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Estados mentales y participación en grupos e instituciones

El grupo no es una sumatoria de individuos. Desde la pareja y de ahí en adelante en el resto de los grupos, se establece un sistema de relaciones entre los miembros, producto de la posición que ocupan en el grupo y de las funciones que deben cumplir. El grupo para asegurar su supervivencia establece un sistema de valores y de normas que los miembros deben aceptar y obedecer. Unas veces los grupos son de corta duración y otras se convierten en instituciones que perduran a lo largo del tiempo y que conllevan además una posición especial dentro del gran sistema social. Es importante ver como se vincula el grupo y las instituciones a los estados mentales de sus miembros.

La familia y la comunidad (Meltzer)

Harris y Meltzer (1983) proponen un modelo dinámico en los procesos de vida de

los individuos, las familias y las comunidades, en el que la premisa central es “el problema

de contención y distribución del dolor mental conectado con el crecimiento y el desarrollo de los miembros de la familia-en-la-comunidad” (Harris y Meltzer, 1983, p.35). Plantean diferentes tipos de organización familiar que se deben tomar en dos sentidos, como la

descripción de un estado momentáneo y como una tendencia general. Los tipo de organización propuestos por los autores son la familia conyugal, la familia matriarcal, la familia patriarcal, la familia pandilla y la familia invertida, los cuales corresponden a los seis tipos de organización de la personalidad de miembros individuales, expuestos por los autores. Se profundizará en las últimas dos ya que se piensa que el funcionamiento maltratante puede tener una relación estrecha con estos dos tipos de funcionamiento familiar.

La familia pandilla en su estado mas narcisista -dicen Harris-Meltzer- surge, cuando la persona dominante mantiene un precario equilibrio entre la madurez y la pseudo- madurez, y cuando uno o ambos padres están fuertemente identificados de forma negativa. Esto ocurre cuando por ejemplo los jóvenes se independizan tempranamente de sus padres porque estos son inadecuados, malos y no cuentan con pautas de crianza adecuadas. Las políticas positivas no se construyen sobre la base del sentimiento hacia los hijos, o la comprensión de sus emociones y angustias, sino que son construidas intelectualmente. Existe una tendencia a tener siempre la razón, a mostrar su superioridad y de esta manera justifican sus rebeliones. Hay una urgencia de formar a los hijos bajo expectativas de

“bondad”, de “dependencia” o de “realización”.

“Las funciones introyectivas tienden a ser simuladas más que ejecutadas, de modo

que los roles nominales y su dramatización reemplazan las funciones genuinas” (Ibid, p.42). Los autores afirman que los sentimientos de amor se reemplazan por la seducción, los mimos y la indulgencia y que los sentimientos depresivos y el optimismo se simula a través de una alegría maníaca. En lugar de ejercerse la función del pensar, se utilizan slogans, clichés, dogmas en un nivel superficial relacionado con aspectos como la pose, la vestimenta, la modernidad, el estatus de las familias y otras formas de snobismo. La rebeldía y la imposibilidad de responder a las exigencias provoca un fuerte rechazo o el castigo o la exclusión. No se reconoce la dependencia hacia la comunidad, sino “una

actitud delincuente de pillaje de desperdicios respecto de las ayudas y servicios

potencialmente disponibles” (Ibid, p.42-43). Convertirse en delincuentes, en infractores es tan llamativo que esto impide que se conviertan en un grupo de Supuesto Básico de Ataque-y-fuga. Toda responsabilidad se proyecta en la comunidad, con lo cual se evita la

culpa, pero se está con frecuencia en medio de tensiones y ansiedad frente a la comunidad. Su capacidad para mentir les permite aprovecharse de cualquier recurso u ofrecimiento de los servicios sociales o incluso del sistema legal.

