(Universidad Pública de Navarra)
Los movimientos migratorios se han revelado como una variable de difícil aprehensión cuantitativa debido a la escasa armonización y estabili- dad de los conceptos y métodos utilizados en la recogida de datos1y a las características propias de los fenómenos migratorios, que dejan escaso ras- tro en las series temporales.2 Si bien la cuantificación no puede resumir todos y cada uno de los aspectos que rodean al fenómeno migratorio, esta resulta imprescindible como punto de partida en un análisis histórico. Conocer características generales de los emigrantes (sexo, edad, origen pro- vincial o regional, formación y profesión) es un elemento básico para esta- blecer un estudio de los movimientos migratorios y para poder realizar comparaciones con otros países y periodos. Aunque existen fuentes prima- rias susceptibles de ser utilizadas —padrones, censos, registros o encues- tas3— las series elaboradas se utilizan con frecuencia para establecer las dimensiones del flujo migratorio en el largo plazo, sus fluctuaciones, y tam- bién para relacionar este movimiento con otras variables.
1 Poulain (1991), pp. 115-138.
2 Sobre conceptos como emigración circular, estacional, en tránsito o sobre la remi- gración véase la contribución de Sanz Díaz en este mismo volumen.
4 UNO (1979), p. 54. Véase la contribución de Fernández Vicente en este mismo volumen.
5 Este sería el caso de Suiza en este periodo. Véase la contribución de Calvo Salgado en este volumen.
En la elaboración de estas series temporales influyen modificaciones conceptuales y administrativas, tradiciones legales y decisiones coyuntura- les que modifican su seguimiento cronológico y su validez. Baste señalar, por ejemplo, que un proceso de regularización a posteriori, tiene como consecuencia un registro del inmigrante años después de su llegada al país de destino, y que este registro tiene un impacto en las cifras de población inmigrante de un año determinado. Cuando se producían procesos de regularización de emigración clandestina en Francia, por ejemplo, los inmigrantes fueron clasificados como tales en ese mismo año y no en el año en que habían entrado en el país.4 Por otro lado, las diferencias existentes entre los países en la adquisición de la nacionalidad y su modi- ficación legislativa en el tiempo, también influyen en el registro de la población inmigrante y en la propia homogeneidad de las series anuales. El jus soli lleva a que una persona nacida de padres emigrantes pueda pose- er la nacionalidad del país de destino en tradiciones legales como la de Francia, Holanda, Reino Unido y Estados Unidos. De esta manera, los hijos de inmigrantes generan un incremento de la población nativa. Mien- tras, en el jus sanguinis, en el que la nacionalidad depende de uno de los padres que sea del país de destino y de medidas más restrictivas para adqui- rir dicha nacionalidad, como en Alemania, Luxemburgo, Suecia y Suiza, los nuevos nacimientos se contabilizan incrementando los efectivos de población inmigrante registrados en estos países. Si la base para la elabo- ración de las series son documentos administrativos, estos también conlle- van dificultades, ya que en algunos países el permiso de residencia y el per- miso de trabajo eran un único documento,5 mientras que en otros eran dos documentos diferentes obtenidos en momentos distintos. Incluso al contabilizar permisos de trabajo hay que tener en cuenta si se contabiliza solamente la primera vez o si se registran peticiones de trabajadores extran- jeros que ya están presentes en el país de destino y solicitan su entrada en el mercado de trabajo. Todos estos aspectos hacen necesaria la confronta- ción de datos de las estadísticas disponibles, para obtener series coherentes y fiables sobre el flujo de emigración anual. Esta confrontación constituye
6 Los datos suministrados en la obra Evolución de la población española por provincias y comunidades autónomas, dirigida por Julio Alcalde Inchausti, y publicada en 2007 ofrece información, por un lado, con los saldos migratorios netos de cada quinquenio y, por otro, la emigración española neta para cada quinquenio por provincias. Las bases para la elabo- ración de estas series quinquenales son los datos publicados en el Anuario Estadístico de España. El Anuario recoge la emigración española al extranjero y la inmigración del extran- jero. Para los datos que se refieren a los cincuenta primeros años del sigloXXse utiliza la recopilación del Anuario de 1951. Sobre la emigración exterior señala «que tuvo su máxi- ma incidencia en los diez años que separan 1955 de 1965, durante los cuales se registró una emigración española neta de 964 916 personas, equivalentes al 79,4% de la emigración computada en los 35 años mencionados», p. 15. Sobre las migraciones exteriores se señala sobre esta base estadística que es en el «… decenio 1955-1965, en el que la emigración española al extranjero supuso la elevada cifra de 962 867 emigrantes españoles» p. 30. Más adelante, «entre 1950 y 1970 la emigración española al extranjero fue notablemente inten- sa alcanzando la cifra de 1 111 449 emigrantes, repartidos de forma similar entre varones y mujeres (550 469 varones y 560 980 mujeres); una emigración que tuvo lugar básicamente en los diez años que separan 1955 de 1965, aunque se mantuvieron unas cifras de emi- gración española al extranjero reducidas entre 1965 y 1980», p. 51. Datos del Anuario Esta- dístico de España y del Ministerio de Trabajo aparecen en Bover y Velilla (2005), pp. 389- 414.
