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2.123 Establecimiento y dominio portugués

Como hemos visto anteriormente, los portugueses se establecieron desde un principio en Inhambane haciendo de su bahía y alrededores un distrito en el que mantenían el control y establecían relaciones comerciales desde su llegada en el siglo XVI. Continuó siendo un puerto importante en el sur y mantuvo un dominio sobre el territorio en que se había asentado ganando el respeto de los reyes de Gaza y estableciendo pactos comerciales con los mismos.

Por otra parte, Portugal disponía en el sur de otro establecimiento más pequeño y moderno en el fuerte de Lourenço Márques que dominaba el comercio en la Bahía de Delagoa. Éste era un establecimiento

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reciente en una zona donde convergían diferentes reinos.

Estos reductos de presencia colonial en el sur, no se correspondían con la presencia de una metrópoli, sino que se trataba más bien de un reino más que establecía contactos con el resto sin superioridad ninguna sobre el territorio y sus gentes. Autores portugueses como Rita Ferreira hablan de relación de vasallaje de Ngungunhana a la corona portuguesa, pero, como indican textos más recientes no tan unilaterales, se trata más de tratados entre iguales o en los que los indígenas parten de una situación ventajosa ante una impotente ocupación colonial. Esto se manifiesta en las diferentes ocasiones en que los portugueses fueron víctimas de la fuerza e intereses de los jefes locales:

“Había intenciones y una mentalidad imperialista pero, por lo menos en Mozambique, faltaban los medios para efectuar la conquista. Entre 1833 y 1836 hubo un periodo en que los portugueses fueron hasta obligados a retroceder en algunos puntos debido a la debilidad de la metrópoli y a una crisis económica regional.” (Anónimo, 1995:10).

(Ver fotografía 1)

Por tanto la visión asumida por las diferentes partes en la percepción del otro estaba muy lejos de la realidad: Mientras los reinos africanos veían el Imperio Portugués como un pequeño reino comercial sin capacidad política y militar, Portugal menospreciaba la capacidad militar y de respuesta de los reyes locales. La idea que se manejaba en Lisboa de “manos blancas que dirigían manos negras” estaba fuera de la realidad en este periodo en que la impotencia de la metrópoli, más que ejercer su poder, tuvo que negociar su supervivencia. De hecho, ante la expansión inglesa a través de individuos y empresas (en 1883 empezaron a construir el ferrocarril de Lourenço Marques) y su intención de ocupar tierras donde realizar actividades agropecuarias y zonas estratégicas de comunicación, Portugal estableció pactos y se ganó el favor de los locales para tener apoyo vista su impotencia (Fialho 1998: 77).

Fue sobre todo a partir de 1885 cuando Portugal, tras ser obligado a reducir sus intereses en el río Congo en un acuerdo entre potencias imperialistas, vio la necesidad de ocupar las tierras del interior de Mozambique y establecer sus límites fronterizos acordes con sus intereses coloniales.

Por otra parte, los comerciantes portugueses establecieron un flujo importante de mercancías, en especial telas, que les llevó a tener buenas relaciones en los alrededores de Lourenço Marques e Inhambane. Estas relaciones y sus continuos intercambios eran en territorio de Gaza y Ngungunhana se interesó por establecer relaciones con unos comerciantes que garantizaban un gran movimiento económico dentro de sus fronteras. Por este tiempo la emigración a Sudáfrica ya se había convertido en un fenómeno notable y, entre los Tsongas, era común utilizar la libra en el comercio. Desde antes de 1885 los hombres ya veían una posibilidad temporal en ir a trabajar a las plantaciones de azúcar del Natal o a las minas del Transvaal, así que tenían la posibilidad de acceder a las manufacturas que los portugueses les vendían. Así, tanto una parte como la otra estaban interesadas en establecer relaciones y pactos que les garantizaran su posición en la zona.

