11.Críticas científicas a la teoría de la superpoblación
11.1. Julian Lincoln Simon: La economía esperanzadora
Profesor de economía en la Universidad de Maryland (Estados Unidos) y colaborador en el Cato Institute de Washington, Julian L. Simon (1932-1998) representa la corriente de científicos críticos con las tesis neomalthusianas. Sus investigaciones tuvieron una clara influencia en la política que llevó a cabo, el que fuera presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan.
En la Conferencia Mundial de la Población de México de 1984 el gobierno estadounidense adoptó las ideas de Simon: las personas son creadoras de recursos y que el desarrollo es el mejor anticonceptivo. Gracias a los estudios de Julian L. Simon, Estados Unidos dejó de financiar los programas coercitivos de control demográfico por todo el mundo, entre ellos, la política asesina china del hijo único.
En 1981 J. Simon publicó la obra “El último recurso” donde desmontó los falsos planteamientos neomalthusianos.
1ª Falacia: Tener menos hijos permite ahorrar más al gastarse menos. La
experiencia evidencia otra realidad. Aquellos padres de familia que tienen más hijos suelen prescindir de algunos lujos y buscan trabajos más remunerados. Para ellos, sus responsabilidades familiares son el mejor incentivo para un mejor rendimiento laboral, y un consumo más responsable y ecológico.
2ª Falacia: Las poblaciones más grandes consumen más recursos. Simon
muestra como en poblaciones más grandes, a un mismo capital se obtiene mejor rendimiento de este. Para ilustrar esta afirmación pone como ejemplo el sistema de transporte de bienes, personas e información. Una red de transporte extensa y diversificada sólo es rentable en lugares donde la población es más densa. A su vez esta red, estimula el desarrollo económico.
“El crecimiento de la población no obstaculiza el desarrollo económico, tal y como lo defiende la teoría malthusiana, sino que aumenta los estándares de vida a largo plazo. Los problemas no surgen tanto por el exceso de población como por la falta de libertad política y económica” (Simon, 1998).
Una población numerosa supone un mercado mayor que favorece el establecimiento de industrias de mayor tamaño, la reducción de costes de producción y la ampliación de la oferta de servicios. A la hora de iniciar una empresa, lo difícil es obtener los recursos de partida, pero una vez conseguidos, el esfuerzo para extenderlo a más personas es más pequeño.
3ª Falacia: A mayor población, mayor contaminación y peor calidad de vida. Para Julian Simon el pesimismo con el que los neomalthusianos afrontan
la “crisis” de nuestro planeta no responde a hechos científicos.
“Los ecologistas reconocen que la calidad del agua y del aire en los países ricos, tales como Alemania o EE.UU. ha mejorado en las últimas décadas. Todo economista experto en agricultura sabe que la población del mundo está cada vez mejor alimentada desde la Segunda Guerra Mundial. Los demógrafos reconocen que la esperanza de vida casi se ha triplicado en los países ricos en los dos últimos siglos. Y los especialistas admiten que la disponibilidad de los recursos naturales ha aumentado, al tiempo que disminuyen los precios respecto a décadas o centurias anteriores” (Simon, 1998).
Y concluye afirmando: “No hay ninguna razón económica que nos haga pensar
que no continúe la tendencia positiva de mejora en la calidad de vida, al mismo ritmo que crece la población” (Simon, 1998).
11.1.1. Las verdaderas riquezas: Creatividad y esfuerzo emprendedor.
Para Simon la mayor riqueza se encuentra en la creatividad y en el esfuerzo emprendedor de las personas.
“Desde el punto de vista económico, tu mente importa tanto o más que tu boca o tus manos. A largo plazo, el efecto económico más importante del tamaño y del crecimiento de la población es la contribución que la gente adicional hace a nuestra reserva de conocimiento útil. Y esta contribución, a largo plazo, es lo suficientemente grande como para compensar todos los costes del crecimiento demográfico” (Simon, 1996).
En una población con más habitantes es más fácil encontrar gente brillante con capacidad de innovar. Por ejemplo, a pesar de que el nivel de vida de los Estados Unidos y Suecia es muy parecido, Estados Unidos produce muchísimo más conocimiento científico al disponer de una población mayor. Otros ejemplos los encontramos en países altamente poblados como la India, China y Brasil, en donde existen gran número de científicos que están desarrollando líneas de investigación enormemente avanzadas.
Las reservas de recursos naturales no son finitas pues son creadas por el recurso siempre renovable de la inteligencia humana. Materias como la madera, el carbón, el petróleo o el uranio no son recursos hasta que no se combinan apropiadamente con el ingenio humano.
“Los seres humanos no son meras bocas adicionales que alimentar, sino mentes productivas e imaginativas que ayudan a crear soluciones a los
problemas humanos, dejándonos así en una mejor situación a largo plazo” (Simon, 1986).
