He vivido en muchas ciudades y no sé cuántos países me han visto pasar. Y suele suceder que uno se despierta y pasa de cuarto en cuarto y de ciudad en país hasta llegar al cuarto en que se acaba de despertar (...) Más la maravilla de reconocer, en óptimos despertares, al ser amado. Uno está de regreso al amor de la misma manera en que la noche anterior estuvo de regreso a casa en el país en el que ahora vive o de la misma y exacta manera en que visita por carta a un amigo en el país en el que ayer vivió o de la misma y exacta manera en que ayer por la tarde se instaló en su despacho, colocó la página en blanco y se dijo que ya muy pronto serían 25 los años que llevaba lejos de casa (...) Voltea, entonces, donde la mujer o el amigo queridos, y les habla de aquella casa de veraneo e infancia en la península de
85 Permiso... (Pág.10)
86 Antonio Garrido Domínguez, El texto narrativo( Madrid, editorial: Síntesis, 1993), (Pág.75). 87 Alfredo Bryce Echenique, "Terrible y maravillosa nostalgia", Jano, Julio de 1988, (Pág.77).
La Punta o la casa que ya casi no queda de Chosica para pasar el invierno.88
El espacio para Bryce Echenique viene a ser el de esta cita, que me servirá, perfectamente, para resumir los espacios por los que se mueve el escritor, y que después quedarán reflejados en la literatura.
En primer lugar, y sin proponérselo, el espacio que determina la vida de cualquier persona o personaje, es el lugar de nacimiento, físico y ambiental. Aquí se fijan los postulados que regirán la vida. Después la voluntad y el deseo la ratificarán o le harán revelarse contra ellos (es obvio que la voluntad y el deseo serán mucho más decisivos para la segunda opción, que para la primera, para la que te pusieron "en rodaje", prácticamente, desde el nacimiento).
El espacio íntimo para Bryce será en primer lugar escritura que viene determinada absolutamente por su nacimiento (el Perú), y por la pertenencia a una clase, la alta burguesía; y por su deseo y después efecto de romper esos lazos y venirse a Europa "a ser escritor", contradiciendo todas las expectativas, menos la suya, y tal vez la de su madre.
El salto, del Perú a Europa y de la burguesía al "desclasamiento" lo dio con la ilusión de los pocos años y ese deseo más fuerte que cualquier otro de hacerse escritor. En seguida vinieron las confrontaciones entre "lo que uno piensa" y "lo que la cosa pensada es", y de aquí esos comentarios irónicos de Martín Romaña (la trayectoria de este personaje es paralela a la de Bryce Echenique), de que Nôtre-Dame estaba igualito que en el Perú, pero quizás "aquí irradiaba un poco menos"; o "a la Ciudad Luz se le han fundido los plomos"; o las continuas increpaciones al Hemingway literario que les había hecho creer que "París era una fiesta", olvidándosele apostillar que "para unos pocos...".
Y de este "desacuerdo con la realidad en que se ve puesto en el mundo" nace toda la obra de Bryce desde los primeros pasos, empezando por el hecho de ser escritor (Bryce ha repetido siempre que se le ha preguntado que en el Perú nunca hubiera llegado a serlo), hasta la distancia afectiva y efectiva necesaria para hablar del Perú como lo hace en Un mundo..., y ahora en No me esperen en Abril: desde fuera y desde dentro.
Bien, el espacio geográfico nace, entonces, de este salto físico que le permitirá viajar por Europa y por medio mundo, y que le impondrá esa lección dudosa entre dos países, Perú o España (Martín hizo la primera elección y fracasó). Y en cuanto al escritor:
España es el país amado, el soñado, el ruidoso y caótico país del que te quejas ahora. Con cuánto amor te quejas. España es el país que te impide regresar al Perú. (...) Lo mucho que lloró por Perú en España, lo festejo. Lo mucho que en el Perú lloro por París y Peruggia (...) y Barcelona, lo festejo feliz en España.89
También para Martín Romaña España fue un país amado. De aquí eran sus ancestros, y también los de Inés. Aquí tuvo grandes amigos, y aquí, claro que con la imaginación, conoció a Octavia de Cádiz... Y el Perú es el país de la nostalgia, sobre todo de los lugares felices de niñez y adolescencia; ese Chosica compartido con Manolo de Huerto cerrado, con Julius, de Un mundo..., o con el protagonista de " ¡Al agua patos! ". ¡Y como no! la península de La Punta con aquella playa de Colán a la que Felipe Carrillo acudió, siendo adulto y llamado también por la nostalgia, a remediar lo irremediable.