Se nombró a Casaleiro Rodrigues como intermediario para realizar un tratado de amistad, pero mientras en Gaza presentó unas condiciones aceptables, en su viaje a Lisboa renuncio a condiciones perjudicando al reino de Ngungunhana y firmó en su nombre un tratado de vasallaje que establecía una sumisión que Gaza nunca aceptó. A cambio recibió un cargo como residente en Gaza e intermediario del Imperio portugués, cargo que, después de todo, realizó con justicia transmitiendo al gobierno portugués los derechos del estado de Gaza (Liesegang 1986).

A pesar del tratado, a los pocos años la convergencia de intereses coloniales llevó al gobierno portugués a presionar sobre la posición de Gaza, y Ngungunhana buscó auxilio en los ingleses ante tal presión sobre sus derechos y territorio. Sin embargo, entre los intereses imperialistas no había espacio para un reinado africano y no obtuvo apoyo de nadie y su representación diplomática pasó a ser nula.

Hubo ciertas tensiones cuando el ejército de Gaza marchó sobre poblaciones al norte de Inhambane enfrentándose a sus jefes ante las incursiones que hacían en su territorio. Pero el verdadero detonante del enfrentamiento fue cuando Ngungunhana acogió a Zihlahla y Magaiza, dos jefes de los alrededores de Lourenço Marques que, después de desafiar y enfrentar el poder colonial en la Batalla de Marracuene, habían huido a Gaza a refugiarse tras una difícil victoria portuguesa en el llamado Gwuaza Mutine (“atraer el enemigo para matarlo en casa”). En todas sus victorias Portugal se aliaba con algunos reinos vecinos gracias a los cuales tuvo un ejército potente para derrotar a sus rivales e imponer sus intereses, es el caso de sus aliados Matola y Moamba en la Batalla de Marracuene.

Gaza constituía la mayor amenaza a los planes portugueses y Ngungunhana imponía su criterio sin importarle que eso pudiera ir en contra de los intereses metropolitanos. La acogida en su territorio de los dos jefes fugitivos sirvió de excusa para enfrentarse primero diplomáticamente y a continuación militarmente al Estado de Gaza.

El ataque se hizo por varios flancos y la resistencia fue perdiendo las batallas por la movilidad de la caballería portuguesa y la tecnología de sus armas. La guerra empezó a mediados de 1895 y a finales ya había caído la capital del imperio (Manjacaze) y habían sido apresados o habían huido sus principales generales. Al poco tiempo Mouzinho de Albuquerque capturó a Ngungunhana que se había refugiado en Chaimite con sus jefes más fieles. Mouzinho fue nombrado gobernador del Distrito Militar de Gaza y Ngungunhana fue llevado a Lisboa y posteriormente a las Azores donde murió (Serra 2000).

Estos acontecimientos históricos son explicados desde las diferentes perspectivas de una manera romántica, heroica e interesada por la mayoría de las referencias que de ellos encontramos así como la de la mayoría de los escritos del tiempo colonial.

Tras la derrota y captura de Ngungunhana, parte de su ejército huyó al Transvaal y otros lugares de lo que es hoy la República Sudafricana y en los que perduran grandes núcleos de población changana sudafricana. Una parte se organizó para formar una resistencia al mando de la cual se encontraba Maguiguane Cossa que era el jefe militar de Gaza (observar la referencia a este guerrero en una canción del anexo de la mhamba). Esta resistencia sólo duró dos años porque en 1897 fue derrotada de nuevo por Mouzinho de Albuquerque.

Casi al mismo tiempo, en 1896, era conquistado el reino de Maputo cuyo rey, Nguanaze, consiguió huir hacia el sur refugiándose en territorio británico.

Con estas luchas acabó la resistencia de los reinos africanos a la colonización y Portugal completó su dominio total sobre el territorio. Todavía hubo revueltas a principios del siglo XX, pero fueron rápidamente sofocadas por el gobierno colonial. A partir de entonces la resistencia sería más encubierta y se expresaría a través del arte y la literatura en núcleos urbanos como veremos más adelante.

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