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Entregas rápidas

In document DESEAR CON EXITO.pdf (página 71-74)

Cuando quiero que se me entregue algo en forma especialmente rápida, hago el pedido a través de preguntas. “¿Dónde encuentro lo deseado?” o “¿Cómo obtengo de la manera más rápida…?” Es decir, le encargo totalmente consciente a la energía enviada que se presente ante mi intuición.

Y después me relajo y pongo atención a las más leves señales. A veces la respuesta es una frase que un vecino dice en el restaurant, o los titulares de un diario o la letra de una canción en la radio.

Hace muchos años, cuando todavía no estaba tan familiarizado con mi intuición, todavía tenía algunas dificultades para reconocer las señales. Muchas veces tampoco sabía si yo mismo trataba de convencerme de algo o si empujaba conscientemente a mi razón en una dirección.

Todavía me acuerdo muy bien del tiempo en que a pesar de mi éxito profesional me sentía cada vez más solo y vacío. En ese tiempo mi profundo deseo era solamente comprender cuál era el sentido de mi vida.

Todavía recuerdo cuando estaba sentado en el café en Schwabing y pensaba sin parar en voz alta. ¿Qué significa en realidad toda esta porquería? ¿Dónde está el sentido en lo que hago? Yo estaba realmente enojado. “Estoy dispuesto para respuestas, pero éstas deben venir ahora mismo”.

Entonces descubrí sobre mi mesa una antigua boleta arrugada, a la que no le dí ninguna importancia. Cuando había pagado y me iba del café, el mozo me siguió y me dijo que se me había quedado algo. Era la boleta arrugada. Era de una librería de ahí cerca. Pero yo seguía sin interesarme realmente por ésta. (Como ya dije, todavía no era entendido en reconocimiento de señales).

Poco después me detuvo un transeúnte y me preguntó por una calle que yo no conocía. No había andado dos pasos y me acordé que esa era la calle de la librería de la boleta. Entonces, al darme curiosidad (por fin) pasé por ahí. Era una extraña tienda. Con platillos sonoros en la vitrina y al entrar uno se encontraba con vapores de humo que salían de un incinerador. Era una de las primeras librerías esotéricas en München. Hasta ese momento yo ni siquiera sabía que existía algo así. Después llegó a ser mi librería habitual.

Inseguro pasé a lo largo de los estantes de la librería. Allí había nombres de autores de los cuales yo no había escuchado jamás. No tenía idea cuál libro debía comprar, ni sabía siquiera por qué estaba en esa tienda. Entonces se dio vuelta una mujer, con el pelo bien corto y con unos pantalones de algodón casi ridículos, y me dijo: “Tiene que leer este libro, es fabuloso”. Con una sutil sonrisa indicó un libro que había en un estante. Más por cortesía que por interés, lo compré. Ese libro ha cambiado radicalmente mi vida. Era “El manual de la consciencia superior” de Ken Keyes.

Tenía todas las respuestas a mis preguntas. Por medio de ese libro comprendí de repente el sentido de lo que hago.

¿Pero había sido eso realmente algo así como desear con éxito y me había guiado esa tarde realmente un orden superior hacia ese libro?

Nosotros sabemos justamente cómo trabaja la razón. Duda y afirma incesantemente que todo ha sido solamente una secuencia de casualidades.

Por lo tanto, poco después quise saber eso nuevamente. Yo estaba buscando otro libro más, que por lo menos produjera un efecto igual de intenso sobre mi vida.

Esta vez fui esencialmente más directo y audaz con la formulación de mi deseo. Quería tener el libro en mis manos el mismo día y esperaba que solamente se me comunicara el título.

Además, en esta ocasión no quería facilitarle tanto las cosas al destino. Yo no quería salir de la casa. Tampoco sentía en absoluto el impulso por salir.

Una hora más tarde me llamó mi agente. Ella quería saber si yo por fin había leído el guión del nuevo “Lugar del suceso”. Naturalmente no, ni siquiera lo había recibido. Ella estaba horrorizada. Yo tendría que haber leído el guión ya hace tiempo. Ese sería el papel de mi vida. Tenía que ponerme de inmediato en camino y pasarlo a buscar donde ella.

En el camino de regreso a casa se me ocurrió nuevamente mi deseo. Con todo el alboroto lo había olvidado por completo. Pero según las apariencias, el universo también me había olvidado a mí. ¿Dónde estaba entonces mi libro?

Esa tarde fui también a pasear a la calle Leopoldo. Naturalmente estaba despierto y atento: Tal vez alguien me dé nuevamente información. O pesco al vuelo una frase que contiene el título del libro.

Pero no ocurrió nada semejante. Me senté en un banco y leí mi guión. Entonces vi a un muchacho. Estaba parado frente a una tienda llorando y no podía abrir la puerta. Yo le ayudé. Era una librería, no, no esotérica, pero a menos de tres pasos al lado de la caja me dio un pequeño sobresalto. Allí me miraba fijamente un libro cuyo título era “Guión para la maestría en la vida”. Un libro que me acompañaría durante todo un año. Era como si Ron Smothermon hubiera escrito ese libro exclusivamente para mí.

¿No había dicho mi agente que yo debía leer el guión, que sería el papel de mi vida? Siempre se entrega. Si no tenemos suficiente buen oído, se nos seguirá con el “paquete” todo el tiempo que sea necesario hasta que ya no podamos evitarlo. Pero si queremos recibir la entrega lo más rápidamente posible, hay que estar atento.

Regla 7

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