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La Epístola de Judas

In document Estudios Sobre El NT (página 128-131)

El Largo Encarcelamiento de Pablo

Capitulo 14. — La Enseñanza de Pedro y Judas

4. La Epístola de Judas

(a) El Autor

Se llama sencillamente “Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo.” (Jud. 1: 1) Jacobo es el hermano de Jesús que tenía un hermano llamado Judas (Mar. 6: 3), que también no fue convertido hasta después de la resurrección de Jesús (Hech. 1:14). Es digno de notarse que aunque dice que es el hermano de Jacobo, no hace mención del hecho de que es hermano de Jesús. En esto sigue el ejemplo de Jacobo. La obra de Judas nos es desconocida, sólo sabemos que era casado y llevaba a su esposa consigo en su trabajo y viajes (1 Cor. 9: 5). La epístola le muestra como hombre de viva imaginación y naturaleza apasionada.

(b) Fecha

Hay mucha incertidumbre entre esta epístola y 2 Pedro. Si se admite la genuinidad de 2 Pedro, como sostengo yo, entonces es preciso que las dos epístolas fuesen escritas antes de la destrucción de Jerusalén. El punto es que el segundo capítulo de 2 Pedro hizo uso de la Epístola de Judas, o Judas hizo uso de este capítulo. Los argumentos se balancean mucho, pero, después de todo, parece más natural pensar que la epístola más corta fuese hasta cierto

punto incorporada en la más larga, que la más corta hubiese tomado un

capítulo de la más larga para modificarle. Además de esto, Judas tiene un estilo muy individual, lleno de frases pintorescas que arguyen por su originalidad. Por lo tanto, tenemos que pensar en una fecha cerca del año 66 A.D. como el tiempo probable cuando la epístola se escribió.

(c) Lugar y Destino

No sabemos nada del uno ni del otro. No hay nada acerca de la localidad del escritor. En cuanto a los lectores sólo dice, “los llamados, santificados en Dios Padre, y conservados en (para) Jesucristo” (Jud. 1: 1). Este lenguaje es del todo general, dejándonos en ignorancia. Pero no se dirige a una iglesia local.

(d) Doctrina

Este escritor es consciente del vínculo común que los une a todos en Cristo, y habla de “la común salud” (Jud. 1: 3). Sabe que hay herejías que amenazan a sus lectores, probablemente los gnósticos, e insta a los creyentes a que

contiendan eficazmente por la fe que una vez para siempre fue entregada a los santos (Jud. 1: 3). La palabra “fe” quiere decir aquí el contenido del evangelio antes bien que la confianza en Cristo. Pero evidentemente los herejes negaron a “nuestro único Soberano y Señor Jesucristo,” (Ver. Mod.) no solamente en su credo, sino también en su vida (Jud. 1: 4). Recordó a sus lectores del proceder de Dios con Israel en Egipto y con los malhechores por toda su historia. La cita de Enoc (Jud. 1:14) ocurre en casi estas mismas palabras en el libro de Enoc, uno de los apocalipsis judaicos. Habla de los apóstoles de Jesús como un grupo de caudillos (Jud. 1:17) que predijeron estos días malos. Aboga

apasionadamente por el trabajo para rescatar a los que perecen (Jud. 1:23). 5. Segunda Epístola de Pedro

(a) El Autor

Ningún libro en el Nuevo Testamento causa tanta duda acerca de su

genuinidad como la Segunda Epístola de Pedro. El escritor pretende ser Simón Pedro (2 Ped. 1: 1), y ser apóstol de Jesucristo, y se refiere a la Primera

Epístola con lenguaje explícito (2 Ped. 3: 1). Pero no obstante esto, el estilo en el griego es decididamente distinto a pesar de ciertas semejanzas. Se arguye también que el uso de “vuestros apóstoles” (2 Ped. 3: 2, Ver. Mod.) muestra que el escritor no es realmente apóstol y que estima los escritos de Pablo como iguales con los del Antiguo Testamento (2 Ped. 3:16), lo cual no se habría hecho en el primer siglo. En cuanto al estilo del griego, que es algo tosco, es posible que ésta sea obra de Pedro sin nada de revisión. Fue llamado “sin letras

