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El hombre real: aquél que coexiste con quien no es del todo igual (Jesús, Dios y Hombre).

In document Antropologia teologica - Luis LADARIA (página 42-44)

ANALISIS CRÍTICO DE DIVERSOS MODELOS RECIENTES: K BARTH

4. El hombre real: aquél que coexiste con quien no es del todo igual (Jesús, Dios y Hombre).

Jesús es hombre como nosotros. Como hombre es igual. Como Dios no es igual. Sólo El es Dios, nosotros no lo somos. El hombre es aquél que co-existe con Jesús, que es hombre como nosotros siendo Dios. De su ser podemos extraer el sentido de nuestro ser. Debemos establecer esta diferencia, sobre todo en el sentido que en El encontramos plenamente realizado eso que en nosotros no se puede realizar de un modo pleno.

Jesús es el hombre para Dios. Nosotros debemos ser para Dios. ¿Qué es el ser del hombre? Esa coexistencia con quien no es como nosotros siendo como nosotros. "El ser

del hombre es la historia, en la cual uno creado por Dios, elegido por Dios, llamado por Dios, en su autoresponsabilidad viene captado en su relación delante a Dios. En el cual se ve esta capacidad de autoelección, de llamada que se funda sobre el ser creatural"

(pag. 65).

La esencia del hombre se funda en una historia concreta. Veremos como esto repercute en la teología posterior, por ejemplo en Pannenberg: la esencia del hombre en la historia que aparece paradigmática en Jesús. "El cual siendo el hombre para Dios, es

aquel Ser en el que ser y funcione coinciden a la perfección del ciento por ciento".

(Balthasar recoge esto en parte por lo menos. Una de sus primeras obras es sobre K. Barth).

Jesús no es que primero sea hombre y después tenga una función. El hace referencia a Mt. 1,21: "El será llamado Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados". El nombre de Jesús es su función. Jesús es el que salva. Identidad entre el

hombre y la función. Es el hombre para Dios. Conocemos la esencia del hombre en Jesús, que es el hombre para Dios. Podemos, desarrollando este pensamiento aunque el no lo desarrolle así, nosotros conocer quién somos en cuanto realizamos nuestro ser para Dios. Conocemos la esencia del hombre a partir de Jesús. Conocemos qué es el hombre, a través de su función. Quién es su persona lo conocemos por su obra. Es el salvador. Aquí la descubierta del hombre en su ser para Dios.

Si en Cristo, en la esencia del hombre, se presenta Dios, debemos ver al Creador en la creación de un modo indirecto. Eso que en Jesús parece en un modo directo aparece en nosotros de un modo indirecto. No existe una relación indiferente en esta relación de Dios en Jesús. Porque eso que quiere operar en Jesús lo quiere operar en todos. Por medio del Salvador; Dios existe siempre en este acto de relación con Jesús, en este acto de soberanía, de dominio. La creatura humana con este paradigma en Jesús, existe en el dominio de Dios, Testimoniando y haciendo este dominio de Dios. Dios se abre, en cuanto manifiesta su dominio en la esencia humana.

Si Jesús ha querido manifestar este dominio de Dios, este sentido de su existencia es el sentido de su persona. Aquello que en El es directo en nosotros es indirecto. Aquello que prevalece es la manifestación de esta soberanía en Jesús.

El hombre, pues, conocible sólo através de la relación con Dios. Con una relación no igual a la nuestra con Jesús.

Esto nos hace reconocer quién es el hombre. La relación con Dios es siempre fundamental. La historia del hombre siempre tiene relación con la historia salvífica. El hombre tiene su determinación en la gloria de Dios. El hombre como es como Jesús debe dejar que Dios sea Dios. Estas son las consecuencias antropológicas por el hecho de que sólo en Jesús se manifiesta quién es el hombre.

K. Barth, por esto, rechaza toda definición filosófica: un amimal racional que tiene una naturaleza humana... Esto no nos da la existencia fundada en Dios, y no nos explica qué es la historia que se funda en Dios.

Por eso rechaza dos visiones, que nos dan una visión cerrada del hombre:

1-. Primero una visión naturalista: una naturaleza abstracta. Esto es algo cerrado que no nos abre a la relación.

2-. Segunda, una visión ética, donde el hombre debe hacer el bien, se debe realizar haciendo el bien. Esto puede ser una visión cerrada. Esta ética puede ser fundada sobre mí.

Sólo una visión abierta que acepta que el hombre no es definible, que el hombre estará siempre en la búsqueda de sí mismo estando en la búsqueda de Jesús y de Dios. En relación a la trascendencia está la naturaleza humana y está la fundamentación de su ética. Ni visión naturalista, ni ética parecen suficientes. Esta ética se podrá fundar sólo en el

hecho de que el hombre es siempre llamado a la trascendencia. El hombre siempre es respuesta a la cuestión de la trascendencia. Es la cuestión que me pone la palabra de Dios en este movimiento trascendente.

"Respuesta a la palabra de Dios". No ha cualquier sentimiento, a cualquier reflexión, que yo pueda desarrollar. La trascendencia tiene un nombre propio que es Dios revelado en Jesús, que se me manifiesta.

Ni una visión naturalística, ni una visión ética nos dicen -asegura Barth- quién sea el hombre. En efecto, la visión ética puede permanecer de hecho encerrada en el hombre mismo, en el modo humano de obrar, sin hacer referencia a la dimensión trascendente del hombre. K.Barth rechaza también las pretensiones del existencialismo (en auge, por aquellos años de posguerra), y, polemizando indirectamente con Jaspers, afirma: ni siquiera el fundar la antropología en las situaciones límites nos abre a la trascendencia; no nos hace ir más allá de lo que es el hombre en sí mismo. Una visión naturalística, o una visión ética, o una visión simplemente existencialista encierran al hombre en sí mismo, porque no ponen de relieve el punto fundamental de referencia para la definición del ser humano: Cristo. Una visión explícitamente trascendente del hombre puede venir sólo de Jesús. Dicha visión sí encierra, por otra parte, la dimensión de la naturaleza y la dimensión ética del ser humano.

Por tanto, la esencia del hombre es su historia con Dios. No hay una esencia humana, no hay una naturaleza humana23 -esto para Barth es platonismo-. Lo que hay es una historia entre Dios y el hombre. Una historia fundada en Jesús, abierta por Jesús. Sólo a la luz de esta historia de Dios con el hombre es posible saber quién es el hombre; como sólo a la luz de la historia de Dios con Jesús aparece quién es Jesús. Por eso, el verdadero hombre no es aquél que busca por sí mismo saber quién es, sino aquél que deja que Dios le diga quién es24, del mismo modo que ha dicho a Jesús "Tú eres mi Hijo". Del intento de una autocomprensión autónoma, el hombre debe pasar a una autocomprensión teónoma. Sólo Dios es "nomos", "regla". El hombre no puede ser regla de sí mismo.

In document Antropologia teologica - Luis LADARIA (página 42-44)