11.Críticas científicas a la teoría de la superpoblación
11.6. Otros autores críticos con las tesis malthusianas
11.6.9. Ester Boserup (1910-1999)
Economista danesa trabajó para las Naciones Unidas así como para otras organizaciones internacionales. Su obra más famosa fue publicada en 1965 con el título Las condiciones del desarrollo en la agricultura: La economía del
cambio agrario bajo la presión demográfica.
El trabajo de Boserup cuestiona la tesis malthusiana de que los métodos agrícolas limiten la población por hambre y miseria. Al contrario, es precisamente la población la que determina los métodos agrícolas, facilitando su innovación y desarrollo. En sus investigaciones, Boserup descubrirá que es justamente la presión demográfica la que permite encontrar nuevas maneras de aumentar la producción de alimentos, con técnicas agrícolas más intensivas.
Para Boserup la historia de la humanidad está llena de diversos cambios tecnológicos que se han conseguido tras muchos años, incluso siglos de investigación, llevadas a cabo por gran cantidad de personas. En todos estos avances Boserup reconoce el importante papel que ha desempeñado la demografía en la motivación y transmisión del progreso tecnológico. Si algunas sociedades no llegaron a desarrollar estas tecnologías se debe a que su reducida densidad demográfica hacía poco eficiente su desarrollo.
Boserup centra su análisis en los progresos agrícolas, afirmando que estos se hacen rentables cuando existe una presión demográfica suficiente. En este sentido, demuestra como muchas sociedades se quedaron en una etapa primitiva de desarrollo tecnológico e industrial porque su población era demasiado pequeña y dispersa como para poder crear infraestructuras adecuadas a la aplicación de procesos tecnológicos más avanzados. Se ha comprobado como poblaciones que pierden densidad de población vuelven a métodos de producción menos intensivos, no porque no los conozcan, sino porque no los necesitan. Este fenómeno se ha llamado “retroceso técnico”.
Las ideas de Boserup han influido en otros autores y en las investigaciones sobre sobre la relación entre el crecimiento de la población y los cambios en la producción agrícola de países en vías de desarrollo. Por ejemplo, el estudio realizado por Matthew Lockwood sobre el continente africano confirma la tesis de Boserup, al mostrar como aquellas regiones donde hay un fuerte crecimiento, se produce una búsqueda de nuevas tecnologías y nuevos recursos, tendencia que sólo no se cumple en aquellos países que sufren la guerra, la pobreza
extrema o la sobreexplotación.
Figura 17: a) Friedrich August Von Hayek, b) Ester Boserup, c) Peter Thomas Bauer 11.6.10. Peter Thomas Bauer (1915-2002)
Economista húngaro, estudió en Cambridge y recibió en 2002 el primer “Premio Milton Friedman al avance de la libertad”. La gran contribución de Bauer se refiere al campo de la economía del desarrollo, el desarrollo internacional y la ayuda exterior. Partidario del liberalismo económico defendió que el estado debía limitar sus funciones, ya que la experiencia demostraba que el intervencionismo, la privación de libertad y el proteccionismo sólo favorecían la corrupción, la economía sumergida y la pobreza.
Bauer niega que la pobreza y la densidad de población estén correlacionados. En su opinión el progreso y la economía dependen de la conducta de la gente y no de su número. Por ello, el aumento de la población en los países del Tercer Mundo no es una amenaza para su progreso, sino que lo son las malas decisiones que toman a veces sus políticos.
De los 21 países más pobres del mundo, sólo 7 tienen una densidad superior a los 100 habitantes por kilómetro cuadrado. Por el contrario, entre los 21 países más ricos, 12 superan esa cifra y 5 de ellos (Japón, Holanda, Bélgica, Singapur y Hong Kong) tienen una densidad mayor a la de la India (Arbil, nº49).
Afirmará que la planificación central, la ayuda exterior, el control de precios y el proteccionismo, más que erradicar la pobreza y la corrupción la perpetúan, y que una intervención gubernamental excesiva no hace sino politizar la vida económica y reducir la libertad individual. Su experiencia de trabajo en Malasia y África le permitió confirmar estas afirmaciones con hechos. Bauer comprobó como los pequeños agricultores, sin educación, con poco capital y sin apenas infraestructuras eran capaces de adaptar su productividad al mercado, siempre
que se dieran las condiciones de libertad empresarial.
Hacia los años 50 Peter Bauer defendió la empresarialidad de los más pobres y la importancia de unas instituciones que les permitieran hacer un uso más productivo, orientado al mercado, a la integración en la división del trabajo, de sus escasas pertenencias. Para Bauer, es precisamente la libertad el mejor camino para el desarrollo de los países pobres.
En un artículo publicado en 1988 “Crecimiento demográfico: ¿desastre o
bendición?” desmonta los tres falsos supuestos en que se basa el miedo al
crecimiento demográfico.
1. Es falso que el bienestar de una población se mida por su ingreso per cápita. Este parámetro no tiene en cuenta la satisfacción de la gente por tener hijos o al hecho de vivir más años.
2. Es falso considerar que el progreso económico depende exclusivamente de la tierra y el capital. La crítica de Bauer se centra en ciertos modelos económicos que computan los gastos en educación y sanidad como “consumos” y no como inversiones.
