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1.2.1.1 Espacios privados

CÁNDIDO MARÍA TRIGUEROS

III. 1.2.1.1 Espacios privados

Trigueros no describe los espacios, y prefiere situar en ellos la acción. Los espacios privados son los que más abundan en la novela. Buena parte de la acción transcurre en casas que, cumple precisarlo, son ámbitos por excelencia de intimidad, de sociabilidad, en los que tienen lugar las relaciones familiares, a las que concede el escritor toledano particular importancia. Son las casas de Anselmo, de Irene, de los padres de Laureta, de los de Clara Orbina y, por fin, de los recién casados, Felipe y Clara Orbina. Por otra parte, cabría señalar también que la casa es el ámbito donde fundamentalmente se educa; por eso es el eje en torno al cual gira el relato. Al iniciar la lectura de El criado de su hijo, un lector cuidadoso da con un primer espacio: la casa de Anselmo. La referencia al mismo no es explícita, pero, desde las primeras líneas del texto, puede deducirse que lo que acontece a Anselmo -poco antes de tomar la firme resolución de confiar al huérfano Felipe a Irene- ha sucedido en su domicilio. Éste es, respecto de la ciudad, un espacio cerrado. Lo que desea el autor es impactar al lector sensible, para que éste entienda el quid de la educación del huérfano Felipe fuera del espacio familiar. Por lo tanto, nos encontramos con un espacio gobernado, en

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este caso, por la soledad, la tristeza, la desesperanza, pero, sobre todo, por la meditación que sigue al fallecimiento de la que fuera su ama. Una ausencia deplorable, pero que, desde un punto de vista novelesco y literario, resulta necesaria para que sea posible la trama. Anselmo y Felipe, solos y encerrados en su problema, aparecen ante el lector en un espacio, asimismo, cerrado y solo, pues lo ha abandonado la esposa cuya ausencia hace de este espacio una especie de pesadilla, que va a dejar de existir a partir del momento en el que el pobre y afligido esposo toma la firme resolución de entregar al recién nacido a su cuñada Irene, y de refugiarse en un lugar oculto desde donde preparará, con la complicidad de ésta, todo el proceso de disfraz, para velar por la buena educación de su hijo, como muestra la siguiente cita:

“Después de haberla entregado tan precioso depósito, desapareció enteramente de su casa, sin dejarse ver de nadie, ni decir á ninguno donde estaba; no porque hubiese abandonado la ciudad, sino porque se retiró a un paraje desconocido, desde donde todos los días veía á Irene, su cuñada, sin que nadie lo percibiese” 172

La residencia de Irene se convierte, por lo tanto, en marco narrativo de especial relieve, sabiamente elegido por el autor para mejor llevar a cabo el desarrollo de la acción novelesca.

Aquí sí que la referencia espacial es explícita. Este parece ser el espacio ideal para que se realice el delicado proceso educador o formativo de Felipe, desde la más tierna niñez hasta la hipotética madurez, en que se casa y se convierte a su vez en padre. Se trata, también, de un espacio cerrado, y, por lo tanto, de intimidad. Y hablando de

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intimidad, destaca el cuarto de la casa a cuyo rincón se retiran Martín y Felipe, para meditar sobre el castigo que ha recibido este último de su ayo, por su mala conducta en el colegio. Los chillidos del niño despiertan en el criado una profunda conmoción. Dice el narrador al respecto:

“Martín entretanto retirado en un rincón del quarto, y verdaderamente angustiado por varias consideraciones, lloraba de todo corazón: el hijo luego que se quedó solo con él, se le acercó, abriéndole su propio corazón; y aun se atrevió á descubrirle los

proyectos de venganza que meditaba contra su ayo” 173.

En la obra funciona el cuarto, desde el punto de vista simbólico, como una especie de celda o de cárcel ilustrada y, por lo tanto, un lugar no sólo negativo, en cuanto que supone, en ocasiones, ausencia de libertad, sino que también es un lugar para la enmienda y la corrección moral. De modo que esta “prisión”, como proponían los ilustrados Thomasius, Pufendorf, Beccaria, es escuela de moralidad para la futura reincorporación del niño al resto de la familia y de la sociedad. La casa de Irene es el ámbito familiar por el que va a moverse con total comodidad Felipe. Aunque no se nos ofrece descripción ninguna del mencionado espacio, al menos podemos inferir de la valoración que de su tía hace Felipe, que este nuevo ambiente vital es muy de su agrado. Confiesa, por ejemplo, el sobrino que su tía es una “buena muger” 174

.

173

Mis pasatiempos, ob. cit., p. 9.

174

Cabría apuntar, por otra parte, que en casa de esta virtuosa mujer, compartirá Felipe buena parte de su vida con el muy generoso y humilde Martín, su padre disfrazado de criado. Aquí también es donde recibe el niño una educación digna de su estirpe; esto es, un código de conducta marcadamente caballeresco. Felipe, más tarde, alcanza la delicada edad en que los jóvenes inician sus andaduras amorosas. Al respecto, una de las hijas de un vecino suyo se convierte en el objeto de su deseo. Pero para evitar un eventual escándalo prefiere el disfrazado padre casar a su hijo de forma precoz, por lo que se traslada la acción a casa de los padres de la linda Clara Orbina, donde darán comienzo los trámites del enlace.

