EL PROBLEMA DEL PECADO ORIGINAL
PECADO DE ADÁN Y PECADO DEL MUNDO: LA DISCUSIÓN ACTUAL
En los últimos tiempos se han formulado diversas hipótesis para explicar esta situación de solidaridad y la causa de este origen. Es lo que en la tradición escolástica se llamaba «pecado original originante» y que se puede llamar también el pecado de Adán.
1. Teilhard de Chardin
Se trata de una aproximación que no ha sido sistematizada, la del padre Teilhard de Chardin, pero que ha inspirado otras. Teilhard ha tenido una idea muy profunda de la centralidad cósmica de Cristo. Aunque muchos puntos de su doctrina pueden ser discutidos, hay que decir que ha tenido una gran intuición respecto a esta importancia universal y cósmica de Cristo, aspecto éste que en su tiempo la teología no subrayaba. En este sentido ha tenido una intuición profunda, aunque después haya que matizar y corregir. Dentro de esta visión cristocéntrica que introduce el cosmos entero65, Teilhald ha tenido también intuiciones acerca del pecado. Ha intentado ver como el pecado equivale al nivel de la libertad humana, a los desórdenes que aparecen también en el mundo infrahumano. Afirma que la evolución comporta una simplificación a partir de la multiplicidad, que se da un conjunto en vistas a una organización más elevada.
En todo proceso evolutivo, en todo crecimiento hacia una organización más elevada, existen siempre fenómenos marginales, subproductos necesarios. Al ser limitado le sucede esto. Por eso, el pecado original no es sólo una realidad histórica, sino una realidad trans-histórica. Más que un elemento en la serie de elementos históricos, expresa la ley eterna de la ausencia de plenitud de la humanidad por el hecho de encontrarse in
fieri. Esto en el hombre es el pecado, aunque existen también manifestaciones de este ser in fieri en los seres infrahumanos, que no llegan aún a la libertad y en los cuales no se
puede hablar explícitamente de pecado. Existe pues una conexión entre el pecado y la resistencia a esta unificación que finalmente consigue en Cristo su cumplimiento.
Esta línea, aunque ha sido seguida por otros, en conjunto no ha tenido mucho éxito en la teología católica. Reconociendo el valor profundo que supone afirmar que Cristo es el que va más allá de todas nuestras resistencias, y valorando más la intuición general que cada uno de los puntos, el problema que se plantea es el siguiente: ¿No existe una especificidad del pecado frente a cualquier limitación, frente a cualquier fracaso del
mundo infrahumano o incluso humano? ¿No existe algo del pecado que va más allá de cualquier tipo de resistencia a esta unificación, a esta plenificación?
Es un hecho que la finitud humana se encuentra inserta en un mundo finito, y también lo es que el pecado viene de la finitud, pero el pecado no es la finitud misma. La finitud es la condición de posibilidad para que el pecado se pueda realizar. Hace falta pues, en un cierto sentido, especificar. Hay que poner de manifiesto que no sólo la situación de pecado, de alejamiento de Dios, tiene un origen, sino un pecado de origen. Una causa cualquiera no justifica una situación que nosotros analógicamente llamamos pecado66,
tiene que ser una causa de pecado. Un origen cualquiera no justifica el origen del pecado. Hay que buscar en el pecado el origen del pecado.
2. P. Schoonenberg
En los últimos tiempos han tenido un gran éxito, aunque la doctrina, en conjunto, no ha sido aceptada, algunas ideas de Schoonenberg aparecidas en Mysterium Salutis67. Él se ha planteado el problema siguiente: nos encontramos en el mundo del pecado. También en el evangelio de Juan se habla del pecado del mundo. El mundo de pecado no se limita al primer pecado, sino que el pecado es una realidad bastante más amplia. ¿Por qué hay que conceder al primer pecado una importancia especial? En realidad, se puede pensar que cada pecado provoca una situación de ausencia de gracia. No para eliminar la importancia primaria del primer pecado, sino para mostrar que todos se encuentran conectados en un mundo de pecado. Entonces, él dice: es verdad que el pecado de Adán, al principio de la historia, muestra claramente que el pecado tiene una repercusión universal.
Si yo tomo en consideración toda la masa de pecados que se encuentran en la humanidad, naturalmente esta masa se ha formado lentamente. ¿Cuándo se puede decir que se ha llegado a la universalidad? ¿Cuándo se ha llegado a una situación tal en la que el individuo se encuentra prisionero en este pecado y no puede salir de él? Él se da cuenta en seguida del problema. Dice entonces Schoonenberg que todas las afirmaciones del Magisterio de la Iglesia que se refieren a la universalidad del pecado, la conectan con la necesidad del bautismo, con la necesidad que tiene todo hombre de ser inserto sacramen- talmente en Cristo. Siendo fieles a su manera de expresarse, su hipótesis sería que el pecado se convierte verdaderamente en universal, se convierte en algo de lo que el hombre individual no puede escapar, en el momento del pecado máximo del rechazo de Cristo. En este momento la humanidad rechaza a Jesús y el pecado se convierte en lo que gobierna el mundo; en este momento reina el pecado. Anteriormente no se podía decir en el mismo sentido, pues aunque habían pecados con un peso más o menos fuerte, podía ocurrir que el individuo escapase a este poder. Después de Jesús, la Iglesia nos dice que todos han pecado, que se da la universalidad del pecado, siempre en relación con la universalidad del bautismo. Por eso es en este momento cuando esta masa de pecado ha tomado una dimensión tal que pesa de manera irrevocable sobre el hombre individual. Hay necesidad del nuevo inicio, de Jesús. En este momento se da el reino del pecado consumado. Ha cristalizado este pecado de tal manera que ninguno de nosotros puede salir de él libre- mente.
