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LA EMPATÍA, LA COMPETENCIA SOCIAL Y LOS COMPORTAMIENTOS CÍVICOS

CAPÍTULO II. LA EMPATÍA

4.3 EFECTO DE LA EMPATÍA EN LA COMPETENCIA SOCIAL

4.3.5 LA EMPATÍA, LA COMPETENCIA SOCIAL Y LOS COMPORTAMIENTOS CÍVICOS

del desarrollo social del niño, como se crean los lazos de unión con otras personas, cual es el proceso de incorporación de las personas a su contexto social o como se produce la transmisión de los valores, normas y costumbres, tal y como recogen López de Dicastillo, Iriarte, y González (2006).

Desde estos planteamientos, para lograr un mayor bienestar personal e interpersonal surge el concepto de competencia social, subrayando la importancia de su promoción junto con otras cualidades positivas que hacen mejores a las sociedades y en definitiva a las personas. Es decir, se ha puesto un esfuerzo potencial en la educación que prepara a las personas para la vida, permitiéndoles hacer frentes a las dificultades o transiciones que puedan surgir a lo largo de su ciclo vital.

Teniendo estos postulados en cuenta, desde distintos ámbitos se detecta la necesidad de ayudar a los alumnos en la preparación del proceso de toma de decisiones que han de desarrollar en la vida, siendo capaces de generar distintas alternativas, seleccionar la más adecuada y ejecutar aquella que más se aproxime a la consecución de su objetivo. Es más, la mejora de la convivencia debe alcanzar la promoción de comportamientos cívicos, empatía, actitudes cooperativas, prosociales y enriquecedoras. Es por esto que se hace indispensable enseñar a expresar, regular y comprender los afectos, especialmente fomentando la empatía como componente clave en desarrollo social de la persona (Alonso e Iriarte, 2005). Es necesario contemplar todos los ámbitos del comportamiento intrapersonal para lograr una mejor y más eficiente aproximación de la realidad social.

De esta manera, a través de una auténtica educación en valores se alcanzará la finalidad de que las personas se desarrollen socialmente, siendo ciudadanos responsables, activos y comprometidos con la sociedad y poseyendo un conjunto de valores tanto morales como cívicos (López de Dicastillo et al., 2006).

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A modo de conclusión se puede afirmar que la competencia social, como constructo multidimensional se ha entendido de forma positiva y amplia en distintos ámbitos de la psicología. Desde estos planteamientos no se busca únicamente una solución a situaciones conflictivas, sino que se promueven las bases fundamentales para alcanzar una convivencia cívica de calidad como la empatía.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Dentro de este ámbito de estudio, son muchos los investigadores que en sus trabajos han constatado el vínculo existente entre la conducta prosocial y la empatía a la competencia social, por lo que se está dando un incipiente interés en el estudio de campo. Es muy significativo como se ha comprobado empíricamente la manera en que estos tres constructos contribuyen al ajuste social de la persona y al funcionamiento académico (Lacunza, 2012).

Para abordar este campo de estudio adecuadamente es imprescindible considerar las relaciones de los tres constructos y en qué sentido se producen. Como conclusión, se hace especial mención a algunos estudios que han corroborado empíricamente la relación que existe entre el comportamiento prosocial y la empatía con el funcionamiento social positivo del individuo (Spinard y Eisenberg, 2009).

Las diversas investigaciones han constatado el estrecho vínculo que existe entre la conducta prosocial y la competencia social. Esto se produce debido al efecto tan positivo que la conducta prosocial ejerce en la valoración de los demás y de uno mismo, lo que conlleva a que la persona vuelva a actuar de manera prosocial, porque lo motiva.

Es más se podría decir que esta relación es tan importante porque si se incrementa cualquiera de los otros componentes del desarrollo social también se incrementan y de igual manera ocurre con el aumento de la competencia social.

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Aunque dentro desde la psicología se han estudiado las relaciones aquí descritas en diversos trabajos, si se lleva a cabo una revisión de la literatura reciente sobre el tema en las últimas décadas o en años recientes, son escasas las investigaciones empíricas que contemplan la interrelación de estos tres constructos. Se pueden destacar las aportaciones de Juntilla et al., (2006) recogidas por Gilar et al., (2008) “plantea una

media de la competencia social en niños en la que la empatía se establece como una subdimensión de la conducta prosocial en la competencia social”. Por lo que es un campo

de estudio relativamente nuevo, aunque abre varias posibilidades interesantes para su estudio en el ámbito de lo psicológico y educativo.

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SEGUNDA PARTE

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CAPÍTULO V

INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN DE LA COMPETENCIA SOCIAL,

LA CONDUCTA PROSOCIAL Y LA EMPATÍA

INTRODUCCIÓN

Desde el ámbito de la psicología, la aplicación de pruebas y test han hecho posible la medición de lo psicológico. Son además una herramienta muy útil para medir atributos no observables como rasgos de personalidad, destrezas, etc. Lo habitual dentro de este ámbito es evaluar a la persona a partir de las respuestas que se da a unos ítems de manera individual, evaluando por tanto estos rasgos no visibles a través de su conducta verbal.

Desde este capítulo se van a proponer diversas pruebas de evaluación que miden tanto la competencia social, como la empatía y la conducta prosocial de una persona. Los instrumentos que más se han utilizado han sido los cuestionarios, aunque es complicado encontrar instrumentos estandarizados aplicados a los objetivos de investigación/intervención. El pase de este tipo de pruebas permite al psicólogo llevar a cabo una cuantificación de las características humanas, realizando unos procesos de evaluación objetivos.

Esto hace necesario un conocimiento teórico de los instrumentos por parte del investigador, para que los resultados que se obtengan de dichos instrumentos proporcionen los datos necesarios para establecer resultados y valoraciones tratando de satisfacer ciertas demandas sociales.

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Existe un claro vacío en cuanto a la posibilidad de contar con procedimientos estandarizados que sean satisfactorios en cuanto a que contemplen una propuesta de intervención a partir de los resultados obtenidos. Esto se hace patente tanto a la hora de valorar las competencias de un individuo identificando sus áreas problemáticas y habilidades susceptibles de entrenamiento, como a la hora de evaluar los efectos terapéuticos de determinado programa de intervención específica Martí-Vilar y Lorente Escriche (2010a). Entre los diversos procedimientos que se pueden emplear con esta finalidad, se puede destacar que las modalidades de evaluación que han recibido una mayor atención y desarrollo en este sentido son los cuestionarios y tests situacionales (González Portal, 1992).

5.1. EVALUACIÓN DE LA COMPETENCIA SOCIAL A TRAVÉS DE CUESTIONARIOS