Y junto a estos espacios físicos, decisivos unos: "el gran salto", y la mayoría, en dependencia de lo que allí encuentra, porque se puede ser muy feliz en Peruggia, una pequeña ciudad italiana, cuando allí se consigue hacer realidad los sueños de ser escritor, tanto para Bryce Echenique: "votación tardía que explota en la pequeña ciudad italiana de Peruggia"90; como para Martín como veremos, e incluso para Pedro Balbuena de Tantas veces... fue el encuentro con la literatura, en forma de mujer, Sophie que también la representa, porque fue la ilusión literaria que allí se materializó, se hizo texto, en definitiva. Y se puede ser muy desgraciado en el París de los días "sin hondonada", o con dos boinas sobre la cabeza porque el frío le impedía escribir... (me estoy refiriendo al protagonista de La vida exagerada...
88 Permiso para vivir...
(Pág.202)
89 Permiso para vivir. (Pág.202) 90 Permiso para vivir. (Pág.200)
Pero las ciudades, los espacio urbanos dominantes en la narrativa de "hoy", pueden ser:
Llegar a una ciudad, ver dirigir hacia ti, o casi, la sonrisa de una mujer bellísima, de una mujer que intuías aparecida para decirte con esa sonrisa que la ciudad con ella te sería dulce, apacible, definitivamente tuya. Pero después, la ciudad sin su sonrisa y sin su presencia, eso sí ya era cosa distinta, tal vez hostil, en fin, una ciudad sin esa sonrisa aparecida, en todo caso.91
O para Martín, "todas las ciudades se parecen no bien llego yo".
Y por encima de todo los afectos privados: "existe el amor, la amistad, el trabajo (la literatura, en mi caso), y después no existe nada"92. Y por lo que respeta a Martín:
Logró cansar a muchas mujeres, pero nunca se cansó de amarlas con pasión, con esa misma pasión con que había cultivado la amistad, pues quien no establece diferencias entre el amor y la amistad (y éste es su caso) no tiene por qué no hacer por un hombre lo que sí haría por una mujer.93 Y todos estos "topos" y los simbólicos -los espacios personales del escritor, fruto de la visión del mundo, de sus filias y de sus fobias- serán los espacios de la novelística de Bryce, y representándolos, la de sus personajes.
Y respecto a "lo ajeno", aquello que está pero que no participa, como ya se había intuido a lo largo de la producción literaria, o si lo hace es por ausencia -una forma de presencia negativa-, (un descubrimiento que sorprende al propio descubridor). Y es Mañuco, ese adolescente, en un viaje increíble en tren desde Perú a Cerro de Pasco, en plenos Andes, quien lo descubre:
-Y dime -intervino Fermín-. Debió ser una impresión formidable para ti ese increíble viaje en tren. Dicen que por ahí el ferrocarril pasa a más de cinco mil metros de altura. Debió ser algo casi sobrenatural para un chico de quince años (...)
