Jhonatthan Maldonado Ramírez
PRELUDIO NOTAS SOBRE LA PRECARI/E/DAD
La condición precaria del sujeto es una aporía constitutiva de su de- venir corporal; la precariedad abre la posibilidad de experimentar re- des afectivas que evitan tu muerte, reciben los golpes contigo y acom- pañan tu caída abriendo el paracaídas para que no te hagas mierda, literalmente; pero también la precaridad incrementa el potencial de su- mergirte en un pozo, sin que nadie note tu ausencia y se preocupe por las consecuencias de tu hundimiento. De acuerdo con Judith Butler (2010), la distinción articulada entre precariedad (precariousness) y precaridad (precarity) ayuda a explicar la constitución de la vida cor- poral en relación con el entorno que la hace habitable o digna de ser vivida.
Asimismo, Isabell Lorey (2016) agrega que hay tres dimensiones de lo precario. La primera es la condición precaria, una dimensión ontológica de la vida y de los cuerpos; la segunda es la condición de
precarización, una dimensión política que designa los efectos polí-
ticos, sociales y jurídicos de la desigualdad y la jerarquización; y la
1 Beto Canseco (2017) explica que la tipografía sugiere que no hay condición onto- lógica que no esté articulada políticamente, no hay precari/e/dad que no esté mode- lada y cuyo modelado es social, dinamizado por redes de poder específicas.
tercera es la precarización como forma de gobierno, esta refiere a un proceso de sujeción que constituye una formación dócil y obediente del sujeto, “una compulsión por demostrar el propio virtuosismo, un servilismo autorreferencial y competitivo” (Lorey, 2016: 92) que enar- bola la exigencia de responsabilidad respecto a la autonomía perso- nal; así el sujeto asume la inestabilidad existencial volviéndose ajeno a las condiciones que agravan su propia precarización.
En este sentido, la discapacidad es una singularidad de la condi- ción precaria del sujeto que remite a una experiencia común de preca- riedad (ontológica) y a una experiencia específica de precaridad (polí- tica); dicho con otras palabras, 1) la experiencia común de precariedad permite la comprensión de la discapacidad a través de la fragilidad del cuerpo. Sara Ahmed (2018) explica que la palabra fragilidad deriva de fracción: algo que está roto; podría entenderse que todos los cuer- pos comparten la ausencia de integridad (no solo a nivel molar, sino también molecular) o que ninguno es indestructible, admitiendo que cualquiera es vulnerable, dependiente y finito.
Por tales motivos, para que los cuerpos puedan moverse y pros- perar necesitan de soportes materiales y tecnológicos, así como re- laciones de apoyo que sostengan y amplíen su acción. Entonces, la fragilidad del cuerpo tendría que estar vinculada a una organización económica, política y social que atienda equitativamente las nece- sidades de la vulnerabilidad compartida. En efecto, la precariedad permite acercarnos a la discapacidad como la posible variación en el encuentro interdependiente e inacabado de nuestro devenir corporal.
Sin embargo, la integridad corporal obligatoria nos exige traer al frente a la privilegiada autosuficiencia del cuerpo fuerte/sólido/es- table; esta matriz de precarización produce a la discapacidad no solo como una diferencia minusválida, sino como 2) una experiencia espe-
cífica de precaridad que designa una condición políticamente marcada
por la quiebra de las redes sociales, materiales y económicas de apo- yo, lo cual recrudece el paternalismo, la discriminación y la prescin- dencia; de ahí que, la discapacidad describa a una minoría orientada a sufrir injuria, pobreza, patologización y violencia, pues desestabiliza las normas de rendimiento, funcionalidad, felicidad y belleza sujetas a una política capacitista que busca asegurar la integridad corporal como forma de vida habitable y deseable.
Recuperar la distinción articulada precariedad-precaridad en la reflexión sobre el sujeto con discapacidad advierte que “no hay condición ontológica que no esté articulada políticamente” (Canseco, 2017: 127), así que busco a través de esta propuesta onto- lógica-y-política del cuerpo provocar el encuentro frágil hacia una experiencia contextual, relacional y contingente; es decir, la función
analítica de la discapacidad como experiencia común de precariedad y experiencia específica de precaridad intenta que tomemos concien- cia sobre la vivencia ambivalente y contradictoria de nuestra fra- gilidad corporal; entendiendo cómo la discapacidad, por un lado, permite que todos los cuerpos se conciban vulnerables, limitados e interdependientes, y por otro, hace que ciertos cuerpos se conciban deficientes, minusválidos y desechables; tal tensión requiere temati- zar cómo la política capacitista y discafóbica otorga privilegios que nos hacen además de olvidar, rechazar a la discapacidad como una posibilidad en nuestras vidas.
Aunque nuestro proyecto ético-somático-y-político sea por un fu- turo accesible en común, debemos reconocer que los privilegios de la integridad corporal obligatoria (como los de la heteronormatividad, el patriarcado o el colonialismo) no desaparecen mágicamente solo por ser impugnados aparentemente de forma individual y volunta- ria; mi temor es que en el esfuerzo de comprender la discapacidad como experiencia común de precariedad (“todas las personas de una u otra manera son discapacitadas” o “todos los cuerpos funcionan de manera diversa”) terminemos anulando la experiencia específica de precaridad; por ende, habría que estar invocando constantemente la inestable diferenciación entre el posicionamiento como persona con
discapacidad y el posicionamiento junto-a personas con discapacidad
para establecer resonancias, implicaciones y acompañamientos en términos de sensibilidades y habilidades articulatorias, no represen- tativas o suplantadoras.
Dadas las circunstancias, este capítulo intenta poner en es- cena la relación ontológica y política de la precari/e/dad en la pro- ducción diferencial del sujeto con discapacidad en tiempos neolibe- rales. Lo que interesa es un acercamiento a tres tipos de registros: I) junto-a la discapacidad, II) aleccionamiento moral de precarización y III) precariedad insurrecta; dichos registros tratan de exhibir escena- rios limitados por una temporalidad presentista de violencia y des- igualdad que minoriza todo horizonte de esperanza.
La urgencia no siempre es hacer crítica ante una mesa. Tengo el privilegio y la respons-habilidad de escribir, porque tengo tiempo para hacerlo sin que me persigan o me lo prohíban. No para tod*s es igual. Sé que debo asumir la parcialidad del conocimiento situado; hay exi- gencias inesperadas que demandan la colaboración en el colectivo y su relación con el mundo que se desea. Dirá Haraway (2019) que la respons-habilidad radica en el proceso de asumir las obligaciones no pedidas, permanecer en el compromiso de aprender desde la contin- gencia, el acontecimiento, la coyuntura y lo inesperado.
APERTURA. LA PRECARIZACIÓN NEOLIBERAL COMO FORMA