A pesar de las críticas que de la parte hispana se harán al Rey Cristianísimo como impío por negociar y aliarse con los turcos, lo cierto es que los contactos de Carlos I con el Imperio Otomano se inician en 1518, cuando se manda a García de Lloysa al encuentro de Selim I a Adrianópolis o Edirne, donde se acuerda el libre paso de peregrinos a Jerusalén y la inmunidad de los súbditos de ambos soberanos en su paso y circulación por los territorios “enemigos”50.
Con Solimán y sus amplias conquistas europeas, y especialmente las de los territorios húngaros, comenzarán los problemas para Carlos V y su hermano, el Rey de Romanos, Fernando. Como Rey de Hungría y Bohemia desde 1526, Fernando de Habsburgo tuvo que convivir con la parte sometida al dominio turco bajo el Vaivoda de Transilvania Juan Zápolya, colocado en el trono como tributario. En 1532 envió a Jerónimo de Zara y su hijo Vespasiano a Estambul a negociar, y los turcos mandaron con ellos de vuelta un embajador a Viena, Mehmed. Entonces se pide apoyo a Carlos V, que manda, acompañando a Zara, a Cornelio Duplicio Schepper.
En todo caso, hay que tener en cuenta los modos de negociación de Carlos V con los turcos, muy distintos a los franceses: los enviados del emperador se presentan siempre como enviados de su hermano Fernando, y por tanto ni directamente del Imperio ni indirectamente de los reinos hispanos, y siempre se pide una paz para toda la Cristiandad, una paz “cristiana”.
De hecho, Schepper se presenta al Primer Visir, Pargali Ibrahim Paşa, en nombre de Fernando, a pesar de llevar cartas de Carlos V, que el ministro turco besa y se lleva a la frente en señal de respeto. No obstante, el mismo Ibrahim reprocha a Schepper:
Esta carta no es una carta de un monarca prudente y moderado. Carlos V utiliza unos títulos en ella que no son suyos ¿Cómo se atreve a nombrarse rey de Jerusalén? [...] ¿Quiere robar al padisah este país? ¿O escribiendo así quiere demostrar que le humilla? Se ha oído decir que los monarcas cristianos visitan Jerusalén disfrazados de mendigos ¿Piensa Carlos que se puede hacer rey de Jerusalén vestido de mendigo? Mira, aquí se titula a sí mismo “duque de Atenas” cuando en realidad esto es un pequeño sancak que ahora nos pertenece a nosotros. De forma distinta mi señor no necesita robar títulos, porque mi señor tiene muchos títulos que le pertenecen51.
50 Miguel Ángel Ochoa Brun, Historia de la diplomacia española. Volumen V. La diplomacia de Carlos V (Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, 1999).
51 Özlem Kumrular, Carlos V y Solimán el Magnífico: dos soberanos en lucha por un poder universal (Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001).
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Continúa el Visir otomano, esta vez dirigiéndose a Zara:
Al Emperador Carlos debería darle vergüenza escribir una carta de tal naturaleza. Sin embargo, la carta que el rey de Francia nos escribió durante la campaña de Hungría la firmó sólo como «rey de Francia». Era muy distinta a ésta y era verdaderamente real. Por eso, el gran padisah en su carta de respuesta no le consignó sus títulos y le escribió como si se dirigiera a un querido hermano suyo, a fin de realzar el honor del rey de Francia. Igualmente, Barbarroja recibió instrucciones para respetar al rey de Francia como al Gran Padisah. Carlos también puede convertirse en un gran emperador con tal de que firme la paz con nosotros. Si lo hace así, le presentaremos con aquellos títulos ante los reyes de Francia e Inglaterra, ante el Papa y ante los protestantes52.
Al margen de las consideraciones para la diplomacia del periodo, lo que intentaban los otomanos, por su parte, y estas palabras son una prueba de ello, es lo contrario de lo que procuraba el emperador: hacer una paz con Carlos V y no con su hermano y negociar siempre por separado con los monarcas cristianos, para sacar así más ventaja de los tratos, tanto en la hilat a los ministros turcos como en reputación. Igual que Carlos V y Felipe II tratarán de no firmar una paz oficial con la Puerta para no perder su papel de paladines de la Cristiandad, el honor turco hará que los sultanes y visires busquen lo contrario, que la firmen para poder presentarse como el gran imperio al que todos temen y ante el que todos se humillan a pedir la paz.
