Estrés Psicológico y Valoración
LOS ENFOQUES DE ESTÍMULO Y RESPUESTA ANTE EL ESTRÉS PSI COLÓGICO
Si definimos el estrés como un estímulo ambiental, debemos considerar qué tipo de suceso coincide con esta definición. Es sensato comenzar este análisis con un enfoque de estímulo, a continuación contemplar el enfoque de respues- ta, aunque las dos perspectivas, como veremos, se pueden combinar para con- figurar una única.
Enfoque de estímulos
La Escala de Valoración de Reajuste Social de Holmes y Rahe (1967) fue una de las primeras escalas modernas para medir el estrés. Hace uso de un método peculiar con una conceptualización única. El enfoque fue diseñado para identi- ficar los cambios vitales comunes (sucesos vitales) sobre la base de la cantidad de esfuerzo presumiblemente necesario para manejarlos (véase Dohrenwend & Dohrenwend, 1974, para una revisión y análisis). Esta escala ilustra bastante bien el enfoque de estímulos (véase Tabla 3.1).
Tabla 3.1 Escala de Valoración del Reajuste Social
Rango Suceso vital Valor Medio 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 Muerte de un cónyuge Divorcio Separación Condena judicial
Muerte de un familiar cercano Enfermedad o dolencia personal Matrimonio
Despido laboral Reconciliación marital Jubilación
Cambio en la salud de un miembro de la familia Embarazo
Dificultades sexuales
Nacimiento de un nuevo miembro de la familia Readaptación en el negocio
Cambio en el estado económico Muerte de una amistad cercana Cambio de trabajo
Cambio en la cantidad de discusiones matrimoniales Hipoteca superior a 2.000.000 pesetas
Próxima finalización de hipoteca o crédito Cambio en las responsabilidades del trabajo Abandono del hogar por parte de hijo o hija Problemas con los familiares políticos Logro personal sobresaliente
Esposa comienza o deja de trabajar Comienza o finaliza el período escolar Cambio en las condiciones vitales Revisión de los hábitos personales Problemas con el jefe
Cambio en las horas o condiciones laborales Cambio de residencia
Cambios en el centro educativo Cambio en la recreación
Cambio en las actividades religiosas Cambio en las actividades sociales Hipoteca o crédito inferior a 2.000.000 Cambio en los hábitos de sueño
Cambio en la cantidad de encuentros familiares Cambio en los hábitos alimenticios
Vacaciones Navidades
Pequeñas violaciones de la ley
100 73 65 63 63 53 50 47 45 45 44 40 39 39 39 38 37 36 35 31 30 29 29 29 28 26 26 25 24 23 20 20 20 19 19 18 17 16 15 15 13 12 11
De Holmes & Rahe (1967), Journal of Psychosomatic Research, Vol. 11, Tabla 3, p. 216. Reproducción auto- rizada por Elsevier Science.
La idea de algún suceso ambiental –es decir, un estímulo– que provoque las reacciones de estrés y la necesidad de manejarlas, es un modo natural y atracti- vo de pensar en el estrés psicológico. Nos gusta explicar nuestras reacciones emocionales disruptivas refiriéndonos a la pérdida del puesto de trabajo, al sus- penso de un examen importante, a haber sido insultados por alguien, a haber sido dañados, ofendidos, etc.
La posibilidad de hacer referencia a acontecimientos externos dolorosos, como una pérdida importante, justifica nuestro malestar emocional, la consi- guiente enfermedad o disfunción, ignorando por un momento que, con algu- nas excepciones, la mayoría de tales sucesos no sólo pasan a la persona pasiva, sino que la víctima ha contribuido inadvertidamente de algún modo y puede estar manejándolos satisfactoria o insatisfactoriamente. Sin embargo, desde el sentido común, los cambios en la propia vida, especialmente las derrotas y las pérdidas, son estresores psicológicos para la mayoría de las personas e ilustran una definición de estímulo.
Holmes y Rahe pidieron a muestras de diversos tipos de personas de dife- rentes países que valoraran el grado de reajuste que requerían diversos aconte- cimientos vitales. Los resultados configuraron la base de la escala de valoración. El suceso más altamente valorado fue la muerte del cónyuge, seguido por el divorcio, el matrimonio, etc. concluyendo con sucesos cuya valoración fue rela- tivamente baja, como la solicitud de una pequeña hipoteca, problemas con los familiares políticos, casarse o ir de vacaciones.
Los dos últimos ítems parecen indicar que hechos de tono positivo como unas vacaciones, también pueden conllevar demandas adaptativas importantes. Evidentemente, y de forma anecdótica, es común que las personas que han esta- do viajando durante mucho tiempo enfermen por problemas respiratorios duran- te o tras haber vuelto a casa, presumiblemente porque el estrés del viaje aumen- ta la vulnerabilidad debilitando la competencia del sistema inmunológico.
Para evaluar el grado de estrés con fines clínicos o científicos, se pide a los sujetos que señalen cuáles de los sucesos vitales nombrados en la lista les han sucedido durante el año anterior. Se dijo que una puntuación alta, que podría resultar de múltiples cambios vitales importantes o de la suma de aconteci- mientos que conllevan demandas adaptativas moderadas, predisponía a las personas a la enfermedad entre 6 meses y un año después aproximadamente. La investigación defendió esta presunción, que ha sido demostrada en muchos estudios. Sin embargo, aunque estadísticamente significativas, lo que sugiere que como mínimo el principio básico es válido, las correlaciones entre las pun- tuaciones de los acontecimientos vitales y la enfermedad correspondían típi- camente al rango .3 o menor, lo que aumenta la predicción por efecto de la casualidad a menos del 10 %, y por lo tanto, es demasiado bajo para tener valor práctico.
