¡fíe sido testigo de milagros de sanidad conforme Dios se 'encontraba con personas. En 1980 me encontraba en otro de lilis muchos viajes a Guatemala. En una ocasión mi esposa, fitra pareja y yo estábamos ministrando a una anciana que iitabía sido salva recientemente. Habíamos ido a su casa para
Compartir con ella algunas enseñanzas.
Aproximadamente seis meses antes, esta anciana había éaído de un banquillo y se había roto un tobillo. Como ocurre a menudo con los ancianos, la fractura no sanaba correcta- mente. Su tobillo seguía demasiado inflamado y tenía mucho f&olor. Mientras la visitábamos, el otro hombre y yo sentimos i que Dios quería sanar su tobillo —en ese momento.
Después de compartirlo con ella y obteniendo su consenti- miento, le dijimos que levantara su pierna sobre un banco. Y yo empecé a orar, o algo parecido.
64 - LA ORACIÓN INTERCESORA
¿Alguna vez Dios te ha interrumpido? A mí me interrumpió en esta ocasión. (Oh, ¡qué siempre sea así de "irrespetuoso"!) Cuando me coloqué de intermediario entre ella y Dios para llevar a cabo un encuentro, la presencia de Dios vino de una manera tan poderosa a la habitación que me detuve a la mitad de la frase. Había dado un paso hacía ella y había pronunciado una palabra: "Padre".
¡Eso era todo lo que El necesitaba!
Fue como si hubiese estado tan deseoso de tocar a esta mujer que no pudo esperar más. Me doy cuenta de que lo que estoy a punto de decir puede sonar demasiado dramático, pero es exactamente lo que sucedió.
La presencia del Espíritu Santo llenó la habitación con tanta fuerza que me quedé como una piedra. Dejé de hablar y empecé a llorar. Mi esposa y la otra pareja también empezaron a llorar. La mujer a la que ministrábamos comenzó a llorar. Su pie empezó a brincar sobre el banco, agitándose sin control durante varios minutos conforme ella tenía un poderoso en- cuentro con el Espíritu Santo —¡un encuentrol El Señor la sanó y la llenó con su Espíritu Santo.
Durante la misma visita a Guatemala, a mi esposa y a mí, junto con la pareja que mencioné anteriormente, se nos pidió que orásemos por una mujer que estaba hospitalizada con tuberculosis. La encontramos en una habitación junto con otras 40 mujeres, las camas estaban separadas unos 90 centí- metros las unas de las otras. Simplemente era un área del hospital en la que los doctores y enfermeras podían atender a la gente muy pobre. Ni siquiera había biombos que separaran a las mujeres. Y sí, la mujer estaba tosiendo con tuberculosis sobre todos aquellos que la rodeaban.
Conforme hablamos y oramos con ella, notamos que la mujer de la cama de al lado nos observaba con atención. Al terminar nos preguntó si estábamos dispuestos a orar por ella. Por supuesto que lo estábamos, así que le preguntamos cuáles eran sus necesidades. Sacó sus dos brazos de debajo de las sábanas y nos mostró las dos manos, retorcidas hacia su cuerpo, como si estuviesen congeladas en esa posición. Le
Conociéndose: El bueno, el malo y el feo - 65 eran completamente inservibles. Sus pies se encontraban de la misma manera.
Mientras estaba en el hospital para una operación de la espalda, el doctor accidentalmente había cortado un nervio de su columna vertebral, dejándola en estas condiciones. No había nada que pudieran hacer para corregir este problema.
La compasión llenó nuestros corazones conforme le pedía- mos a Dios que supliera su necesidad. Nada notorio sucedió, pero la animamos a que confiara en el Señor y nos dirigimos al otro lado de la sala para ver si podíamos compartir de Jesús con alguien más. No estaba presente ningún empleado del hospital, así que teníamos una libertad relativa para hacer lo que quisiéramos.
Conforme empezamos a visitar a otra mujer al otro lado de la habitación, escuchamos una repentina conmoción y a al- guien gritando: —¡Milagro! ¡Milagro! ¡Milagro! —Nos vol- vimos y vimos a la mujer moviendo sus manos, abriéndolas y cerrándolas, moviendo sus dedos, pateando con sus pies debajo de las sábanas y gritando la palabra milagro. ¡Un encuentro se había llevado a cabo!
No sé quién fue el más sorprendido —la mujer que fue sanada, las otras mujeres de la habitación o yo. Esperaba un milagro pero no creí que sucedería. Recuerdo que pensé: Esta clase de cosas sólo sucedían en los tiempos bíblicos.
Lo próximo que supimos fue que todas las mujeres de la habitación nos rogaban que les ministrásemos. Fuimos de cama en cama —como si supiéramos lo que estábamos ha- | ciendo— llevando a las mujeres a Cristo y orando por su recuperación. Recuerdo que pensaba: Esto es una locura. ¿Es i real o estoy soñando? ¿Estamos teniendo un avivamiento en ' una habitación del hospital! Varias mujeres fueron salvas, la ', mujer con tuberculosis también fue sanada y otra mujer que ya tenía hora para una operación de reconocimiento para la siguiente mañana fue enviada a casa ya sanada. En general, ¡tuvimos un tiempo grandioso! Incluso cantamos un par de ¡canciones. Probablemente no debimos hacerlo porque nos escuchó una empleada del hospital, entró en la habitación y
66 - LA ORACIÓN INTERCESORA
nos pidió que nos marchásemos. Ella se marchó, pero noso- tros nos quedamos. Muchas mujeres nos rogaban que oráse- mos por ellas. Unos minutos después regresó y "amablemen- te" nos acompañó a la salida del hospital.
¿Quién puede convertir una triste habitación de hospital llena de enfermedades y sin esperanza en un servicio de iglesia? ¡Dios! ¡Dios encontrándose con las personas! ¡Y los encuentros de oración crean encuentros con Dios!
No quiero engañarte y que pienses que los milagros siem- pre suceden con tanta facilidad como ocurrieron en estas dos ocasiones. Sin embargo, podemos traer a un individuo en contacto con Dios y ese es el significado de la palabra inter- cesión A menudo se requiere mucha intercesión; pero ya sea que tome días o minutos, el esfuerzo siempre vale la pena. Lo importante es que lo hagamos.