Marina Tomasini
El término rol proviene del francés “role” que tiene origen en el latín “rótulos”. Estos términos hacen referencia a la hoja enrollada que usaban los actores medievales y que contenía el texto a ser representado en la obra de teatrof. En el campo teatral la idea básica es que el rol es independiente de cualquier actor particular; éste es quien lo representa, para lo cual tiene algún argumento predeterminado que entra en relación a otros argumentos y esto va ubicando a cada uno en una posición, formando la estructura de la obra. Este núcleo del concepto va a marcar un doble carácter para quien lo asume, la idea de lo que está prescripto (argumento previo) y algún margen de libertad en su actuación (posibilidad que los actores efectúen diferentes interpretaciones del mismo) (Fumagalli, 1979).
A partir del uso teatral, este concepto ha sido incorporado como parte de los desarrollos de distintas perspectivas teóricas en ciencias sociales y se ha generado una diversidad de definiciones, muchas veces con poca precisión dentro de un mismo contexto conceptual. Las líneas de significado presentes en la etimología del término rol se vuelven a encontrar en diferentes posiciones en teoría social, sobre todo la inseparabilidad de la dupla rol y posición (o status) y el fuerte carácter prescriptivo, aunque se reconozca las posibilidades de reinterpretaciones por parte del individuo.
También en los orígenes del concepto está la idea de intermediario, ya que en el teatro el argumento correspondiente a quien desempeña un rol entra en relación con otros argumentos, uniendo no sólo a los distintos roles sino a cada actor en una estructura. De la misma manera en algunos planteos sociológicos y psicológicos se presupone la función intermediaria del rol, articulando lo individual y lo social. En la asignación de este estatuto se trasluce una visión dicotómica de la relación individuo- sociedad o actor-estructura; la idea subyacente es que como ambos componentes son entidades diferentes y separadas necesitan “bisagras” por las cuales establecer interrelaciones.
eNo se pretende revisar todas las corrientes socio- lógicas y psicológicas sobre este tema; sólo se toman algunas que han tenido gran pregnancia en sus campos disciplinares.
eCorominas, Joan. Breve Diccionario Etimoló- gico de la lengua Castellana. Ed. Gredos.
La concepción de la relación individuo y sociedad (o actor- estructura) desde un criterio antinómico ha caracterizado el pensamiento filosófico y las teorías sociales y ha supuesto en muchos casos darle primacía a alguno de los polos para explicar, de forma reduccionista, la acción humana o la relaciones de los individuos entre sí y de éstos con la sociedade. Más allá de los fundamentos ontológicos argumentados acerca de las realidades existentes y las formas que asumen, esta separación, según señala Ana Fernández, parece corresponder en gran medida al modo de funcionamiento de las disciplinas humanísticas que han fragmentado el campo de indagación en dos objetos de estudio: el individuo y la sociedad, pero que luego han tenido que buscar las formas por donde ponerlos en relación:
“dados dos conjuntos previamente demarcados habrá que, posteriormente, buscar sus relaciones, sus puentes articuladores”
(Fernández, 1989:54). Esta función intermediaria es un estatuto frecuentemente asignado al concepto de rol, como al de grupo, que analiza la autora. Lo intermediario puede tener como función articular lo discontinúo y especialmente la discontinuidad basada en elementos en conflicto, puede referirse a procesos de transformación o pasaje o bien tener una función estructurante en el pasaje de una estructura a otra. La cuestión de la articulación psicosocial se refiere a la intermediación de componentes heterogéneos, los psicológicos y sociológicos, que han sido constituidos como tales en función de la construcción de su oposición diferenciada (Fernández, A.:1989).
Sin embargo el abordaje antinómico de la relación individuo- sociedad ha sido fuertemente cuestionado en las últimas décadas en el campo de las Ciencias Sociales. Ya el sociólogo Gino Germani consideraba un falso problema de la Sociología del siglo XIX y una discusión superada, la disputa sobre las nociones de individuo y sociedad y de los vínculos entre Psicología y Sociología y creía que las Ciencias Sociales estaban en un proceso de convergencia de corrientes de pensamiento opuestas en la solución de problemas fundamentales, por ejemplo, la formulación de una “teoría unitaria de la acción social”. Asimismo, hay autores que consideran que esta manera disyuntiva de plantearse la resolución de las problemáticas sociales ha ido cediendo considerablemente, con la perdida de cierta hegemonía del marco estructural-funcionalista en sociología o el individualismo en Filosofía (Knorr-Cetina, 1981). Desde la Psicología Social se ha problematizado la separación individuo-sociedad y se propone que la complejidad de su relación no admite reduccionismos sociologistas o psicologistas (Fernández, 1989).
