Su nombre es una democracia
2. ELOGIO DE LA DEMOCRACIA, REPRESENTACIONES ARISTOCRÁTICAS
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se define la riqueza y la pobreza en términos de prestigio (46) o deshonor, sino como dos situaciones contingentes, subordinadas ambas al deber de actuar en y por la ciudad; de ese modo, después de afirmar que una misma persona puede ocuparse de sus asuntos y a la vez de los asuntos del Estado (47), Pericles termina por asimilar el rechazo de participar en la vida pública a una especie de parasitis mo político. En estos tres puntos, íntimamente vinculados entre sí, reconocemos sin ningún esfuerzo tres rasgos esenciales de la democracia: la práctica de las liturgias, la revalorización ateniense del trabajo -cuyos límites (48) no deben disfrazar su profunda originalidad- y sobre todo ese imperativo categórico que es la participación de todos en los asuntos de la ciudad (49).
Apegándose más a la
epitédeusis
de Atenas que a lapoliteia
propiamente dicha, Pericles no expone ciertamente de un modo exhaustivo la constitución democrática. Apenas pueden detectarse en su discurso algunas fórmulas muy generales de suepitáphios
o entrever algunas lejanas alusiones a la Ekldesía o a la Heliea, y no es seguro que el orador no evoque alguna vez -aunque más no fuere de modo indirecto- laBoulé
[asamblea o consejo] clisténica de los Quinientos (50), órgano esencial de la democracia35 (51); sin embargo, ese silencio no cons tituye una anomalía, porque el elogio se refiere ante todo alespíritu
del régimen. Pero hay silencios más perturbadores, afirmaciones que emiten un sonido me nos democrático; y en primer lugar, los propios términos con los que Pericles define la democracia:36 además de quepleíones
(la mayoría) podría parecer más preciso y a la vez más limitado quepolloí
(muchos)37 y con mayor razón todavía quepántes
(todos),38 la expresiónoikeín es
merece reflexión. G. Vlastos observa con pertinencia que sería erróneo traducirla, como lo hacen la mayoría de los editores y de los comentaristas, en términos de una pura y simple designación del gobiernodel
pueblo (52). Es cierto que la vaguedad de la formulación facilita el desliz hacia ese sentido y hasta incita a ello; pero no es eso lo designado por esa expresión, que se refiere en realidad al gobiernopara
el pueblo, y eldemos
aparece allí como un beneficiario del régimen más que como pueblo soberano.3935 Aristóteles, Política, v i, 1317 b 30; véase igualmente iv, 1299 b 32 y 38.
36 Tucídides, 11,3 7 ,1: “ Y su nombre, com o las cosas dependen (oíkein es) no de una m inoría
(olígoi) sino de la m ayoría (pleíones), es una dem ocracia”.
37 Lisias, 56: en las ciudades aliadas, los atenienses no querían “ avasallar a muchos (polloí) con unos pocos (olígoi)” ; véase Heródoto, n i, 80 (“es en los muchos donde reside todo” ). 38 Lisias, 18: (la dem ocracia como “ libertad de todos” ). Véase Tucídides, v i, 3 9 ,1 (discurso de
Atenágoras, jefe de los demócratas siracusanos): “ Yo digo que la palabra pueblo designa un todo completo y el término oligarquía, sólo una parte”.
39 La com paración con Eurípides en Las suplicantes, 406, es instructiva (“el pueblo es soberano” ), cuya form ulación no encierra ninguna ambigüedad. Véase asimismo la definición exacta dada por Aristóteles, Política, v, 1310 a 28-29 (dos criterios de la
Sería vano pretender que se trata de una inadvertencia o de una mera búsqueda estilística de Tucídides: “La idea de que las masas participan realmente en la ac tividad del gobierno, como bien lo vio Vlastos, está suprimida a lo largo de todo el discurso” (53). La expresión es voluntariamente ambigua y no es quizá casual que el término
demokratía,
que designa el poder (krátos)
del pueblo, no ocupe en la frase la posición central (54).En ese procedimiento de desviación por el cual el discurso democrático se enun cia dentro de un contexto que lo modifica profundamente tocamos una caracte rística esencial del elogio de la democracia en este
epitáphios.