Es por eso que ahora Carlos V, igual que hará después Felipe II con el Imperio, trata de cubrirse bajo la figura de su hermano para negociar con la Puerta, y es por eso que en ésta se le niegan estos tratos, y que Pargali Ibrahim Paşa le promete todos los títulos que le reprocha atribuirse si firma la paz con ellos.
«Carlos también puede convertirse en un gran emperador con tal de que firme la paz con nosotros», dice éste, en una frase lúcida y paradójica que encierra gran belleza. Carlos, como sabemos y a diferencia del Rey Cristianísimo, sí era emperador. Pero la verdad de la frase está en la explicación de porqué otorgan el título de padişah al francés y no al verdadero emperador, y no es otra que porque tienen tratos de paz con ellos. Si Carlos negociara más abiertamente con ellos, y, por supuesto, no atacara las posiciones turcas como ocurrirá con Corón por las mismas fechas de 1532, con Túnez en 1535, con Castelnuovo en 1538 o con Argel en 1541, si se “humillara” a pedirles la paz, como hizo Francisco I, sería un verdadero padişah, un verdadero emperador. Ahí está la razón de la discusión a que antes aludimos de Margliani y Hurrem Bey, donde el milanés no entiende porqué se niegan a denominar a Felipe II como tal.
52 Özlem Kumrular, Carlos V y Solimán el Magnífico: dos soberanos en lucha por un poder universal (Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001).
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Pargali Ibrahim Paşa concluirá las conversaciones negándose a devolver la carta de Carlos V y pidiendo un embajador de éste si es que deseaba un tratado de paz53.
Curiosamente, tiempo después, cuando Margliani llegue a Estambul en diciembre de 1577, el Primer Visir de entonces, el longevo Mehmed Sokollu Paşa, le dirá «che l’Imperator Carlo V, di gloriosa memoria, non haveva ricusato di mandar imbasatore»54. El padre de Felipe II no sólo había recuperado su título de emperador, sino que además había enviado embajadores formales al Gran Turco. Algo parecido ocurrirá cuando el propio Margliani abandone Estambul en 1581, a partir de cuando la estimación hacia éste y su consideración como legado oficial crecerán respecto a su estadía en la capital otomana.
Pero los intentos más evidentes de paz con los turcos de Carlos V se dan tras la paz de Crépy de 1544 con los franceses, intentos de los más claros precedentes de las treguas firmadas por Giovanni Margliani, aunque más referidos a los territorios imperiales. El emperador decide mandar entonces a Gerard Veltwyk junto con Niccolò Secco, enviado del Rey de Romanos, embajada conjunta comparada con la posterior de Giovanni Maria Malvezzi por María José Rodríguez Salgado55.
La paz entre Solimán y Fernando se firmará el 10 de noviembre de 1545, siendo ratificada por el Tratado de Estambul suscrito por el emperador y el Sultán entre agosto y octubre del 1547. El último conservaba sus territorios húngaros, mientras que Fernando era reconocido por los turcos como un equivalente de Gran Visir y tenía que pagar un tributo de 30000 ducados anuales a aquél. Carlos V firmaba como “Emperador
53 Después veremos cómo Margliani, que tenía órdenes de ello, se niega a entregar la carta que Felipe II había mandado para el Sultán Murad hasta que esté firmada y revisada la Capitulación que se habría de establecer entre ambos. Una de las razones de este comportamiento era que los turcos no aprovecharan la oficialidad que daba la carta del soberano a los tratos para cambiar la Capitulación incluyendo algún artículo o palabra que pudiera resultar deshonroso a los hispanos.
Sin embargo, podría ser que también este comportamiento del anterior visir influyera en las instrucciones y el comportamiento de Margliani, pues, de alguna forma, el quedarse con la carta del soberano, y la posible publicidad que aquél podría darle, daba la misma oficialidad a unas negociaciones que se pretendían mantener relativamente ocultas. De hecho, Margliani, cuando Şemsi Ahmet Paşa y Uluj Alí le piden por lo menos ver la copia de la carta del Rey al Sultán, duda si hacerlo: AGS, Estado, Costas de África y Levante, legajo 491, sin foliar. Giovanni Margliani a Juan de Zúñiga, Vigne di Pera, 17 de febrero de 1580 (documento 11 CEDCS).
