2. MARCO TEÓRICO
2.4. Elementos de la seguridad en un gran evento
2.4.2. Los equipos sanitarios y de emergencia en los eventos
Al respecto de la importancia de los grandes eventos para los equipos de emergencia, el periodista Joe Cahill mencionaba que en Nueva York para estos equipos “solo existen realmente tres noches: el 4 de Julio, Nochevieja y el resto de 363 noches del año” (Tarlow, 2002). Los grandes eventos en ciudades relevantes, como los dos mencionados para el país americano, suponen una carga adicional de estrés para poder gestionar todos los riesgos asociados desde un punto de vista de la respuesta médica y de emergencias. Muchos son los riesgos que, desde esta óptica, están presentes como pueden ser los asociados a las condiciones climatológicas como el pleno verano en el Día de la Independencia o un severo invierno para despedir el año, consumo de alcohol, elementos pirotécnicos controlados e incontrolados, actitudes desinhibidas que pueden acabar en tragedia, el potencial riesgo de incidentes masivos, etc.
El hecho de que muchos de los grandes eventos lleven asociados una alta concentración de personas puede resultar un elemento desfavorable para la intervención de los equipos de emergencia ya que se puede producir un efecto similar al que ocurre en los accidentes de tráfico donde las personas tienden a congregarse alrededor del incidente. Este fenómeno dificulta la gestión de la emergencia o la intervención sanitaria, a la que hay
que añadir otros factores como tener que desplazarse alrededor de obstáculos como puestos de venta, miembros del público dando información, espectadores ebrios y otros elementos que pueden dificultar su cometido (Tarlow, 2002).
A fin de evaluar el equipo médico y sanitario para un evento, más allá de lo que la normativa propia de cada territorio determina, Leonard y Moreland (2001) apuntaban a un promedio de asistentes que pueden llegar a ser atendidos que oscila entre el 0,3 y el 1,3% del total de participantes del evento, indicando además que los porcentajes más altos se producían en eventos al aire libre, multitudes de más de 30,000 personas y con público en movimiento.
Las características técnicas del evento debe ser valoradas para poder proporcionar una respuesta adecuada en tiempo y forma frente al incidente, por ejemplo, en competiciones náuticas donde los medios disponibles deberán permitir la llegada hasta los participantes o hasta zonas con público donde el acceso peatonal o por tierra no será posible, debiendo contar con embarcaciones o medios aéreos. Los mismo ocurre en otro tipo de competiciones como las carreras automovilísticas donde en caso de ser requeridos los equipos de emergencia, estos pueden llegar a hacer uso del circuito debiéndose crear planes para la interrupción total o parcial de la competición que permitan una intervención sin riesgos (FEMA, 2005).
En el caso español, Cruz Roja es uno de los referentes en el despliegue de recursos destinados a garantizar la cobertura socio-sanitaria en eventos. Según lo expuesto por Osorio (2018), las actividades de ocio como son algunos eventos, se han generalizado de tal manera en nuestra sociedad que han derivado en la necesidad de creación de dispositivos de carácter preventivo ya que muchas de ellas, sobre todo por la gran participación de personas, conllevan un riesgo implícito previsible. Según su definición:
Un servicio preventivo es toda aquella acción que Cruz Roja realiza fruto de una planificación y organización previa, que da respuesta a una demanda de atención concreta y que implica la cobertura de un dispositivo de atención socio sanitaria en un acto ya sea en ambientes abiertos o cerrados y que tenga un riesgo previsible con el objetivo de prevenir y dar respuesta a los incidentes socio sanitarios que pueden acontecer (Osorio, 2018).
Dichos dispositivos requieren de una correcta planificación y organización previa que se fundamenta en el hecho comunicativo que permite conocer a los diferentes responsables del evento y sus riesgos para realizar así un correcto análisis de los mismos y el dimensionamiento de recursos. Posteriormente, se lleva a cabo la preparación del propio servicio mediante la asignación y previsión de los recursos materiales y humanos, así como del organigrama operativo y la elaboración de cuanta información sea necesaria para los intervinientes.
