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Emancipación juvenil y origen social: una mirada a partir del nivel de

In document JÓVENES, EDUCACIÓN Y TRABAJO (página 33-35)

4.2. Edad, género y origen social como determinantes de las trayectorias de

4.2.3. Emancipación juvenil y origen social: una mirada a partir del nivel de

Una forma de analizar el origen social, complementaria de la anterior, es a través del nivel de ingresos. Este se encuentra por lo general asociado a los activos educativos de la familia, aunque su consideración permite otras perspectivas en el análisis de la equidad y los circuitos de reproducción económica y social. En el cuadro Nro. 4 se resume la correspondiente información la que presenta, como era de esperar, varios rasgos comunes con el cuadro Nro. 3.

En este sentido, puede decirse que el nivel de ingreso del hogar condiciona en forma marcada la inserción de los jóvenes –hombres y mujeres- en los ámbitos públicos en estudio. De acuerdo a dicho cuadro –y para el total de los jóvenes de 14 a 29 años- se encuentra que la tasa de actividad entre los jóvenes del primer quintil alcanza al 58%, en tanto en los restantes quintiles se sitúa entre el 62 y el 65%.

Pero además, la distribución es bien diferente de acuerdo a las dos posibles situaciones que brinda la clasificación, es decir según que el joven se encuentre o no inserto aún en el sistema educativo. Al hacerlo, se observa que entre los jóvenes del primer quintil,

Comisión de transformación de la educación media superior en Uruguay

el 7% reúne ambas características, actividad económica y asistencia al sistema educativo, mientras que el 51% es activo económicamente, pero ha abandonado los estudios.

Si tomamos en cuenta la situación de los jóvenes que se encuentran en el otro extremo de la distribución de ingresos –es decir en el quinto quintil-, la situación es bastante diferente: del 64% de jóvenes en actividad se distribuye entre un 22% que son además estudiantes, al tiempo que el restante 42% no estudia. Esto hace que entre los jóvenes activos del primer quintil, la relación de los que no estudian contra quienes sí lo hacen sea del orden de 7,5 a 1. Esta misma relación se reduce a 2 a 1 entre los jóvenes de los hogares en mejor situación económica.

Por su parte, es posible también observar aquí las diferencias en las formas de afiliación institucional asociadas al género y origen social del joven. En este sentido, la actividad económica de los varones de los hogares del primer quintil de ingresos, alcanza al 71%, bastante por encima del 45% que se observa entre las mujeres. Entretanto, en el otro extremos de la distribución del ingreso, las tasas de actividad son más cercanas, alcanzando al 68% de los varones contra el 61% de las mujeres.

La permanencia en el sistema educativo es un fenómeno donde la influencia del nivel de ingreso del hogar resulta decisiva. Para ello, basta comprobar que la proporción de jóvenes que estudian es prácticamente el doble entre los provenientes del quinto quintil comparada con la que se da en el primero: casi 55% contra un 28% respectivamente. Las diferencias de género van en el mismo sentido de lo que acontece con la actividad económica y se reducen a ingresos mayores: la proporción de varones del primer quintil que aún estudian es del 24%, contra el 32% entre las mujeres, mientras que en el quinto quintil los porcentajes son del 51% y 59% respectivamente.

La condición de desafiliado institucional parece ser entonces el resumen más acabado de la influencia conjunta de género y origen social. Así, las mayores tasas se dan entre las mujeres de los primeros dos quintiles de ingresos, siendo particularmente fuerte en el primero de ellos (alcanzando al 31%). Como se recordará, esto es resultado de una forma diferenciada de asumir los roles adultos, característica de este grupo, y que se transcurre a través de los ámbitos privados de socialización, especialmente mediante los institutos de formación de pareja y la paternidad.23

En definitiva, del análisis de dos indicadores del origen social –nivel de ingreso y capital educativo- se desprende la misma conclusión: existen diferencias notables en la forma de inserción de los jóvenes en el mercado laboral y en el sistema educativo, afectando en forma negativa la acumulación de activos educativos en los jóvenes de más bajo origen social.

En un mercado laboral que premia apreciablemente este tipo de activos, esta situación significará para este colectivo una menor probabilidad de acceso a puestos de trabajo bien remunerados, realimentando los circuitos de transmisión de desigualdades al interior de la sociedad.

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23 Ver ANEP/MESyFOD (2001), “Un análisis acerca de los jóvenes que no trabajan ni estudian”,

Cuadro Nro. 4. Jóvenes por Nivel de ingreso del hogar según Género e Inserción en el mercado laboral y el sistema educativo. En localidades de 5.000 y más habitantes, 1999. En Porcentajes.

QUINTILES DE INGRESO

PER CÁPITA DEL HOGAR

Total Primero Segundo Tercero Cuarto Quinto

Total [14 – 29] 592.757 196.167 142.208 103.748 86.368 64.266

No estudian y trabajan o buscan

trabajo 49% 51% 51% 50% 45% 42%

No estudian, no trabajan ni buscan

trabajo 12% 21% 11% 7% 4% 3%

Estudian, no trabajan ni buscan

trabajo 26% 22% 27% 27% 29% 33%

Estudian y trabajan o buscan trabajo 13% 7% 12% 16% 21% 22%

Hombres 298.585 92.828 72.939 54.040 45.364 33.414

No estudian y trabajan o buscan

trabajo 59% 65% 61% 59% 50% 47%

No estudian, no trabajan ni buscan

trabajo 6% 10% 5% 4% 3% 2%

Estudian, no trabajan ni buscan

trabajo 23% 18% 23% 22% 28% 30%

Estudian y trabajan o buscan trabajo 13% 6% 11% 14% 19% 21%

Mujeres 294.172 103.339 69.269 49.708 41.004 30.852

No estudian y trabajan o buscan

trabajo 39% 38% 40% 40% 39% 37%

No estudian, no trabajan ni buscan

trabajo 18% 31% 17% 11% 6% 4%

Estudian, no trabajan ni buscan

trabajo 29% 25% 31% 31% 31% 35%

Estudian y trabajan o buscan trabajo 14% 7% 13% 18% 24% 24%

Fuente: Unidad Ejecutora de los Programas de Educación Media y Formación Docente, sobre la base de la Encuesta Continua de Hogares del INE.

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