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La esencia de la teoría de la evolución darwiniana.

4. La publicación de El origen de las especies

4.2. La esencia de la teoría de la evolución darwiniana.

En El origen de las especies Darwin sostenía que las formas de vida no son estáticas sino que evolucionan; es decir, las especies cambian continuamente con el paso del tiempo, unas se originan y otras se extinguen. Este proceso de transformación de las especies es gradual, pues se desarrolla lentamente de una forma continuada, sin saltos, sin discontinuidades o cambios súbitos. Es lo que se conoce como gradualismo. Por otra parte, los organismos parecidos se hallan emparentados y descienden de un antepasado común. De esta suerte, se puede afirmar que todos los seres vivientes pueden remontarse a un origen único de la vida. Finalmente, para Darwin la selección natural es el principal motor de los cambios.

¿Cómo se produce la evolución de las especies? En primer lugar surge la variabilidad intraespecífica. Los hijos se parecen mucho a los padres, pero no son idénticos a ellos, sino que presentan ciertas diferencias. En general la variabilidad suele ser pequeña e intrascendente, pero en ocasiones aparece una característica nueva que permite que el individuo se adapte mejor a los cambios que experimenta el medio en el que habita. Los mejor adaptados serán los que lleguen en mayor número a la madurez y, por consiguiente, serán los que se reproduzcan en más cantidad, de modo que su descendencia tendrá la variación adaptativa heredada de sus padres, esto es a lo que llamó selección natural. En pocas generaciones y en un determinado nicho ecológico los individuos que tienen esa variante adaptativa que les confiere ventaja en la supervivencia representarán a la mayoría de la especie, hasta que, finalmente, habrán desplazado por completo a los otros. La acumulación de variaciones de este tipo, lo que Darwin llamaba herencia con modificación, llega a dar pie a un conjunto de individuos que ya no pueden aparearse con los de la especie madre, de esta forma se ha generado una especie nueva.

El gran problema que tenía Darwin era explicar cómo se producían esas variaciones. Sin pruebas que avalaran empíricamente una explicación razonable de los mecanismos de herencia de las variaciones adaptativas la teoría de Darwin era un castillo de naipes construido en el aire. Su teoría carecía de una base sólida y él lo sabía, pero no conseguía dar con una explicación verosímil. Sin embargo, y sin que él lo supiera, en un recóndito monasterio cercano a la ciudad checa de Brno, un humilde monje que trabajaba con guisantes estaba a punto de hallar la solución.

En efecto, en 1866 Gregor Mendel (1822-1884) divulgó los primeros trabajos sobre genética. La publicación de los resultados de sus investigaciones se hizo

en una revista especializada de difusión local, de modo que su trabajo permaneció desconocido hasta principios del siglo XX cuando fue redescubierto, prácticamente de forma simultánea, por diversos investigadores que trabajaban independientemente.

Hoy sabemos que la variación de la que hablaba Darwin se produce por causa de los cambios en las frecuencias de los genes (es decir, por un cambio en la proporción de una variante de un gen particular entre todas las formas alternativas que puede presentar dicho gen) debido a factores tales como: las mutaciones, la reproducción sexual, la recombinación cromosómica u otros.

Según Darwin, las variaciones que se heredarán serán aquellas que favorezcan la adaptación, de modo que es el medio el que, de una forma totalmente inconsciente, selecciona los individuos que sobrevivirán. Fue a esto a lo que Darwin llamó selección natural. Los individuos mejor adaptados, es decir, los que han nacido con modificaciones espontáneas favorables para hacer frente al medio ambiente, son los que van a tener más posibilidades de sobrevivir, de reproducirse y de dejar descendencia con estas ventajas. Dicho de otro modo, toda variación seleccionada positivamente tenderá a propagar su nueva y modificada forma.

La selección es, por consiguiente, la responsable del diseño de los organismos, y actúa de un modo inconsciente, o ciego. Es decir, en el panorama dibujado por Darwin, el orden que observamos en la naturaleza no es el fruto del diseño realizado por un Diseñador Inteligente y trascendente a la naturaleza, sino que es el producto de un sinfín de casualidades. Dicho de otro modo, el azar es quien ha moldeado la naturaleza, de manera que el orden observado en ella sólo es un orden aparente.

En resumen, puede decirse que la teoría de la evolución de Darwin se basa en cuatro ideas fundamentales:

a) Las formas de vida no son estáticas sino que evolucionan. Las especies cambian continuamente, unas se originan y otros se extinguen.

b) El proceso de la evolución es gradual, lento y continuo, sin saltos o cambios súbitos.

c) Los organismos parecidos se hallan emparentados y descienden de un antepasado común. De esta suerte, cabe suponer que todos los organismos vivientes pueden remontarse a un origen único de la vida. Un ser vivo primario que daría lugar al nutrido árbol de la vida.

d) La selección natural es la clave de bóveda de todo este proceso. En efecto, ella es la encargada de las modificaciones espontáneas que se han producido en los individuos y que representan variaciones favorables para la adaptación del individuo al medio, de modo que le facilita el éxito en la lucha por la supervivencia (selección natural propiamente dicha) o en la competición por el acceso a la reproducción (selección sexual). En el primer caso, los individuos mejor dotados, los que han nacido con modificaciones espontáneas favorables para hacer frente al medio ambiente, van a tener más posibilidades de sobrevivir, de reproducirse y de dejar descendencia con estas ventajas. Aunque Darwin admite que no es el único mecanismo que impulsa la evolución.