The flight of the meadowlark: understanding systemic domestic violence
ENTRE LO PERS ONAL-FAMILIAR-LABORAL
Toda minoría dirigente tiene que acallar el senti- do del tiempo de aquellos a quienes ex plota. Este es el secreto de la autoridad de todos los métodos de
represión.
John BERGER
Teniendo en cuenta las tres esferas que definen espacios y tiempos dedicados a cada rol social, vemos cómo la conciliación pone en relación lo laboral con lo familiar al tiempo que la corresponsabilidad vincula lo personal con lo familiar. Se da una revisión perti- nente de las políticas de conciliación cuando se afirma que las mujeres llevamos toda la vida conciliando y son los varones quienes deben tomar la iniciativa de la corresponsabi- lidad. Es por ello que si planteamos planes de igualdad para trasladar el esquema propio del patriarcado (y del mercado laboral) a la organización de los tiempos de la sociedad en su conjunto, fracasaremos por cuanto la lógica del beneficio no se ajusta a la lógica de los cuidados (Carrasco, 2003).
Adjetivar el fenómeno de la violencia con el calificativo de «familiar» puede lle- varnos a la idea equivocada de que sea una situación propia de familias desestructura- das, de «conductas desviadas» se decía no hace mucho. El argumento que lleva a com- poner este texto quedaría resumido en la idea de que la cultura democrática debe sur- gir del seno de las familias para alcanzar una sociedad más justa e igualitaria. Que la violencia engendra violencia es un lugar común en el ideario colectivo; sin embargo, aunque lo olvidemos con demasiada frecuencia, sabemos que la desigualdad no bene- ficia a nadie, ni siquiera a quien somete. Una situación injusta sigue un esquema de beneficio a corto plazo para quien comete el agravio, con el tiempo se vuelve en con- tra del común, de todos, del propio grupo. Las sociedades que se reconocen más feli- ces, o dicho en términos sociológicos con más altas cotas de bienestar social, son las más igualitarias desde el punto de vista de las garantías y los derechos. Igualdad de de- rechos o isonomía (Valcárcel, 1995), equidad, equivalencia, porque valer lo mismo no
es valer para lo mismo, como bien nos recuerda Ana M.ª Pérez del Campo (1995)10.
La transformación social derivada de la incorporación de las mujeres al mercado labo- ral no ha venido acompañada de las transformaciones necesarias en los estilos de vida en sus diferentes contextos de interacción: laborales, familiares o personales. Conviene revi- sar, al respecto, estudios recientes que ponen de manifiesto en nuestro país que en los ca- sos de las parejas bisalariales (las conocidas como dinkis en inglés: double income no kids) la corresponsabilidad y el reparto equitativo de espacios, tiempos y dinero no resul- tan ser la norma sino más bien la excepción, incluso en los casos en los que la mujer re- cibe mayores ingresos que el varón:
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10 Debate, ya clásico, entre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia, como la divergen-
«El intercambio de roles sigue sin ser aceptado socialmente. Así, una pareja en la que la mujer sea la principal proveedora de la familia y cuyo marido esté dedicado al cuidado del hogar se enfrenta a la negativa consideración pro parte de familiares, amigos y cono- cidos; pero también constituye, para ambos miembros de la pareja, una traición a su iden- tidad de género, que tratarían de compensar adoptando un comportamiento tradicional en la relación de pareja» (Dema, 2006: 15). De ahí que cada día más, surja la demanda de una revisión de la corresponsabilidad en el contexto doméstico y de unas medidas de concilia- ción entre el ámbito del trabajo asalariado y el del trabajo doméstico. Todo esto va estre- chamente unido al hecho de que en nuestro país la regulación de los usos del tiempo no tiene correspondencia con otros países de la Unión Europea. En este contexto, y con una tasa de desempleo femenino que dobla la masculina, la violencia sistémica ayuda a com- poner el escenario (Durán, 2007).
