DECONSTRUCCIÓN DEL SUJETO DE LA DISCAPACIDAD DESDE
B) ESBOZOS COLONIALES QUE MEDIAN LAS NOCIONES DE SUJETO Y DISCAPACIDAD
La posibilidad de realizar una problematización teórico-reflexiva en torno a la pregunta central que guía este capítulo, invita a avanzar en interpelaciones que tienen que ver con cuestiones del orden no solo teórico-metodológico, sino también, y esencialmente, epistemológico y ontológico. En este sentido, la potencialidad de los aportes de la perspectiva decolonial resultan evidentes, en la medida en que per- miten cuestionar la propia noción de sujeto que atraviesa la reflexión clásica en las ciencias sociales y humanas coloniales. ¿Qué significa ser sujeto? ¿Cuáles son los atributos y/o caracteres que lo definen y hacen humano?
En la trama de imposiciones coloniales, el interjuego conoci- miento - razón - lenguaje encuentra sustantividad y materialidad en la reproducción interiorizada de aspectos fundamentales de la mo- dernidad occidental, a través del desembarco y legitimidad de las len- guas coloniales (con todo lo que ello conlleva para el pensamiento) sobre la de los pueblos colonizados. Despojados estos últimos de la capacidad de mantener un intercambio comunicativo “válido” en su “lenguaje bárbaro”, el lenguaje del colonizador se instala como la úni- ca forma posible de interacción. Quizá el punto de quiebre no esté en que los pueblos coloniales impusieran sus lenguas y denostaran las de los pueblos colonizados, sino en que los pueblos del Sur Global pare- cieran recién estar despertando de tales imposiciones interiorizadas como naturalizaciones y valores positivos.
La colonización del lenguaje hace parte de las lógicas de subor- dinación impuestas por el Norte Global como elemento clave de do- minación, estableciendo una relación entre lenguaje y humanidad en donde unas lenguas se constituyen como superiores y otras en infe- riores (y, por ende, quienes hablan unas y otras). El lenguaje, gene- rador de significados y de sentidos del mundo, cuando es impuesto, lleva a que la única forma posible de enunciar pase a ser la portadora de la capacidad de crear el mundo, anulando la existencia de otros mundos posibles (Castro-Gómez, 2007). Esto queda instaurado en la producción y reproducción de valores, ideas y creencias que contri- buyen tanto a la conformación de una conciencia colectiva, como a la estructuración de relaciones de poder a partir de qué se dice, cómo se dice y quién lo dice. El lenguaje colonial, desembarcado e impuesto, traza una linealidad en el horizonte de sentidos a través de las lógicas modernas de aprehensión del conocimiento,5 de reconocer el mundo
5 El período de la Ilustración resulta una etapa clave para establecer con ahínco la imposición de la producción de saberes demarcados por lenguas y racionalidades
y a los otros, y de ejercer el poder. La interiorización de dichas lógicas trae consigo fragmentaciones, asimetrías y miradas etnocéntricas ma- terializadas con fuerza a través de tres instancias:
a) la operación de separar/partir lo “real” (dualismo); b) el ejercicio de di- vidir los componentes del mundo en unidades aisladas, negando sus rela- ciones (atomismo) e imposibilitando el abordaje en términos de totalidad histórico-social; c) el ejercicio de convertir las diferencias en jerarquías, y el ejercicio de naturalizar aquellas representaciones (GESCO, 2012: 12).
Dualidades, fragmentaciones, atomismos, jerarquizaciones, resultan sustancias constitutivas de cómo se interiorizan y exteriorizan, singu- lar y colectivamente, las tramas del saber, poder y ser/estar impuestas por la modernidad colonial.