Encontramos todo allí, y sin embargo, si leemos el texto de cerca, el orador dice otra cosa que lo que parece afirmar. Examinemos algunos indicios de este fenómeno.Vimos que Pericles insistía en que era posible para el ciudadano ateniense abocarse paralelamente a la vida política y a sus asuntos privados (o sea, ejercer un oficio); en realidad, las cosas son más complicadas de lo que parece a primera vista. El orador desarrolla esta idea de dos maneras diferentes:40 sería ingenuo creer que se repite. De hecho, si prestamos atención a la distancia que separa la
epiméleia
(preocupación activa por la política, administración de los asuntos de la ciudad) de la simple decisión (gnónai
), si traducimosprós érga tetramménois
como “los trabajadores” (55), y si permanecemos atentos al matiz que implica el uso de una forma negativa comomé endeós,
entonces Pericles se pone a sostener otro discurso, que podríamos traducir así: “ Es posible a las mismas personas ocuparse de sus asuntos privados y a la vez de los públicos, como para los que trabajan entender lo suficiente de las cuestiones políticas” (56).Pero esta traducción, evasiva y al mismo tiempo poco clara, no da cuenta to davía de un modo total de un texto difícil y ambiguo, porque ignora las múltiples dificultades con las que han tropezado los eruditos, dificultades que los llevaron a echar un anatema sobre el término
hetérois
(“ los otros” ) (57); olvida, además, que ningún oradoroficial,
aun investido con el prestigio de Pericles, podría re conocer tan abiertamente la existencia de “dos clases” en Atenas. Para decirlo más sutilmente, Pericles sostiene sin duda dos discursos en uno solo; reconoce a todos la competencia política, pero no excluye que ésta sea de diferente índole en dos categorías de atenienses, o sea, aquellos que se ocupan, al mismo tiempo y con la misma vigilancia, de suoikos
y de la ciudad (58), y aquellos a quienes el ejercicio de un oficio no impide tomar decisiones en la asamblea, donde la mul-democracia: la soberanía de la m ayoría- t o pleíon kúrion- y la libertad) y v i, 1317 b 9-10. 40 Tucídides, 11, 40, 2: É n i te tots A rtois... kaí hetérois... [el pasaje com pleto dice:
“Arraigada está en ellos la preocupación de los asuntos privados y tam bién de los públicos; y estas gentes, dedicadas a otras actividades, entienden no m enos de los asuntos pú blicos”. (N . de la T.)].
S U N O M B R E . . . E S U N A D E M O C R A C I A I 189 tiplicidad de sus actividades se resuelve en una unidad
política.
Procediendo de ese modo, Pericles responde a las críticas de los oligarcas para quienes “un labra dor miserable, aun no siendo ignorante, es incapaz de poner sus ojos en el bien común, como demuestran los hechos”,41y su respuesta es específicamente demo crática; pero también constata una división de las tareas, que deja a los aristócra tas el acceso a los principales cargos de la ciudad. Sin embargo, el desarrollo es lo bastante sutil como para que el auditorio comprenda lo que desea comprender (59): “ El ejercicio de los diversos oficios no impide entender suficientemente las cuestiones políticas” -versión destinada al uso de los “ semiinstruidos”- , o en el otro caso: “los otros, los trabajadores de toda especie, pueden tomar decisiones correctas, a pesar de todo” -sentido más secreto, que sólo descifra la élite culta-. Se trata de un criterio democrático, de una formulación doble: en un solo párra fo, el orador habla a esos dos públicos que la democracia pretende tratar como un solo cuerpo cívico, unidad preservada por una bella ambigüedad en el texto delepitáphios
(60).Una desviación similar limita en el discurso la fúnción de la le7 Al afirmar que “a todo el mundo asiste, de acuerdo con nuestras le7es, la igualdad de dere chos en los conflictos privados”,42 Pericles admite esos dos criterios fundamen tales de la democracia que son las le7es 7 la igualdad. Pero, en realidad, relega la eficacia de los
nomoi
solamente a la esfera de las relaciones privadas, lo que priva de toda significación a la noción deisonomia,
que se vuelve así caduca e imposible de reconocer (61). De hecho, siempre del lado de acá o de allá del mundo político, las leyes no ocupan en elepitáphios
el lugar central que la vida ciudadana les asigna comúnmente, 7a que luego de limitar su intervención a la regulación de las transacciones privadas, el orador vuelve a disolver su especifi cidad integrándolas en un conjunto más vasto, el de losnómima,
o sea, venera bles costumbres ancestrales (62). A l distinguir dos clases de le7es, “de entre ellas sobre todo [a] las que están dadas en pro de los injustamente tratados, 7 [a] cuantas por ser le7es no escritas comportan una vergüenza reconocida”,43 Peri cles no menciona realmente las le7es escritas, base del régimen democrático:44 se comprenden como escritas de un modo implícito (63) por oposición a las le7es no escritas, laságraphoi nomoi.