Teniendo en cuenta estos debates, en este trabajo revisaré el
Por ejemplo, en un polo elf individualismo metodológico sostiene que las acciones sociales, los grupos y las instituciones son conceptos abstractos sin posibilidad de observación y solo pue- den ser analizadas desde los individuos (Homans, G., 1987). En otro extremo, Durkheim ha argumentado a favor de la estructura y su preminencia en relación al factor psicológico y la ac- ción individual (Cicourel, A. 1981).
tratamiento que el concepto de rol ha tenido en algunas posiciones en Ciencias Sociales y Psicología, especialmente la forma de entenderlo como instancia de intermediación –o integración en algunos planteos- entre individuo y la sociedad; desde este estatuto de mediación la función básica que le ha sido concedida es la de regulación de los comportamientos humanos. Especialmente en el marco estructural- funcionalista, que durante muchos años fue un referente sociológico central, esta función reguladora del comportamiento y de integración del individuo a la sociedad, está ligada a su preocupación por describir los mecanismos que aseguran la estabilidad del sistema social; así, muy centrados en considerar los fenómenos sociales dentro de un sistema estable han tenido dificultades para explicar el conflicto y el cambio social.
En este punto, desde la perspectiva pragmatista-interaccionista de George Mead, se enfatiza el dinamismo de las interacciones sociales. Éste autor ve en la asunción de roles (role-taking) básicamente un proceso de creación de modos de comportamientos (dentro de los límites de lo que es intersubjetivamente definido como válido) y destaca el papel de las experiencias protagónicas del niño en la adquisición de roles sociales. No obstante, su teoría ha sido objetada por su presupuesto cooperativo y su escasa consideración de factores de conflicto en las interacciones sociales.
Dentro del campo psicológico también se ha concebido al rol como instancia de mediación entre lo individual y social. Así desde el psicodrama se lo entiende como la fusión de elementos individuales y colectivos (o permisivos y prescriptivos respectivamente). En tanto sistema estable los roles permiten la regulación social e integración del individuo a la cultura, pero si no dejan márgenes de reinterpretación a los individuos que los asumen, la personalidad de éstos resulta empobrecida. Así, el ideal propuesto, en términos de la asunción de roles, pasaría por el equilibrio entre las dosis de prescripción y libertad de reinterpretación del rol, para mantener la estabilidad del sistema y la salud del individuo.
Para la perspectiva psicosocial, iniciada por Pichón Rivière, habría otra manera de pensar los roles en función de la relación individuo-sociedad. De acuerdo al interés en los proceso grupales y los conflictos acaecidos en su devenir, Pichón entiende a los roles en términos dinámicos. Éstos son emergentes de las tramas relacionales y surgen en el cruce entre la verticalidad (historia del sujeto) y horizontalidad (estructura y acontecer actual del grupo), proponiendo así mantener la tensión individual-social.
En relación a las posiciones teóricas mencionadas, analizaré a continuación algunas posibilidades y límites del concepto de rol, teniendo en cuenta ciertas restricciones de los planteos clásicos sobre este tema. Consideraré, por un lado, dos debates subycentes implicado en el uso de este término: la tensión individuo-sociedad y orden- conflicto. Por otro lado, siguiendo a Lopata y Thorne (1999), intentaré mostrar que en el uso tradicional de este concepto se lo ha concebido como “cosa dada”, reificándolo y ocultando de este modo cuestiones de poder y conflicto en el proceso de definición de roles.
La marca funcionalista
Se considera que el concepto de rol social fue introducido efectivamente en las ciencias sociales por Linton, en The Study of Man publicado en 1936e. Introduce una diferenciación básica entre status y rol, aunque los considerará aspectos inseparables; el primero hace referencia a las posiciones que pueden ser ocupadas por los individuos e implican un conjunto de derechos y deberes, en tanto el segundo es el aspecto dinámico del status, de modo que cuando el individuo hace efectivos sus derechos y cumple sus deberes está desempeñando un rol. El status se refiere al esquema ideal de comportamiento y el rol a la conducta de una persona. Sin embargo en 1945, en The Background
of Personality, Linton se refiere al rol como un esquema de
comportamiento, a modelos culturales que incluyen actitudes, valores y conductas adscriptas por la sociedad; así parece utilizar el término rol con un sentido similar al que en 1936 le había dado al de status. Si bien este sociólogo no precisó demasiado sus criterios de definición, su distinción básica status-rol permitió que autorese posteriores siguieran desarrollando diferentes aspectos de esta idea recurriendo a la autoridad de Linton (Banton, 1971).