54 AGS, Estado, Costas de África y Levante, legajo 489, sin foliar. “Relación que haze Juan de Marliano de lo que ha pasado desde VIII de noviembre de 1577, que llegó a la Velona, hasta los 14 de diciembre que llegó a Constantinopla, y lo que ally trató desde entonces hasta los IIII de febrero de 1578”. Giovanni Margliani a Antonio Pérez, Constantinopla, 4 de febrero de 1578 (documento 16 CEDCS).
55 María José Rodríguez Salgado, “Eating bread together: Hapsburg Diplomacy and Intelligence- Gathering in Mid Sixteenth-Century Istanbul”, en Sola y Varriale (eds.), Detrás de las apariencias. Información y espionaje (siglos XVI-XVII) (Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá, 2015): pp. 73-100.
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de Alemania” y “Rey de España”, pero no podría utilizar el título de Emperador en las cartas oficiales que enviara a la corte otomana.
Aunque ya vimos que casi mágicamente Carlos recuperará su imperio en la consideración turca, la importancia de este tratado es fundamental en cuanto indirectamente el emperador acaba firmando una paz con los otomanos y admitiendo su supremacía. A pesar de ser un acuerdo referido a la parte húngara de su hermano Fernando, lo cierto es que Carlos V, de alguna manera, acabó claudicando frente al Turco como haría después Felipe II al escribir a Murad III sin recibir ningún carteo de su parte56.
Pero es precisamente el reconocimiento de la superioridad otomana, como apunta Rodríguez Salgado para el caso de Veltwyck y Carlos V, o, más bien, el intento de evitarlo, lo que lleva a los Habsburgo hispanos a retractarse cada vez que parecen decididos a pactar con el Gran Señor, y a virar de nuevo la confianza hacia los espías, fueran o no dobles agentes: así el emperador no volvió a enviar más emisarios, y el Rey Católico acabó por negarse a que Margliani entregara su despacho y rubricara ningún convenio oficial, fuera o no en igualdad57.
Tras las tentativas de paz carolinas, en los comienzos del reinado del Rey Prudente, en 1558, se encarga al genovés Francesco di Franchis, que iba a Constantinopla, hablar al Turco de la posibilidad de una tregua con la Monarquía Hispánica, misión también descrita por María José Rodríguez Salgado58. Franchis y las propuestas son bien recibidas en Estambul, y se le da a su vuelta un salvoconducto para el enviado que hubiera de mandar Felipe a concretizar dichas propuestas. Se elige para ello a Niccolò Secco, como vimos anterior embajador de Fernando I de Habsburgo, dando a éste y a Franchis, que habría de acompañarle, las “Instrucciones del 6 de marzo de 1559”. Ambos deberían ir juntos hasta Ragusa, desde donde se adelantaría Franchis a Constantinopla para negociar la paz, y cuando todo estuviera resuelto iría Secco a firmar. Se dejaba claro en ellas que Felipe II, a diferencia de los turcos, no quería una paz pública y oficial.
La paz, finalmente, no se firma de ninguna forma, en parte porque mientras se establece la paz con los franceses el 3 de abril, de forma que el Rey Católico se zafa de uno de sus
56 AGS, Estado, Costas de África y Levante, legajo 489, sin foliar. Felipe II a Murad III, Madrid, 12 de octubre de 1578 (documento 44 CEDCS).
57 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1082, f. 204. Felipe II a Juan de Zúñiga, Badajoz, 15 de agosto de 1580. 58 María José Rodríguez Salgado, Unimperio en transición. Carlos V, Felipe II y su mundo (Barcelona: Crítica, 1992): pp. 442-453.
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conflictos y no ve la necesidad de pactar con el Turco, y en parte por la negativa, también en abril de 1559, del Primer Visir Damat Rüstem Paşa de incluir a Felipe II en las paralelas negociaciones de paz del Imperio, algo parecido a lo ocurrido con Carlos V y su hermano Fernando.