Este nuevo espacio, al igual que el anterior, juega un papel simbólico en la obra, por albergar a la que se convertirá luego en esposa de Felipe. El criado Martín, en su papel de “casamentero”, es quien posibilita el contacto entre su amo y la admirable Clara Orbina. Dos visitas prematrimoniales le hace Felipe a Clara, pues según el narrador, fue durante la segunda cuando de ella “quedó [Felipe] verdaderamente enamorado”175

. De todos modos, será el criado el primero en introducirse en casa de los padres de la joven aristócrata, para intentar granjearse su confianza y, de esta forma, ir convirtiéndola paulatinamente en futura nuera suya, como lo podemos comprobar en la siguiente cita:

“[...] y tomando cada vez nuevo valor, iba freqüentemente en casa de los padres de la señorita, donde era bien recibido, sin embargo de que sólo le conocían como un criado de Felipe: la bella Clara principalmente le trataba con un modo muy expresivo y atento, y el buen criado no omitía el darla cuenta con la más afectuosa sinceridad de

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ánimo de todos los discursos y acciones del amante respecto de ella: de este modo inflamaba poco á poco un corazón, del qual estaba persuadido que dependía el buen

éxîto de la enmienda que deseaba y solicitaba por tan nuevos y costosos medios”176.

Como viene siendo habitual en Trigueros, no aparece ningún elemento descriptivo referente a este espacio, porque lo más importante para él son las relaciones que entre sí mantienen los diferentes personajes que se encuentran en la casa. De todas formas, del buen trato que recibe este criado de unos nobles, podría inferirse que la casa de Clara Orbina es un espacio positivo, un ambiente de amistad, de ternura, de sociabilidad, que define a sus ocupantes. Lo cierto es que las frecuentes visitas de Martín a la casa surten los efectos deseados, ya que Clara Orbina acepta, por fin, contraer matrimonio con Felipe. Pero hay otro espacio, éste de conflicto, que es la cercana casa del hospedero, cuya proximidad a la morada de Irene propicia una intimidad viciosa entre Felipe y Laureta.

Pronto se convierte la casa del hospedero en escenario de los frustrados intentos de Felipe por seducir a la “más pequeña”177

de las hijas de aquél. Nos parecen muy acertadas las siguientes palabras del narrador, respecto de la fogosidad de un Felipe quien, pese a estar casado con la hermosa Clara Orbina, “continuaba, a la verdad, visitando á su querida, pero avisada esta del riesgo en que estaba con una persona con quien no podía esperar un partido honesto, y del modo con que debía portarse para que el señorito no sospechase cosa alguna, y no se arrojase quizá á algún escandaloso

176

Ibid., pp. 28-29.

177

recurso de su fogoso natural; se contentó con recibirle de un modo atento, pero comedido, y que no lisonjeaba sus deseos con esperanzas” 178

.

Destaca en la novela, otro espacio privado que es la casa de Laureta, la casada. La presencia de dicho espacio se deduce a partir de la palabra “esposo”, al que le devuelve Felipe su legítima esposa Laureta, después de mantenerla oculta durante mucho tiempo en un lugar retirado de la ciudad 179. De todos modos, la devolución de ésta implica, lógicamente, el retorno del infiel marido a su hogar, o sea, a su casa propia donde también consigue reconciliarse con Clara su legítima esposa, con su madrastra y, sobre todo, con Martín, al que con gran sorpresa termina descubriendo como Anselmo, su progenitor.

La casa de la pareja Felipe y Clara Orbina tampoco aparece de forma explícita en la novela. Cabe pensar que es en ella donde tiene lugar la nocturna celebración de las bodas. Aunque no nos ofrece el texto detalle ninguno sobre la estructura de dicha casa, al menos se puede inferir que la fiesta tiene lugar en un salón, lo cual respecto del cuarto de los novios, es un espacio social y público. En cambio, el aposento de los recién casados representa un espacio cerrado y de intimidad. Lugar tranquilo y, sobre todo, discreto, donde se eclipsa un momento Martín, para prodigar los últimos consejos a los nuevos esponsales. Todo ello nos hace deducir que los sucesos del enlace y subsiguiente recepción se verifican en el domicilio de Felipe y Clara Orbina, como indican estas palabras del narrador:

178

Ibid., p. 25.

179

“La noche de la boda, aunque era el último de los que se hallaban en el quarto de los novios, logró sin embargo Martín proporción para tener una breve plática con su ama nueva.” 180

A continuación, reproduce el mismo narrador las sabias palabras de Martín:

“ya sois, señora [...], muger y dueña de esta casa; permitid que un criado anciano, que os respeta y os ama, tenga la libertad de mostrároslo con sus consejos” 181.

Por último, señala Trigueros que en el interior de esta vivienda hay un sofá 182 , señal exterior de riqueza y comodidad, pues el sofá es mobiliario de la moda doméstica de las casas abastadas del siglo XVIII. Del mismo modo cabe destacar la presencia en esta casa del retrato de Clara, besado amorosa y clandestinamente por su esposo, tras romper éste con Laureta 183

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