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Elevar la frecuencia de vibración

In document DESEAR CON EXITO.pdf (página 43-46)

Eso es como cambiar una emisora en la radio. Giramos un poco en nuestra propia frecuencia, con la que dejamos entrar cosas.

¿Pero cómo hacemos eso?

Podemos, por ejemplo, elevar nuestra vibración, al pensar en cosas hermosas o al entonar nombres sagrados. Ya el hecho de cantar la palabra sagrada OM o la repetición de frases positivas de afirmación, eleva nuestra vibración mental en áreas que hasta el momento no conocíamos, y con eso deja entrar en nuestra vida cosas que en el plano del mundo físico externo son aparentemente inalcanzables.

Los pensamientos positivos tienen también una vibración más alta que los negativos.

Enviar deseos positivos es en todo caso igualmente un giro en la emisora. Se llega a estar más despierto para las cosas que hasta el momento no existían en nuestra vida, pero que igualmente revolotean ahí “afuera” ofreciéndose.

Mientras uno no se haya metido en la frecuencia deseada, no las puede percibir. No las puede ni oír ni tocar. Si uno quiere desear con éxito, tiene que meterse en lo nuevo, de lo contrario no lo puede percibir.

El hecho es que cuando retenemos algo por un tiempo suficientemente largo en nuestra consciencia, eso es forzado a materializarse en el mundo exterior. Pero desgraciadamente nuestra consciencia no es la única instancia que envía energía regularmente. Tenemos una parte mucho más insistente en nosotros, que igualmente pronuncia deseos permanentemente.

Y por eso nos ocuparemos ahora de la siguiente pregunta: ¿Qué es exactamente lo que uno retiene constante y repetidamente en su subconsciente?

¿Con qué filtra uno inconscientemente sus deseos? ¿Existe un boicoteador interno?

Creencias

Cuando los deseos no se cumplen, casi siempre existe un segundo deseo que es más fuerte que el primero. Ese segundo deseo, con seguridad trabaja entonces contra el primero. Y por cierto en forma más permanente y con una convicción esencialmente mayor.

¿Qué ocurre entonces la mayoría de las veces que deseamos algo? Si uno observa con más exactitud su procedimiento para desear, se da cuenta que se dedica a su deseo tal vez diez minutos al día. Uno lo refuerza, tal vez también se lo imagina, lo visualiza y pasa entonces nuevamente a la vida cotidiana.

Pero las 23 horas y 50 minutos restantes uno cree que eso de todos modos no funciona, que todo es una tontería y que en realidad a uno de todas maneras no le corresponde el cumplimiento del deseo. Uno es un perdedor. La suerte la tienen siempre los demás.

¿Cuál deseo tiene tal vez más fuerza? ¿Cuál deseo es tal vez más perdurable y poderoso?

A menudo los pensamientos en la consciencia y las convicciones en el subconsciente son muy diferentes o incluso opuestos. Incluso cuando el deseo se hace perceptible, no sabemos que hacer con el regalo, la oportunidad pasa sin ser aprovechada.

Entonces ocurre que uno desea algo intensamente, pero interiormente no está en absoluto dispuesto a aceptarlo. El anhelo va en una determinada dirección, pero en verdad no somos en absoluto capaces de desempeñar realmente el nuevo papel.

En todo caso, a mí me ha ocurrido así. Años de adelanto a mi desarrollo

Ya hace 20 años yo tenía el profundo deseo de escribir. ¿Pero qué? ¿A quién le interesaría lo que yo tenía que comunicar? Yo no sabía exactamente sobre qué debía escribir y tampoco para quién. Pero tenía el deseo. Claro y rotundo. Quería que apareciera un libro mío. Pronunciaba el deseo, agradecía y confiaba.

Algunas semanas después yo estaba tarde en la noche en el bar de una discoteca en Berlín. Inesperadamente un hombre se dio vuelta hacia mí y me habló. “Usted escribirá. Y para mí”. Yo no entendía lo que quería ese hombre de mí y sólo me reí simplemente. Pero él permaneció completamente imperturbable. “Escribirá algo que solamente usted puede escribir. Y yo lo editaré”.

Me pasó su tarjeta. Era efectivamente editor. Y de una de las casas editoras más grandes. “Usted ni siquiera sabe si yo puedo escribir”, contesté. “O si quiero escribir siquiera”.

¿Le habría hablado de lo contrario?, me preguntó sonriendo. “Usted escribirá algo, y por cierto algo que irá muy profundo. Cuando ya esté listo, llámeme por teléfono”.

Yo estaba conmocionado. Mi deseo se había cumplido. Sin haber escrito ni una línea, ya tenía un editor.

Pero yo todavía no estaba en absoluto preparado para eso. De puro miedo de no poder ser capaz, naturalmente no lo llamaba por teléfono. No escribía ni una sola línea.

En vez de eso tenía enormes conflictos con mi pareja. Ella estalló en lágrimas porque yo por fin había encontrado mi destino y ella no. Por muchas semanas me acosó con su envidia y sus celos y yo caí en mi sensación de inferioridad. No se podía esperar que yo fuera capaz de escribir.

El cumplimiento de mi deseo solamente me había traído disgustos. En vez de aprovechar la oportunidad, me escondía ahí donde tenía éxito: en el escenario y decía los textos de otros autores. Al mismo tiempo tenía la deprimente sensación de no haber aprovechado la oportunidad en el momento preciso. Me sentía como un fracasado.

Y todo solamente porque había deseado algo que todavía ni siquiera podía efectuar.

Mi deseo se había cumplido, pero yo no podía aprovechar la oportunidad, porque profundamente en mi interior había convicciones totalmente diferentes. “No puedo escribir. Eso no le interesa a nadie. Solamente hago el ridículo. Soy un fanfarrón. Soy un charlatán. Si realmente me muestro, todos podrán ver que no soy capaz de nada”.

El mundo se origina por medio de la fuerza del pensamiento. Una y otra vez de nuevo. Cada día y cada noche.

Nosotros llegamos a ser lo que pensamos.

Sólo tenemos entonces que examinar lo que pensamos. ¿Cuáles programas mentales transcurren realmente, para que nuestra vida se forme como la estamos experimentando? No siempre es realmente simple detectar todos los programas propios. Muchos transcurren en forma completamente inconsciente.

¿Qué tipo de programas son esos? La forma más fácil de reconocerlos es en nuestras actitudes y opiniones hacia la vida. Los programas más fuertes trabajan a través de nuestras creencias. ¿Cuáles patrones de creencia tenemos?

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