ANALISIS CRÍTICO DE DIVERSOS MODELOS RECIENTES: K BARTH
4. El hombre real.
El hombre real es aquél que existe en Cristo, que existe unido a Cristo. Igual a
Jesús y, al mismo tiempo, diferente. El porqué de esta diferenciación resulta evidente: el hombre no es Dios, mientras Jesús es el Hijo de Dios. Se trata, pues, de una diferencia esencial. Por eso, ser hombre es existir en unión con Aquél que, siendo como nosotros, es diverso a nosotros en el aspecto de su divinidad. Esta diversidad no quita que la esencia
23 Esta idea ha tenido un influjo muy claro en Pannenberg, como se verá.
humana, la naturaleza humana, la definición ontológica del hombre, venga determinada por el hecho de que en medio de todos nosotros hay un hombre que es Jesús. Por eso, ser humano quiere decir existir con Cristo, recibir el ser por Cristo. En nuestro ser, todo viene de Jesús.
Aquí emerge uno de los puntos más conflictivos de la teología de K.Barth. Lo plantea la existencia del pecado (que Barth no pretende negar). Si todo viene de Jesús, ¿cómo se explica la existencia del pecado? ¿De dónde viene la infidelidad huamana? Si nosotros pensamos nuestro ser sólo en referencia total a Cristo, y de Él se recibe todo, ¿de dónde viene esa realidad antihumana a la que llamamos pecado?
En su Dogmática (vol.III,2 y más claramente en el vol.II,2), K.Barth hace la siguiente afirmación: El pecador, el réprobo, aquél que se encuentra alejado de Dios, es un personaje que el hombre puede representar, pero que no puede ser. En efecto, Jesús ha asumido todo el pecado y lo ha quitado al hombre. Por eso, el hombre puede hacer el pecador, pero no serlo. Esta posibilidad le ha sido radicalmente quitada por Cristo. El pecado existe, pero es la "imposibilidad ontológica", es la absoluta contradicción, pues habiéndolo asumido Cristo sobre sí, ya no puede ser una realidad en el hombre. Es ya solamente una cosa que el hombre puede representar, pero no ser.
Para Barth, el ser del hombre viene radicalmente de Jesús. Por eso pone en segundo plano todo lo que significa cooperación del hombre, libertad humana, necesidad de la aceptación de la obra de Cristo por parte del hombre...Lo que Barth pone en primer plano es la dimensión descendente: el hombre recibe su ser de Cristo. Y Jesús ha llevado el pecado sobre sí, por todos, y lo ha hecho de una vez para siempre. Evidentemente el pecado existe, el hombre peca, pero este pecado ya no le alcanza en lo profundo: es una "imposibilidad ontológica". Nos encontramos, evidentemente, ante un punto altamente conflictivo de la teología de K.Barth.
El hombre real, por tanto, es el que existe habiéndolo recibido todo de Cristo. Este
existir con Cristo en la diferencia, lo articula Barth en cuatro puntos:
1º.- El hombre es una creatura, que ha recibido el ser de Dios. Su ser viene de Dios, depende de Dios, pertenece a Dios y no a sí mismo. El hombre no es autónomo: pertenece a Aquél que viene a su encuentro como Señor.
2º.- El hombre es una creatura elegida en Cristo. En Barth encontramos un repensamiento profundo de la doctrina de la predestinación. Sin duda alguna ha sido él uno de los que más han contribuido a cambiar en el siglo XX el planteamiento de este problema teológico.
Desde el punto de vista neotestamentario, es evidente que no se conoce más que la predestinación de los hombres en Jesús: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo...por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus
hijos adoptivos por medio de Jesucristo..."(Ef.1,3-5). "...A los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera Él el primogénito entre muchos hermanos..."(Rm.8,29). Esta doctrina, en el trascurso de los tiempos, se independizó de su fundamental raíz cristológica, y se transformó en un problema antropológico: una predestinación al bien, una predestinación al mal. Sabemos de las vacilaciones de S.Agustín, sobre todo en sus últimas obras. En efecto, si la gracia viene ofrecida a todos,¿dónde permanece su carácter gratuito? Si viene ofrecida a todos,¿sigue siendo gracia? No era fácil para Agustín asociar gratuidad y universalidad del don de la gracia en Cristo. De hecho, este problema ha llevado a veces a la tentación -siempre rechazada por la Iglesia- de sostener una doble predestinación: la de unos hombres al bien y la de otros hombres al mal. Algunas de las afirmaciones más terribles sobre la predestinación se encuentran en Calvino. Según él, la predestinación consiste en que Dios, desde siempre, ha elegido a unos para ser buenos y a otros para ser malos. Se trata, evidentemente, de un concepto de predestinación que se ve en independencia de aquella predestinación en Cristo propia del NT.
K.Barth ha reaccionado contra esta concepción de su tradición calvinista. Ha repropuesto el problema de la predestinación desde el único punto de vista que puede proponerse, bíblicamente hablando; esto es: la predestinación en Cristo. El hombre ha sido elegido en Cristo, predestinado desde el primer instante a recibir su ser de Cristo. Jesucristo es anterior a todo en la decisión de Dios. Por eso, lo que es el hombre, su determinación formal, recibe su fundamento de la elección de gracia de Dios. El contenido del ser hombre es el ser con Cristo, el ser co-electo con Cristo, el ser predestinado con Cristo.
3º.- Este hombre debe escuchar la Palabra, porque su co-elección con Cristo supone que viene llamado, interpelado por Dios. Por eso, el hombre es hombre en cuanto que escucha esta Palabra, de Dios, que es Cristo. En el anuncio de la Palabra se produce ese evento de la historia humana que es la confirmación de la elección del hombre, la realización de su vocación, la realización de su determinación creatural. El hombre es el ser interpelado, llamado por Dios. El hombre es un ser que existe en cuanto co-electo con Cristo, en cuanto llamado. Nada hay en él previo a esta elección.
4º.- El ser del hombre es insertarse en la historia fundada por Jesús, en la cual Dios quiere ser para el hombre y el hombre puede ser para Dios. La realidad de la historia humana es la elección por Dios en Cristo y la audición de la Palabra de gracia, pues en ésta Dios dice quién somos. Sólo por la inserción en esta historia el hombre va más allá de las fronteras creaturales, más allá de las limitaciones humanas. Sólo en Jesús el hombre es capaz de trascendencia. El hombre como naturaleza, el hombre como
ética, las diversas consideraciones existencialistas...no son el hombre verdadero. Todo eso es solamente "el hombre en la sombra" o "la sombra del hombre". No responde a la genuina realidad del hombre. Son sólo "síntomas". La esencia del hombre no se puede extraer de estos síntomas puramente externos. La realidad última del hombre sólo puede ser conocido en Cristo y por Cristo.