En 1554 Fernando había mandado a Augier Ghislain de Busbecq a sustituir al entonces embajador Malvezzi y a iniciar las negociaciones para restablecer la paz en los territorios húngaros59. Se supone que Busbecq llevaba el encargo de Felipe II de incluir las iniciadas tentativas de paz hispanas dentro de las imperiales, aunque establece en abril de 1559 un acuerdo por 3 años con los turcos y, finalmente, en 1562, uno por 8 años, volviéndose definitivamente Busbecq sin haber introducido el nombre del Rey Católico.
El paso atrás, entonces, de Felipe II en abril de 1559 se puede interpretar como motivado, a un tiempo, por la relativa tranquilidad que le infundió el cese de los conflictos con los Valois y la inquietud, en cambio, que le inspiraba firmar un pacto según los dictados otomanos. El arrepentimiento y la marcha atrás de los Austrias venía, como antes decíamos, cuando eran conscientes de la necesidad de reconocer la primacía turca, pero eran especialmente conscientes cuando cesaba alguno de los conflictos que mantenía sus fuerzas ocupadas y les impedía emplearlas, precisamente, contra el sultán. En todo caso, ante el fracaso de la paz con los turcos y el éxito con Francia, se reacciona empleando las fuerzas militares al servicio de la Monarquía Hispánica en el plan de ataque de Trípoli, que, con la lentitud de los planes del Virrey de Sicilia, el Duque de Medinaceli, terminó en el “desastre de los Gelves” o de la isla de Djerba de 1560. Como resultado de este episodio se harán muchos prisioneros hispano-italianos que se llevarán a Estambul, al tiempo que comienzan de la parte cristiana las movilizaciones para el rescate de dichos prisioneros.
Fruto de éstas irá a la capital otomana Giovanni Maria Renzo en 1562, creando como resultado una red de agentes, coordinados por el veneciano Aurelio di Santa Croce y con el genovés Adam di Franchis como intérprete y el napolitano Giovanni Agostino
59 Augier Ghislain de Busbecq, Embaxada y viages de Constantinopla y Amasea (Pamplona: Carlos de Labayen, 1610).
Conflicto endémico entre ambas potencias, finalizará a grandes rasgos con la paz de Adrianópolis de 1568, de 8 años y en la cual se establecía que Maximiliano II, como antes Fernando I, había de dar un donativo honorífico o tributo anual de 30000 ducados a los turcos. Los conflictos, nunca resueltos del todo, pues son frecuentes los problemas en los confines, resurgen con más fuerza entre 1593 y 1606, cuando termina la guerra de Persia para los otomanos.
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Gilli como secretario, la llamada Conjura de los Renegados o los Occulti60. Dicha red de espionaje hispana en tierras turcas será la base, el enlace de los posteriores contactos entre ambos países, pues prácticamente todos los enviados del Rey Católico contactarán con dicha red, especialmente con el capo Aurelio di Santa Croce, también envuelto en la embajada Margliani y las treguas resultantes.
Al margen de esta clara conexión, las dudas sobre las dobles lealtades y servicios de los conjurados serán una constante en los virreyes de Nápoles y el resto de dirigentes hispanos que, no obstante, como venimos diciendo, preferían en general apostar por este confuso mundo de ocultos a arriesgarse a establecer una embajada oficial en Constantinopla y, de alguna manera, capitular ante la superioridad otomana.
Paralelamente, en Berbería, se intenta captar al nuevo beylerbey desde 1568, Kiliç Ali Paşa. Este renegado de nombre cristiano Dionisio Galea, retratado extraordinariamente por Emilio Sola, fue capturado en su juventud en su Calabria natal, empieza a despuntar en el mundo turco, precisamente, desde el desastre de los Gelves, cuando fue mandado por el corsario Turgut Reis a avisar al General de la flota otomana Piyale Paşa del paso de las naves hispanas. En 1565 se le nombrará gobernador de Trípoli, y en 1568 bey de Argel, aunque su mito de hombre renacentista “hecho a sí mismo”, de príncipe maquiavélico, no se completará hasta después de Lepanto, cuando, siendo el único capitán turco que consigue volver de la batalla con sus barcos intactos, se le nombre Kapudan Paşa o Capitán del Mar61.
