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Capítulo III. Práctica de la conformidad con la voluntad de Dios

3. En las dificultades y cuidados domésticos

Si sois padre o madre de familia, debéis conformar vuestra voluntad a la de Dios, tanto por el número como por el sexo de los hijos que le plazca concederos. Cuando los hombres estaban animados por el espíritu de fe, miraban a la familia numerosa como un don de Dios, como una bendición del cielo, y consideraban a Dios como Padre de sus hijos, más que ellos mismos. Hoy día en que la fe está casi apagada, que se vive, en cierta manera, aislado de Dios, que si nos ocupamos de Él es a lo sumo para temerle, de ningún modo para confiarse a su divina providencia,

uno se ve reducido a llevar solo la carga de la familia. Y como los recursos del hombre, por extensos y seguros que parezcan, son siempre limitados e inseguros, no hay nadie, hasta los más favorecidos por la fortuna, que no vea con espanto la multiplicación de los hijos. Viene a ser para ellos una especie de calamidad que los entristece y abate, una fuente inagotable de inquietudes que envenenan su existencia. ¡Oh, cuán diferente sería si nos penetráramos de la idea que se debe tener de la acción paternal de Dios sobre los que se someten a su dirección con el abandono de una confianza filial! ¡Queréis convenceros! Tened los sentimientos de esta piedad filial y en seguida experimentaréis lo que decía san Pablo de este Dios de bondad, pues, poderoso es Dios para acrecentar en vosotros todo género de gracias, para que, teniendo siempre y en todo lo bastante, abundéis en toda obra buena[57].

Para atraer hacia vosotros los efectos de la divina providencia no tenéis más que concurrir, de algún modo, a la paternidad del mismo Dios, formando, con vuestro ejemplo ante todo, hijos según su corazón. Tened cuidado de evitar cualquier otra ambición, que sea este el objeto de todos vuestros deseos y de todas vuestras solicitudes; luego descansad con plena seguridad, podéis hacerlo, cualquiera que sea el número de vuestros hijos, en los solícitos cuidados de su Padre celestial. Él velará por ellos, Él gobernará su corazón, y dispondrá de todas las cosas para asegurar su dicha, incluso la de aquí abajo, y lo hará de un modo tanto más admirable cuanto más fielmente sepáis preservaros de toda visión mundana a este respecto, colocando su porvenir en sus manos.

Evitad, pues, preocuparos con exceso de vuestros hijos en otra cosa que en lo que pueda contribuir más en formarles en la virtud. Por lo demás, confiándolos todos al Señor, no os reservéis más cuidados que el de estudiar su voluntad en ellos, con el fin de ayudarlos a marchar por el camino que vosotros veáis que Él les llama, ya sea el camino del retiro o el del mundo; y creed que, lo mismo en el mundo como en el retiro, Él sabrá conciliar todo admirablemente a vuestra satisfacción en el tiempo conveniente, desde que podáis daros el testimonio de que vuestra única ambición es realmente agradar a Dios y educar vuestros hijos para Él. En esta disposición no temáis nunca llevar demasiado lejos vuestra confianza; antes bien, esforzaos en aumentarla, en acrecentarla siempre más; pues este es el más glorioso homenaje que podéis dar a Dios y será la medida de las gracias que recibiréis. Se os dará poco o mucho, según hayáis esperado poco o mucho.

4. En los reveses de fortuna

Debemos recibir con la misma conformidad a la voluntad divina, las privaciones de empleo, las pérdidas de dinero y todas las demás penalidades que

experimentemos en nuestros intereses temporales. ¿Se os aparta de una situación ventajosa y honorable? ¿Se os priva de un empleo lucrativo sin el cual os será difícil cubrir vuestras necesidades y las de vuestra familia? Repetid con fe las palabras de Job: El Señor me lo dio, el Señor me lo ha quitado; ha sucedido como ha

querido el Señor; ¡bendito sea su Nombre! ¡Qué importa cuál sea el motivo a que

hayan obedecido los que se han convertido en instrumentos de vuestros reveses! La revuelta de Absalón y los ultrajes de Semeí se dirigían contra David con un fin y un pensamiento político, lo que no impidió al santo rey atribuirlo todo a la voluntad del Señor con mucha razón, como hemos visto más arriba. Las desgracias de Job le fueron suscitadas por el demonio a causa de sus sentimientos religiosos. ¡Cuántos cristianos generosos, por sus opiniones religiosas, su fe en Cristo Jesús, fueron despojados en tiempo de persecuciones, de sus grados militares, o de sus funciones civiles, desposeídos de sus bienes, arrancados a sus familias, arrojados al destierro, entregados a los verdugos! Lejos de quejarse, iban contentos, a ejemplo

de los apóstoles, porque habían sido dignos de padecer ultraje por el nombre de Jesús[58]. Cualquiera que sea, pues, el pretexto de las persecuciones que sufrís, y,

sobre todo, si la razón de ello es el aborrecimiento de vuestros sentimientos religiosos, aceptadlo todo sin titubear como venido de la mano paternal e inteligente de vuestro Padre que está en el cielo.

De igual modo debéis proceder en las cuestiones de dinero; si os veis constreñidos a realizar algún pago que creéis injusto, ya sea, por ejemplo, que os veis obligados a pagar una segunda vez por carecer de justificantes de vuestro primer pago, ya sea para pagar deudas contraídas insensatamente por un tercero del que os habéis hecho fiador por complacencia; o bien para saldar algún impuesto exagerado, inicuo, destinado al despilfarro, sea, en fin, por cualquier otra razón. Si se tiene poder para exigiros este pago y si se usa de este poder, es Dios quien lo quiere así; es Él quien os pide este dinero y es a Él a quien se lo dais cuando aceptáis, en espíritu de sumisión a su divina voluntad, la contrariedad que se os hace. ¡Muchas son las gracias que se aseguran a quienquiera que obra de este modo! Suponed dos personas: la una, por espíritu de conformidad a la voluntad de Dios, ejecuta un pago quizá exagerado, tal vez injusto, pero que se le puede exigir; la otra, por propia elección y por su libre voluntad, consagra una suma igual en limosnas. Sabido es que la limosna procura algunas ventajas admirables a los que la practican, incluso en esta vida; pues bien el acto de la persona que hace el sacrificio de su dinero, no por propio movimiento, no en favor de alguien de su elección, sino por espíritu de conformidad con la voluntad divina, es una obra más provechosa, más pura, más agradable a los ojos de Dios; y si es verdad decir, según la Sagrada Escritura y según la experiencia de todos los siglos, que la limosna atrae sobre las familias las más abundantes bendiciones, se puede atribuir sin exageración a la obra más excelente de que hablamos, frutos más maravillosos aún.

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