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La posguerra en Sabadell como ejemplo: migraciones y mercado laboral

DESDE SABADELL (1939-1960)* Martí Marín Corbera

4. La posguerra en Sabadell como ejemplo: migraciones y mercado laboral

Lejos del tópico franquista según el cual las malas condiciones de la vida en la posguerra fueron debidas a las destrucciones de guerra realiza- das por la «horda roja» y a un fantasmagórico bloqueo internacional, hoy sabemos perfectamente que fue la política autárquica la que condujo a la Evolución urbanística de Sabadell a finales de 1962. Fuente: Rogelio Duocastela (dir.), «Planificación de servicios sociales de la ciudad de Sabadell (Barcelona), 1961-1962», Sabadell, Ayuntamiento de Saba- dell, Asociación Católica de Dirigentes, Caja de Ahorros de Sabadell, Cámara Oficial de Comercio e Industria de Sabadell, Cáritas, VISASA, Gremio de Fabricantes de Sabadell, 1963, páginas sin numerar.

situación de miseria y hambre de los años cuarenta y primeros cincuenta. El proceso de recuperación de la industria en Sabadell siguió un curso extraordinariamente rápido, amparado en el hecho de haberse concretado de forma inmediata la demanda contenida durante la guerra y ante el obli- gado cierre comercial exterior de muchos productos a causa de la Segun- da Guerra Mundial —lógicamente textiles, por ejemplo—. En palabras de la Fundación Bosch y Cardellach: «en la post-guerra de los años 40 se ini- cia en Sabadell una nueva expansión industrial, llegándose aproximada- mente a duplicar la capacidad de producción de la anteguerra».30Ello fue debido, además, al hecho de que las destrucciones de guerra en el utillaje industrial de la población habían sido insignificantes y a que la dedicación a los suministros de guerra de algunas empresas locales las devolvió a sus empresarios incluso en mejores condiciones de lo que estaban cuando fue- ron colectivizadas en 1936.31Naturalmente, y este fue el factor de atrac- ción básico de la ciudad, la demanda de mano de obra creció extraordina- riamente coincidiendo con la marcha hacia el exilio o la cárcel de miles de trabajadores sindicados locales.

No se trató en ningún caso de atracción de los altos salarios urbanos, ya que estos habían caído espectacularmente. Como reconocía la Funda- ción Bosch y Cardellach en 1949 las diferencias salariales se habían acen- tuado y se podía dividir a la población en cinco categorías de familias:

1.ª Industriales y comerciantes de importancia, propietarios de impor- tantes fincas rústicas y urbanas. Más de 20 000 pesetas de ingresos mensuales. 2.ª Industriales y comerciantes de menor importancia, teóricos, contables, gerentes, directores de empresas, profesiones liberales sobresalientes. Ingresos mensuales de 10 000 a 20 000 pesetas. 3.ª Pequeños industriales y comercian- tes (tiendas, bazares), cafés, contables, teóricos, empleados, profesiones libera- les, técnicos, artesanía. Ingresos mensuales de 4000 a 10 000 pesetas. 4.ª Capa- taces, operarios, familias que trabajan varios. 2000 a 4000 pesetas mensuales. 5.ª Peonaje, familias humildes. 1000 pesetas mensuales de ingresos.

30 Tanto esta cita como las siguientes, mientras no se indique lo contrario, pertenecen a Fundación Bosch y Cardellach. Comisión de Ciencias Urbanísticas (1949).

31 Sobre el estado de la industria sabadellense en la posguerra, obstaculizada en sus posibilidades de expansión por la política económica del régimen y no por otros motivos, véase Deu (2000), pp. 70-75. Para la industria textil lanera, predominante en la ciudad, Calvet (1992). Para un testimonio de recuperación rápida poco sospechoso de antifranquismo véase Marcet y Coll (1963), pp. 21-22. Más detalles en Borao Mateo (1989).

El 3% de los sabadellenses pertenecía a la primera categoría, el 4,5% a la segunda y el 15% a la tercera. La inmensa mayoría de la población —el 77,5%— pertenecía a las categorías inferiores, correspondiendo a la cuarta el 25% y a la quinta el 52,5% —más de la mitad del censo—. Res- pecto de los emigrantes, la Fundación tampoco tenía ninguna duda sobre qué nicho salarial ocupaban: «la población de origen […] a veces por sí sola califica la categoría [económica], especialmente cuando se trata de algún pueblo de Murcia que se repite con frecuencia». Con todo había un cierto sesgo en la apreciación, por cuanto la mayor parte de la inmigración por aquellas fechas no provenía de Murcia sino de la propia Cataluña e, incluso, de la misma provincia de Barcelona (cuadro 5).

Indudablemente, los recién llegados, con menor cualificación profe- sional para trabajar en la industria, con una red de contactos más pobre y en una situación de indefensión sindical completa, acabaron llevando la peor parte de aquellos años oscuros. Los trabajos conseguidos fueron fun- damentalmente en el peonaje industrial y en el servicio doméstico, dada la precariedad del comercio local —apenas un puñado de establecimientos tradicionales con muy poca capacidad de absorción de trabajadores fuera del núcleo familiar y acostumbrados a tratar en catalán con sus clientes—

CUADRO 5

PROCEDENCIA DE LOS INMIGRANTES LLEGADOS A SABADELL ENTRE 1947 Y 1949

FUENTE: Elaboración propia a partir de los datos de la COCIS.

Regiones Provincias

Cataluña 3338 Barcelona 2366

Murcia 1577 Murcia 1509

Andalucía 980 Lleida 465

País Valenciano 541 Alicante 272

Aragón 421 Almería 271

Castilla la Nueva 339 Tarragona 261

Castilla la Vieja 293 Córdoba 247

Extranjero 135 Girona 246

Galicia 133 Huesca 219

Extremadura 78 Granada 205

Otras 116 Otras 1890

y la inexistencia de una actividad de suficiente envergadura en la cons- trucción. Hasta los años sesenta la construcción y otras actividades indus- triales en plena expansión —metalurgia, mecánica, química, almacenaje, etcétera—, no tomarían el relevo. Los trabajos fueron eventuales y los con- tratos a menudo meramente verbales —como se desprende del bajo número de contratos formalizados según la COCIS—. De hecho, esta situación de precariedad absoluta en el trabajo afectó largo tiempo a los emigrados, especialmente —por lo poco que se ha podido comprobar— a quienes ocuparon viviendas precarias. Cuando los chabolistas y habitantes de cuevas del río Ripoll fueron definitivamente desalojados en 1955, fue preciso adjuntar un contrato de trabajo estable para librarse de la deporta- ción. En muchos casos el documento aportado fue una simple hoja de papel donde alguna mujer de la ciudad reconocía tener como empleada del hogar a alguna de las mujeres de familias pendientes de expulsión: muchos hombres no pudieron obtener tal cosa de sus empresarios, teme- rosos de ser multados por contravenir la legislación o de tener que conce- der un trabajo fijo a quienes eran meros eventuales, auténticos jornaleros de la industria en su sentido más agrícola. El éxito, lógicamente, se centró en superar el estadio del peonaje y acceder a trabajos más cualificados en la industria textil —hilado, tejido, peinado, tinte, etcétera— o bien en su administración y servicios —contaduría, comerciales, etcétera—, provo- cando en primera instancia la promoción relativa de una parte de la pobla- ción autóctona o, cuanto menos, llegada a la población antes de la guerra civil. La segunda parte de ese éxito fue el acceso a la vivienda, mucho más sencillo a partir del viraje político de 1957. Pero eso es ya otra historia.

EL FRANQUISMO. ESTUDIO DEL CASO