Centrándonos en el operativo de un servicio preventivo de Cruz Roja, éste se compone de (Osorio, 2018):
A. Briefing inicial de servicio con todas las personas que intervienen. Explicación del dispositivo y asignación de puestos y responsabilidades. Repaso de protocolos y actuación y telecomunicaciones.
B. Establecer un punto de referencia asistencial del servicio y Dirección Médica. C. Presencia en el Centro de Coordinación o UCO conjuntamente con los cuerpos intervinientes en el acto. Establecer contacto y canales de comunicación. Revisión y actualización de información relativa al acto en caso necesario.
D. Colocación estratégica de los recursos sanitarios. Planificación y revisión in situ de las vías y rutas de evacuación. Revisión y revaloración de la ubicación de los recursos y rutas evacuación en caso necesario.
E. Coordinación operativa de los recursos. Relación continua entre Coordinación – Dirección Médica – CECOR / UCO – Centro de Coordinación de Cruz Roja. Contacto permanente con los organizadores o promotores del acto.
F. Gestión integral de las asistencias sanitarias. Movilización de recursos necesarios, aplicación de protocolos sanitarios, valoración médica, estabilización del paciente y gestión del traslado al centro sanitario que corresponda según patología y proximidad. Contacto con CECOR, contacto telefónico a Hospital receptor y activación de Códigos sanitarios en caso necesario.
G. Registro continuo de datos, redacción de informes de asistencia, traslados y de actuaciones relevantes.
H. Debriefing a la finalización del acto. Recogida de documentación y material. Contacto con CECOR y cuerpos intervinientes. Elaboración de informes finales.
Gráfico 3: Modelo de dispositivo sanitario y de emergencias en servicios preventivos de Cruz Roja. Fuente: Osorio, 2018
A pesar de la dificultad para establecer fórmulas que definan los sistemas preventivos sanitarios necesarios para grandes eventos, tal y como destaca Sánchez González (2016), Cruz Roja en España utiliza el Sistema Nacional Francés de dispositivos Preventivos de Socorro, una herramienta que determina las necesidades en función de la ponderación de la previsión de afluencia de público confirmada y bajo la responsabilidad del organizador, un factor de ponderación en aquellos casos en los que se superen los 50.000 asistentes, y una serie de variables ligadas a la tipología del acto: según el tipo de evento, el comportamiento del público, la naturaleza de la actividad, etc. que determina un coeficiente de riesgo relacionado con el comportamiento predecible de los asistentes.
Otro aspecto interesante a destacar es lo que se ha denominado el ‘interviniente cero’, un concepto que toma como referencia el de ‘primer interviniente’ referido comúnmente a aquellos servicios de emergencia o de los equipos de seguridad que son los primeros en llegar. Bajo esta consideración, existen intervinientes que llegan incluso antes que estos primeros y que no son otros que las propias personas que se encuentran junto al lugar de los hechos o las víctimas. El Dr. Cocking, analizando los hechos ocurridos en los atentados
contra el transporte público de Londres en julio de 2005, puso de relieve el valor que pueden aportar estas personas para los servicios de emergencia en este tipo de incidentes:
No debe subestimarse la capacidad de las personas en situaciones de emergencia en desempeñar un papel de liderazgo y coordinar la ayuda mutua entre los supervivientes. Por lo tanto, en lugar de ver al público como posibles obstáculos que deben apartarse, reconocer y considerar el deseo de ayudar de la gente y de dirigir a otros puede proporcionar a los servicios de emergencia una gran cantidad de voluntarios potenciales, que pueden actuar como "fuerza multiplicadora" (Cocking, 2013, p. 11).
Esta afirmación también quedó contrastada durante los momentos posteriores al atentado en Manchester tras el concierto de Ariana Grande en 2017 ya que el público reaccionó rápidamente dando soporte in situ a las víctimas, realizando primeros auxilios e incluso ayudando a transportar a las víctimas mortales. Todo ello en un escenario donde los equipos de intervención aún intentaban identificar y neutralizar cualquier posible amenaza siguiendo unos protocolos que, a ojos de las víctimas, podían parecer lentos en la respuestas orientadas a su atención médica (Kerslake, 2018).