ESQUEMA2
COORDINACIÓN ENTRE LOS ÁMBITOS PERSONAL, FAMILIAR Y LABORAL
En la escuela, dado que se inicia la socialización secundaria, se produce la interacción entre los estilos de familia y autoridad presentes en la sociedad y según algunas teorías la dominación masculina tiene su punto de partida en el ámbito de lo público para adentrar-
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Derecho a tiempo, espacio y dinero propios Corresponsabilidad Conciliación PERSONAL LABORAL FAMILIAR
se en los entornos familiares (Bourdieu, 2000). El trabajo realizado por las asociaciones de madres y padres, tanto como la acción tutorial de docentes cooperando con progenito- res, resultan contextos de observación que nos llevan de nuevo a recordar las tres esferas de la construcción de la identidad. En la articulación entre lo grupal-familiar y lo social- cultural se da la circunstancia de un aumento, en menos de cinco años, de la población inmigrada (en torno al 10%), que, unido a la obligatoriedad de la escolarización, hace que en algunas zonas de nuestro país, y especialmente en la escuela pública, los escolares so- cializados en otros valores culturales representan más de la mitad de la población escolar. Las formas de resolución de conflictos aprendidas en el sistema educativo deben ser apli- cadas teniendo en cuenta estas circunstancias y matices.
En propuestas para trabajar la violencia en el entorno escolar como el Proyecto Rela-
ciona11, puede verse que en un principio los y las docentes participantes no perciben la
conexión entre diferenciación sexual y violencia. Más tarde se percatan de que quienes agreden y ejercen presión (física, psicológica o verbal) sobre las otras personas suelen ser mayoritariamente varones que actúan según un esquema sociocultural de posicionamiento contrario a lo femenino, más que a las mujeres en sí. La conclusión a la que llegamos queda resumida en combatir la violencia potenciando valores femeninos. Es por ello que la escuela mixta resulta insuficiente, debemos apostar por una escuela coeducativa para compensar prejuicios y estereotipos sexistas propios de una cultura patriarcal tan conso- lidada. Los casos de violencia escolar resultan un fenómeno masculino por cuanto lo que se valora en esta sociedad es una construcción de la masculinidad en base a la fuerza y la capacidad de dominio sobre el otro.
Sirviéndonos de propuestas didácticas para analizar con jóvenes la violencia familiar y escolar en el contexto de la docencia, ninguno de los estudiantes atribuyó el origen del problema a las carencias de cultura democrática de la sociedad en la que viven. Ge- neralmente se entiende, y así ocurre con los jóvenes consultados que violentos son los otros, la violencia como el comportamiento propio de los desviados que sólo puede ser resuelto aislándolos, previa intervención del poder judicial, su fin último es la cárcel. Pero ¿qué pasa con el resto? ¿qué recursos tenemos el resto de la sociedad para resolver el conflicto que supone que uno de los nuestros se desvíe del camino? ¿cómo digerimos una estrategia que vaya más allá de evitar el encuentro con «el violento»? ¿qué recursos otorgamos al resto mayoritario para digerir (después) y prevenir (antes) una situación de violencia? Seguimos tratando el problema de la violencia como si fuera coyuntural siendo como es, probadamente estructural. Deberíamos ser capaces de aprovechar el con- flicto para crecer como sociedad en una cultura de convivencia (Bach y Darder, 2002). Ante el conflicto tenemos la opción de responder con la agresión, comportamiento ex- tremo de debilidad, o bien canalizar la divergencia de intereses hacia la negociación de significados en una apuesta clara por el desarrollo humano. Se trata de que seamos ra- cionales no sólo porque nos comportemos racionalmente sino porque nos impliquemos en combatir cualquier forma de comportamiento contrario a la razón: supersticiones, es- tereotipos, prejuicios, dogmatismos, etc. Educar para la libertad de pensamiento es una
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11 VV. AA.: Relaciona: una propuesta ante la violencia. Cuadernos de Educación No Sexista, nº 11, Insti-
forma de actuar que combate el proselitismo y el adoctrinamiento.