En este entramado, la colonialidad del saber halla sustancia me- dular en su correlato con la colonialidad del lenguaje. El saber mo- derno queda mediado y se expande a través de un lenguaje que refiere a dicotomías que pasan a estructurar el pensamiento y a determinar la forma de distribuir a los sujetos en lo social. En este acto, se con- forman singularidades que deben acomodarse a las estructuras pre- establecidas de raza, género, identidad, normalidad, etc., propias de los lentes con los que se mira desde el Norte Global: “En este sentido ¿las palabras son el final de la singularidad de los cuerpos? ¿O son, por el contrario, condición de existencia de lo singular, el vehículo de su emergencia, su línea de constitución?” (Giorgi y Rodríguez, 2007: 24). Todo esto niega la posibilidad de validez de formas otras de conocimiento que disten de los parámetros occidentales modernos, universalizándose la racionalidad colonial y las experiencias del Nor- te Global como el único modelo posible y pasible a ser reproducido (GESCO, 2012).
Con relación a la colonialidad del poder, Quijano (GESCO, 2012) plantea que esta se configura con la conquista de América, proceso histórico que se acompaña con la interconexión mundial (globalidad) y con la constitución del capitalismo como modo de producción vá- lido: “Estos movimientos centrales tienen como secuela principal el surgimiento de un inédito sistema de dominación y de explotación
válidas (Norte Global), en contraposición a lenguas y racionalidades no válidas (Sur Global), buscándose generar un “metalenguaje universal” a través del cual se elimi- narían las carencias de las lenguas de los pueblos colonizados: “Las ciencias huma- nas se convierten así en una especie de “Nueva Crónica” del mundo americano, y el científico ilustrado asume un papel similar al de los cronistas del siglo XVI” (Castro- Gómez, 2007: 14). De esta manera, el conocimiento científico pasa a ser propiedad absoluta de quienes nombran, siendo el lenguaje colonizador el único interiorizado como capaz de expresar la razón moderna por el simple hecho de ser sus creadores.
social, y con ellos, de un nuevo modelo de conflicto” (GESCO, 2012: 10). Las lógicas de dominación controlan, por un lado, las subjetivi- dades según lo dispuesto por la racionalidad moderna colonial, y, por el otro, configuran un sistema capitalista de explotación social global. Aquí se encuentra “la llave analítica que permite visualizar el espacio de confluencia entre la modernidad y el capitalismo, y el campo for- mado por esta asociación estructural” (GESCO, 2012: 11).
La colonialidad del ser se consolida con las imposiciones desem- barcadas del Norte Global en tiempos de la conquista y en continui- dad hasta estos días, materializándose en distintas formas según las épocas históricas (aunque reproduciendo los contenidos de siempre). El lenguaje colonial, conjugado con la racionalidad y lógicas de poder modernas, colonizan el ser de los conquistados en un doble juego: por un lado, haciéndoles interiorizar como válidas (y hasta merecidas) sus propias descalificaciones impuestas por la modernidad; y, por el otro, la exteriorización acrítica del ser y estar en el mundo según el sistema de clasificación y calificación de las lógicas coloniales. Ello se entien- de como la negación ontológica sustantiva para la reproducción de todo este entramado colonial y sus formas de materializarse en la vida cotidiana de los sujetos, ya que “no pensar en términos modernos, se traducirá en el no-ser, en una justificación para la dominación y la explotación” (GESCO, 2012: 12).
En este contexto, la noción de sujeto adquiere especial relevancia. ¿De qué sujeto se habla cuando se habla de sujeto? La construcción del sujeto de la modernidad se configura y constituye en paralelo con la noción de individuo liberal que se zurce desde la Ilustración, en la conjunción predicha de lenguaje y razón, mediada por lógicas de poder, saber y ser/estar de la colonialidad. La construcción de dicho sujeto de la modernidad, materializado en el individuo liberal, conso- lida un “proyecto imperial y civilizatorio (“Occidente”) que se siente llamado a imponer sobre otros pueblos sus propios valores culturales por considerarlos esencialmente superiores” (Castro-Gómez, 2007: 15). Ello resulta el corolario de un “encuentro de dos mundos” que no se dio a partir de la conquista, quedando ausente toda posibilidad de manifestación de distinciones que dieran origen a “algo nuevo”. Ello se diluyó al instaurar la razón moderna, con fuerza desde la Ilustra- ción, imponiendo el encubrimiento de ese otro sobre el supuesto que nada de Este es válido. En este sentido, la conquista encarna una vio- lencia legitimada bajo el supuesto de una mismidad única.