El sociólogo Talcott Parsons, desde el estructural-funcionalismo, intenta construir una teoría general del sistema social y propone los conceptos de status y rol como categorías elementales de análisis. Uno de los problemas que ha preocupado a este autor norteamericano está ligado a la cuestión de los fundamentos del orden (por sobre las consideraciones del conflicto y el cambio), es decir, cómo un cierto orden subsiste más allá de todas las causas de desorganización de la acción individual y colectiva. En este marco, los conceptos de status y rol han permitido explicar la estabilidad e integración del sistema social ya que éstas estarían dadas por el consenso en el contenido de los roles, que son entendidos como las obligaciones de quien ocupa una determinada posición. Las orientaciones para funcionar en un rol social, que se adquieren en la socialización, son concordantes con los valores
Por ejemplo en Psicología
Social, Newcomb diferen-
cia la posición que ocupa el individuo en la vida so- cial, ligada a una función para el grupo, del rol que sería el “modo de condu- cirse” de cualquier indivi- duo que ocupa cierta posi- ción.f
Aunque Jacob Moreno con- sidera que es él quien hizo la derivación del concepto del teatro a la sociología y psiquiatría y que cuando los estudios de Linton se publican él ya había elabo- rado la totalidad de sus teo- rías (Garrido Martín, 1978). También Mead parece uti- lizar el concepto antes que Linton, ya que la compila- ción de sus ideas realizada por sus discípulos es del año 1934.f
hegemónicos del sistema, hecho que garantiza la integración del individuo en la sociedad (Parsons, 1966).
La restricción de esta posición sociológica es que explica los procesos dentro de un sistema estable y esto los lleva a analizar los sucesos en términos de ajuste, adaptación o disfunción y toda cuestión ligada a las tensiones, conflictos o innovaciones frente a lo establecido es casi patalogizada y pensada como ruptura del equilibrio (esto no implica que nieguen las transformaciones y las tensiones sino que se enfatiza la integración de los individuos a un orden estable). En conexión con ello, se considera a la socialización como el proceso de integración de las disposiciones y necesidades de los individuos al sistema de roles y valores de la sociedad; el niño debe incorporar los elementos culturales pautados (contenidos en los roles sociales) y moldear sus conductas para que pueda funcionar como un ser adaptado a la sociedad.
Ello trasluce el tratamiento que desde esta teoría se le ha dado al tema del conflicto; éste es pensado como un choque entre los propósitos individuales y los valores socialmente consensuados. Este tratamiento abstracto del conflicto centrado entre el individuo y la sociedad dificulta entender el poder, asociado al conflicto, como un componente que opera de modo multidimensional en el entramado de la intersubjetividad, tal como son las relaciones de poder ligadas al género, a la generación y a las posiciones ocupadas en la estructura social.
En este sentido, Giddens (1987) señala, en contra de la idea de que el funcionalismo no ha sido propenso a incorporar el conflicto de
intereses, que la dificultad radica, más bien, en el tratamiento que le
ha dado a esta cuestión. El conflicto se centra en la relación entre el individuo como actor abstracto y la sociedad como comunidad social global y se reduce el problema del orden a la tensión entre “egoísmo” y “altruismo”. El problema que se plantea es reconciliar los intereses de los actores individuales con una moralidad social o “sistema común de valores”. En este sentido la crítica más fuerte es a la visión según la cual “el choque de intereses existe en la medida en que un orden
social no es capaz de hermanar los propósitos de los diversos miembros de una colectividad con la integración de patrones de valor en un consenso internamente simétrico” (Giddens, 1987:122). Por ello la
socialización es pensada desde la perspectiva de la integración de las disposiciones y necesidades de los individuos al sistema de roles y valores de la sociedad.
La teoría de la interacción social como juego de roles
Por la misma época en que Linton incluye el concepto de rol, George Mead, filósofo pragmatista y psicólogo social de Chicago, formula su teoría centrada en la idea de acción. Con esta categoría intenta superar la propuesta conductista tradicional que concibe el comportamiento a partir de tres fases: la estimulación externa, el procesamiento interno del estímulo y la reacción externa, esto es, objeta la visión que reduce a la acción a una conducta determinada por el ambiente. En contraposición, el punto fuerte de su propuesta se asienta sobre la idea de la acción autorregulada (Joas, 1987). Esto implica reconocer que la actuación del individuo está tan genuinamente determinada por el entorno material como por su capacidad de conducirse en una situación en curso, indicándose a sí mismo por medio de símbolos la orientación para esas circunstancias sociales (Morris, C.; 1957; Sanchez de la Yncera, I. 1991).
