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Entramados sociales y culturales: determinantes en el cambio de proyectos migratorios

El cambio o abandono de los proyectos migratorios definidos o acordados, se pre- senta tanto en migrantes principiantes jóvenes como en migrantes consolidados. Las causas refieren a una combinación de factores simbólicos, culturales y perso- nales que pueden ser agrupados en las categorías inmersión cultural, libertad no experimentada, influencias de familiares, amigos, nuevos conocidos y aparición de una nueva pareja.

En el caso de los paseños migrantes, la inmersión cultural no es determinante, pero ofrece situaciones que influyen radicalmente en el cambio de los proyectos migratorios ya organizados. Para algunos inicia en el cruce fronterizo y conti- núa con el avión que los conduce a su destino final, que los aguarda con paisajes urbanos diferentes al del pueblo. Esto constituye la parte inicial de la inmersión

206 Juan y Julio (landscaping) señalan haber tenido una excelente relación con sus patrones americanos, quienes les enseñaban palabras y frases en inglés. Por su lado, con Don Franco, italiano dueño de la panadería New York, y Doña Betty, patrona árabe, reciben instrucciones en español, lo cual les hace pensar en lo innecesario que resulta hablar inglés.

cultural. Luis afirma que: “La primera cosa que te llama la atención cuando llegas a este país son las personas de diferentes países que nada más ves en televisión”. Juana afirma: “Aquí se ve gente de todo el mundo y nadie se mete contigo, todos andan en sus cosas... Eso es lo más chistoso de cuando llegas, te sientes como en una película, ya luego te acostumbras y hasta trabajas con ellos”.

En los paseños, el impacto que causa la inmersión indocumentada en la cultura americana, en primer lugar, es de orden material ante lo extenso y variado de los productos suntuarios que el mercado americano ofrece y en donde los paseños, presos del deseo material insatisfecho en el pueblo (muchas veces no correspon- den a las necesidades propias del proyecto migratorio organizado con la familia en el pueblo), tienden fácilmente a cambiar parcial o totalmente sus proyectos. A estos impactos culturales se suman el hacinamiento, la no adaptación total a la vida americana y el trato recibido en los ambientes de trabajo y la soledad.

En lo que respecta a la aparente libertad207 experimentada en los Estados Unidos, ésta se presenta con cierto grado de relatividad en los migrantes pase- ños. Generalmente son los jóvenes-adolescentes o solteros (hombres y mujeres) quienes recurren a ella sin reparar en lo que ésta les cobra: tiempo, dinero, salud; o bien, los efectos que ésta pueda ocasionarles: enfermedades, problemas legales, pérdida de empleos, entre otros.

Esta aparente libertad, hasta cierto punto, constituye un factor decisivo para el cambio o abandono de los proyectos migratorios originales que motivaron a realizar el viaje a los Estados Unidos. Esto puede observarse desde el momento en que un paseño obtiene mayores ingresos a los esperados. La sensación que pro- voca tener dinero en su bolsillo, acompañada de la amistad y de las relaciones que ofrecen las redes migratorias paseñas (u otras), los motiva a buscar nuevas formas de convivencia o situaciones jamás experimentadas en algún lugar de México, mucho menos en el ejido.

Por ejemplo, el proyecto migratorio de “Juanis” por construir su casa ha tenido que esperar más de tres años.208 Previo a su llegada a los Estados Unidos, solía disfrutar de la compañía de amistades masculinas, razón que durante su adolescencia le valió discusiones y problemas familiares y vecinales en el ejido.

207 Digo “aparente” ya que después de un determinado número de meses inmersos en la nueva vida americana, tal nivel de libertad cambia por el de una sensación de aislamiento: vivir en una jaula de oro, con muchas cosas, pero al fin presos, sin libertad.

208 Llegó a Nueva York en el 2001. A finales del 2003 no había alcanzado su proyecto migratorio y, de acuerdo con el seguimiento de caso, a la fecha (2008) sigue inconcluso.

Por no contar con tierras propias, ni un empleo de base o salario permanente, sólo el apoyo semanal que su madre le daba por atender un bar, apoyada por sus hermanos, decidió viajar a Nueva York en busca de ingresos que le permitieran construir su casa y tener una vida independiente de sus familiares. Sentir a sus hermanos sólo como un apoyo moral y económico, pero no como una vigilan- cia e impedimento a sus acciones, inició la experimentación de la “libertad” buscando en otros grupos nacionales209 nuevas experiencias de “amistad”, que iban desde realizar viajes por carretera a otros estados americanos, establecer relaciones sentimentales temporales (vivir con ellos), hasta organizar y asistir a fiestas ocasionales de fin de semana. Su proyecto migratorio ha tenido que esperar porque su prioridad es: “vivir lo que no puedes hacer en el pueblo. Aquí tienes más libertad. Yo sé que ya dedicándome a trabajar, puedo ahorrar para mi casa.”210