- La verdad en que yo sólo me iba fijando en don Pancho- soltó categóricamente Mañuco. Entre el humo de La Cucaracha, los cuatro amigos no supieron si reír o si qué. El mismo Mañuco se había quedado sorprendido con su frase (...) Ya todo eso lo sabía Mañuco Cisneros y el paisaje era humano, antes humano que nada, proyección de sí mismo, y de Sally de don Pancho: el paisaje era el lugar en que iban a hablar, en el que iban a escuchar, en el que iban a ahondarse tantos afectos...94
Y que después ratificará con "el ahora", y lo que será para él, Texas en lo sucesivo:
...El paisaje de Texas, como tantos años antes el de Cerro de Pasco (...) sería el espacio en que él y todos aquellos amigos se habían movido, la zona en que se habían escuchado y mirado (...) una irradiación de sus propias personas, convertida en geografía de recuerdos.95
Y que Bryce también resume en el "ahora" -antes fue un gran viajero aunque en sus "crónicas" sobre EE.UU. que dio lugar al libro Abuelo de buen cubero y otras crónicas96, ya hay mucho de esa manera de ver el
mundo, incidiendo en lo personal y en lo anecdótico, y poco en lo puntual:
...recuerdo ahora que, por entonces, descubrí que una de las razones profundas de este viaje era gozar lo más posible y comunicarle, mediante cartas y tarjetas postales, ese goce a algún ser querido (...) Pero resulta bonito pensar que, a veces, la gente se manda miles de kilómetros al lomo de lo que puede tan solo para que un compadre, en Costa Rica, por ejemplo, reciba una postal y lea: "Soy feliz en Charlottesville", y reciba un abrazo...97
91 Permiso para vivir. (Pág.134) 92 Permiso para vivir. (Pág.73) 93 Permiso para vivir. (Pág.73) 94 Dos señoras conversan. (Pág.90-91) 95 Dos señoras conversan. (Pág.91)
96 Alfredo Bryce Echenique, A vuelo de buen cubero y otras crónicas( Barcelona, editorial: Anagrama, 1977) 97 Crónicas personales. (Pág.12)
Y ahora la más reciente, en la que el viaje ha pasado a ser o a no ser: Hace tiempo que no viajo por geografía geográfica, pues siempre termino diciéndome a este paisaje no vuelvo más y poniéndole, por fin, su crucecita en el mapa. Es el paisaje humano el que ahora me lleva a atravesar tantas veces el charco, el que me obliga a ir de ser humano en ser humano, como un náufrago de boya en boya. Hermosa idea cuando se sabe que, al mismo tiempo, todo esto penetrará obsesivamente nuestra obra literaria.98
Pero insisto, por si no ha quedado claro, que el espacio textual (el que le hizo escritor y creador de los demás "espacios"), como globalidad nació del desacuerdo con lo que parecía ser "su lugar en el mundo" y su decisión de quebrarlo. En definitiva de su desarraigo, como no me faltará ocasiones de repetir y matizar; o con palabras del mismo escritor, en esa lucidez que tiene de su propia historia: Al cabo de miles de años en Europa, tras haber sido un marginal ya en mi infancia en el Perú y luego un extranjero en todas partes, "un hombre con las raíces descabaladas", como me llama Pilar, mi esposa, tras haber sido un izquierdista para la derecha y un derechista para la izquierda, un revolucionario para unos y un oligarca agonizante para otros...99
98 Permiso para vivir. (Pág.73) 99 Permiso para vivir. (Pág.438)
IV.-EL ESPACIO EN LA OBRA DE ALFREDO BRYCE
ECHENIQUE
Para hablar de los espacios habituales de los cuentos y novelas de Bryce, voy a hacer una agrupación previa. Primero, por seguir un orden cronológico, hablaremos de los espacios propios de la niñez, representados fundamentalmente en la novela Un mundo para Julius, pero que también aparecen en algún cuento como referencia; para continuar con los de la adolescencia: los cuentos de Huerto cerrado, alguno de La felicidad ja y de Magdalena peruana... y dos de las tres novelas breves de Dos señoras conversan. Al espacio de la edad adulta nos llevan las novelas Tantas veces Pedro, La vida exagerada..., El hombre que hablaba... y los otros cuentos que quedaron desclasificados en los grupos anteriores.
Dejo por el momento el estudio de Un mundo... que he reservado para el siguiente capítulo. Y voy a dedicarme a las peculiaridades del entorno infantil, y dentro del ámbito de la niñez, dos acercamientos muy diferentes. Aquel en que la niñez es "vivida" por el protagonista en el momento que se narran los hechos, y que es objetivado por un narrador: Un mundo...; y el que nos habla de la niñez pero desde el recuerdo lejano, con la carga emotiva de su pérdida, y la nostalgia añadida.
He separado, además, el espacio físico del psíquico o íntimo, consciente de las interferencias de uno en el otro; y mucho más en el caso de Bryce, para quien "las ciudades son sus gentes", y ellas las que te hacen sentir de una manera u otra.
He eludido esta separación en los espacios de la niñez. Aquí el espacio físico e íntimo se confunden, no sólo porque en la niñez el entorno va unido a la idea de bienestar o lo contrario, sin preguntarse el por qué. Cuestión que ya llevaría implícita la separación. Y, también, porque el espacio de la niñez, en este apartado, es siempre recordado; y lo que determina el recuerdo es siempre un estado del alma, y en el caso de que sea el lugar el que provoque la evocación, el siguiente paso volverá a ser el mismo.