Aunque no favorecieron el término estrés, la concepción original de Holmes y Rahe había sido que cualquier cambio, tanto positivo como negativo, era
estresante porque los cambios conllevan demandas de adaptación. Sin embar- go, las pruebas de las investigaciones subsiguientes sugieren que los sucesos negativos desempeñan un rol más significativo que los sucesos positivos en la enfermedad.
Durante muchos años hubo mucho entusiasmo en la psicología de la salud por la investigación de los sucesos vitales y la enfermedad. Tal entusiasmo se ha desvanecido en la actualidad –en parte a consecuencia de las limitaciones del razonamiento sobre el que se basaba y en parte por los problemas con todos los enfoques centrados en los estímulos en una época de la mediación cogniti- va– por no haber contemplado las diferencias individuales en la valoración y el manejo.
Otra razón para esta pérdida de entusiasmo es que la lista original de suce- sos vitales es bastante incompleta –por ejemplo, no existe ningún ítem que se refiera a la muerte de un hijo, son pocos los ítems referidos a las dolencias pro- pias de los ancianos o de los muy jóvenes. Otros tipos de experiencias estresan- tes también son importantes pero no se incluyen en la lista –por ejemplo, los desastres naturales, como los terremotos, inundaciones, y desastres provocados por el hombre, como la guerra, la inmigración, etc.
Como veíamos en el Capítulo 2, cuanto más cataclista es el suceso, mayor es la probabilidad de que genere trastornos psicológicos. Sin embargo, en el curso de la vida ordinaria, especialmente en las comunidades de clase media, los acontecimientos vitales de alta puntuación se producen con muy escasa fre- cuencia, y puede haber grandes porcentajes de estrés. Posteriormente se elabo- raron listados y procedimientos de valoración revisados con el fin de mejorar la escala original, pero no hay un enfoque perfecto para la medición de los estre- sores. Como se verá en breve, un enfoque del Proyecto Berkeley de Estrés y Manejo incluyó dificultades cotidianas aparentemente pequeñas como fuentes de estrés, a las que me referiré en el siguiente apartado.
Enfoque de respuesta
En contraste con el enfoque de estímulos, el estrés se define frecuentemen- te como la reacción problemática a los estímulos estresantes, que constituye la definición de respuesta de estrés. Decimos que nos sentimos presionados, doli- dos o amenazados, o que nos sentimos trastornados, angustiados, deprimidos, airados, ansiosos, tristes, etc. que es lo que significa el estrés en términos de res- puesta emocional. La fisiología y la medicina tienden a definir el estrés como una respuesta, como un estado orgánico o mental perturbador, lo que nos recuerda al SAG de Selye (véase Capítulo 2).
Además del hecho de ser excesivamente simple, este tipo de razonamiento es completamente circular –en otras palabras, es una tautología porque no res- ponde a la pregunta de cuál es el estímulo que produce la respuesta de estrés. Lo circular o tautológico en su razonamiento es que el estímulo estresante se
define fundamentalmente por el hecho de existir la respuesta de estrés, y la res- puesta de estrés se define a su vez mediante la referencia al estímulo que pre- sumiblemente la provocó en primer lugar.
En efecto, el estímulo estresante no se definía independientemente de la observación de la respuesta de estrés. No se ofrece ningún principio universal que añada información sobre el tipo de estímulo que sea nocivo –es decir, capaz de producir una respuesta de estrés en todas o la mayoría de las personas, por lo tanto no nos permite comprender qué es lo que sucede– sólo una clasifica- ción vacía que no puede usarse para predecir la respuesta de estrés.
Una definición S-R sería más fácil de justificar si todas las personas res- pondieran ante determinados sucesos, digamos la muerte del cónyuge, del mismo modo –a saber, con un grado equivalente de trastorno emocional, dis- función o enfermedad. Pero incluso los sucesos vitales graves como éstos, que pueden ser extremadamente estresantes, no afectan a todos del mismo modo. Así, la muerte del cónyuge es extremadamente traumática para una persona, pero puede ser vivida como un alivio por otra que haya visto sufrir a su cón- yuge durante un período prolongado de agonía y que haya compartido dicho sufrimiento. El uso del enfoque S-R sin ninguna otra especificación de las reglas nos hace incapaces de definir qué es lo que determina que un estímulo sea estresante.
El principal problema de este enfoque para el estrés es que lo que hace que el estímulo sea estresante depende en cierto grado de las características de la persona expuesta al mismo, lo que nos conduce a las siempre presentes res- puestas individuales. No hay mejor caso para la necesidad de una definición del estrés que este dilema –en efecto, se requiere tanto la condición del estímulo estresante como el de una persona vulnerable para generar la reacción de estrés. El único modo de resolver el dilema consiste en introducir a la persona en la ecuación. Por lo tanto, vayamos directamente a las diferencias individuales en el modo de respuesta de las personas ante idénticos estímulos (para un punto de vista diferente, véase Hobfoll, Schwarzer & Chon, K-K. , 1996), que defien- den que los diseños de investigación estímulo-respuesta para el estudio del estrés son más científicos porque se basan en la observación y no en valoracio- nes subjetivas, y que a pesar de la popularidad del punto de vista cognitivo- mediador, la mayor parte de la investigación sigue siendo S-R).