LA SEMEJANZA PERFECTA
EL ESPIRITU SANTO Y EL HOMBRE EN CRISTO
¿Qué quiere decir el Espíritu de filiación? El espíritu nuevo de Jesús resucitado. Pero ¿por qué Jesús ha dado el Espíritu?
- Porque Jesús en su vida mortal lo ha recibido.
- El Espíritu Santo es el principio dinámico del camino histórico del Verbo encarnado hacia el Padre.
- La Encarnación se produce por la obra del Espíritu. - Jesús en el Jordán recibe la unción del Espíritu;
- "El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido..." - Act 10: discurso de Pedro sobre la unción de Cristo;
- el Espíritu que impulsa a Jesús al desierto según los tres sinópticos; - Hbr 9,14: Jesús que se ofrece al Padre en virtud del Espíritu eterno - Lc 10: Jesús que exulta en el Espíritu;
- Jesús que en virtud del Espíritu Santo expulsa los demonios; (Mt habla del Espíritu; Lc del dedo de Dios);
Por tanto podemos concluir: Jesús ha recibido el Espíritu. Este Espíritu que según S. Ireneo debía habituarse en la Carne de Jesús a estar entre los hombre, debía ensayar a vivir entre los hombre que es el lugar donde el Espíritu reposa y se queda. Por tanto, el Espíritu de filiación es el principio histórico de la vida del Hijo de Dios hacia el Padre,
recibido en potencia en la Resurrección y comunicado como Espíritu de filiación. Como Espíritu sellado ("sigillato") por Jesús como dice S. Basilio. El Espíritu lleva el sello de aquél que lo da. Lleva el carácter de aquél que lo da.
El Espíritu de filiación, el Espíritu del Hijo, el que Jesús el Hijo ha recibido y que lo ha llevado a vivir su vida filial en la libre obediencia al Padre y en la entrega al Padre en la muerte y en la resurrección. Es este el Espíritu comunicado. S. Ireneo lo formula magistralmente: Jesús ha recibido el Espíritu "ut de abundantia untionis eius nos
percipientes salvaremur" (para que nosotros fuéramos salvados en el recibir de la
superabundancia de su Espíritu). El Espíritu en el don de la filiación lleva el sello de la humanidad de Jesús. Porque sólo de Jesús resucitado lo recibimos y este Espíritu ha habitado en la Carne de Jesús durante su vida mortal.
El Espíritu santo de filiación que recibimos donado por Jesús en su resurrección es aquel Espíritu que lleva el sello de la humanidad de Cristo. El mismo Espíritu que ha llevado a Jesús hacia el misterio Pascual, el que ha entregado al Padre, el que el Padre ha dado en abundancia y sobreabundancia en la resurrección.
U. von Balthasar utiliza una expresión teológicamente bella: habla de la inversión
trinitaria, el orden de las personas es Padre-Hijo-Espíritu. Así se manifiesta en la
resurrección claramente, en el misterio pascual de Jesús. Durante el tiempo de la vida mortal de Jesús y también como consecuencia de su kénosis este orden se invierte y tenemos esta inversión económica en el tiempo de la vida mortal de Jesús: Padre- Espíritu-Hijo. El Espíritu viene sobre Jesús. Que esta inversión trinitaria está en relación con este momento kenótico de la Encarnación es evidente por lo demás, pues este Espíritu viene sobre Jesús en cuanto hombre, en su humanidad (Jesús en cuanto Dios no tiene necesidad del Espíritu Santo, evidentemente). Los Padres han esto esta distinción claramente de Dios y hombre en Cristo.
En este Espíritu de filiación es donde el Espíritu alcanza y explicita todas sus virtualidades. Los Padres han hablado del Espíritu como DON, éste es el nombre personal del Espíritu. Este don se realiza en la Pascua, es decir, es en este momento cuando el Espíritu aparece en toda su virtualidad, en toda su riqueza y muestra lo que puede hacer en todos nosotros. Así se hace un principio interno en la vida del cristiano (por ejemplo cuando se recibe en el bautismo...)
En este momento pascual vemos, pues, lo que es el Espíritu santo que se revela en plenitud (así también en el misterio pascual se revela en plenitud quien es el Padre que hace resucitar, y quien es Jesús-Hijo Unigénito desde siempre) Manifestándose el Padre y el Hijo se manifiesta también quién es el Espíritu que nos hace hijos. Nos encontramos, pues en el momento de la plena revelación trinitaria de las tres Personas en su íntima conexión.
En el Espíritu de filiación participamos de aquella relación con el Padre que es propio de Jesús: llamamos a Dios Padre. S. Basilio dice: "el Espíritu llega a ser la voz de aquél que lo ha recibido", es el Espíritu que clama en nosotros "Abbá, Padre". Se podría añadir que esta voz del Espíritu es la de Jesús. El Espíritu nos lleva hacia Jesús, nos une a Él, nos hace compartir la relación que Jesús tiene con el Padre.
En el Espíritu ya no es contradictorio que el Unigénito sea Primogénito. Jesús que no puede comunicar su ser generado eternamente por el Padre, nos comunica el principio mediante el cual ha traído a la tierra su vida de Hijo. Unigénito y Primogénito es comunicable porque el Espíritu es el Don, porque siendo intratrinitariamente la unión del Padre y el Hijo es también la proyección hacia el exterior de esta unidad y este amor. (dejamos al lado el punto a desarrollar de la dimensión eclesiológica del Espíritu).
Relación con las Personas (que es una doctrina teológica no un dogma). De lo
contrario toda esta economía fundada en la humanidad de Jesús no tendría ningún sentido. ¿Acaso es lícito poner el tema de la gracia en la relación del Padre y el Hijo poniendo entre paréntesis la vida humana de Jesús? Me parece que no es lícito, porque es precisamente esta Encarnación la que Dios siempre ha querido para comunicarnos su vida en la Trinidad inmanente. No podemos prescindir nunca de la Trinidad económica. Esta filiación divina de Jesús, dándose su identidad nos da la nuestra, explicando su identidad a través del don del Espíritu explica la nuestra. Estamos en conexión con aquello que decíamos en la reflexión protológica: el diseño originario del hombre en Cristo se realiza en la configuración con Jesús el Hijo en lo que llamamos la filiación divina que comporta como una dimensión esencial, y no simplemente un añadido, la fraternidad.
La dimensión fraterna. Se habla muy a menudo de fraternidad. Este es el nombre cristiano de la relación entre nosotros. Esta relación tiene sólo un punto de referencia que se llama: Padre común. Sin este Padre común esta palabra se vuelve vacía e inconsistente. Sólo en la unidad del Padre tiene sentido la fraternidad. A esto nos abre Jesús el Unigénito-Primogénito. (Cfr. LG 7: lo mismo en la cabeza y en los miembros).