La construcción del sujeto de la modernidad, creído sujeto eman- cipado y emancipador, resulta uno de los grandes triunfos de la mo- dernidad colonial, generando una mixtura distorsionada entre libera- lismo y libertad que nada hace a los contenidos de la emancipación:
“Precisamente con el colonialismo se eliminan las posibilidades de sociedad autónoma; se crean, tal vez, para el burgués, pero se somete al resto de la sociedad, y el mundo al estado naturaleza” (De Sousa Santos, 2009: 19). Ello potencia las tensiones en torno a la colonia- lidad del ser/estar, saber, poder, y las imposiciones de tales lógicas a través del lenguaje como constructor de sentido.
En esta trama, impera la legitimación y naturalización de los sentidos instituidos coloniales con sus intactas lógicas de poder que subsumen sujetos haciéndoles creer responsables de sus propias mi- serias, reificando estos mismos sensaciones y percepciones que son exteriorizadas como únicas formas de ser posibles. Para sostener este individuo liberal, desde la razón moderna instaurada como científica a partir de la Ilustración, se comienzan a tejer constructos teóricos ex- plicativos (como verdades absolutas) de los entramados societales post siglo XVII. Nociones como normalidad, ideología, dignidad, igualdad, entre otras tantas, se despliegan para materializar las líneas demarca- torias (clasificatorias y calificatorias) impuestas por dicha racionali- dad, las cuales adquieren fuerza de sentido a través del lenguaje.
Tomando como ejemplo los cuatro constructos predichos (nor- malidad, ideología, dignidad, igualdad), se plantea a continuación una somera deconstrucción que orienta la constitución de este indivi- duo liberal en el entramado moderno colonial.
La creencia, aún sostenida, que el concepto de normalidad es par- te natural de las demarcaciones societales deja en evidencia la inte- riorización de la racionalidad moderna como una sola forma válida de ser y estar en el mundo: la del individuo “normal” liberal, eficaz y eficiente a las lógicas del capital. Gran triunfo de la razón moderna colonial y su materialización a través de las lógicas expansionistas (globales) capitalistas, de sentir como un siempre-así naturalizado y acrítico en lugar de reconocerlo como la interiorización impuesta de una construcción social del Norte Global. Normal, normalización y normalidad resultan constructos teóricos impuestos como tales a mediados del siglo XIX, en plena expansión y fijación del concepto de individuo liberal que se pretendía fuese interiorizado como sujeto emancipador y emancipado gracias a la racionalidad de la moderni- dad colonial. Tal como plantea Davies (1996: 24): “La palabra ‘norma’, en su sentido más moderno, de orden y conciencia de orden, ha sido utilizada recién desde 1855, y ‘normalidad’, ‘normalización’ aparecen en 1849 y 1857 respectivamente”.
La noción de ideología aparece por primera vez en un libro de Destutt De Tracy, de 1796, titulado “Elementos de ideología (Leccio- nes para los jóvenes)”. Con una lógica de exposición planteada como
Lecciones, realiza diversos rodeos analíticos,6 a través de los cuales
va demarcando aspectos que en su discernimiento resultan partes constitutivas del concepto de ideología. Llega así a la última línea de su libro, planteando: “Yo creo, y estoy de ello bien persuadido, que esto es lo que constituye la Ideología” (De Tracy, 1851: 180). Althusser (1998) interpela la construcción de este concepto de ideología, no por sus formas sino por sus contenidos, en tanto lo ubica dentro de una teoría genética de las ideas. Así, introduce su contenido a dicha forma de nombrar, planteando: “La ideología pasa a ser el sistema de ideas, de representaciones, que domina el espíritu de un hombre o un grupo social” (Althusser, 1998: 21). Entendido de esta manera, ilustra cómo a través de los aparatos ideológicos del Estado, se van expandiendo y profundizando formas de ser y estar en las sociedades modernas, inci- diendo en (y siendo incididos por) las lógicas del saber y poder. Lejos de posicionarse desde una perspectiva decolonial (por una cuestión anacrónica primero, y epistémica después), resulta uno de los grandes críticos de la modernidad colonial y de sus imposiciones en los sujetos singulares y colectivos.