El liderazgo puede pasar fácilmente de padres a hijos inteligentes, quienes se vuelven los primeros ayudantes del padre y en ese ambiente se falsea la verdad a través de la elocuencia. Predomina una actitud agresiva hacia la comunidad cuando desean defender a los miembros más débiles del grupo, especialmente en casos de enfermedad física, heridas o deficiencia mental. Este miembro desafortunado, es utilizado como excusa para convertirse en depredadores de los recursos de la comunidad. La familia pandilla es desafiante –nos dicen los autores- pero a la vez desea ser aceptada, es voraz pero a la vez orgullosa e inculcan en sus miembros el establecimiento de una relación particular en el

ámbito educacional en donde “se previenen de formar una actitud dependiente y confiada

con los maestros y, no obstante, se espera que hagan progresos suficientes como para dar

solidez al ethos del medio familiar” (Ibid, p.43). A causa de esto, hay un bajo nivel de realización y logros escolares desequilibrados. Por último, hay una fuerte tendencia a que padres e hijos establezcan una relación de folie-à-deux lo que predispone al rechazo a la escuela.

La familia invertida se caracteriza por la existencia de una o ambas figuras parentales psicóticas o que se encuentran dominadas por perversión sexual o tendencias criminales. Hay una inversión de los valores, lo que genera un tipo de vínculo conflictivo con la comunidad. Los miembros de la familia invertida no se capacitan y por lo tanto tiende a haber una economía precaria y con tendencia a la ilegalidad. Por esta razón, mantienen relaciones predatorias y provocativas con vecinos o con familias de cohorte similar. Reclutan con facilidad nuevos miembros y sus intereses se orientan a actividades lucrativas en áreas de diversión, criminalidad, prostitución o corrupción. En la atmósfera de la familia existe el juego, la bebida, la promiscuidad, el consumo de drogas, las perversiones sexuales, el incesto y la agresión.

“Las funciones introyectivas y, por consiguiente pensar y planificar, están casi ausentes. Por tanto, la acción tiende a ser desenfrenada, con el resultado de que el dolor mental (casi totalmente persecutorio), tiende a circular en el orden intra-familiar a modo de

la ley del más fuerte y, finalmente a ser evacuado en la comunidad a través de acciones predadoras” [Ibid, p.44].

Hay un orden tiránico que promueve la identificación proyectiva con los miembros más fuertes y promueve la confusión, siembra desconfianza y fomenta las angustias persecutorias. No es posible observar a la familia bajo los roles nominales, ya que en el caos familiar las funciones migran entre sus miembros. El caos lleva a la familia a formar Supuesto Básico de Apareamiento, especialmente si se ven atacados por la comunidad. Incluso pueden organizar guerrillas y grupos de bandidos. A nivel escolar, los niños no se integran a sus comunidades u organizaciones del barrio ya que hay una migración constante de la familia.

“siempre están al alcance de la mano creencias bizarras, supersticiones y delirios, junto con la tendencia a la perversión sexual, la piromanía y el suicidio semi-accidental. El flirteo con sectas y prácticas religiosas satánicas puede ser constante y cristalizarse, repentinamente, en un grupo de Supuesto Básico con pretensiones religiosas, caricaturizando la esperanza, que alivia la atmosfera de desesperanza general oculta detrás del enojo paranoide” [Ibid, p.45].

Harris y Meltzer (1983) proponen un modelo en que el que se estudia la organización de la comunidad, abordando seis aspectos diferentes de la comunidad, que surgen a través de la interacción constante entre la familia y la comunidad. En este modelo

los autores pretenden “trazar las implicaciones de la visión psicoanalítica del individuo para

la comprensión de las estructuras sociales” (Ibid, p.24) y hacen una descripción de la

situación total “en la cual las personas individuales se comportan entre sí,

contractualmente, dentro de los límites de su comprensión del contrato social, cumpliendo

cada una un rol social que suponen que surge obviamente en el contrato” (Ibid, p.25). En este sentido, se establece una relación entre el individuo, la familia y la comunidad. Las organizaciones planteadas son: la comunidad benevolente del objeto combinado, la comunidad de sustento maternal, la comunidad de sustento paternal, la comunidad materna parasitaria, la comunidad paterna parasitaria y la comunidad paranoide.

