pensamiento psicológico
Cuestionar la idea de un conocimiento consolidado sobre la experien- cia y aportes de la cultura occidental (filosofía grecorromana) es un riesgo que se puede asumir, siempre y cuando se recurra a una ideaque reconozca los “otros saberes” como válidos y complementarios del estatuto epistemológico de la psicología. Para ello, es dable considerar que existen otras epistemes, es decir, otras miradas que dan cuenta de un proceso colectivo histórico-cultural-antropoético marcado por la generación, degeneración y regeneración de los saberes, mismos que al ser tejidos conjuntamente asumen un carácter explicativo-inte- grador, que más que especificar cierta área insular del conocimiento, acogen el diálogo de saberes, el antagonismo-complementario y el relativismo de los conocimientos cocreados. En dicho escenario, surge la epistemología como emergencia de sentido, que responde a la in- tegración reticular y compleja de saberes-experiencias-sentidos. Este surgimiento es propio de la circulación de un conocimiento dialógico, que integra la interrelación interresignificante entre mythos-rito-doxa (opinión)-techné (técnica)-episteme. Así, al hablar de episteme se hace alusión a la reunión de cada dominio en, a través y más allá de los otros, puesto que
[l]a episteme integra como virtualidad sus estados y elementos antecesores: mythos, ritos, doxa, techné, de forma reticular y em- buclada, de tal manera que un retroceso a ellas no significa una degradación del conocimiento, sino la reactualización en torno a sus orígenes, y la posibilidad de la existencia de un cambio concep- tual. (Andrade y Rivera, 2019, p. 19)
Lo anterior involucra considerar la necesidad de cambiar y compren- der la forma como se cuenta la historia de formación-adquisición-im- plementación del conocimiento. En este tenor, De Sousa Santos (2009) indica que un ejemplo de ello se encuentra en el hecho de que la historia de Latinoamérica ha sido contada por los dominadores, pero no por los dominados. Así, esta suerte de imposición —del saber del vencedor— ha limitado abismalmente la posibilidad de establecer una epistemología justa y equitativa e incluyente, que abrace el sufri- miento, la resistencia o la rebelión como formas de crear conocimiento colectivo, escenario del cual las sociedades puedan extraer aprendi- zajes múltiples que se vinculen contextualmente a sus circunstancias históricas. Al respecto, De Sousa Santos (2004) realiza una analogía de lo expuesto en torno a un proverbio africano que dice: “la historia ha sido contada por el cazador y será muy distinta cuando pueda ser contada por el leopardo”.
Para el autor, las epistemologías del sur son intento para lograr pensar otra historia, partiendo de los pueblos, de sus narrativas y acciones, o sea, de las víctimas y sus vivencias. Plantea que desde la perspectiva de los que han sufrido sistemáticamente las injusticias del capitalismo, del colonialismo y del patriarcado, se puede reconstruir colectivamen- te la historia social de los pueblos, además de concebir las condiciones biopsicosociales que le dan forma y sentido a su condición humana, precisamente porque “éste reclamo de la validez de otros conocimien- tos, se encuentra más allá del conocimiento científico eurocéntrico, y surge desde la perspectiva de los que han sufrido las injusticias del capitalismo, del colonialismo y del patriarcado” (De Sousa Santos, 2004, p. 1).
Dichas epistemologías pueden generar emancipación y equidad cognitiva, la cual es en todo sentido una emancipación psicológica y epistémica. Dicho sea de paso, la asociación entre epistemología psicológica y epistemologías del sur abre, a su vez, la discusión sobre la justicia social, misma que demanda una respuesta epistemológica al problema del conocimiento científico y político, ambos transversa- les en la dimensión psicológica de la existencia humana. De allí que, al hablar de conocimientos recuperados, integrados y relacionales, se haga también alusión a elementos psicológicos que orientan episté- micamente el quehacer de personas, grupos y comunidades.
Una pregunta que salta a primera vista es: ¿por qué necesitamos de las epistemologías del sur? Para responderla se debe recurrir al hecho de que no hay justicia social global sin justicia cognitiva global, ya que en el fondo de la injusticia social existe un problema epistemológico de injusticia cognitiva, que se encuentra asociado a un problema de des- trucción de conocimientos alternativos, sin lo cual el conocimiento hegemónico no logra ser hegemónico (De Sousa Santos, 2006, 2009). Para la psicología, la noción de justica está relativizada por el contex- to, la personalidad, la experiencia, etc. (Colquitt, Scott, Judge, y Shaw, 2006), y en ella influyen tanto los códigos deontológicos, como las prácticas culturales, al tiempo que las medidas de intervención, diag- nóstico y análisis de fenómenos individuales y sociales.
Para la psicología implica, además, la inclusión resignificante de emo- ciones, afectos, conflictos y conocimientos diversos, a los que se debe
agregar el respeto por las diferencias socioculturales e individuales im- plicadas en toda conducta (Berg y Mussen, 1975). La justicia es, pues, una dimensión en la que concurren pluralidades de sentidos, aspecto que la constituye como unidad de multiplicidades o en, palabras de Morin (1977), unitas multiplex. En ella se imprimen e interrelacionan, a través del saber cognitivo y experiencial, la variedad de características y dimensiones interpretativas que ofrecen los conocimientos; en este sentido, la justicia motiva e incita a la reivindicación, reconocimiento y legitimidad de los saberes y aprendizajes alternativos, y por tanto a la emancipación cognoscitiva.
Para De Sousa Santos (2009), como consecuencia de la reificación del conocimiento hegemónico, toda la gran creación científica de nues- tro tiempo está basada en un epistemidicio, es decir, en la muerte de otros conocimientos, mismos que deben ser “salvados” para que sea posible reconocer el mundo y la vida de forma distinta, ya que las consecuencias de no hacerlo son que el horror se banalice y la injus- ticia se trivialice (De Sousa Santos, 2004). Dicha propensión hacia la hegemonía cognitiva permite la emergencia de un hecho psicológico: la naturalización de lo absurdo, mismo que puede inducir a las per- sonas a pensar que no merecen algo mejor. Por esta razón, De Sousa Santos (2004, 2006) opina que luchar políticamente implica también, en todo sentido, luchar epistemológicamente por otras formas de sen- tir, percibir, intuir y vivir los conocimientos. Esta labor de lucha es un re- querimiento que es a la vez psicológico, sociohistórico y antropoético.