7 Un reciente análisis sobre la base de estadísticas del SOPEMI de la OCDE, de la ONU y del INE en Venturini (2004), pp. 14-15.
8 Esta comparación la recoge Roser Nicolau en las Estadísticas Históricas de España, entre 1960 y 1973, con datos procedentes de Sánchez López (1969), González Paz (1971) y Nadal (1984), Nicolau (2005), p. 142. Los datos que refleja Nadal proceden de la tesis doctoral de Angels Pascual de Sans en 1983, Nadal (1991), p. 207. También han utilizado series de datos de inmigración en Europa para representaciones gráficas Muñoz Pérez e Izquierdo Escribano (1989), Izquierdo Escribano (1992) y Antolín (1992). No dispone- mos de las correspondientes series numéricas en estos tres últimos casos.
una base imprescindible para llevar a cabo cualquier aproximación a la his- toria del fenómeno migratorio.
En concreto, la información relativa al flujo emigratorio anual en España tras la guerra civil se ha elaborado sobre la base de fuentes nacio- nales procedentes del Anuario Estadístico de España y del Ministerio de Trabajo,6por medio de fuentes estadísticas internacionales como las de la OCDE por medio del SOPEMI —Système d’Observation Permanente des Migrations Internationales / Continuous Reporting System on Migration— o las de la ONU7y también, comparando las series de emigración con las de inmigración procedentes de los países de destino.8Los resultados obteni- dos pueden diferir en función de la fuente elegida en el estudio y estos alteran otros análisis posteriores al ser utilizados para establecer relaciones con otras variables. Los problemas que plantea la cuantificación de este
9 «Es difícil conocer las proporciones que ha tenido nuestra emigración desde 1946. Aparte de las posibles imperfecciones que puedan tener las estadísticas de la transoceánica, carecemos en absoluto de datos sobre la que se ha realizado al norte de África. Sin embar- go, suponemos que, dadas las circunstancias por las que ha atravesado esta región, no ha alcanzado gran importancia. Sobre la emigración a Europa, que es adonde se canaliza el principal contingente de personas que escapan al control oficial, existen más datos; pero estos son frecuentemente fragmentarios, no presentan la conexión debida y carecen de la garantía necesaria. Sin embargo, es posible aceptar algunas estimaciones», García Fernán- dez (1965), p. 29.