Para efectos de la presente investigación se profundizará en la comunidad paranoide, en la que la maldad se inserta en el funcionar a medida que la desconfianza aumenta entre la familia y la comunidad.

“Ya no es que el sistema sea inadecuado, defectuoso o erróneamente interpretado; ya no es cuestión de fracaso del matrimonio; el mal ha invadido la situación y está corrompiendo lo que debería ser un paraíso de armonía y abundancia. Quizás incluso un genio loco, ha usurpado el poder del genio bondadoso de los padres combinados” [Ibid, p.28].

Debe ocurrir un cambio revolucionario para expulsar a los usurpadores del poder parental, en la familia o en la comunidad. Se requiere que la juventud halle el camino del bien, lejos de la era corrupta. La salud deberá prevalecer sobre la enfermedad y el bien

sobre el mal. “La familia debe comportarse como si tuviera que emprender la huida a

Egipto para dar a luz al nuevo Mesías, en tanto la comunidad se comporta como si en

cualquier momento pudiera producirse una invasión desde Marte” (Ibid, p.29). Los autores afirman que estas tendencias se encuentran presentes en cualquier familia y en la comunidad que haya entrado en una organización de supuesto básico.

Podría pensarse que el funcionamiento maltratante al interior de una familia es conocido por la comunidad paranoide, sin embargo ésta se encuentra tan invadida por el mal, por la persecución y el miedo que nadie se atreve a denunciarla.

Las funciones de la familia (Harris-Meltzer)

En línea con las diferentes organizaciones familiares, Harris y Meltzer (1983) proponen las funciones de la familia: generar amor vs promulgar odio, promover esperanza vs sembrar desesperanza, contener el dolor depresivo vs emanar angustia persecutoria,

crear confusión vs pensar. Muñoz añade a estas funciones el “vs” ya que realmente son la antítesis de cada uno. Estas funciones pueden ser llevadas a cabo mediante acciones o comunicaciones abiertas o encubiertas, por medio de la verdad o de la mentira.

“estas funciones tienen a ser delegadas a los miembros individuales, colocándolos en un conflicto funcional con su contraparte. En el caso en que los individuos estén, en ese momento, uniéndose a alguien para que realice la función para ellos, hablaremos de dependencia funcional. Las funciones pueden ser asumidas por el individuo o pueden serle impuestas por otros miembros. Las funciones pueden estar en suspenso sin ser llevadas a cabo por nadie, formando así un foco de caos con la angustia catastrófica implícita” [Ibid, p.36].

De igual forma se mencionarán aquellas funciones que se considera, se encuentran en estrecha relación con el grupo y la pareja maltratante.

En la función de promulgar el odio, se atacan los vínculos existentes en la familia a través de la manipulación de los sentimientos de frustración. Hay una tendencia a generar una pandilla y utilizan la seducción y la amenaza para ligar su organización interna. El proceso de aprendizaje por sometimiento a un líder es rápido y gratificante para los miembros dependientes. También se encuentra sembrar desesperanza, afirmando que en estos casos el pesimismo envenena el ambiente familiar. Por otra parte favorece los mecanismos de aprendizaje obsesivos y el pillaje de desperdicios y también favorece el aferramiento al grupo de supuesto básico.

La siguiente función consiste en emanar ansiedad persecutoria, la cual se puede manifestar cuando un miembro de la familia tiene una vivencia de terror y actúa como foco de ésta emoción al emanar ansiedad al ambiente proyectándola, aterrorizando a los más jóvenes o los más débiles del grupo. Hay una sensación que existen fuerzas caóticas supra –

parentales (lo económico, un terremoto, lo catastrófico). Esta atmósfera de impotencia paraliza las funciones de aprendizaje a excepción de las formas miméticas, como la identificación adhesiva con figuras fuera de la familia. Por último, se encuentra la función

de crear mentiras y confusión, en la que la organización familiar se ve amenazada por un

miembro caracterizado como mentiroso, quien envenena la cualidad ética del ambiente familiar lo que afecta la capacidad para aprender, de esta manera se busca el desaprendizaje de lo que ya ha sido adquirido.