En otro caso, Rodrigo, hijo de ejidatario cañero, llegó con el proyecto de “hacer lo suyo” y tener su propia casa. En el pueblo vivía solo con su mamá (padre fallecido); sus dos hermanos trabajan en Nueva York. Como él argumenta, en la adolescencia se motivó a buscar nuevas aventuras y la posibilidad de ya no depender de su madre y del apoyo de sus hermanos para estudiar la preparatoria. La decisión del viaje a los Estados Unidos fue tomada con su madre y herma- nos bajo el compromiso de ahorrar, apoyar a su madre y construir su casa. Sin embargo, la facilidad que representa para un joven de dieciocho años el ganar trescientos dólares semanales, sin compromisos conyugales, deudas o proble- mas económicos,211 más que el de aportar la cooperación doméstica mensual y sus gastos personales, le permitieron hacerse de un nuevo estilo de vida que ha postergado su proyecto migratorio original: “A mí no me importa gastarme mil dólares en una cadena de oro, son cosas que siempre deseé en México y aquí sí me las puedo comprar. Allá siempre tenía que pedirle dinero a mi mamá o a mis hermanos; aquí yo me compro lo que quiero. Pero no siempre voy a estar gastando, sé que tengo que ahorrar”. Hasta la fecha no ha logrado su proyecto migratorio.

El aparente uso irracional que se hace de la libertad en tierras americanas es resultado de los tabúes y prejuicios del ejido, donde la libertad condicionada se ciñe a la vigilancia familiar o conyugal. Tal situación hace que al estar en los

209 Puertorriqueños, guatemaltecos y colombianos.

210 Dover, Nueva Jersey. Noviembre de 2003. Juanis, hija de productores.

Estados Unidos algunos paseños vivan un sentimiento de libertad que los aparta de todo tipo de vigilancia o tabúes y da pauta a la experimentación de esta libertad que, sin duda, influye en el logro parcial, total o en el abandono de los proyectos migratorios.

Aunada a la libertad experimentada, la presencia de familiares y nuevas amis- tades influyen en el éxito o fracaso de los proyectos migratorios. Esta influen- cia les ocurre generalmente a los nuevos migrantes, aunque no es exclusiva de ellos. Respecto a los familiares, quienes ayudan a realizar el cruce, por un lado, en determinadas ocasiones demandan el pago de la deuda contraída con el coyote, así como el pago de préstamos o favores económicos (cooperaciones, compras especiales, regalos). Por otro lado, quienes no incurren en la extorsión familiar del migrante realizan un doble juego: cobran el favor económico y descalifican el proyecto familiar que los llevó a los Estados Unidos, argumentando que mien- tras los nuevos migrantes trabajan duro, sus familiares en el ejido sólo gastan el dinero enviado. Les recomiendan vivir y disfrutar de su “nueva vida” invirtiendo en el pago de fiestas, bebidas alcohólicas, visitas a burdeles, etcétera. Es en este contexto donde conocen nuevas amistades (de otras nacionalidades) con quienes llegan a compartir nuevos roles de vida, de subsistencia o trabajo, alterando su proyecto migratorio original.

En el caso de los paseños, existen experiencias migratorias donde tanto la influencia de familiares ventajosos como la de grupos de otras nacionalidades, inciden en la compra y uso de drogas, alcohol e, incluso, en la adhesión a pandi- llas. Francisco, un joven de dieciocho años, llegó a Nueva York en el año 2000 con el proyecto migratorio de ahorrar dinero y capitalizar la parcela familiar, cuyas escrituras fueron empeñadas para financiar su viaje a los Estados Unidos.212 Experimentar por primera vez ingresos en dólares que le permitían el acceso tanto a bienes materiales, tecnológicos, como suntuarios, así como formar parte de grupos de jóvenes “con exceso de libertad”213 desvió en su totalidad el obje-

212 Francisco vive con su abuela en el ejido. Ellos dos están al cuidado de la parcela que, al morir el abuelo Pancho, quedó en manos de la abuela María. Sin embargo, desde la muerte del abuelo en 1999 (quien se encargaba de contratar trabajadores y cuidar la parcela), el rendimiento de caña por hectárea bajó. La ausencia del abuelo y, más aún, el desconocimiento de los trabajos agrícolas cañeros y un empleo permanente motivaron el viaje de Francisco a los Estados Uni- dos.

213 No pueden concebirse como pandillas, ya que no realizaban actos vandálicos o robos. La mayoría de ellos trabajaba y en sus tiempos libres se dedicaban al consumo de drogas, alcohol, fiestas, compras de autos deportivos, viajes y visitas a burdeles.

tivo de su proyecto migratorio familiar. Francisco regresó al ejido en el 2003 sin ahorros. El fracaso del proyecto migratorio fue tal que llevó a la pérdida de la parcela. Ahora la abuela vive del apoyo de amistades y vecinos. Francisco regresó nuevamente a los Estados Unidos, ahora al estado de Nueva Jersey (2004) donde, según comentarios de paisanos, se le sigue viendo utilizar su tiempo libre y dinero en fiestas, donde luce ropa de marca, joyas, relojes y donde se consume alcohol y marihuana.