10 Sánchez López (1969), p. 25. 11 Ministerio de Trabajo (1966), p. 19. 12 Ródenas (1994a), p. 83.
13 Losada y Viso (1997), pp. 83-105.
flujo migratorio anual ya fueron señalados en estudios, que analizaban el fenómeno durante los años sesenta. Jesús García Fernández, catedrático de Geografía de la Universidad de Valladolid, señalaba en 1965 la existencia de «imperfecciones», que se arrastraban en la elaboración de las series esta- dísticas de la emigración transoceánica y apuntaba a las «escasas garantías» de los datos de la emigración a Europa.9Francisco Sánchez López, profe- sor de Sociología de la Universidad Pontificia de Salamanca, también reco- gía en su muy citada obra, Emigración española a Europa, publicada en 1969 lo siguiente:
No es fácil determinar con exactitud el volumen de la emigración espa- ñola a Europa durante los pasados años; las dificultades y deficiencias que encontramos en las estadísticas nacionales se acumulan cuando planteamos el problema en el ámbito internacional y queremos fijar el número de emigran- tes cada año. Estas dificultades y deficiencias se reflejan en los desajustes entre las estadísticas que han elaborado diversos organismos nacionales e interna- cionales.10
El propio director del Instituto Español de Emigración (IEE), Álva- ro Rengifo, señalaba en 1966 que «... los datos de emigración asistida del Instituto son los únicos con un respaldo estadístico cierto, pero no com- prenden toda la emigración»11. Debido a ello, el propio IEE ofreció esti- maciones de la emigración más allá de sus cifras entre 1959 y 1966, que ya fueron recogidas en el estudio de Carmen Ródenas.12 Finalmente, la escasa calidad y la valoración de las estadísticas oficiales aparecen en la revisión crítica realizada por Abel Losada y Pablo Viso para Estudios Migratorios en 1997.13
En las fuentes utilizadas a partir de la guerra civil para la elabora- ción de las series estadísticas de la emigración exterior, hay que distinguir dos fases, entre 1940 y 1960 y entre 1961 y 1985, y también dos áreas diferentes, la emigración transoceánica y la emigración euro- pea. Hasta 1960 las estadísticas existentes se centraban en la información procedente, por un lado, de la Dirección General del Ins- tituto Geográfico Estadístico (IGE), que tras sucesivos cambios y denominaciones pasa a ser el Instituto Nacional de Estadística (INE) a partir de la ley de 1945. Junto con esta información se desarrolló otra que procedía en un principio del Consejo Superior de Emigración (CSE, 1907), que era el encargado desde 1909 de elaborar las estadísti- cas de la emigración española. Desde 1925 esta entidad pasó del Ministerio de la Gobernación al Ministerio de Trabajo. Entre 1939 y 1957 el Ministerio de Trabajo, por medio de la Dirección General de Empleo, fue el encargado de elaborar las series estadísticas. Con la crea- ción en 1956 del Instituto Español de Emigración, la institución suministró estadísticas de emigración a Europa desde 1960 y desde 1965 las de la emigración asistida transoceánica. Se trataba de las estadísticas correspondientes a la «emigración asistida» en ambos casos, es decir, aquella que se establecía en los cauces establecidos por el Ministerio de Trabajo y por los acuerdos de emigración con los diferentes países que representaba, en definitiva, la emigración «controlada» u «oficial». En general, los datos e informes suministrados por el IEE identificaron emi- gración asistida con emigración exterior, y así los suministraron al INE, que comienza a identificar sus datos de emigración con los suministrados por el IEE, en especial, desde la ley de 1971.
El objetivo de este trabajo es llevar a cabo un balance de las fuentes estadísticas utilizadas para contabilizar el flujo migratorio anual entre el franquismo y la transición. El trabajo se centrará en un breve recorrido por las estadísticas internacionales como las de la ONU y las de la OCDE por medio del SOPEMI, comparando sus datos con los proce- dentes del IEE, con el fin de estimar su validez. Posteriormente, nos acercaremos a los resultados que ofrecen las series anuales elaboradas en diferentes estudios y a las fuentes utilizadas para realizarlas, así como a sus aportaciones y lagunas. Finalmente, recogeremos las fuentes estadís- ticas de los países de destino, que se han utilizado para mejorar las series nacionales.
14 Un reciente análisis sobre la base de estadísticas del SOPEMI de la OCDE, de la ONU y del INE en Venturini (2004), pp. 14-15.
15 Naciones Unidas (1987). 16 Lemaître (2005).
17 González Rothvoss (1954), p. 323. Véase la contribución de L. Mechi en este libro.