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Emergencia y desarrollo de la categoría hombre.

herramienta ética.

3.2.2. Emergencia y desarrollo de la categoría hombre.

El hombre se yergue como la categoría que fundamenta y hace posible las representaciones, el conocimiento. Sin embargo, cuando enfoca el deseo de conocer hacia sí mismo toma consciencia de saberse objeto y, como tal, inaccesible. Y es su dimensión trascendental lo único que le permite cierta información23. Así el hombre se

convierte en:

Objeto de un saber y sujeto que conoce: soberano sumiso, espectadorcontemplado24.

El umbral de nuestra modernidad no está situado en el momento en que se ha querido aplicar al estudio del hombre métodos objetivos, sino más bien en el día en que se constituyó un duplicado empírico- trascendental al que se dio el nombre de hombre25.

Si por el movimiento en el campo del saber surge la categoría hombre26 como función de

fundamento, también nacerán las ciencias humanas obligadas a dar cuenta de él. La nueva posición del concepto hombre permite el nacimiento de nuevos saberes que lo                                                                                                                

23Sin duda no es posible dar un valor trascendental a los contenidos empíricos ni desplazarlos del lado de la subjetividad constituyente sin dar lugar, cuando menos silenciosamente, a una antropología, es decir, a un modo de pensamiento en el que los límites de derecho del conocimiento (y, en consecuencia, de todo saber empírico) son, a la vez, las formas concretas de la existencia, tal como se dan en este mismo saber empírico. Ibídem, p. 243.

24 Ibídem, p. 304. 25 Ibídem, p. 310.

26Éste (el ser humano) surge en un hueco creado por los seres vivos, los objetos de cambio y las palabras cuando, al abandonar la representación que había sido hasta ahora su lugar natural, se retiran a la profundidad de las cosas y se vuelven sobre sí mismos de acuerdo con las leyes de la vida, de la producción y del lenguaje. En medio de todos ellos, encerrado en el círculo que forman, el hombre es designado (…) por ellos, ya que es él el que habla, ya que se le ve vivir entre los animales (y en un lugar que no es sólo privilegiado, sino ordenador del conjunto que forman: aun si no es concebido como término de la evolución, se reconoce en él el extremo de una larga serie), ya que finalmente la relación entre las relaciones y los medios que tienen para satisfacerlas es tal que necesariamente es el principio y el medio de toda producción. Ibídem, p. 304-305.

toman como objeto. Ahora bien, compaginar el sujeto que conoce con aquello que le posibilita el conocimiento, él mismo, es lo que caracterizará el movimiento circular y polar de la episteme moderna. La escisión en la que se ve inmerso el ser humano, escisión, en un primer momento, en el ámbito del conocimiento, se insertará en el mismo concepto de ser humano tal y como ha llegado a nuestros días, ejemplificando cómo la

episteme, el sustrato mediante el cual se configura el saber de una época, no sólo influye, sino que construye una determinada realidad.

Sabiéndose en el centro del saber, también la categoría de hombre deberá ser cuestionada, pero en su caso, las condiciones de posibilidad de su existencia coinciden con él mismo. En su seno, en su intimidad, confluyen los ámbitos subjetivos y objetivos. El juego moderno y circular de la episteme se muestra ahora estancado. El fundamento del saber, el hombre, dividido en dos campos que, en sus relaciones, buscan apuntalarlo, no son capaces, en su mutua necesidad, de llegar a una conclusión definitiva puesto que se ha perdido el referente externo que posibilitaba un saber categórico. Y esta permanente circularidad se intuye precaria, vacía, limitada y rodeada de silencio. La

episteme moderna se caracterizará, en esta constante búsqueda de fundamento, en la centralidad de la figura del hombre. Una figura siempre inestable y en una relación permanente entre dos campos que buscan llegar a una conclusión, pero que no encuentran un referente externo que los legitime. Esta ausencia de validación es lo que precipitará una imagen de indefinición. Los saberes que buscan arrojar luz sobre la definición del hombre son la evidencia de este movimiento y también de sus límites. Vemos, también, aparecer la finitud ligada a la figura del ser humano. Finitud que se muestra tanto como condición de posibilidad como de límite. Será el momento del nacimiento, también, de las filosofías de la finitud o de la analítica de la finitud27. El

                                                                                                               

27La vida tiene la huella de la muerte; el trabajo hace del hombre un instrumento de producción y las palabras suenan en el espacio irreductible de un lenguaje que es completamente anterior a él. De esta manera, el trabajo, la

hombre está dominado por el lenguaje, el trabajo y la vida: su existencia encuentra en ellos sus determinaciones, sus limitaciones, pero, también, su condición de posibilidad: no es posible tener acceso a él más que a través de las palabras, de su organismo, de los objetos que fabrica.

Él mismo puesto que piensa no se revela a sus propios ojos sino bajo la forma de un ser que es ya, en un espesor necesariamente subyacente, en una irreductible anterioridad, un ser vivo, un instrumento de producción, un vehículo para palabras que ya existen previamente a él28.

El juego en el que se ve inmerso el campo epistemológico, en la medida que debe dar cuenta de una problemática de la que no puede escapar, puesto que le aboca a una circularidad indefinida, irá configurando, ahora, la figura del ser humano, en primer lugar, como un ser diferenciado y alejado de sí mismo, puesto que no puede conocerse en su totalidad. A la vez, en segundo lugar, ello le aboca a darse cuenta, más que nunca, de sus limitaciones y, aún buscando con ellas fundamentarse, le lanzarán, a su vez, al campo de lo oculto, de lo eternamente incognoscible. La intuición de esta zona ignota funcionará como una palanca, una esperanza por encontrar en ella algo que solucione el problema del conocimiento y buscará, a partir de ahora, dar cuenta de un origen que pueda ser el puntal a partir del cual construir algo que se mantenga unitario y que dé cuenta, que dé sentido, del mismo hombre.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

vida y el lenguaje atraviesan al hombre no solo como su posibilidad de comprensión, sino como el desplome que anuncia el eventual borrado de su rostro. CASTRO, R., Foucault y el cuidado de la libertad. O. c. p. 64.