Para Simon la promoción del crecimiento demográfico es la inversión social más provechosa con diferencia. La mayor parte del coste de los niños recae sobre los padres que realizan los esfuerzos necesarios para su crecimiento, mientras el resto de la sociedad se beneficia de las ventajas que supone un niño más.
“El verdadero problema de la población, pues, no es que haya demasiada gente o que nazcan demasiados niños. Es que otros deben sostener a cada persona adicional antes de que el recién nacido contribuya al bienestar de los demás […]. Un bebé es un bien duradero en el que alguien debe invertir concienzudamente mucho antes de que se haga mayor y comience a producir beneficios que compensen la inversión” (Simon, 1986).
En contra de ciertas visiones reducidas que ven en los inmigrantes una carga para la nación y un competidor en los puestos de trabajo, Simon demostró que estas creencias carecen del más mínimo fundamento. “Los inmigrantes no solo
no quitan puestos de trabajo, sino que los crean a través de sus compras y a través de su propensión a iniciar nuevos negocios”.
11.1.2. Propuestas: Libertad y justicia
Para Simon parte de la solución pasa por tener un sistema económico que permita la libertad económica, que respete la propiedad y que sea capaz de crear una serie de leyes de mercado, justas y sensatas a las que todos se sometan por igual. Un ejemplo de cómo los problemas no los genera un exceso de población sino la ausencia de libertad económica y política lo tenemos en aquellos países que se dividieron después de la Segunda Guerra Mundial (la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana, Corea del Norte y Corea del Sur, y Taiwan y China). En todos estos casos, las economías de libre mercado han conseguido mejores rendimientos económicos que las economías centralizadas y planificadas.
Aporta Simon un dato contundente cuando muestra como el único lugar en la Tierra donde la expectativa de vida cayó en el s. XX fue la Unión Soviética y las naciones del Este de Europa durante los gobiernos comunistas.
11.1.3. Una apuesta contundente
A finales de los años 80, Julian Simon desmontó las tesis catastrofistas que el entomólogo Paul Ehrlich desglosó en su libro “La bomba de la población”, argumentos que ya hemos comentado anteriormente en este libro. Ehrlich descalifico públicamente a Simon diciendo que “conseguir que los economistas
entiendan de ecología es como intentar explicar una declaración de hacienda a un arándano”, y llevando su pesimismo al extremo, Ehrlich afirmó: “si fuese apostador, incluso apostaría a que Inglaterra no existiría en el año 2000”. Esta
idea llevó a Simon a retar a Ehrlich a una apuesta pública de 10.000 dólares a que el coste de cinco materias primas, que no estuvieran controladas por el gobierno, no aumentaría en un plazo largo de tiempo. Paul Ehrlich aceptó el retó. Escogió cinco metales que a su parecer sufrirían grandes aumentos en sus precios: cromo, cobre, níquel, estaño y tungsteno. Propuso un período de diez años (1980-1990) y rebajó el importe inicial de la apuesta a apenas unos 1.000 dólares.
Para 1990, la población mundial había crecido en más de 800 millones de personas en ese periodo, el mayor aumento en una década en toda la historia de la humanidad. Pues bien, el precio de todos y cada uno de los metales seleccionados por Paul Ehrlich habían bajado y, en algunos casos, se habían desplomado. En promedio, las cinco materias primas se habían abaratado un 38,2 %. ¿A qué se debía este descenso? Durante esos diez años se habían descubierto nuevos yacimientos metálicos, el monopolio del níquel canadiense había finalizado, se habían descubierto mejoras en el proceso productivo, la extracción del cromo había mejorado, también aparecieron sustitutivos de metales más caros, como cerámicas, plásticos u otras aleaciones más baratas, …Todas ellas habían ajustado a la baja el precio de los cinco metales seleccionados.
El 11 de octubre de 1990, Julian Simon recibió un cheque enviado por Paul y Anne Ehrlich por valor de 576,07 dólares.Julian Simon propuso una segunda apuesta a Ehrlich, pero este se negó. A fin de cuentas, tal y como predijo Simon años más tarde, siempre se producirán dos fenómenos: “todas las condiciones
materiales de la humanidad seguirán mejorando” y sin embargo “los humanos seguirán quejándose de que todo va de mal en peor”.
Sin embargo Julian Simon mantiene su visión esperanzadora sobre la población. En la introducción del libro “El estado de la Humanidad” (1995), afirma:
“Añadir más gente causa problemas. Pero las personas también son los medios para superar las dificultades. El principal combustible para acelerar el progreso es nuestra reserva de conocimientos y los frenos son nuestra falta de imaginación y las regulaciones sociales desacertadas. Los seres humanos son el recurso más importante, especialmente las personas capacitadas y con pujanza, los jóvenes esperanzados y dotados de libertad que quieren aplicar su voluntad e imaginación en su propio beneficio y que de ese modo inevitablemente lo aplican también en beneficio de todos nosotros” (Simon, 1995).