un deba- te teórico sobre los instrumentos analíticos más aptos, y entra en toda la tra- dición histórica y cultural que tiene la utilización del término pobre para denominar a las personas que sufren privación. No resulta indiferente pre- guntarse por qué se usa la expresión pobre. No se dice que no tenga sen- tido la determinación de un umbral que diferencie a quienes cubren o no cubren esas necesidades mínimas; lo que se pone en cuestión es que esa diferencia quede limitada a definir la categoría de pobres.

Las implicaciones que tiene esta asimilación son muy importantes y pueden resumirse en las siguientes:

1. La generalización y homogeneización de un fenómeno complejo.

El agrupamiento de las personas con determinadas privaciones como una categoría única supone una estandarización de situaciones extraordinaria- mente diversas. En el mismo apartado genérico no se distinguen entre sí: el pequeño comerciante arruinado, el desempleado momentáneo, el parado de larga duración, el joven que no encuentra su primer empleo, el discapaci- tado sin posibilidades de recuperación, el enfermo temporal,... No se trata de presentar como alternativa la conveniencia de realizar una compleja

taxonomía de situaciones, sino poner de relieve: I) que la catalogación de pobres implica añadir una condición a determinadas personas que oscure- ce aspectos fundamentales de ellas mismas que tienen que ver con el pro- ceso por el que han llegado a padecer esas carencias y que, si se olvidan, se pierde una parte fundamental de la realidad en la que se sufre la pobre- za (Sen,1981:156); II) que la condición de pobres no sólo es una homoge- neización de situaciones muy diversas y cuya diversidad es clave para entenderlas, sino que añade un plus de connotaciones culturales, de este- reotipos en la percepción de la población, que dificultan más que ayudan a la comprensión del fenómeno; y, III) que no es real plantear la situación del pobre como una situación permanente; sobre todo en las economías de subsistencia se da una gran movilidad entre ser y no ser pobre, tal como se conceptúa en ese enfoque la pobreza (Bevan y Joireman,1997:322). Sobre esta última consideración, el estudio de los nuevos fenómenos de pobreza en los países latinoamericanos refuerza la idea de una movilidad en los hogares que pasan con relativa facilidad el umbral de la pobreza, en uno u otro sentido.84

En conclusión, no hay por qué negar la existencia de los pobres para criti- car la utilización que se hace de la categoría pobres. En las sociedades modernas, resulta difícil pensar en los pobres formando un grupo real con fronteras definidas (Tortosa,1993:66). Por el contrario, ha sido precisamente esta generalización la causa de que se hayan extendido opiniones sobre la pobreza en la sociedad que no responden a la realidad.85

2. La dimensión política de las clasificaciones.

No es irrelevante cómo se clasifica a las personas que no alcanzan el umbral, ya venga definido por el ingreso o por el consumo. ¿Por qué usar la categoría pobres y no usar categorías como proletariado o subproletaria- do, población marginal, oprimidos, pueblo,...? (Wolfe,1982:60). Puede adu- cirse que algunas de ellas son menos comprensivas y que no se adecuan para expresar el dato decisivo de padecer un determinado nivel de caren- cias. Pero la cuestión no se encuentra en ese punto, que puede ser salva- ble, sino en que se da por supuesta la correcta denominación de pobres,

84 En el estudio que realizaron sobre Etiopía, Bevan y Joreman (1997:332) concluyen que las

medidas convencionales tomadas aisladamente no sirven para identificar a los pobres, y ello por- que los pobres pueden llegar a esa condición por diferentes causas y razones, que exigen una explicación previa antes de la agrupación indiscriminada en la categoría de pobres.

85Atkinson (198 :931) resalta cómo el Consejo de Asesores Económico del plan antipobreza de

Estados Unidos, conocido como War on Poverty, puso especial énfasis en que no se considera- ra a los pobres como un fenómeno minoritario y en que se evitaran las generalizaciones sobre ellos que no respondían a la realidad. Así, señalaba que no era cierto que la mayoría de los pobres se encontraran en los barrios marginales o en la zonas rurales, sino en todos los grupos de la población y en todas las partes del país.

sin someter a debate otras posibles opciones. Cualquiera de las demás cate- gorías implica o indica los vínculos que se dan entre los carenciados y el resto de la sociedad; mientras que, por el contrario, la adscripción a la cate- goría de pobres conduce a los carenciados a un grupo de desafortunados, cuyas causas no se sabe ni pueden presumirse.86

En cambio, las denominaciones de marginales, subproletarios, oprimidos, u otras de esta índole plantean que el mundo de los carenciados no es una casualidad sino que es precisamente esa especial relación con el colectivo social la que determina la situación en que se encuentran. Son carenciados porque son marginales, subproletarios u oprimidos. Esta misma considera- ción puede aplicarse a otros términos con los que se denominan situacio- nes de carencia: desnutridos, indigentes,... que definen a las personas por su situación de resultado; mientras que las otras las definen por su forma de insertarse a la sociedad o al trabajo.

Este tipo de vínculos que llevan a las situaciones de carencia ponen de relieve una cuestión clave de la pobreza: el poder. Cada identificación de las señaladas contiene una categoría distinta de cuál es el papel potencial del grupo postergado (Wolfe,1982:92).87 Si simplemente se dice que un gru-

po se halla en situación de pobreza crítica, no se deduce de ahí que se halle en una posición irreductiblemente contradictoria de cara al orden estableci- do. Son sus bajos niveles de consumo o de ingreso los que definen su situa- ción, no su relación con la producción. En definitiva, cada término que se utilice refleja la imagen del pobre que se tiene en esa sociedad (Renes,1993:19).