Grupos de Supuesto Básico (Bion en el modelo Harris-Meltzer)

Bion (1961) hace una aproximación al estudio de grupos en sesiones terapéuticas a partir del cual propone los Grupos de Supuesto Básico (GSB) de lucha y fuga, dependencia

y apareamiento y el Grupo de Trabajo en el que plantea que “las fuerzas de un grupo llevan a una fácil actividad cooperativa” (Bion, 1961, p.15). No nos ubicamos en el marco conceptual de Bion sino en la aplicación que Harris y Meltzer hacen de este esquema con relación a la familia. En el modelo Harris-Meltzer (1983) estos autores afirman que los

GSB tienen una relación circular y de secuencia entre ellos lo cual es ilustrado en el siguiente mito narrativo sobre el grupo familiar:

“al principio, todas las necesidades del grupo fueron satisfechas gracias a la sabiduría de los líderes (padres), de modo que la envidia y la enemistad naturales del grupo circundante (tribu), eran contenidas. Pero a medida que se fueron volviendo más viejos y menos activos, el disenso entre los aspirantes más jóvenes a la sucesión produjo políticas en conflicto: algunas de ataque, otras de huída. El resultado fue que al morir los líderes, el grupo se partió en dos; uno se quedó para luchar y el otro huyó en busca de vecinos más pacíficos. En tanto el primero fue gradualmente diezmado o asimilado, el último esperó el nacimiento de un nuevo líder, quien, a su debido tiempo apareció para satisfacer, gracias a su sabiduría, etc. todas las necesidades del grupo después de haber establecido y estabilizado, gracias a su espíritu luchador, sus relaciones con los nuevos vecinos” (Harris y Meltzer, 1983, p.31).

Harris-Meltzer, toman estos mitos grupales y los aplican al funcionamiento familiar con respecto a la comunidad y demás estructuras sociales. Los autores afirman que una familia puede pasar momentáneamente de un nivel de organización como la familia invertida, a un nivel de organización de supuestos básicos, en donde por medio de la identificación proyectiva, los miembros del grupo adquieren un estado mental homogéneo y en donde se comparte un mito original inconsciente. Los GSB pueden surgir siempre y cuando haya dos o más personas y también pueden tener miembros ausentes. Aunque los roles de la familia no sufren modificaciones, la distribución de las funciones se altera de manera exponencial, dando forma a una tribu primitiva más que a una familia, como lo mencionan Harris-Meltzer.

Siguiendo muy de cerca las palabras de los autores, el GSB de dependencia, se caracteriza porque el líder representa, pero no lleva a cabo las funciones del pensamiento,

la planificación y la responsabilidad. Esta “función de liderazgo recae, naturalmente, en

manos del miembro más silenciosamente grandioso del grupo” (Ibid, p.31). El líder genera en la comunidad una atmósfera de benevolencia, paz y generosidad y ubica el mal a kilómetros de distancia donde casi es imperceptible. El mito del grupo se basa en una inferioridad histórica, en una falta de confianza y adaptabilidad, sin hablar necesariamente de la malignidad. Sus dogmas y actitudes están basados en la relación entre su historia familiar y las diferentes áreas de la sociedad: económica, política. Los autores también

afirman que “el chivo expiatorio puede ser un miembro importante y una fuerza de cohesión” (Ibid, p.32).

En el GSB de lucha y fuga el liderazgo recae en el miembro más violento sin importar su edad, sexo o función en la familia.

“La violencia, tomada erróneamente como fuerza y convicción, genera una actitud de voracidad despiadada hacia la comunidad circundante, ya sea en atención a „ver que se haga justicia‟ y „hacer valer nuestros derechos‟, o con el fin de recolectar provisiones como preparación para huir a un nuevo vecindario” [Ibid, p.32].