5. UN COMPROMIS O ÉTICO DE EQUILIBRIO PARA RES OLVER EL CONFLICTO
La razón es una muestra de conv iv encia, pero también una fuente de disidencia y de rebelión
Fernando SAVATER
Asumimos el conflicto social de la violencia sistémica como una oportunidad para des- arrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje de la convivencia, de una cultura de pactos a par- tir de la cual seamos capaces de reorganizar espacios, tiempos y dineros de un modo equita- tivo y justo (Simón, 1999: 93-146). El compromiso de equilibrio social pasa por integrar los principios androcéntricos de libertad, igualdad y fraternidad con la propuesta alternativa ginecocentrada de equidad, paridad y sororidad. Desde el punto de vista de la construcción de la identidad y volviendo a las tres esferas, los objetivos que se persiguen mediante la cultu- ra de pactos quedan resumidos en tres valores, requisitos indispensables, para la nueva orga- nización de la sociedad. Autonomía-interdependencia, equivalencia-diversidad y solidaridad-re- ciprocidad son los tres pares de valores que funcionan como pilares del compromiso ético lo- grado a través de los pactos intrapsíquico, intragénero e intergénero.
ESQUEMA3
UN COMPROMISO ÉTICO DE EQUILIBRIO PARA RESOLVER LA VIOLENCIA FAMILIAR Y SISTÉMICA
Al estudiar el proceso constituyente de la violencia en el entorno familiar de nuestras
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Co mpro mi s o éti co de equi l i bri o
Pacto intrapsíquico Interdependencia
Democracia vital
Proyectos paritarios equivalentes
Diversidad Reciprocidad
Simón, E. 1999: 146
sociedades occidentales, estamos desvelando la necesidad de tomar decisiones para que no sean las circunstancias las que nos determinen. La secuencia de las distintas fases nos per- mite vislumbrar la senda que no puede seguir guiando nuestros pasos, de ahí que pro- pongo un cambio de perspectiva, más aún, la búsqueda de un nuevo paradigma para edu- carnos en la convivencia y no reforzar dinámicas violentas. Sabemos que nuestro modelo de interacción ha sido elegido desde los criterios de grupos de poder definidos según va- riables que no tuvieron en cuenta la diversidad humana, y que además logran imponer su visión hasta el punto de ser tomada como universal. La primera acción, pues, pasa por reconocernos en la diversidad, asumir la diferencia como valor social total. En segundo lugar, la separación de espacios públicos y privados ha servido para visibilizar los pri- meros en detrimento de los escenarios de la cotidianidad y del sostenimiento de la vida. Poniendo nuestro énfasis en la visión de lo doméstico seremos capaces de articular la or- ganización de los tiempos y espacios en función de las necesidades básicas para la repro- ducción social y no sólo para la producción económica. Los roles asignados a cada ám- bito se ven así contestados por un nuevo esquema de funcionamiento en el que las muje- res no tienen la total responsabilidad de los cuidados de los otros, cada sujeto crece en au- tonomía al tiempo que sus responsabilidades sociales aumentan. La familia cumple la función social de contribuir al desarrollo humano ofreciendo a cada uno de sus miembros la misma proporción de raíces y de alas, como dice el poema, esto es, un vínculo afecti- vo para la seguridad y la autonomía.
Si bien es cierto que el conflicto familiar se describe a partir de la incorporación de las mujeres al trabajo extradoméstico por la resolución equívoca de la doble presencia/ausen- cia (Izquierdo en Carrasco, 2003: 41), no es menos cierto que al tomar como variables el espacio, el tiempo y el dinero estamos apostando por unos criterios equivalentes. En efec- to, todos los miembros de una familia tienen el mismo número de horas al día, compar- ten un mismo espacio de convivencia en metros cuadrados habitables y disponen de unos ingresos y gastos comunes. Atribuimos a estos tres indicadores el valor de constituirse en analizadores de la situación de cada familia como institución social. No podemos aspirar a construir una sociedad democrática sin revisar la gestión igualitaria de tiempo, espacio y dinero en el seno de cada unidad de convivencia. Esta suerte de evaluación con la consi- guiente implementación de los resultados obtenidos debería servir para reorganizar la vida en una sociedad como la nuestra que apuesta por desterrar la violencia de su esquema de funcionamiento. A la pregunta de si es posible esta transformación, responde Eduardo Ga- leano desde el otro lado: Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca lo alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar. Para que la alondra remonte el vuelo…