A la inversa, la presencia de esaságraphoi nomoi
es por sí misma un fenómeno significativo. Se sabe hasta qué punto la tradición aristocrática griega desconfía de la escritura de las leyes (64); y cuando en el siglo41 Eurípides, Suplicantes, 420-422. 42 Tucídides, n , 37,1.
43 Ibid., 37,3.
44 Demóstenes, Contra Timócrates, 5 (las leyes - y las leyes escritas- como aporte esencial de la dem ocracia); 75-76 ( nomos opuesto a oligarkhía).
IV
a.C. algunos escritores atenienses exaltan las leyes no escritas,45 hay que ver en ello, alúdase o no a Esparta, un rasgo conservador.46 No deja de ser cierto, como lo observa E. Büchner (65), que Pericles no critica realmente la legislación escrita, presupuesta de manera implícita en su propio párrafo; Gorgias va mu cho más lejos que él cuando alaba a los muertos que prefirieron con frecuencia la corrección del razonamiento y la palabra y no la observancia rigurosa de los puntos de la ley,47 en virtud de esenomos
religioso y a la vez político48 que es la observancia delkairós
[medida, conveniencia]. Pero de cualquier modo, merece atención el que se presenten las leyes no escritas como una de las características esenciales de la democracia ateniense, sobre todo si ello implica, como algunos sostienen, una tendencia general de la oración fúnebre (66). Refiriéndose a las “leyes de Dracón”, los oradores del siglo i v a.C., cuando hablan en las tribunas o en la asamblea,49 presentan ese prim er código escrito como una de las glorias de Atenas (67). ¿La oración fúnebre sería resueltamente sorda, entonces, a los logros de la historia?Interrogaremos asimismo esa “reconocida vergüenza” (
aiskhuné homolo-
gouméne)
que sanciona la transgresión de las leyes no escritas. Quizás el uso de este término corresponde al deseo de agregar a “ la observancia de la regla por sí misma, [...] un sentimiento más íntimo y personal” (68), al modo comoaidós
[pudor] se agrega adiké
[justicia] en el mito deProtágoras.50
Laaiskhuné
de las leyes no escritas moderaría el rigor de las reglas escritas, así comoaidós
atenúa la rigidez dediké.
Peroaiskhuné
conlleva más de un matiz: hay en esta palabra una especie de eco de las sociedades arcaicas, donde “cada uno se siente bajo la mira da del otro” (69); en efecto, la “vergüenza”, como la noción deaidós
-c o n la cual presenta mucha afinidad (70)-, designa el peso de la opinión pública51 (71) y su evocación nos remite a la moral aristocrática más antigua (72). Así, se cierra con el términoaiskhuné
un párrafo abierto por el temor(déos)
y aunque el orador ponga mucho cuidado en separar los dos términos en una especie de quiasmo, el binomiodéos/aiskhuné
no deja de evocar en sordina el m uy antiguoaidós kaí
déos
52 -q u e rebrota pese a todo en el siglo v a.C. recuperando su actualidad en la tragedia (73) y que bajo la formaphóbos/sébas
[espanto/respeto] presidía en las45 Isócrates, Areopagítico, 41; Platón, República, 425 b 7-8 y d 6-8. 46 Véase Plutarco, Licurgo, 13,4.
47 d k [versión Diels-Kranz] 82 B 6, p. 285,11,7-8. 48 Ibid., π. 8-9: theiótatos kai koinótatos nomos.