66 La llamamos pecado no en tanto que acto voluntario, sino en tanto que repercute negativamente en nuestra
relación con Dios.
Y aquí hay que distinguir lo que ha tenido un influjo muy grande en la teología de lo que ha sido substancialmente rechazado. Ha sido rechazado este segundo punto, que el pecado llega a esta cristalización en el momento de la muerte de Jesús. El mismo Schoonenberg ha dicho que lo había propuesto como hipótesis y que no insiste sobre este punto. ¿Por qué se rechazaba este punto? El rechazo de Jesús es, sin duda, el más grande pecado del hombre, pero parece presuponer un pecado ya existente, ya que esta muerte es en sí misma también la liberación del pecado. Si no, se daría la paradoja de que precisamente lo que nos libera del pecado, lo constituye, lo que nos libera de esta tiranía del pecado la constituye, la establece sobre todos nosotros. Sin duda, la muerte de Cristo es el gran pecado, pero esto es la expresión y ratificación de una situación de pecado ya existente, no es lo que la crea. Más bien, lo que crea la muerte de Jesús es la liberación del pecado, es la salvación.
Ha tenido, en cambio, un gran influjo el otro aspecto del pecado del mundo. La historia del pecado pesa. Schoonenberg dice muy claramente que el pecado provoca una situación de ausencia de gracia, y con esto se alinea con la gran mayoría de la teología católica en este momento. Y se pregunta: ¿Por qué dar una importancia especial al primer pecado? ¿Por qué no a todos? ¿Por qué no a la masa del pecado tal como se presenta? Es la masa que constituye este existencial en la cual el hombre se encuentra viniendo al mundo, de tal modo que no puede salir de esta situación si no es con la gracia de Cristo, con la novedad del nuevo inicio de Cristo. Es esta masa la que pesa sobre nosotros. ¿Por qué dar un relieve especial al pecado inicial? Tanto los teólogos que quieren insistir de nuevo en la importancia del primer pecado, como los que no ven esta necesidad, todos han aceptado ampliamente las posiciones de Schoonenberg.
En este aspecto su influjo ha sido muy fuerte, aunque su teoría de conjunto no haya tenido mucho éxito. Esto se debe a que existe en él algo de justo: estamos acostumbrados a ver el problema del pecado original simplemente del punto de vista pasivo. Esta teoría nos muestra que el problema del pecado no es para mi algo pasivo, sino que se convierte en algo activo, pues también yo soy partícipe de esta masa de pecado, y por tanto también mi pecado pesa sobre los demás. Las dificultades para no aceptar el primer pecado, para no dar este relieve al primer pecado permanecen. ¿Cuándo comienza la universalidad en este sistema? Por otra parte, si se acepta, como aceptan estos autores, que existe una conexión entre los pecados, parece que esta relación manda, de un modo u otro, al momento inicial. Parece que esta conexión reclama en un cierto momento en el que esto haya iniciado.
Finalmente, esta doctrina del pecado del mundo, y la del pecado de Adán, no deben considerarse para nada como alternativas, son más bien complementarias. Complementarias en el sentido siguiente: ¿dónde se manifiesta la fuerza del pecado que Adán, la humanidad primigenia68, dónde se ve la gravedad de esta fuerza de pecado? En la sucesión de los pecados. ¿Dónde se ve pues la gravedad del primer pecado, si no en la masa de pecado que este primer pecado ha sido capaz de introducir en el mundo? Es falso pensar que el pecado del mundo quita importancia al primer pecado; al contrario, por poco que abramos los ojos, vemos que existe una conexión. El pecado del mundo nos hace pensar que existe un origen, y que este origen se manifiesta en los efectos que nosotros podemos experimentar parcialmente. Parcialmente, porque el pecado se manifiesta en sus efectos, y no podemos aislar de toda esta masa de efectos lo que es estrictamente el
pecado, la acción libre contra Dios. Este juicio se nos escapa. Evidentemente, nosotros encontramos esto en una masa de acontecimientos más amplia. Parece, pues, que la tradición del primer pecado debe ser mantenida. No para aislarlo, sino para verlo como causante de esta situación. No para plantear una alternativa, sino para mostrar la conexión. Precisamente es la conexión con la realidad de pecado del mundo la que muestra la gravedad del primer pecado.