A raíz del nombramiento en Argel, en 1569 los servicios secretos hispanos se movilizan y configuran un plan para la captación del calabrés por medio de su amigo de la infancia Juan Bautista Ganzuga y los agentes hispanos en el Magreb, los hermanos Gasparo Corso, con mediación también del Kâhya o mayordomo de Uluj Alí, Mami Kâhya, y Muley Abdel Malek, el futuro jerife de Fez62. Se le ofrecían a Kiliç Ali Paşa el título de conde, marqués o duque y una renta anual de 10000 ducados a cambio de entregar Argel
60 Emilio Sola Castaño, Los que van y vienen. Información y fronteras en el Mediterráneo clásico del
siglo XVI (Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá, 2005).
61 Emilio Sola Castaño, Uchalí. El calabrés tiñoso, o el mito del corsario muladí en la frontera, (Barcelona: Bellaterra, 2010).
62 AGS, Estado, Costas de África y Levante, legajo 487, sin foliar. “Informe de Alonso Sánchez sobre Dionisio Galea” (documento 122 CEDCS). AGS, Estado, Costas de África y Levante, legajo 487, sin foliar. “Instrucción de lo que vos, Juan Baptista Gonzuga, de le Castele, habéis de hacer en el viaje que por orden mío haréis a la ciudad de Argel” (documento 225 CEDCS). AGS, Estado, Costas de África y Levante, legajo 487, sin foliar. “Instrucción primera a Andrea y Francisco Gasparo sobre el negocio de Argel”, Madrid, 24 de julio de 1569 (documento 120 CEDCS).
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a la “protección” de Felipe II63. Finalmente el Rey de Argel, desoyendo las propuestas hispanas y emulando a Barbarroja, decide atacar Túnez, aprovechando justo que los hispanos estaban ocupados sometiendo la rebelión morisca de las Alpujarras desde 1568. Pese a ello, se volverá a intentar captar a Uluj Alí con Losada en 1575 o con Avellán en 1576, y, vista su dificultad, envenenarle, como las nada planeadas tentativas de Peloso en 1575 o de Sinam, a cargo de Margliani y Juan de Zúñiga, entre 1579 y 1581.
Otros intentos de sabotaje, igual que el de los Occulti, tenían como más claro objetivo un ataque directo a la Sublime Puerta. Cuando desde Portugal se envía a Miguel de Abreu como embajador a Persia en 1572, Felipe II aprovecha la ocasión para mandar él mismo cartas al Sofi y a los reyes de Etiopía y Arabia alentando la guerra contra el Turco y presentándose a sí mismo como combatiente que continúa en la lucha tras la victoria de Lepanto, intentando unir a la Santa Liga de 1571 al emperador y al rey don Sebastián64.
Pero antes de Lepanto, en 1570, va a Estambul el caballero de la Orden de Malta Giovanni Barelli con intención de quemar la armada turca. En 1569 propone al Virrey de Sicilia, el Marqués de Pescara, el plan del antiguo Maestre de la Orden, Parisot de la Valette, para sublevar la Morea y quemar el arsenal otomano. El 15 de enero de 1570 salen con esta intención Barelli y Juan Accidas, pero, fracasando y no pudiendo justificar sus gastos, el caballero maltés es encarcelado a su vuelta65.
En el memorial que hace de sus empresas de Levante en 1574, sin embargo, José Manuel Floristán destaca que no sólo hace relación de los contactos y planes de don Juan los Balcanes o la quema de la atarazana turca, sino que habla de una posible tregua. Está claro que alguna impresión debió causar Barelli en el ánimo turco, pues,
63 AGS, Estado, Costas de África y Levante, legajo 487, sin foliar. “Minuta de propuesta a Aluchali para entregar a Argel, de que había sido nombrado Rey por el Sultán” (documento 226 CEDCS).
64 AGS, Estado, Costas de África y Levante, legajo 487, sin foliar. Miguel de Avreu a Felipe II, 25 de octubre de 1573. AGS, Estado, Portugal, legajo 390, f. 129. Don Juan de Borja a Gabriel de Çayas,