El concepto de dignidad se posiciona en una tipología de ser hu- mano único, con rasgos éticos y estéticos específicos y uniformes, an- clados en una lógica capacitista7 “necesaria” para el despliegue del
capitalismo global como anclaje de la modernidad colonial. En este contexto, la idea de dignidad humana se sustenta en un sujeto ca- racterizado por la capacidad y el desempeño de un determinado rol social. Ello incide fuertemente en la demarcación entre uno mismo y otro. Llevado esto al terreno de la discapacidad, se cruza con los componentes ideológicos distintivos de “sujetos normales” - “sujetos anormales” a partir de las lógicas capacitistas predichas, sustentadas por nociones como eficacia y eficiencia. Surgen así varias preguntas sobre este concepto de dignidad, más aún cuando se lo piensa con re- lación a la temática de la discapacidad, a saber: ¿se está interpelando la noción de dignidad del individuo liberal o en lo genérico de un su- jeto humano realmente emancipado y emancipador? ¿Qué sucede con
6 Estos los lleva adelante en torno a qué es pensar, cómo se entienden las sensibi- lidades y las sensaciones, qué y cómo se interiorizan memoria y recuerdos, qué es el juicio, cómo se conforman las ideas compuestas, cómo median las acciones, etc. Todo ello para llegar a su frase final que sintetiza que todo esto hace a la ideología. 7 “El capacitismo resulta ser un neologismo que nombra el estado deseable y natu- ral que está asociado con la producción de la completud, la funcionalidad, la aparien- cia y la normalidad corporal. (…) tiene que ver con una red de prácticas y procesos que subjetivan la capacidad como una cualidad esencial del cuerpo humano: es por esto que, la discapacidad se presenta como un estado disminuido de la especie huma- na.” (Maldonado Ramírez, 2019: 78).
aquellos sujetos que por la interiorización de líneas demarcatorias que trazan al individuo liberal no “encajan” en los estándares de la normalidad colonial? ¿Resultan las personas en situación de discapa- cidad (PsD) sujetos dignos e iguales al resto de los que “cumplen” con estos estándares prenocionados? ¿Son consideradas dignas e iguales las personas en situación de discapacidad por aquellos sujetos que se autodefinen como normales?
En lo atinente a la igualdad, este concepto adquirió especial rele- vancia a través de la confluencia del derecho positivo en la construc- ción filosófica del concepto de igualdad que se venía configurando. Ello generó un paralelismo entre derecho e igualdad, interiorizado como verdad absoluta a partir del hito marcado por la Revolución Francesa, de 1789, cuyos ideales se desparramaron en el mundo occi- dental como universalizaciones posibles en cada una de las particula- ridades territoriales, poblacionales, epocales, etc. En efecto, la noción de igualdad, en su conjunción con la de derechos, se cimenta sobre un modelo de individuo caracterizado, principalmente, por su capacidad para razonar y comunicarse. Este prototipo de agente moral se enlaza con el prototipo de sujeto capacitado para participar en la discusión moral (De Asís, 2009).
Los componentes ideológicos de la modernidad colonial se ma- terializan con fuerza en cada reproducción acrítica de las verdades absolutas impuestas por el Norte Global. La creación de un individuo liberal (capaz, homogéneo, normal, de cierta raza, género y edad), entendido como sujeto uno, pasa a ser el sustento del desarrollo capi- talista de la modernidad colonial. Ello resulta sustantivo para la im- posición de una racionalidad basada en una forma de ser/estar, saber y ejercer poder, como la colonial moderna, que resulta ésta, pero que pudo (y puede) ser cualquier otra.
C) ESBOZOS DECOLONIALES QUE POTENCIAN LAS NOCIONES DE