Incluso interpretando el concepto de pobre desde la definición del ingreso o renta surge la cuestión del poder. El ingreso tiene valor porque es el sig- no de los derechos apropiados por cada persona. Lo decisivo de ser pobre no es tener menos de 370 dólares al año, sino no tener la capacidad de alcanzar a disponer de esa cantidad. En otras palabras, lo esencial es que el pobre no llega a apropiarse de esa realidad de esencia jurídica que es lo

86 Esta simplificación y separación de los dos mundos, pobre y no pobres, lleva no sólo a difi-

cultar la solución a la pobreza, sino a estimular el conflicto entre ambos grupos (Oyen,1996:13).

87 La importancia de la adopción de uno u otro término se pone de manifiesto en el caso del

rechazo de la Unión Soviética a admitir la existencia de la pobreza, por entender que una vez eliminadas, teóricamente, las causas generadoras de su existencia no tenía razón de ser. Aceptar la existencia de pobres parecía que significaba cuestionar la propia eficacia y legitimidad del modelo. El resultado fue que se sustituyó la palabra pobreza (bednost) por renta baja (maloo- bespechennost) y que no se realizaron trabajos socioeconómicos sobre la situación de los estra- tos pobres de la sociedad (Tortosa,1993:82). Pretender ocultar una realidad cambiando las pala- bras por muy ridículo que parezca ha resultado ser una práctica que da algunos resultados de cara al tratamiento político del fenómeno, aunque la situación persista por encima de las mani- pulaciones semánticas.

que realmente le proporciona un poder sobre otro, o mejor sobre el traba- jo de otro. Y ese poder de apropiación del derecho de otro sólo puede pro- venir, fundamentalmente, del propio trabajo. Tener o no tener ingresos no dice todo, mejor no dice lo fundamental y lo que dice puede resultar enga- ñoso. Si se habla de pobres, lo que les falta no es dinero sino recursos que les permitan apropiarse del trabajo de otros. Al final, es pobre quien care- ce de poder y deja de ser pobre quien es capaz de mandar (Lab- bens,1982:39-41).

Retomando el elemento del poder, la denominación de pobres no alimen- ta la conciencia de los carenciados de su marginación, desposesión o inca- pacidad de acceso, sino la de los que no tienen carencias para que asuman la necesidad de que aquellos cubran ese umbral mínimo. Los pobres no ponen, ni deben poner, en riesgo el orden social, por ello no les compete a ellos la solución de su problema. Serán ayudados a resolver su carencia, no su estructural o pasajera incapacidad de acceso. Uno de los principales motivos de porqué los pobres permanecen pobres es que no forman una clase que tenga conciencia de sus intereses comunes y de cómo actuar para defenderlos. Y no la tienen por esa generalización que les agrupa forzada- mente y porque su punto de partida, la falta de poder, no es tenida en cuenta (Bell,1974:82-3).

En resumen, el resultado de la utilización única de la categoría pobres es el aislamiento de la cuestión de la pobreza presentándola como si nada tuvie- ra que ver con la sociedad en la que se produce. La cuantificación de las personas carenciadas, los pobres, se convierte en el objetivo único del pro- ceso de definición y medición. Pero sobre todo, es desconocer la causa ori- ginaria de la situación de los pobres, la falta de poder. Esta ausencia ha esta- do presente en todos los paradigmas del enfoque estático. La escuela de las necesidades básicas abrió una puerta a su consideración y será objeto de análisis más adelante. Como conclusión de este apartado, la cita de Lipton (1995:101) es totalmente expresiva de lo que se ha querido decir: “Tenemos que ser conscientes que ser reconocido como pobre es parte de la miseria de ser pobre”.

No lleva un libro, pero lleva un teléfono inalámbrico, No lleva pan, pero lleva un teléfono inalámbrico, No lleva un hijo, pero lleva un teléfono inalámbrico, No lleva culpa, pero lleva un teléfono inalámbrico, No lleva un amor, pero lleva un teléfono inalámbrico, No lleva nada y lleva un teléfono inalámbrico.

El enfoque dinámico cuestiona los fundamentos de los paradigmas estáticos, al tiempo que no deja de ser una evolución de la tendencia más radical de la escuela de las necesidades básicas. De ésta, asume la pluridimensionalidad de la pobreza y desde ahí avanza hacia una nueva conceptualización. Donde los dos enfoques se diferencian nítidamente es en la propia concepción de la pobreza que desde el enfoque estático se plantea como un concepto absolu- to, mientras que en el dinámico parte de un concepto relativo.

Esta visión divergente se pone de manifiesto en la forma de afrontar el con- cepto de pobreza ante los cambios experimentados por la economía y la sociedad, local e internacional, en las últimas décadas. El desarrollo del enfoque dinámico se produce al plantearse la necesidad de adecuar el con- cepto de pobreza a las nuevas circunstancias y busca una definición que contemple los valores que se reconocen a la persona. Parte de la preocu- pación por encontrar la norma de pobreza ajustada a nuestro tiempo, supe- rando la estrecha concepción de las líneas de pobreza.

Las nuevas realidades exigen nuevas conceptualizaciones. En el ese contex- to, la pobreza se manifiesta a través de procesos en continuo cambio, cuya comprensión y análisis requieren categorías e instrumentos. El interés se centra en conocer las causas de la pobreza, lo que lleva a plantear una aco- tación del objeto de estudio totalmente distinto del enfoque estático.

Estos elementos: pluridimensionalidad, concepto relativo de pobreza, ins- trumentos analíticos novedosos, contenido normativo, adecuación a la rea- lidad cambiante y análisis de las causas, se combinan para conformar un nuevo enfoque que se ha desarrollado especialmente en esta década.