Capítulo II. VIDA Y OBRA DEL AUTOR
II.5. LAS SOCIEDADES PATRIÓTICAS
Nueve años después de la creación de la Sociedad Patriótica, convertida en Sociedad Económica, interviene el incansable Trigueros con un valioso discurso sobre el tratamiento químico de las lanas, los móviles del ocaso de sus fábricas en Sevilla, así como sus posibles remedios.
En la Sociedad Económica, a tenor de Francisco Aguilar Piñal, Trigueros sobresale especialmente por su traducción del tratado agronómico de Columela, De re
rustica, “obra de que carece la nación” y cuyo proyecto de traducción despierta el
entusiasmo de casi todos los consocios -como Jovellanos y Bruna -, por ser de “mayor utilidad a nuestra patria y de cuyo autor tenemos la más alta idea” 110
. Éstos ponen a su alcance cuantas bibliografías pueda necesitar para llevarlo a cabo. Pero un trabajo de tal envergadura requiere, al parecer del Subdiácono, meticulosidad y seriedad. Lo inicia, pero tira luego la toalla, estimando que semejante tarea sólo la puede realizar cualquiera que esté menos ocupado que él, que por entonces continuaba dedicándose a sus sermones, dramas, poesías y que ya empezaba a interesarse por la botánica, aunque el traslado de Jovellanos a Madrid parece ser el argumento aducido por Aguilar Piñal para intentar justificar una tal renuncia 111. Pero sin entrar en más detalles, sólo nos limitaremos a reconocer como Armendáriz, “la importante labor filológica de Trigueros en esta su frustrada (edición) traducción e ilustración del
110
Apud. Francisco AGUILAR PIÑAL, Un escritor ilustrado, ob. cit., p. 68.
111
tratado columeliano” 112
. Hablando del Trigueros socio de la Económica Sevillana, no podía pasar inadvertida su significativa aportación en el campo de la economía agraria, con la publicación de su Memoria sobre los abonos de la tierra, dirigida a la Económica Matritense. Escrito en el que pueden rastrearse sus fisiocráticas ideas. En esta obra, Cándido María Trigueros defiende, convencido de que “la agricultura es la base en que estriba la felicidad del Estado”113
, la necesidad de la ciencia de los abonos. Asimismo destaca su faceta de infatigable investigador experimental, “mezclando arcillas, cal, margas y cenizas para mejorar la tierra, intentando llegar a conseguir una marga artificial de la mejor calidad”114
. Estos logros científicos los reconoce el mismo Antonio Cavanilles, para quien Trigueros ha descubierto “un género de tierra para fecundar los campos, superior a la natural y a la artificial” 115
. Por otra parte, se desprende de la referida Memoria su gran interés por la geología, la agricultura y la química. Buena pista para comprender su futura dedicación a la botánica. Sus estudios en este nuevo campo de investigación, así como el descubrimiento de nuevas especies de plantas 116
hasta entonces desconocidas, le valdrán no sólo el prestigioso cargo de primer correspondiente oficial del Jardín
112
J. I. GARCÍA ARMENDÁRIZ, art. cit., p. 408. También de Columela habló Trigueros en carta a Jovellanos de fecha 10 de febrero de 1778, recogida en Obras completas, II, de Jovellanos, ed. cit., pp. 108-114.
113
Apud. Francisco AGUILAR PIÑAL, Un escritor ilustrado, ob. cit., p. 74.
114
Ibid., p. 75.
115
Apud. Francisco AGUILAR PIÑAL, “Trigueros, apologista de España”, Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, XLI, (1965), Santander, p. 66.
116
Escribió al respecto dos obras importantes y significativas. La primera, titulada
Specimen-Florae-Carmonensis, le fue encargada por D. Casimiro Gómez Ortega, y contiene
más de mil plantas naturales, ó naturalizadas en el término de Carmona. La segunda, De Olea,
praecipue Carmonensi, encomiada por D. Antonio Palau en su Práctica Botánica. Vid.
SEMPERE Y GUARINOS, Ensayo, ob. cit., pp. 106-107.
Este interés suyo por la Historia Natural y, en concreto, por la botánica, puede percibirse con nitidez en dos de los relatos insertados en su novela, Cuatro cuentos en un
cuento, de la colección Mis pasatiempos. Se trata de La erudita y de El naturalista en América.
Botánico de Madrid 117 en 1783, sino que también le honrarán los botánicos de la época dándole su propio nombre a alguna de las especies descubiertas: “Triguera Cav”118
. Por lo visto, el nombre de esta planta está formado por la suma de los nombres de Trigueros y de Cavanilles. Este último, abate español y uno de los famosos botánicos de la época, natural de Valencia, residía por entonces en París 119
. De ahí la posibilidad de que fuese Antonio José Cavanilles quien, en reconocimiento de los méritos del beneficiado de Carmona en relación a su brillante quehacer botánico, se resolviese a dignificarle.