49 Demóstenes, Contra Aristocrates, 51; Lisias, Contra Léptines, 158; Contra Timócrates, 221. 50 Platón, Protágoras, 322 c 2, c 4, d 1 y d 5.
51 Véase Lisias, 25 (en Maratón, los atenienses temieron más la vergüenza frente a sus propias leyes que los peligros exteriores).
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Euménides
el elogio del A reópago-.53 ¿A pesar de las sutiles precauciones del ora dor, el Areópago estaría más presente que laBoulé
en elepitáphios?
La pregunta es importante, aun cuando deba quedar abierta.Si volvemos ahora a la definición inicial de la constitución ateniense dada por Pericles, no nos sorprenderá que el orador recurra a la antítesis entre
kaleisthai
[recibir una denominación] ypephukénai
[estar naturalmente dispuesto] (74) para caracterizar la democracia como unnombre
que la realidad del régimen desborda ampliamente.54 Se puede pensar que esa definición revela que Pericles está a la defensiva (75); pero la palabrademokratía
no deja por ello de presentarse como una especie de concesión formal. J. de Romilly piensa que no debemos ver en este texto “oposiciones propiamente dichas [...], cada punto de vista rectifica y completa al anterior sugiriendo la armonía del régimen” (76). Pero, sin ir tan lejos como el escoliasta, para quien el orador afirma que Atenas, democracia sólo por su nombre, es de hecho una aristocracia, nos vemos obligados con todo a comprender esta frase como la oposición entre unónoma
[nombre] y suergon
[acción], aun cuando, como es costumbre invariable de Tucídides, la antítesis sólo se exprese a medias.El texto se leerá, entonces, como lo propone G. Vlastos en una excelente traducción que transcribimos:*
Por supuesto (
mén
), nuestra constitución, siendo un gobierno para el pue blo, se llama “democracia” ; pero(dé
adversativo, atenuando una vez más la asociación que podrían hacer los atenienses con esa palabra imponente), si 1) por un lado(mén,
concesivo y por ende sin oponerse ademokratía kékletai),
desde el punto de vista de las leyes somos iguales en los litigios, 2) por otro lado(dé,
fuertemente adversativo, constituyendo una real oposición conde
mokratía kékletai),
desde el punto de vista de los títulos, cada uno obtiene una preferencia según la estima de que goza, es decir, a causa a) menos de su clase b) que de su excelencia (77).Areté
soporta así todo el sentido de la frase. Una vez que laisonomía
queda re legada a la esfera de lo privado, elvalor
permanece como única medida de la vida política: akatá toús nómous
se oponekatá tén axiósin,
por donde se intro ducen emulación y afirmación de un mérito personal (78). Adoptando un len53 Esquilo, Euménides, 690-691, 697-698 y 700. 54 Tucídides, 11,3 7 ,1.
* Traducimos directamente desde el francés los dos párrafos de Vlastos que Loraux traduce
guaje platónico-aristotélico,55 diremos que a la igualdad aritmética, norma de las relaciones privadas, se opone una especie de igualdad geométrica, principio del acceso a los cargos (79). Si situamos la expresión
ap’aretésprotímatai
en el punto culminante del período, ¿el orador, como lo afirma Vlastos, quiere sugerir que la democracia ateniense es una “aristocracia del talento” ? (80). Habría que ma tizar esa fórmula. En efecto, utilizando el términoareté
, Pericles evita el término propio dearistokratía
(81), que designa de un modo demasiado explícito un ré gimen en el que Atenas no se reconocería (82). Intenta sin duda hacer reconocer el espíritu aristocrático de la democracia ateniense, que nunca dio “la espalda al ideal aristocrático, [preservando] siempre una zona de actividad pública donde la excelencia de la minoría podía darse libre curso” (83).Era legítimo, por lo tanto, delimitar esa “ zona de actividad pública” en que la
areté
cumple una función precisa; pero todo ocurre como si elepitáphios
redu jera el conjunto de la vida política ateniense a esa esfera privilegiada donde una elección distribuye los honores entre los hombres escogidos. Si hay que defender la democracia contra las críticas que ven en ella un régimen en que los “no- profesionales” hacen ley,56 en que “los pobres y el pueblo gozan de más ventajas que los nobles y los ricos”,57 entonces, para elogiarla ¿hace falta ocultar lo esencial de la práctica democrática? De hecho, el lector buscará en vano en elepitáphios
una mención de los puestos no electivos cuya atribución depende democrática mente del sorteo,58 servicio institucionalizado a su vez -n o lo olvidem os- por lamistoforía.