e ignorante” (Hech. 4:13), y por cierto no fue instruido en las escuelas, sino hombre pescador. En el caso de la Primera Epístola de Pedro, puede ser que Silvano hiciera el papel de amanuense para Pedro (1 Ped. 5:12), y por esto haya corregido el griego en distintas partes. Puede ser que Lucas haya hecho lo mismo al narrar el discurso de Pedro en el día de Pentecostés, el cual se da en una forma condensada. La diferencia en el vocabulario entre las dos epístolas puede explicarse en parte por la diferencia entre los asuntos que se tratan. La referencia a apóstoles no es un verdadero obstáculo a que Pedro sea el autor ni tampoco es la que se hace a los escritos de Pablo. Pedro realmente amaba a Pablo, y no había entre ellos permanente rotura de relaciones. En verdad, 1 Pedro representa esencialmente el mismo concepto que tiene Pablo de Cristo y el cristianismo. Después de todo, pues, la evidencia está a favor de la

genuinidad de la Segunda de Pedro como sostiene Bigg en su gran comentario. Si la epístola no es genuina, es pseudoepígráfica (bajo un nombre asumido), porque se emplea el nombre de Simón Pedro como el del autor. La situación no es como la de la Epístola a los Hebreos que no menciona al autor.

(b) Fecha

Si es genuina, la fecha tiene que estar entre la Primera Epístola de Pedro y la muerte de Pedro (entre 65 y 68 A.D.), y será probablemente el 67 o 68.

(c) Destino

El escritor dice expresamente que se dirige a los mismos lectores como los que recibieron la Primera Epístola de Pedro (2 Ped. 3: 1).

(d) Ideas Principales

La epístola es intensamente práctica y rica en exhortaciones provechosas. Evidentemente quiere combatir la enseñanza gnóstica de una marera más efectiva con una experiencia más rica de Cristo. La “fe igualmente preciosa” (2 Ped. 1: 1) recuerda “la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa,” en (1 Ped. 2: 7). Pedro pone énfasis en “conocimiento” en esta epístola

(2 Ped. 1: 2, 5, 12; 2:20; 3:18). Según Pedro el conocimiento de Jesús es la más excelente de las ciencias. Apela a su propio conocimiento de Cristo mientras esté en la tierra, “con nuestros propios ojos visto su majestad” (2 Ped. 1:16) y describe la voz “enviada de la magnífica gloria en el Monte de

Transfiguración” el monte santo (2 Ped. 1:17). Pedro sostiene el nuevo nacimiento (participantes de la naturaleza divina, 2 Ped. 1: 4), y exhorta a diligencia para la plena realización del propósito electivo de Dios acerca de nosotros (2 Ped. 1: 5-11). Anhela, hacer su parte a este fin por esta carta, despertando sus mentes para que se acuerden, y a hacer algo para que después

de su muerte sepan las cosas de Cristo (2 Ped. 1:14). Es posible que se acuerde aquí también del Evangelio de Marcos que había sido preparado hasta cierto punto bajo la dirección de Pedro. No hay excusa para que alguien ignore a Jesús. A la vaga luz de la profecía ha sucedido el pleno Sol de Justicia. Así es hecha más clara la palabra de la profecía por la venida de Cristo. Los hombres hablaron como el Espíritu Santo se los reveló, no por capricho ni impulso. La traducción debe ser “revelación privada,” en vez de “interpretación privada” (2 Ped. 1:20). La venida de falsos profetas había de esperarse y no debería ser desconcertante así como no lo fue en los días antiguos, y podemos añadir en los días después de Pedro. El “Pensamiento Nuevo,” “Ciencia Cristiana,” el “Russellismo,” “el Mormonismo,” y otras muchas crudezas seguirán

disturbando a los discípulos de Jesús. Hay unos pocos hombres que hasta dicen que Jesús nunca existió, y que Pablo y Pedro dejaron de entenderle si es que haya existido. “Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos” (2 Ped. 2: 9). Lo hará ahora. Ya han empezado algunos hombres a burlarse de la vuelta de Cristo a la tierra. Los burladores dejaron de entender los caminos de Dios que no computa el tiempo como lo hacemos nosotros. El afán principal de todos debería ser la piedad ferviente, para que estén preparados a recibir a Jesús cuando venga y apresurar su venida extendiendo su reino entre los hombres.

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