Ahora bien, se abre la pregunta por el surgimiento de esta capacidad de orientarnos simbólicamente en el curso de las acciones sociales. Mead considera que esta cualidad humana no es lago dado sino que se adquiere en los procesos de interacción y destaca como mecanismo fundamental la “adopción del rol del otro” (role-taking). Este mecanismo implica que el individuo se proyecta a sí mismo en el rol del otro, anticipa lo que él haría y ajusta sus propias acciones de acuerdo con ello. Este proceso es posible por la utilización de símbolos significantes comunes, especialmente el lenguaje (Mead, 1934; Collins, 1988).
A lo largo de las sucesivas experiencias socializadoras, el niño va organizando las actitudes de los otros particulares hacia él en actos sociales específicos y cuando logra interiorizar la organización de las actitudes de los otros particulares está en condiciones de comprender abstractamente los roles sociales y las situaciones particulares se vuelven generales. Podemos decir que un mérito de esta teoría, en relación a la propuesta estructural-funcionalista analizada, es haber destacado que los roles se adquieren por medio diversas experiencias que suponen el protagonismo del niño o la niña. Es decir, que se enfatiza el papel de las experiencias cotidianas que permiten una progresiva adquisición de roles sociales.
Es así que en esta perspectiva, el rol alude a un conjunto de expectativas de comportamiento definidas grupalmente y se adquieren por medio de los intercambios comunicativos con los otros en los cuales el niño aprende a anticipar lo que “se espera de él”. Al principio el infante empieza adelantando las reacciones conductuales del otro hasta llegar a anticipar, no los comportamientos, sino las expectativas
comportamentales del alter y va moldeando sus acciones de acuerdo con ello. Tomar el rol del otro parece ser un mecanismo general por el cual los individuos aprenden a construir nuevas acciones sociales (Collins:1988). Aunque se destaca la capacidad constructiva del individuo, podemos decir que en este planteo también la idea de rol está ligada a una función de regulación social, ya que para el autor
adoptar el papel del otro sirve para regular la propia conducta en la
interacción (moldear las acciones de acuerdo a expectativas grupales) (Mead, 1934; Collins, 1988).
Por otra parte, los debates en torno a esta teoría objetan la visión de Mead quien parece suponer que la vida social se desarrolla llanamente porque la gente conoce los roles complementarios y los internaliza, como si tomar el rol del otro fuera un asunto fácil y rutinario. Podemos sostener que para este autor el proceso es básicamente armonioso y en ello se visualiza la influencia de su predecesor, Cooley, quien desde un punto de vista ingenuo sostenía que como el individuo es parte de la sociedad no puede hacer nada en contra de ella, en consecuencia no existe tal como cosa como un interés egoísta (Collins, R.: 1988). Ligado a ello, la propuesta de Mead es tributaria de una serie de críticas dirigidas hacia el interaccionismo simbólico, según las cuales se limitarían a los fenómenos de inmediatez interpersonal, ignorando cuestiones relativas al poder y la dominación y pensando el conjunto de relaciones macrosociales simplemente como un horizonte de socialidad del universo vital (Joas, H., 1987)f.
La perspectiva psicodramática
Moreno plantea una diferenciación entre status y rol en el mismo sentido en que lo hizo Linton. Para el iniciador del psicodrama si bien el status no es sólo un nivel abstracto, es el rol el que implica una función concreta, lo define como “…la forma de funcionamiento que
asume un individuo en el momento específico en que reacciona ante una situación específica en la que están involucrados otras personas u objetos” (Moreno, 1972:5). Incorpora un elemento diferente en relación
a los planteos sociológicos y es que el rol tiene una raíz imaginaria; de este modo designa no solo la forma de funcionamiento tangible que asume un individuo sino también un modo de identificarse imaginariamente con un personaje, con un modelo de existencia, que se concreta en la acción e interacción (Albizuri de García, 1987).
Pero el rol no alude sólo a un modo de identificación imaginaria y a una forma concreta de acción. También se considera un componente
normativo del rol ya que éste “aparece como una fusión de elementos
eInteraccionismo Simbóli-
co es el nombre que Blumer
acuña en 1938 para deno- minar a la corriente de in- vestigación socio-psicoló- gica centrada en la acción social que se caracteriza por una orientación inme- diatamente recíproca sus- tentada en una filosofía pragmatista de la acción (Joas, H. 1987).
individuales y colectivos...” (Moreno, 1972:69). Los componentes individuales corresponden a la parte más permisiva y los colectivos a la parte prescripta del rol. El aspecto prescriptivo está constituido por las normas que imponen un modo de actuar. Aunque los psicodramatistas se encargan de aclarar que “...un rol no está tan
rígidamente establecido que no permita una adopción o interpretación personal del mismo (Garrido Martín, 1978:241). Esta parece ser la idea
de Moreno cuando clasifica los roles por su grado de espontaneidad, libertad, flexibilidad o por su rigidez.
Por un lado se admite que el individuo es un ser capaz de