Bajo este modelo, tal y como lo exponen sus autores, no existe tiempo para detenerse a pensar, por eso hay que actuar rápidamente bajo un método de ensayo y error. Es posible que se busquen alianzas con familias que se encuentran en la misma situación, pero no tarda en surgir un pesimismo que envenena el ambiente que los lleva a huir dañando todo aquello que pueda serle de utilidad al bando enemigo. Si no hay posibilidad de huída, surge la violencia en mayor medida desatando una guerra entre la familia y la comunidad, en donde la primera busca por todos los medios aprovechar, parasitar y malgastar los recursos de la segunda. Sin embargo esto lleva a que el grupo se desintegre, ya que la atención de los miembros más jóvenes se dirige hacia posibilidades más excitantes y llamativas.

El GSB de apareamiento carece de líder pero vive a la expectativa de su llegada

(puede ser la expectativa de llegada de un bebé, un negocio, una idea, una pareja). “ el sexo

o, por lo menos, la atmósfera de pasión sexual, invade los pensamientos y actitudes, como si hacer el amor tuviera un sentido cuasi industrial, con el amor como bien vendible o al

menos transmisible, como su actividad central” (Ibid, p.33). Busca aislarse de la comunidad (geográfica y emocionalmente) porque se piensa que todo el mundo está contra ellos, sin embargo, por más que se aíslen, la idea paranoide se mantiene y se sienten rodeados por fuerzas hostiles. Se ven obligados a enviar a sus hijos a las escuelas en contra de su voluntad ya que se cree que allí van a ser corrompidos. Intenta utilizar el dinero lo menos posible ya que predomina una ilusión de auto-suficiencia, rechazando la tecnología y cualquier representación de la civilización. Esta es la imagen que nos plantean Harris y Meltzer con relación a este grupo de supuesto básico.

Continúan afirmando, que por lo general toman un texto que representa la palabra del profeta y si no se cumple la llegada del representante mesiánico, los hijos se alejan a menos que se decida mantenerlos en el grupo usando la tiranía o bien pueden ser remplazados por otros individuos que compartan los mismos ideales. Cuando el GSB crece,

“puede volverse peligrosamente anti-social en su santurronería, o en su preparación para reasumir la postura de ataque-y-fuga, con el fin de introducirse nuevamente por la fuerza en la comunidad o, incluso, reabsorberla (Ibid, p.33). Los autores mencionan que para que surja el GSB de apareamiento en una familia deben darse dos factores de manera simultánea. El primero es que ocurra un problema en la organización familiar y el segundo es que uno de los miembros se encuentre críticamente confundido entre mito y realidad externa, un individuo que se preocupa en mayor medida por el pasado y el futuro, dejando a un lado el presente.

Los autores afirman que Bion sugirió que las enfermedades psicosomáticas tienen una estrecha relación con la función del supuesto básico, cuando esta se encuentra suspendida y no se está llevando a cabo de manera activa. Mencionan que “esto tiene una

importancia particular para el grupo de Supuesto Básico de Apareamiento, con su

atmósfera religiosa, puesto que la religión y el „curar‟ tienden a ir juntos” (Ibid, p.34). En la misma línea, en el proyecto de maltrato de la Universidad Javeriana:

“Dimensiones del funcionamiento mental de la mujer maltratada y del hombre maltratador así como de la relación maltratadora entre los dos”, Muñoz propuso al grupo un modelo

relacional de las mujeres maltratadas, en donde se evidencian los Grupos de Supuesto Básico y un funcionamiento relacional circular del cual es difícil salir:

“Si aplicamos estos conceptos de Bion, podemos establecer de manera hipotética, como modelo en términos de Bion, que en las relaciones matrimoniales que se construyen bajo el supuesto básico de dependencia, la mujer delega su cuidado y el de la familia en el hombre, teme que el ser amado y temido se aleje o la deje y tiene la sensación de recibir