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CAPÍTULO II. LA EMPATÍA

3.3 DETERMINANTES DE LAS CONDUCTAS PROSOCIALES

3.3.5 ELEMENTOS SITUACIONALES

La firmeza de las inclinaciones de conducta prosocial en las personas radica no únicamente en los elementos propios de su personalidad, sino también del ámbito social. Los elementos de un ambiente son eventos irrepetibles que modifican drásticamente la naturaleza de un sujeto dirigiéndola hacia conductas concretas.

a) Presencia de observadores:

Latané y Darley (1970) concluyen que el contexto social de una emergencia influirá en el proceso de decisión de actuar de manera prosocial. Sus investigaciones con adultos también confirman que cuando la persona receptora de la ayuda es un desconocido, las probabilidades de que esta se produzca disminuyen a medida que aumenta el número de observadores. Esto se explica por una parte como la “difusión de responsabilidad

individual” al haber más personas, y por otro como “miedo al ridículo” en la realización

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b) Presencia de modelos altruistas.

Este efecto inhibitorio, no ocurre siempre. Bryan y Test (1967) demostraron en sus estudios que si hay modelos altruistas las probabilidades de actuar de manera prosocial aumentan ya que desean tener una buena imagen de los observadores y de esta manera se sienten mejor consigo mismos. El simple reconocimiento de un problema no es suficiente para pedir ayuda. Existe una valoración previa de la persona que va a prestar la idea donde toma en consideración los costes y beneficios de su acción. Los costes hacen referencia a la posible pérdida de autoestima o deterioro de la propia imagen ante los demás. Como ejemplo se puede mencionar los motivos egoístas asociados al costo de la ayuda. Así, cuando los costos de la ayuda son excesivamente altos, las personas no se comportan de manera prosocial aunque experimenten empatía. Una posible razón podría ser que el alto costo de la ayuda desvió la atención desde considerar el bienestar de los otros a considerar el propio.

A MODO DE CONCLUSIÓN:

Desde hace más de dos décadas, ha habido un incipiente interés desde la psicología en el estudio de la conducta prosocial. Aunque es relativamente reciente, las reflexiones humanas respecto a la relación social entre personas que desarrollan esta conducta habían llegado a otras áreas de conocimiento, tales como la Filosofía.. En psicología, desde las distintas corrientes, existe hoy un gran interés en el estudio de la conducta prosocial que ha supuesto un aumento considerable tanto en el número de publicaciones como la apertura de nuevas líneas de investigación y discusión, esto se debe a su repercusión social. En cuanto a la investigación desarrollada sobre el tema, han sido muchas las hipótesis formuladas al respecto y se han encontrado numerosas discordancias entre unas y otras corrientes psicológicas. Sin embargo los planteamientos metodológicos sí que han encontrado un mayor punto de encuentro, situándose en el estudio de situaciones en las que la observación tuviera lugar en el propio ambiente o intentando que fuera lo más próximo a este. El conjunto de investigaciones científicas sobre la conducta prosocial se podrían agrupar bajo

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diferentes intereses. Por una parte aquellas que se centran en las circunstancias en las que tiene lugar, otras en las características de quien recibe la conducta de ayuda y otros han tratado de categorizar y agrupar las conductas que se pueden considerar como prosociales. En cualquier caso se hace necesario continuar las investigaciones en este campo ya que es complicado determinar algunos aspectos.

El estudio de la conducta prosocial en adolescentes es muy interesante ya que puede ser una vía de desarrollo que se contraponga a la conducta agresiva tan frecuente y permanente en la sociedad. Resulta especialmente interesante la prevención y la promoción de conductas sociales en el ámbito educativo, debido a los problemas incipientes y en aumento que se están dando dentro del sistema educativo en la actualidad. Tradicionalmente, en el ámbito educativo a existido una tendencia marcada a extinguir las conductas agresivas presentes en los niños y adolescentes, dejando de lado la promoción de conductas positivas que contribuyan a una educación eficaz y al desarrollo de las capacidades personales. Esto supone un cambio de perspectiva, dirigiendo los esfuerzos a la prevención y al desarrollo de la conducta prosocial a través de la colaboración y la ayuda.

Diversos estudios demuestran como en un clima donde estén presentes la cooperación, la empatía y la ayuda los resultados del proceso enseñanza/aprendizaje son mucho más significativos. Así se contribuye a compensar la carencia que la sociedad tiene en este momento respecto a la solidaridad y el encuentro personal que supone la conducta prosocial. Esta preocupación sobre las relaciones personales y la conducta prosocial es un valor en alza, ya que desde la sociedad se da cada vez más importancia a estos aspectos y se refuerza positivamente a las personas que incorporan en sus patrones de relación estas conductas. Para concluir, se está en un momento en el que desde la psicología existe un interés por el estudio de la conducta prosocial que viene secundado tanto por el ámbito social como el educativo. Existiendo una preocupación e interés que alcanza tanto a la teoría como a la praxis.

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CAPÍTULO IV

ANÁLISIS DE LAS RELACIONES ENTRE LA COMPETENCIA SOCIAL,

LA CONDUCTA PROSOCIAL Y LA EMPATÍA.

INTRODUCCIÓN

En el presente capítulo se va a tratar de establecer las relaciones entre los tres constructos objeto de estudio en esta investigación, es decir: la competencia social, la empatía y la conducta prosocial. Tratando de realizar un análisis preciso que permita delimitar este incipiente campo de investigación. Para ello, se van a estudiar las relaciones entre dichos constructos y la influencia de algunas variables determinantes por su capacidad de modular el efecto de cada uno de ellos.

Se ha podido comprobar en primer lugar, la influencia que ejerce la conducta prosocial sobre la competencia social. Posteriormente se han analizado los influjos que ejercen algunas variables significativas en el establecimiento de dicha relación. Estas han sido el efecto del grupo de iguales durante la infancia, el juego como factor modulador, la influencia de la adolescencia y el efecto del contexto escolar. En segundo lugar se ha delimitado la influencia que ejerce la empatía en el comportamiento prosocial, atendiendo también a otras variables. Tales como el efecto del progreso madurativo y el sexo, la influencia de la regulación emocional, el efecto de los estilos de relación parental y en la tolerancia a la diversidad.

Por último se ha concretado que la empatía actúa como variable influyente en la competencia social y también se han considerado otras variables que pueden afectar a esta relación. Concretamente Eisenberg et al., (1996) en un estudio longitudinal que

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realizó con niños de entre 6 y 8 años, constató que sus docentes establecían relaciones positivas de la empatía con conductas prosociales y habilidades sociales. Estas son las diferencias explicadas debido al sexo y la edad, el contexto social, la calidad de la relación con los hermanos, el efecto del bullying y los comportamientos cívicos.