3. Es falso creer que la gente del Tercer Mundo no sabe controlar la fecundidad y procrea de manera irresponsable sin prever las consecuencias. Bauer afirma que esta gente posee esos conocimientos y los pone en práctica, ya que sus tasas de fecundidad están por debajo de su capacidad biológica. Ellos son plenamente conscientes y si tienen un número elevado de hijos, es porque confían en ellos para mejorar su economía, ser una ayuda en el trabajo y asegurarse un cuidado cuando sean ancianos.
En un artículo titulado Equality, the Third Word and Economic Delusion (1981) Bauer se enfrentó a los argumentos neomalthusianos y a esa falsa concepción de que la gente del Tercer Mundo es ignorante, que está determinada por el peso de su cultura y tradición, y que tienen hijos de manera irresponsable sin ser conscientes de sus consecuencias.
“Las predicciones de perdición por medio del crecimiento demográfico descansan en la idea de que el éxito económico, el progreso y el bienestar dependen principalmente de los recursos naturales, complementados con capital físico. Esta noción neomalthusiana está complementada por la idea nada malthusiana de que la gente en los países no desarrollados no tiene voluntad por sí misma y son simples víctimas pasivas de fuerzas exteriores: en ausencia de presiones dictadas por Occidente, la gente de los países subdesarrollados procrearán sin tener en cuenta las consecuencias” (Bauer. Cit. Rodríguez, 2006).
Otros estudios avalan las conclusiones de Bauer. En una investigación llevada a cabo en la India rural, Djurfeldt y Lindberg encontraron que:
“… el tamaño de la familia es menos un resultado de ciegos impulsos sexuales, que la mayoría de neo-Malthusianos tiende a considerar, y más un resultado de planificación y previsión. Las familias tailandesas son, de hecho, en gran extensión “planificadas”… Los pobres tienen menos hijos…” (Djurfeldt y Lindberg, 1980).
En un trabajo sobre el tamaño de la familia en África se concluyó que “la gran
mayoría de mujeres (87 %) eran conscientes de las desventajas económicas que una familia numerosa conlleva, especialmente de la dificultad de enfrentarse con los gastos honorarios escolares” (Dow y Werner, 1981). En
suma, los antipoblacionistas no tienen razón cuando afirman que las personas del Tercer Mundo no son capaces de planificar conscientemente sus embarazos y de ser irresponsables ante las cargas económicas que ha de soportar. Este estudio confirma que no es así, pues la mayoría de estas personas son conscientes de la cuestión, conocen los métodos, y aún así siguen teniendo el deseo de tener los hijos que tienen.
Idénticas conclusiones se han obtenido en investigaciones realizadas en la Guatemala rural, la Irlanda rural, el sur de Italia, Suecia en el siglo dieciocho, Polinesia, Estados Unidos, África tropical, y en otros sitios. En todos ellos se comprueba como los tamaños de las familias se ajustan a las limitaciones de ingresos y salud disponibles.
Bauer afirma que los efectos perjudiciales sobre el medio ambiente se deben más a una mala gestión de los recursos que al crecimiento demográfico. El profesor Barry Commoner, de la Universidad Washington de St. Louis, confirma esta idea. En su estudio “The environmental costs of economic growth”, demostró que el aumento de la contaminación no es directamente proporcional a la población, sino al uso de tecnología contaminante. La investigación y la producción de “tecnología limpia” para todos, son los verdaderos objetivos a perseguir. Está claro que la difusión masiva de anticonceptivos entre la población no habría evitado tragedias como las de Chernobyl o Bhopal.
Un pequeño artículo titulado “The land and the people” permitió a Peter Bauer desmontar la idea de que la escasez de tierra o el exceso de población son causa de la pobreza. En el repasa una serie de ejemplos históricos en los que se muestra como esta idea no es cierta.
“En medio de una abundante tierra y vastos recursos naturales, los indios americanos precolombinos permanecían en la indigencia, ni siquiera tenían animales domésticos o conocían la rueda, mientras que Europa,
con mucha menos tierra, se había enriquecido y había desarrollado una rica cultura”. (Bauer, 2004).
Más aún, Bauer recuerda los casos de la Venecia renacentista o la Holanda del siglo XVII, dos ejemplos de lugares densamente poblados en los que la prosperidad no tenía nada que ver con los recursos naturales y que fueron construidos ganando terreno al mar.
Finalmente, Bauer se muestra optimista con el crecimiento demográfico. Este induce cambios en el comportamiento económico que favorecen la formación de capital. Los padres de familias numerosas trabajan con más intensidad y realizan un ahorro con vistas a las necesidades futuras de sus hijos. Las familias sacrifican ocio por trabajo y buscan labores más productivas. Por todo ello la mayor productividad puede deberse en muchos casos al crecimiento demográfico. Ejemplos de esto los encontramos en numerosos países: Taiwán, Hong Kong, Costa de Marfil, México, Colombia, Brasil…
Como conclusión, Bauer defiende que la esencia del desarrollo está en la capacidad creativa de las personas y que el papel de los Estados ha de reducirse a la protección de la vida y de la propiedad para que los individuos puedan alcanzar sus propios deseos y objetivos.