Su dedicación a las ciencias experimentales en su laboratorio personal 120 de Carmona le convertirá en modelo para muchos amigos sevillanos y algunos particulares que siempre acudirán a él en busca de consejos sobre la mejora de la agricultura, la industria y la medicina. Como ejemplificación, podemos citar la solicitud que le formuló la Academia de Medicina y demás Ciencias de Sevilla, pidiendo su opinión respecto de “una muestra de tierra jabonosa” con fines curativos. La contundente reacción de un Trigueros, amante de la ciencia moderna y enemigo de las supersticiones, no se hizo esperar:
117
Juan SEMPERE Y GUARINOS, Ensayo, ob. cit., p. 107.
118
Don Miguel COLMEIRA, La Botánica y los botánicos de la Península Hispano-
lusitana. Estudios bibliográficos y biograficos, Madrid, Copia Facsímil, Servicio de
reproducción de libros, Librerías París-Valencia, Valencia, 1996, p. 215.
La mencionada planta a la cual dio Cavanilles el nombre del toledano es una solanácea “acerifolia”, según puede comprobarse en el artículo “Triguera” de su primera disertación, publicada en París en 1785. En nota a pie de página, dice Cavanilles: “In honorem D. Candidi Mariae de Trigueros, hispalensis botanici atque poetae, viri varia eruditione perpoliti, qui plurimas novas species diversorum generum detexis in Boetica , necnon et genus novum, cuius descriptionem et figuram quam primum dabo”. Apud. AGUILAR PIÑAL, Un
escritor ilustrado, ob. cit., p. 92.
119
Vid. Juan SEMPERE Y GUARINOS, ob. cit., nota 1, p. 100.
120
Una experiencia que puede también rastrearse en su ya citado relato, La erudita, si bien se vale el autor de dichas actividades más bien para ridiculizar las ambiciones de su protagonista Doña Margarita de Vargas.
“Los médicos no deben ser como los chinos, que sueñan hacerse inmortales atestándose de talco quemado desleído en vino: la superstición no debe tener entrada en sus almas, obligadas por oficio a saber física y química [...]. De modo que mi parecer sería siempre que esta [tierra jabonosa] y las demás arcillas se desterrasen
enteramente de todo uso medicinal como superfluas y sospechosas” 121
Trigueros descolló en su día como erudito, pero no “a la violeta”, expresión despectiva con la que a la sazón se refería a una clase de seudo-intelectuales, a los que duramente satiriza el propio Trigueros en uno de los relatos interpolados de Cuatro
cuentos en un cuento, titulado La erudita. Como hijo de su siglo, procuró que todos
sus saberes resultasen de particular utilidad a sus paisanos, a fin de que éstos alcanzasen la felicidad. De ahí que arremetiera contra la ignorancia, los errores del pasado, proponiendo como única verdad fiable e útil el método experimental. Idea que muy bien expresa en dos de los versos que componen su pindárica oda Los amigos del
País Bético:
“Canten otros batallas o amoríos;
yo de la Utilidad cantaré solo...” 122
De todos modos, Trigueros, famoso ya por sus Poesías filosóficas, aprovecha su estancia en la Económica para, en 1781, descubrirles a los demás socios otras de sus composiciones poéticas, con títulos marcadamente significativos como La paz en la
121
Apud. Francisco AGUILAR PIÑAL, Un escritor ilustrado, ob. cit., p. 77.
122
Apud. AGUILAR PIÑAL, Un escritor ilustrado, ob. cit. p. 70. Véase también ,al
guerra y El templo de la felicidad, encomiando ambas la España ilustrada de
Carlos III, por los relevantes adelantos científico y económico que iba conociendo a la sazón el país 123
.
Por otra parte, sin ser miembro de la Academia de las Tres Nobles Artes de Sevilla, fue el polígrafo toledano el primer poeta en hacer el panegírico de la obra pictórica del sevillano Murillo. Dicho poema, titulado Elogio de los cuadros de
Bartolomé Murillo, fue leído en noviembre de 1782, a raíz del reparto de los premios
en la escuela de dibujo de la referida academia. Como reconoce Francisco Aguilar Piñal, el beneficiado de Carmona si bien no es ningún estudioso de la pintura, “da en este poema muestras repetidas de una gran sensibilidad artística y aun de bastantes conocimientos pictóricos...”, añadiendo que esta obra trigueriana es “de interés histórico para ser tenido en cuenta por los críticos de la pintura del siglo XVIII” 124
.