Más aun, ningún párrafo se refiere a ese ejercicio directo e igualitario de la ciudadanía que es la asistencia de laekklesía
ni tampoco a la vigilancia deldemos
soberano sobre sus magistrados, sometidos a un control sin indulgencia.59 Es cierto que Pericles no desdeña distinguir laareté
apreciada en Atenas de su homónimo oligárquico que se confunde con el linaje o la fortuna (84): “No es la pertenencia a una categoría, sino el mérito lo que hace acceder a ellos; a la inversa, la pobreza no tiene como efecto que un hombre, siendo capaz de rendir servicio al Estado, se vea impedido de hacerlo por la oscuridad de su condición” 60 (85). En su rechazo de los criterios sociales que fundan losregímenes
oligárquicos, la55 Aristóteles, Político, v i, 1317 b 3-4 (igualdad conform e al número, igualdad conform e al mérito).
56 Platón, Protágoras, 319 b-d; Jenofonte, Memorables, 1 , 2 , 9; Dissois Logoi, d k, 90,7. 57 [Jenofonte], La república de los atenienses, 1,2 .
58 El sorteo, en cambio, ocupa un lugar central en Heródoto (ni, 80: discurso de Otanes) y está implícito en Heraclidas de Eurípides (36; véase la nota de la versión anotada por el editor Méridier, c.u.f.).
59 Heródoto (ibid.), en cambio, otorga un lugar importante a esos dos elementos, enumerados después de mencionar el sorteo.
democracia se vuelve de ese modo el refugio del puro
principio
aristocrático (86). Pero las precisiones que dan los oradores son claras sólo en apariencia.De este modo, la fórmula
ouk apó mérous to pleión... é ap’aretés
[no es la per tenencia a una categoría... sino al mérito] ha dejado perplejo a más de un co mentarista. Algunos, que no admiten - o no explican- la ausencia del sorteo y la rotación de los puestos,61 creyeron adivinar enapó mérous
una alusión a esos cri terios democráticos que no se encuentran por ningún lado (87). Pero son inten tos desesperados e irreales, que pecan por desconocimiento de la estrategia del discurso. ¿Acaso un orador oficial cometería la torpeza de negar frontalmente, frente al pueblo reunido, las bases mismas de la democracia (88)? En realidad, ni elepitáphios
ni ningún otro discurso conocido se preocupa por el sorteo ni por la rotación de los cargos; pero, como bien observaron J. de Romilly y G. Vlastos, el empleo deméros,
que designa por lo común a una fracción de la sociedad,62 apunta en este contexto a la pertenencia a una categoría o clase, y es con delibe rada intención que Pericles no usa un término más preciso comoploútos
ogénos
(89) porque de ese modo la imprecisión de la fórmula permite que todas las categorías sociales se reconozcan en ella.Pero existe otra ambigüedad mucho más grave en esta fórmula que pocos in térpretes han observado (90). Hubiera sido útil, en efecto, subrayar de qué modo el orador niega la importancia de los criterios sociales en el reclutamiento de los magistrados a la vez que los hace acceder a sus cargos de un modo subrepticio. En efecto,
ou.
..tó pléon.
..é.
.. no es el equivalente exacto deouk.
..allá.
.. y al afirmar que la selección se hace menos en función de la pertenencia a una cate goría que en función del mérito, Pericles reconoce implícitamente que el lugar ocupado por cada uno en la jerarquía de las clases establecidas en el censo de Solón no es indiferente (91). ¡Entiéndalo quien pueda!Por último, cuando Pericles afirma que la pobreza no es un déficit, parece apuntar simultáneamente a dos objetivos contradictorios: enunciar un principio igualitario y reconocer implícitamente la existencia de una jerarquía de prestigio dentro de la ciudad. No se puede negar que la igualdad democrática distingue entre