Por otro lado, concebir al surgimiento de una nueva pareja como un obstáculo al proyecto migratorio es relativo, pero no debe perderse de vista, ya que quie- nes deciden tenerla experimentan un cambio en su proyecto migratorio que, en ocasiones, llega a ser radical. El tema es escabroso y delicado, pero existen expe- riencias concretas de paseños cuyo proyecto migratorio (construcción o remo- delación de sus casa, compra de tierras, entre otros) en ocasiones ha tenido que prolongarse hasta tres o cuatro años más de lo previsto; en otras, simplemente, ha desaparecido.

Generalmente los paseños con más de tres años de permanencia en los Estados Unidos argumentan tener relaciones pasionales fortuitas, ocasionales o duraderas informales. Los que son casados buscan evitar divorcios no deseados; sin embargo, aunque el logro de su proyecto se postergue, combinan su nueva relación con éste y su familia en el ejido. Por su lado, algunos hombres solteros (se hicieron veinte entrevistas exploratorias) tratan de tener el mayor número de experiencias posibles, preferentemente con personas de otras nacionalidades, experiencia sentimental que les resulta extremadamente atractiva, y que les pro- porciona la oportunidad de poder comentar en el ejido lo que significa una expe- riencia extramarital con personas extranjeras, a quienes sólo habían visto a través de la televisión, revistas o películas en el cine.

En la organización y reorganización de proyectos migratorios analizados (defi- nidos, cambiantes, no definidos) la participación de la mujer paseña es crucial. No obstante la permanencia de la mujer en el ejido, su capacidad de organización, seguimiento, administración y habilidad para resolver problemas domésticos y familiares, así como alentar y mantener viva su relación marital (vía telefónica, mensajería), ofrece mayor probabilidad de éxito a los proyectos definidos. Su par- ticipación es crucial en la continuidad y estabilidad familiar (Espinosa, 1998). A partir de esta relación se organizan los gastos, inversiones y ahorros de las reme- sas y se mantienen los espacios de convivencia transnacional con la comunicación (Wakeman, 1988; Capps, 2005) que, vía telefónica, se mantiene cada tercer día o semanalmente, discutiendo acuerdos financieros o domésticos.

Por otra parte, la reorganización o transformación de los proyectos se da cuando se arreglan aquellos problemas que los detonaron.214 Por ejemplo, la separación temporal de Cacho por un año, propició su salida del pueblo hacia los Estados Unidos. En su estancia migratoria básicamente se enfocó a convivir con amistades y conocer Nueva York. Pasaron meses para retomar el contacto fami- liar vía telefónica e iniciar el arreglo conyugal, el cual desembocó en la definición de un proyecto migratorio: la construcción de una casa. Actualmente, Cacho reconoce que fueron sus hijos y la disposición y decisión de su esposa por arreglar los problemas: “Uno también tiene derecho a divertirse allá... me fui por unos problemitas acá, pero ya después, de tanto vivir lo que no viví de joven, pues ya me decidí a pensar en mi familia y hacer algo por ellos. No podía seguir así todo el tiempo”.

Es menester enfatizar que las experiencias migratorias específicas de los paseños no emergieron de su inserción directa en el mercado de trabajo infor- mal americano, sino de los procesos previos que hicieron los primeros migrantes para abrir espacios laborales, seguido de lo que continúan haciendo los nuevos migrantes para consolidar y mantener el actual proceso migratorio transnacional paseño. Cabe señalar que dicho proceso se basa en los proyectos migratorios que los paseños diseñan o replantean tanto en tierras paseñas como americanas.

En este orden de ideas, se afirma que el proceso migratorio paseño se ha nutrido también del valor agregado que representa la experiencia migratoria previa, la cual se reflejó en el grado de adaptación parcial desarrollada con los propios paisanos, miembros de otras redes y nativos. En síntesis, los paseños consideran que tal experiencia migratoria es determinante para lograr “entender” y “agarrar la onda” a la vida americana y, sobre todo, lograr sus proyectos migratorios. Concomitante a esta experiencia migratoria, las redes sociales, ya sean transitorias, comunes o las propias, son imprescindibles para incursionar en espacios de convivencia social y lograr un nivel de adaptación que aligera la estadía indocumentada en los Estados Unidos mientras se alcanza el proyecto migratorio trazado.

Por último, se observa que no sólo los paseños son impactados por procesos culturales o avances tecnológicos nunca antes experimentados, sino también ellos han impactado en las comunidades estadounidenses a donde llegan a vivir. La presencia del paseño en Nueva York es necesaria tanto para los condados esta- dounidenses como para el ejido Paso de Doña Santa Ana, que ante la ausencia de

214 Pueden ser problemas de pareja, influencias de amistades o amigos y embarazos no desea- dos, entre otros ya analizados.

una política económica integral que atienda al campo cañero, se sostiene de los migradólares. Tal es la interdependencia existente entre estas comunidades, que el retorno de un paseño se refleja e impacta en ambos lados, como se ilustra en el siguiente capítulo.

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